Abeja

s. f. Insecto de seis patas y cuatro alas, del orden de los himenópteros, familia de los ápidos.

Abeja Albañila

Dice la Academia: insecto que vive apareado y hace para su morada agujeros horizontales en las tapias y terrenos duros. ∞∞ABEJA MACHIEGA, MALSA, MAESTRA o REINA∞∞∞ madre de las abejas que fabrican la miel y la cera, y de los zánganos de una colmena.

Abeja

Astr. Constelación de cuatro estrellas de quinta magnitud cerca del Polo antártico o de La Cruz.

Abeja (Orden De La)

Orden caballeresca para ambos sexos, fundada en Francia el año 1703 por Luisa Benita de Barbón, esposa del duque del Maine

Abeja (La Flor De La)

Bot. Planta cuyas flores tienen tres pétalos manchados de tal modo que parecen una abeja.∞∞ABEJA Y OVEJA, Y PARTE EN LA IGREJA, DESEA A SU HIJO LA VIEJA∞∞∞ refrán con que se da a entender que la carrera eclesiástica, el ganado lanar y los colmenares proporcionan comodidades y riquezas.

Abeja Y Oveja Y Piedra Que Trebeja

refrán que indica ser fuente de riqueza las ovejas, las colmenas y los molinos.

Abeja

s. f. Entom. Nombre común a todas las especies del género Apis, de la familia de los Apidos, orden de los Hirnenópteros, clase de los Insectos.
Se distinguen muchas especies, a la cabeza de las cuales se encuentra la abeja común esta especie se encuentra muy extendida por toda Europa y presenta muchas variedades entre las cuales son notables la abeja de Carniola, la argelina y la de Madagascar. Además de la abeja común, hay otras especies muy notables, como son: la abeja de los Alpes, en Asia, la abeja árabe (Apis arabica) y la abeja social (Apis socialis) muy abundante en Bengala; e.n Africa, la abeja cafre(Apis cafira), la abejaunicolora (Apis unicolor) muy común en Abisinia, y en las Islas Canarias, la abeja ifel Cabo (Apis Capensis), la abeja escudada, la abeja senegálica, la abeja egipcia (Apis jasciata); en la Oceanía, la abeja rosácea que vive en la Tierra de Van-Diemen.
Se tratará primero y más especialmente de la abeja común:
Este insecto vive formando sociedades compuestas de tres clases de individuos, a saber: un abeja reina o madre, de 600 a 1 000 zánganos machos y de 15 000 a 30 000 obreras o hembras neutras. Cada una de estas sociedades así formadas se denomina enjambre, y los locales o sitios donde habitan, ya buscado directamente mismas abejas, ya proporcionados y dispuestos por el hombre, se llaman colmenas.

Historia Y Tradiciones

Las abejas han sido constante objeto de consejas y preocupaciones. La fábula atribuye la invención del arte de utilizar la miel y la cera a Aristeo de Arcadia, hijo de Apolo y de Cyrene. Los antiguos celebran a las abejas del monte Ida que alimentaran a Júpiter; y a las del monte Himeto y del Hibla productoras, según ellos, de la mejor miel. Otras tradiciones cuentan que a un rey de España se debe el uso de la miel como medicina además de alimento.
Las costumbres de las abejas fueron asunto poético de la Georgica IV de Virgilio, quien nos enseña que para obtener abejas es preciso matar un toro joven, encerrarlo en una cabaña y dejarlo corromper. A la primavera siguiente, dice, nacen de esta corrupción gusanos que no tardan en convertirse en abejas. Todavía en tiempos más próximos a nosotros la hembra era considerada como un rey sin aguijón. Luis XII, al entrar en Génova, se presentó de vesta blanca sembrada de abejas de oro. El papa Urbano VIII llevaba abejas en sus armas: una vez apareció bajo ellas este verso latino. Napoleón hizo sembrar de ellas su manto imperial. En la mitología védica representan gran papel las abejas. Krishna se halla representado con una abeja azul sobre la frente. En la leyenda de Ibrahim Ibn Edhem se habla de una abeja que venía a recoger las migajas de pan de la mesa del rey para llevarlas a un ciego.
Las ninfas que educaron a Júpiter se llamaban melisas, y melisa se llamaba también la luna. Cuando las almas de los muertos bajaban de la luna a la tierra, lo hacían en forma de abejas. Dionisio, después de haber sido hecho cuartos en la forