Abbas I El Grande O Chah Abbas Bahadur Jan

Quinto chah de Persia de la dinastía de los Sofíes (Sefewies). (N. 1567. M. 28 en. 1628.) Fue tercero y último hijo de Mohamecl-Joda-Bendeh. Sólo contaba diez y ocho años cuando, en 1586, murió su padre; pero obernaba ya la importante provincia de Jorasan. Mientras su hermano Ismail III subía al trono de Persia por el asesinato de su hermano Hamsa, hijo mayor y sucesor de Jocla-Bendeh, Abbas se proclamó soberano independiente del Hcrat (5 dic. 1587). No tardó Ismail en caer a su vez víctima de una conspiración dirigida por el preceptor de Abbas; y Abbas entonces empuñó el cetro de Persia tinto en sangre de sus dos hermanos mayores (1589). Abbas trasladó entonces su residencia de Kazuin a Ispahán. En aquel tiempo el territorio de su gobierno estaba ocupado por los usbekos, y, no pudiendo tomará Herat la capital, tuvo que contentarse con dejar guarnicion en algunas ciudades de las inmediaciones, hasta que al fin, en 1597, los usbekos fueron derrotados por los persas, y por largo tiempo quedó libre el Jorasán de sus incursiones.
En virtud de un tratado con la Puerta Otomana, reconoció y garantizó a Turquía la posesión de las conquistas hechas a Persia en los reinados anteriores. Conquistó (de 1590 a 1600) el Guilán y muchas otras comarcas, con lo cual obtuvo la sumisión de casi todo el Afganistán otomano. Declaró por último guerra a la Puerta, causa constante de perturbaciones en las provincias occidentales de Persia, y no tardó en verse dueño de todo el territorio de la antigua dominación de los Sofíes, a consecuencia de la famosa victoria de Basara que en 1605 gano a los turcos, a quienes en los años siguientes quitó extensos territorios al occidente del Tígris y del Éufrates. En 1611 impuso a Ahmet I las condiciones de un tratado de paz que garantizaba a Persia la posesión del Schirvan y del Kmdistan, y supo sacar provecho poco después de las contiendas que perturbaron el imperio otomano en los breves reinados de Mustafá I y de Osmán II. La Puerta, que había violado las estipulaciones de la ultima paz y fomentado rebeliones en Georgia, se vio obligada a firmar en 1617 un nuevo tratado con el Chah Abbas, cuya fama por tantos triunfos resonaba ya por toda Europa.
En un acceso de desconfianza, Abbas mandó matar al mayor de sus hijos, Sefy-Mirza, y poco después hizo sacar los ojos a otros dos hijos suyos. Por la misma época convidó en Kaswin a varios khanes de cuya lealtad sospechaba, les hizo servir bebidas envenenadas, y se gozó con el espantoso espectáculo de sus horribles agonías. Estos son sólo algunos rasgos del carácter de este famoso Chah de Persia, denominado el Grande, y cuya magnificencia elogiaban viajeros, embajadores y hasta misioneros, cuyas predicaciones toleraba. Manifestó mucha amistad al Papa, por considerarlo como el mayor enemigo de los turcos. A pesar de su ferocidad, cuéntase que Abbas sintió dolor tan profundo después del asesinato de Ssefy-Mirza, que durante diez días no quiso ver la luz, se impuso la penitencia de sufrir los horrores del hambre durante igual espacio de tiempo, y el resto de su vida vistió siempre de luto. Además hizo que el cortesano matador de Ssefy-Mirza cortase la cabeza a un hijo suyo, y al ver el dolor del pobre cortesano le dijo: Consuélate con la seguridad de no ser más infeliz que lo es tu rey.
Abbas sacó también provecho de las disidencias religiosas de sus subditos, divididos en schyitas (u ortodoxos), y en sunnitas (o herejes).
Abbas sólo tuvo sentimientos afectuosos con un hijo de Ssefy, Abul-Nazr-Saam-Mirza, s quien nombró heredero suyo.
Abbas I hizo a Persia potencia de la mayor importancia. Los enviados del Gran Mogol Akbar, los del Dekcbar y de Golconda se encontraron en la corte de Abbas con los representantes de Rusia, de Inglaterra, de España, de Portugal y de los Estados de Holanda. A todos deslumbraba con esplendorosa magnificencia, y ninguno quizás sorprendio nunca un solo secreto de su artera politica: pues mientras los entretenía con fiestas suntuosas, llevaba a término los planes más contrarios a los intereses que los embajadores debían defender. Los portugueses Ormuz, a la entrada del golfo Persico, desde que en 1507 la ocupó Alburquerque. Era Ormuz centro entonces del comercio de la India. Abbas veía con ojos de envidia tal prosperidad, y, comprendiendo mal el orígen de riqueza tanta, fruto del comercio y de la industria de los portugueses, decidió con riquísimos regalos y magníficas promesas a la compañia inglesa de las Indias a convertirse en instrumento de la destrucción de tan rico emporio comercial, y en 1622 cayó Ormuz en poder de las fuerzas anglo-persas; desdichada conquista y de resultados nulos para Persia, porque Ormuz perdio toda su importancia al salir del poder de Portugal, y los ministros del Chah Abbas hicieron abortar todas las tentativas de los ingleses para reemplazar a los portugueses en el comercio del golfo Pérsico.
Murió Abbas I en su palacio favorito en Ferahabad a los 41 años de su reinado. Según el viajero Herbert, Abbas era pequeño de estatura de ojos animados, pero chicos y sin cejas, nariz gruesa y aguileña, barba en punta y afeitada a la usanza pérsica, bigotes largos, espesos y rizados.
Más dichoso o más hábil que muchos emperadores otomanos a quienes costó la vida el intento do suprimir el cuerpo de los jenízaros, Abbas consiguió desde los principios de su reinado, disolver los Kurchis, milicia pretoriana, tan audaz y turbulenta como la de los jenízaros, y que disponía del trono de Persia so pretexto de ser su garantía y apoyo principal. Ispahán, la nueva capital de Persia, debe al Chah Abbas I sus magníficos monumentos, entre otros el Meidán, plaza publica de pórticos y hermosos edificios y la provincia de Mazenderán le debe su calzada que la ha hecho la comarca más floreciente de Persia. Esta calzada, subsistente aun, partía del mar Caspio y tenía 100 leguas de largo por 17 toesas de ancho. Sus puentes, son de tan sólida arquitectura, que no han necesitado reparaciones todavía. El pueblo persa conserva de Abbas un magnífico concepto, y hasta le atribuye milagros; ¡que los crímenes se olvidan ante los esplendores del éxito!

Abbas Ii

Chah de Persia. (N. en 1631. M. en 1666.) A la edad de 13 años sucedió a su padre Sofí. Niño aun, su padre mandó cegarle con un hierro ardiendo; pero el eunuco encargado de cumplir tal orden, tuvo lástima y desobedeció. El jóven Abbas se fingió ciego hasta el instante en que Sofí, sintiendo aproximarse su fin, se arrepintió de su crueldad: entonces el eunuco le aseguró que poseía un remedio eficaz y milagroso para devolver la vista a los ciegos, y fingio hacer la prueba en el hijo del moribundo monarca. El Chah Abbas II reino 25 años en relativa tranquilidad. Era hombre de costumbres relajad1simas y depravadas. En sus horas de templanza aparecía generoso y hospitalario; pero durante sus orgias se entregaba a los actos más atroces. Siempre fue benévolo con los europeos y con los cristianos en general.
A Dios toca, y no a mí, decía, juzgar la conciencia de los hombres.Abbas II recupero a Candahar y supo conservarse en paz con la Puerta. Casi todos los soberanos de Europa, así como los de la India y Tartaria le enviaron embajadores. Murió de un absceso sifilítico con que le contagió una mujer que en vano le manifestó estar enferma. Fue sepultado en Jom en una magnífica tumba.

Abbas Iii

Biog. Último Chah de Persia de la dinastía de los Sofíes. (N. 1731. M. 1736.) Fue soberano meramente nominal de Persia durante los primeros años de la usurpación de Nadir Shah, que destrono a Chá-Tahmasp en agosto de 1732. El hijo de Tahmasp era entonces un niño de ocho meses. Pensando Nadir que no había llegado todavía la hora de ceñirse la corona de Persia, colocó a este niño en el trono y asumió el título de regente del imperio. Pero, a los cuatro años, la muerte de Abbas III puso final este estado de cosas: según al unos dores, la muerte fue natural; según otros, NadirShah quitó de en medio aquel obstáculo a su usurpación.

Abbas-Ben-Abd-El-Motálib

Biog. Tío y discípulo de Mahoma. (N. en la Meca hacia 566, cuatro años antes que el legislador de los árabes. M. 652.) Fue el penúltimo de muchos hijos que Abd-el-Mottalib tuvo en Notayla, hija de Janab. A la muerte del padre, Abbas, de edad de trece o catorce años, fue elegido para sucederle en el importante cargo de Sicaya, o distribuidor a los peregrinos del agua Santa del pozo de Zemzem. Abbas se convirtió tarde a la religión delprofeta su sobrino; pero nunca fue enemigo suyo, antes bien secretamente le favorecía con su influencia, aun militando ostensiblemente en las filas de los adversarios. Cuando el profeta había ya comenzado sus predicaciones y estaba a punto de recibir juramento de fidelidad de los pocos habitantes de Medina que primero se habían convertido, aparece Abbas, a pesar de ser todavía infiel, arengando a los neófitos en una entrevista nocturna en términos nada hostiles a Mahoma. Seguramente Abbas, que había acumulado grandes riquezas en la Meca, no se atrevía a declararse en favor de su sobrino, por no perder sus bienes e influencia, ni incurrir en la venganza de los Koreischitas enemigos de Mahoma, y, en general, de los habitantes de la Meca que obligaban al profeta a expatriarse. En efecto, Abbas tuvo con Mahoma correspondencia secreta, en la cual le informaba de los proyectos de sus enemigos; y, aunque combatió bajo las banderas de estos en Bedr, probablemente sería porque la astucia o el temor le obligaran a ello. Desde principios de la campaña propalaba entre los habitantes de la Meca profecías que anunciaban la derrota de los de la Meca, y esta conducta, que probablemente tenía por objeto sembrar el desaliento entre los Koreischitas, ocasiono violentísimo altercado entre uno de sus jefes, Abu-Jahi, y Abbas. Así, pues, se comprende que, al ver Mahoma acercarse a sus enemigos al pozo de Bedr, en cuyas inmediaciones fue la refriega, dirigiera a sus muslimes (salvadores) esta exhortación: Me consta que entro los Koreischitas hay muchos que contra toda su voluntad vienen en armas contra nosotros; entre ellos los hijos de Haxem. Por tanto, aquellos de vosotros que conozcan a los hijos de Haschem no los maten: sobre todo que no muera mi tío Abbas. La victoria de los salvadores fue completa: setenta Koreischitas quedaron en el campo de batalla y otros setenta prisioneros. Entre estos se hallaba Abbas, a quien por lo pronto amarraron los vencedores como a los demás con fuertes ligaduras. Mahoma aquella noche no podía dormir; y, preguntándole los suyos la causa de su insomnio, respondio: Oigo dentro de m1 los gemidos que arranca a mi tío Abbas el rigor de sus ligaduras. Hízole desatar y ya entonces se durmió. Días después, Abbas alcanzó su libertad mediante el pago de su rescate; y, como él era el más rico de los prisioneros, tocóle pagar más que ningún otro. Abbas volvió a la Meca, donde, aunque afecto de corazón a la causa de su sobrino, continuó todavía desempeñando sus funciones, hasta el día en que los Koreischitas rompieron el tratado de paz que, después de muchos combates, habían pactado con el profeta. Entonces salió Abbas de la ciudad y se fue con todos los suyos a engrosar el ejército del profeta, quien, a la cabeza de diez mil hombres, marchaba contra la Meca. Distaban ya poco de las murallas, cuando Abbas, para evitar todo derramamiento de sangre, resolvio demostrar a los Koreischitas la inutilidad de la resistencia. Salió, pues, del campamento de los musulmanesó salvadores montado en la mula del profeta, y, habiendo oído la voz de Abu-Sofián, jefe de la tribu de Koreisch, que por su parte andaba ejecutando un reconocimiento, lo llamó, subiólo a las aneas de la mula y lo condujo al campamento del profeta, lo convirtió y obtuvo para él el perdón de su incredulidad. La conversión no parece que debió tener mucho de espontánea, pues pasó así, según Abulfeda. Dijo el profeta: iNo sabes, Abu-Sofian, que no hay más Dios que Dios! -Sí que lo sé, respondio Abu-Sofian. -Pues entonces i cómo has tardado tanto en reconocerme como profeta de Dios – Porque en eso tengo duda. -¡Desgraciado, interrumpió Abbas, el tío de Mahoma: da testimonio de que lo reconoces, o caerá tu cabeza de tus hombros!- Y entonces Abu-Sofian rindio testimonio..La Meca vino luego a poder de Mahoma, quien abolió todos los ritos paganos, pero conservó el cargo de Sicaya o distribuidor de las aguas del pozo de Zemzem, en el cual confirmó a su tío. Desde entonces Abbas, que, además de este privilegio, alcanzó otros que ligaron su bienestar y el de su familia a la causa del Profeta, continuó sirviendo a Mahoma abiertamente, ya con su inteligencia en los consejos, ya con su brazo en los campos de batalla. Así, pues, Mahoma le demostraba todo el respeto que un hijo debe a su padre. Cuando el profeta murió, Abbas presidio los funerales: compuso versos en loor de su sobrino y continuó gozando al lado de sus sucesores de la mayor consideración. El territorio de Hedjaz padeció tal sequía el año 18 do la Hégira, que de sed perecían hombres y ganados.

Abbas-Bajá

Biog. Virrey de Egipto. (N. en 1813 en Yedda, Arabia. M. en 1854.) Hijo de Yusuf-Bey, que murió en 1818 y era el hijo mayor del célebre Mehemet-Alí, sucedió Abbas en nov. de 1848 a Ibrahim Bajá, su tío, reconocido como virrey de Egipto por la Puerta Otomana (V. Ibrahim-baja). Abbas era gobernador del Cairo, pero iba en peregrinación a la Meca cuando sucedió la muerte de su tío que no había reinado más que cuatro meses (desde junio hasta 10 nov. 1848). Desembarcó Abbas el 19 de dic. 1848 en Alejandría y fue reconocido como sucesor de Ibrahim Bajá. En enero de 1849 fue á Constantinopla y ahí recibió solemnemente de manos del Sultán la investidura del virreinato de Egipto. Abbas-Bajá se educó en el Cairo; y, a diferencia de los otros individuos de la familia de Mehemet-Alí educados en las escuelas de Europa, era musulmán de corazón y poco dispuesto, por tanto, a reformas europeas.

Abbas-Mirza

Biog. segundo hijo del Cha o Xa de Persia Feth-Alí, que nació en 1785, fue proclamado heredero del trono en vida do su padre, y aunque no llegó a ocuparlo, pues murió en1833, un año antes que Feth-Alí, ejerció gran influencia en su país y durante mucho tiempo llamó la atención de los pueblos europeos. Su hermano mayor Mohamed-Alí-Mirza no pudo menos de ver con recelo y envidia la preferencia obtenida por Abbas, y bien puede afirmarse que la muerte de Mohamed, ocurrida doce años antes que la de éste, evitó a la Persia los desastres de una guerra civil. La diferencia de caracteres de los dos hermanos acentuaba más su rivalidad: el mayor era hombre de mucho valor personal, de caracter firme y enérgico, arrogante con sus iguales y orgulloso con los inferiores; Abbas, sin carecer de valor, era muy afable, guardaba siempre las formas y hacía gala de sentimientos nobles y caballerescos. Vivían en la época en que Persia empezaba a entrar en el círculo de acción de la diplomacia europea, y en las relaciones con las grandes potencias tomaron los dos hermanos actitud distinta. Mohamed, encargado del gobierno de la provincia de Kermanchah, puede decirse que era el jefe del partido nacional, se negaba resueltamente a que sus soldados aceptaran la táctica y la organización militar de los extranjeros, y se oponía a toda clase de reformas políticas y administrativas. Abbas, por el contrario, mostraba gran afición a las costumbres europeas, aspiraba a que su país pudiera rivalizar con los extranjeros así en las artes de la paz como en las de la guerra, y sobre todo procuraba el engrandecimiento militar de Persia. Ya en su tiempo se vislumbraban con toda claridad los intentos de Rusia; por la paz de Gulistan (1814) Rusia reconoció como heredero del trono de Persia al príncipe elegido por el Cha, y al mismo tiempo estableció una especie de embajada perdió por fin la guerra entre Rusia y Feth-Ali, con gran desgracia para Persia que dos años después, el 27 de feb. de 1828, tuvo que firmar la paz de Turkmandschai. Al año siguiente el populacho de Teherán se amotino contra el personal de la legación rusa, y para dar satisfacción al Tsar, Abbas Mirza, por orden de su padre, marchó a San Petersburgo a ofrecer toda clase de excusas, donde fue acogido con grandes distinciones y señaladas muestras de aprecio. Regresó a Persia, murió en 1833 y fue reconocido como príncipe heredero su hijo Mohamed, que al año siguiente, por muerte de Feth-Alí, ocupó el trono.

Abastos

s. m. pl. La provisión de los artículos de primera necesidad.

Abastos

Hist. y Leg. Llamábase ABASTOS, en acepción limitada o restringida, la provisión de los articulas de consumo público propios en general para el sustento, cuyo comercio era en los pueblos objeto de estanco y monopolio, y cuyo acopio y venta arrendaban los ayuntamientos.
Estos abastos comprendían: los comestibles; como el pan, las carnes, el pescado, las aves, los huevos, la leche, las legumbres, las verduras, las frutas y los condimentos; las bebidas; como el vino, el aguardiente, los licores, la cerveza, la sidra; los combustibles; como el aceite, las velas, el carbón… También se comprendía el jabón… Y todos se incluían en la denominación común de articulas de comer, beber y arder. V. Abastecedores y Abacería. Aunque la mayor parte de lo legislado en materia de abastecimientos, abastecedores y abastos sólo tiene hoy carácter meramente histórico, conserva grandísimo interés economico cuanto se relaciona con tan importante materia, porque esa especial legislación contiene el desenvolvimiento de las ideas comerciales en nuestro país. El estudio debe clasificarse en tres grandes grupos: Leyes de la Novísima Recopilación; Disposiciones posteriores; Leyes de Indias.
l. LOS ABASTOS EN LA NOVÍSIMA RECOPILACIÓN. Cada cual compre y venda libremente los mantenimientos que necesitare y nadie ponga estancos ni vedamientos, bajo las penas con que castigan las leyes del reino a los que imponen y llevan nuevas contribuciones. (Ley primera, tít. 21, lib. 6. Pragmática de los Reyes Católicos en 1492: Petición séptima de las Cortes de Segovia, 1532. Don Carlos y doña Juana reproducen la pragmática de 1492 en 1532.) Según esta pragmática era libre en España el tráfico interior, sin intervención ninguna por parte de la administración publica, provincial ni municipal; pero a poco se manifestó en España la tendencia de confiar al Estado toda clase de funciones, hasta las que por su naturaleza corresponden a la actividad individual, y esto origino la ley 6.ª, tít. 5, del lib. IV, de 30 enero 1608 (que después completa un auto del Consejo de 31 oct. 1729), como sigue:Tendrá cuidado el Consejo que no haya falta en estos reinos en la provisión del pan y de otros bastimentas, especialmente en esta corte, y lo mismo se procurará por las otras partes. Indudablemente de hecho, aunque no fuera de derecho, se habían ya estancado en muchos municipios los artículos de comer, beber y arder, cuando apareció la ley 8, tít. 16 del lib. 7, de 13oct. de 1749, que los supone:Debe cuidarse que los abastos públicos se hagan a la mayor comodidad y menor precio que sea posible, sin ligas ni monopolios de dentro o fuera de los ayuntamientos. A este fin nombrarán los pueblos todos los años dos de sus individuos para que, con su procurador, síndico general y teniente asesor, intervengan y asistan, en el lugar público acostumbrado, a hacer los remates de los referidos abastos, después de pregonados por treinta días, etc.(Con esta ley de 1749, se relacionan el auto acordado de 5 de mayo de 1766, ley l.ª, tít. 18 del lib. 7.º, y la instrucción del Consejo, fecha 26 jun. 17 66, ley 2.ª.) El monopolio y estanco de los artículos de comer, beber y así como los abusos de los abastecedores darían lugar a frecuentes motines, y de aquí la ley 13, tít. 17 del lib. 7.
Decláranse nulas e invalidas las bajas que se hicieren en los abastos por los ayuntamientos y magistrados de los pueblos, compelidos por fuerza y violencia; y por ineficaces los indultos o perdones que por ellos se concedieran a los perpetradores, auxiliares o motores de dichas asonadas y violencias.
En 16 de jun. de 1767, bajo el reinado de Carlos III, volvió a intentarse la libertad del tráfico, en virtud de la Cédula de 16 de junio de 1767 (Ley 14, tít. 17, lib. 7.): Cesen en todos los pueblos las licencias y posturas y la exacción de derechos y déjese en total libertad la contratación y comercio; haciéndose saber en todos los lugares por medio de bando público para que a todos conste y no continue el abuso. Como se negaran muchos vendedores a satisfacer toda clase de impuestos, apoyándose en la Cédula transcrita, el Consejo manifestó, en Provisión de 5 de octubre de 1767 (Ley 15, tít. 17, lib. 7):
Que se habían declarado libres los géneros comestibles del pago de licencia y posturas para las ventas; pero no de los arbitrios o impuestos que estuviesen cargados sobre ellos con legítimos títulos a favor de los propios y caudales públicos.Surgieron dudas acerca de la Cédula de junio de 1767, y el Consejo declaró, en Provisión de9 de agosto de 1768 (Ley 16, tít. 17, lib. 7):Que las especies que devengan y adeudan millones, como son: carne, tocino, aceite, vino, vinagre, pescado salado, velas y jabón, deben tener precio fijo vendidas por menor; y en ningún modo por mayor, reduciéndose el cuidado de la policía municipal de todos los pueblos a celar que sean arreglados los pesos y medidas y a fijar la; horas de mercado más cómodas para los trajinantes. Quejáronse algunos pueblos de que habían subido los precios de los géneros libres de posturas y lograron que la Cédula de 16 de junio quedase derogada en 11\’ de mayo de 1772. Se sujetaron de nuevo a posturas todos los géneros que lo estaban antes de publicarse la mencionada ley 14, tít. 17, lib. 7.
(Leyes 18, 19 y 20, tít. 17, lib. 7 de la Novísima Recopilación.) 11. Los ABASTOS EN DISPOSICIONES POSTERIORES. Decreto de las Cortes de 8 de junio de 1813.
ART. 8.º Así en las primeras ventas como en las ulteriores, ningún fruto ni producción de la tierra, ni los ganados ni sus esquilmos, ni los productos de la caza y pesca, ni las obras del trabajo y de la industria estarán sujetas a tasa ni postura, sin embargo de cualesquiera leyes generales o municipales. Todo se podrá vender y revender al precio y en la manera que más acomode a sus dueños, con tal que no perjudiquen a la salud publica; y ninguna persona, corporación o establecimiento tendrá privilegio de preferencia en las compras; pero se continuará observando la prohibición de extraer a países extranjeros aquellas cosas que actualmente no se pueden exportar, y las reglas establecidas en cuanto al modo de exportarse las cosas que pueden serlo.Se ve, pues, que las Cortes de Cádiz restablecieron la libertad de tráfico, instituida más de tres siglos antes, en 1492, por la pragmática de los Reyes Católicos; pero bien poco hubo de durar la franquicia; pues al regreso del rey Fernando VII, se volvió (en 16 abr. 1816) a las exclusivas en el arrendamiento de los ramos de abastos. El _ 80 del cap. 8 del Real Decreto de esta fecha decía: Ningun otro sujeto que el abastecedor ha de vender por menor las especies comprendidas en el abasto, ni las podrá introducir ni comprar por mayor para consumo en el pueblo, etc. Pero los inconvenientes se tocaban ya tanto, y las doctrinas promulgadas por las Cortes gaditanas en 1813 habían penetrado de tal modo en la opinión, que en 26 dic. 1818 quedaron reducidos a cinco solamente los artículos estancables:ART. 3.º Los puestos públicos o abacerías de los pueblos se compondrán solamente de cinco artículos, a saber: vino, vinagre, aguardiente, aceite y carne. ART. 4.º Los pueblos serán árbitros de poner o no puestos públicos, e igualmente de reducir a menor número el estanco por menor de las cinco especies expresadas. Los artículos 8 y 9 son notables:La venta por mayor de las especies de vino vinagre, aguardiente, aceite y carne, cuyo estanco por menor se permite en los puestos públicos o abacerías, se ejecutará con absoluta libertad y sin ninguna restricción. Pero el artículo 12 venía a hacer casi imposible el desestanco, pues ligaba a los fondos generales de la nación los productos de los cinco géneros sujetos a postura: ART. 12. El producto del estanco por menor de las cinco especies referidas….. se aplicará…. al pago de la masa de contribución cargada a cada pueblo, sin que pueda distraerse a otros fines, etc. Las Cortes de 1823 no se atrevieron a llevar a la práctica el decreto de las de Cádiz de 1813, antes bien transigieron con el decreto de 1818.
Artículo 15 de la ley de 3 feb. de 1823: Cuidarán los ayuntamientos…. de que los pueblos estén surtidos abundantemente de comestibles de buena calidad. ART. 99. Las reclamaciones y dudas que ocurran sobre los ramos de abastos se dirigirán a las diputaciones provinciales para que las resuelvan sin ulterior recurso, etc. En 20 de enero de 1834 se dictó un Real decreto que volvía a intentar la libertad del tráfico interior en los dos siguientes artículos: ART. L1.0 Se declaran libres en todos los pueblos del reino el tráfico, comercio y venta de los objetos de comer, beber y arder, pagando los traficantes en ellos los derechos reales y municipales a que respectivamente están sujetos. ART. 2.º En consecuencia, ninguno de dichos artículos de abastos, excepto el pan, estará sujeto a postura, tasa o arancel de ninguna especie, etc.
Pero el artículo 5.º de dicho Real decreto de 20 de enero de 1834 anulaba de hecho a los dos primeros citados, porque en él se ordenaba la continuación de los estancos donde sus productos estaban afectos al pago de contribuciones o a cargas municipales, y ya se ha visto que lo estaban en todas partes por virtud de la Real orden de 1818. Además, el pan estaba sujeto a estanco y a gremios (á postura, tasa o arancel). Sólo hubo de hecho libertad cuando en 30 de agosto de 1836 fue restablecido el decreto de las Cortes de Cádiz de 8 junio 1813. Pero, con escandalosa infracción del decreto, continuaron en muchos pueblos arrendados los puestos públicos, con la consiguiente exclusiva de la venta al por menor, en beneficio y provecho de los abastecedores. Había para ello un pretexto formidablemente especioso; y era que en los pueblos pequeños la nueva libertad de tráfico no provocaba la concurrencia, antes por el contrario, no habiendo monopolio, no existían seductores incentivos de lucros y ganancias para los abastecedores; y por consecuencia desaparecía el surtido, hasta el extremo a veces de rayar en desesperante carestía. .
En 1845 el nuevo sistema tributario estableció contribución sobre el consumo del vino, sidra, chacolí, cerveza, aguardiente, licores, aceite, jabón i carne, y el sistema de recaudación concluyo con el antiguo orden de puestos públicos y de venta exclusiva en ellos al por menor de determinados artículos. Hubo sin embargo todavía muchas reclamaciones en favor de los estancos; y por R. O. de 5 de marzo de 1847 se autorizó el restablecimiento de la exclusiva en los pueblos que no pasaran de 3 000 vecinos y no fueran capitales de provincia ni puertos habilitados.
Las RR. OO. de 24 de feb. de 1853, 19 de abril de 1853 y 19 de abril de 1856 prohibieron en absoluto a los ayuntamientos que establezcan restricciones a la libre fabricación y venta del pan.
Por el R. D. e Instrucción del 5 de dic. de 1856se autorizó a los ayuntamientos para que pudieran establecer puestos públicos para la venta al por menor de vino, aguardiente, aceite y carnes en los pueblos de menos de 500 vecinos, y para la venta de carnes en los pueblos de 1000 vecinos abajo. Por la ley de presupuestos de 25 de junio de 1864 e Instrucción de l. o de julio del mismo año se permitió a los pueblos que, para hacer efectivos sus encabezamientos generales, recurrieran a los medios de administración, encabezamientos parciales o gremiales, arriendo a venta libre de todas o de algunas especies, arriendo con exclusiva y repartimientos.
La revolución de septiembre estableció la más completa libertad en la compra y venta de los artículos de comer, beber y arder.
La ley de 31 de julio de 1876 autorizó el establecimiento de la exclusiva en los pueblos de menos de 5 000 habitantes. Y con arreglo a la ley de 16 de junio de 1885 y al reglamento para la ejecución de la misma, los ayuntamientos de Poblaciones que no tengan más de 1000 habitantes dentro de su término municipal podrán establecer puestos públicos para la venta exclusiva al por menor de vinos, aguardientes, aceites y carnes frescas o saladas. Se entiende por ventas al por menor, para los efectos del reglamento, las que no lleguen a 6 kg o litros. Cierto es que se permite a los cosecheros y fabricantes de la misma población vender al por menor los productos de sus cosechas y fábricas, siempre que cada uno lo verifique en un solo local; pero esto no quita a la anterior disposición administrativa el carácter restrictivo de la libertad de tráfico.
Para establecer la exclusiva en la venta al pormenor de los artículos expresados, es necesario que el ayuntamiento lo acuerde asociado con un número de contribuyentes doble que el de concejales. El acuerdo se elevará a la Administración provincial de Hacienda, acompañado de una solicitud en que se expresen los motivos que hubiese para considerar conveniente la concesión. La administración concederá o negará la exclusiva en el término de un mes, y su decisión causará estado sin ulterior recurso. Si la Administración no resuelve dentro de este término, se entenderá concedida la exclusiva. (Arts. 147 al 153 del reglamento para la ejecución de la ley de Consumos de 16 de junio de 1885.) La ley municipal de 2 de oct. de 1877 declara en su art. 72 de la exclusiva competencia de los ayuntamientos el gobierno y dirección de….. A.RTS. 136 y 137. Los ingresos serán impuestos sobre artículos de comer, beber y arder, etc. 4.0 Se autoriza la creación de arbitrios sobre la venta de bebidas espirituosas o fermentadas, etc.
5.0 Los derechos de mataderos se acumularán a los de consumos (cuando los hubiere) y no podrán en junto exceder de 25 por %, etc. Donde no hubiere sobre carnes derechos de consumo, sólo se impondrá por derechos de matanza una cantidad que jamas excederá del 10 por % del valor de la res.De los alcaldes es la presidencia de las subastas para ventas, arriendos y servicios municipales (num. 10 del art. 114).
A. las autoridades locales corresponde lo relativo a la instalación y limpieza de los mercados, a la vigilancia sobre la calidad y estado de los alimentos, a la verificación de pesos y medidas, al reconocimiento de géneros y todo cuanto constituye la policía urbana. Es un deber de las autoridades municipales velar por la salud publica y cuidar del aseo de las Poblaciones, empezando por los mercados. Pero las medidas de policía urbana que adopten no deben cohibir la libertad de tráfico consignada en las leyes vigentes.
El decreto de Cortes de 8 de junio de 1813, después de establecer la más completa libertad de tráfico, declaró en el art. 8.º que todo se podrá vender y revender al precio y en la manera que más acomode a sus daños a la sanidad publica. En el num. 9 del R. D. de 20 de enero de 1834 se dispuso que en los pueblos cuyo numeroso vecindario y demás circunstancias locales lo permitiesen, se señalarán uno o más parajes para mercado o plaza publica de dichos surtidos, distinguiendo los sitios donde concurren los trajineros o vecinos vendedores por mayor de los que vendan a la menuda; todo sin ocasionar otra exacción o gastos que la ligera contribución que se creyese necesario señalar por reglamento de policía urbana para el aseo y comodidad del puesto en el mercado mismo. Muchas otras disposiciones encomendaron a los ayuntamientos la instalación de mercados y el que adoptasen medidas acerca de la salubridad de los alimentos. La R. O. de 13 de enero de1876 dice: Que es de las facultades privativas de los ayuntamientos la instalación de los mercados y la fijación de arbitrios sobre puestos públicos; que tanto por razón de higiene, como por ser uno de los medios de coadyuvar a levantar las cargas del municipio, puedan dichas corporaciones impedir la venta de ciertos artículos alimenticios fuera de los sitios públicos de contratación, aunque revistan sus acuerdos las apariencias de monopolio; que en nada se opone semejante restricción a las leyes y disposiciones que han proclamado la libertad del tráfico, cuando a tal medida presida el interés general de la salubridad publica; que dada la necesidad de los mercados, los ayuntamientos deben usar con gran parsimonia de las facultades para la nueva construcción y reglamentación de los mismos y para la imposición de arbitrios, y que mientras rijan las leyes orgánicas vigentes hay que respetar las atribuciones de las corporaciones municipales tal como las autorizaron las Cortes. En la R. O. de 16 de junio de 1875 se establece que el Ayuntamiento de Reus obró dentro de sus atribuciones al prohibir la venta de carnes fuera del local de las carnicerías, teniendo en cuenta la ley municipal, las disposiciones de carácter general y las de policía urbana.
El reconocimiento de alimentos debe hacerse por los profesores de medicina y de farmacia y por los veterinarios. La R. O. de 23 de febrero de 1885 determina los casos en que el reconocimiento de sustancias alimenticias corresponde a los veterinarios y los en que debe ser practicado por los médicos y farmacéuticos. Dice así: 1.0 El reconocimiento de los animales de sangre caliente, así como de sus embutidos y conservas, en vivo y en muerto, debe seguirse practicando unica y exclusivamente por los veterinarios. 2.0 El reconocimiento e inspección de todas las demás sustancias alimenticias que se expenden en los mercados, inclusos los animales de sangre fría, pueden atribuirse y confiarse a los profesores de Medicina y a los de Farmacia indistintamente. El Código Penal de 1870 castiga con las penas de arresto mayor en su grado máximo a prisión correccional en su grado mínimo y multa de 125á 1250 pesetas, al que con cualquiera mezcla nociva a la salud altere las bebidas o comestibles destinados al consumo público, o venda géneros corrompidos, o fabrique o venda objetos cuyo uso sea necesariamente pe1judicial a la salud. Los géneros alterados y los objetos nocivos serán siempre inutilizados. En el art. 595 se castiga con la pena de cinco a quince días de arresto y multa de 25 a 75 pesetas a los dueños o encargados de fondas, confiterías, panaderías u otros establecimientos análogos que expendan o sirvan bebidas o comestibles adulterados o alterados, perjudiciales a la salud; o no observen en el uso y conservación de las vasijas, medidas y titiles destinados al servicio, las reglas establecidas o las precauciones de costumbre. Las bebidas y comestibles adulterados, perjudiciales a la salud, deberán caer siempre en comiso.
Del texto de los dos arts. citados no se deduce cuándo la venta o fabricación de los objetos adulterados constituye delito y en qué casos debe reputarse falta, lo cual puede ser ocasión de arbitrariedad y de injusticia. Ya que el Código no distingue terminantemente la falta del delito y castiga con penas distintas hechos del todo idénticos, debe calificarse la venta, fabricación o expendición de bebidas o comestibles adulterados por su extensión o por sus efectos: será falta si de la expendición no ha resultado perjuicio a la salud del comprador; y por el contrario, será delito si por efecto del alimento o bebida adulterado se ha seguido daño a la salud del consumidor.
También señala el Código pena a los vendedores que defrauden al comprador con medidas 0 pesos escasos. El art. 592 castiga con las penas de uno a diez días de arresto o multa de 5 a 50 pesetas, a los traficantes o vendedores que tengan medidas o pesos dispuestos con artificio para defraudar, o de cualquier modo infrinjan las reglas establecidas sobre contraste para el gremio a que pertenezcan; a los que defrauden al público en la venta de sustancias, ya sea en cantidad, ya en calidad, por cualquier medio no penado directamente; y a los vendedores a quienesse les aprehendan sustancias alimenticias que no tengan el peso o medida que corresponda.
El art. 593 castiga con las penas de 5 a 15 días de arresto y multa de 25 a 75 pesetas, a los que infrinjan las reglas de policía dirigidas a asegurar el abastecimiento de las Poblaciones, yá los propaladores de falsos rumores para alterar el precio natural de las cosas.
No se considera adulterado el aceite de olivo con la mezcla del de algodón. Examinados los informes emitidos por el Real Consejo de Sanidad, Real Academia de Medicina y Consejo Superior de Agricultura, Industria y Comercio, sobre si debe prohibirse la venta al público de aceite de oliva mezclado con aceite de algodón, y en vista de que la ciencia y la experiencia enseñan de consuno que el uso del aceite del algodonero no causa daño a la salud, se ha dictado la R. O. de 15 de junio de 1880, en la que se resuelve; que se permita la venta del aceite de oliva mezclado con el de algodón, con tal que el vendedor lo anuncie así públicamente.
Ill. Los ABASTOS EN LAS LEYES DE INDIAS. Prevalece el principio de la libertad de tráfico. Ley 6.ª, tit. 18, lib. IV. Se prohibe a los virreyes y justicias de las Indias que pongan o permitan poner tasa a los mercaderes españoles que vendan por mayor o menor vinos, harinas y otros mantenimientos y mercaderías. Pero se concede a los gobernadores y justicias facultad para poner tasa a los regatones (revendedores). Ley 8.ª, tít. 18, lib. IV. Es nuestra voluntad que los mantenimientos, bastimentes y viandas se puedan comerciar y traginar libremente por todas las provincias de las Indias, y que las justicias, consejos y personas particulares no lo impidan, ni se hagan sobre esto ningunas ordenanzas, pena de la nuestra merced y perdimiento de bienes en que condenamos a los transgresores.Mas, sin duda, el sistema establecido en la metrópoli de estancar los artículos de comer, beber y arder, se extendio a las Indias con todos sus abusos, como se deduce de la ley 10, tít. 8, lib. 4:En ninguna ciudad, villa o lugar se admita ni reciba postura para abasto de las carnicerías a clérigos, conventos ni religiosos, sino a personas legas y llanas que puedan ser apremiadas a su cumplimiento; y sea por un año, o el tiempo que pareciese conveniente al que gobernare la provincia. Ya en la ley 27 se decía:Porque en algunas ciudades de nuestras Indias conocen los alcaldes ordinarios… de todas las causas que pertenecen al abasto y provisión de mantenimientos, y ponen los precios, de que se siguen muchos inconvenientes, porque los regidores y sus deudos son dueños de muchas chacras y heredades de los contornos, y, proveyendo a las ciudades de mantenimientos, los ponen a excesivos precios, y crece este perjuicio por el mucho número de esclavos y regatones puestos por mano de persona poderosa, de que se siguen muchos fraudes y engaños, etc., etc.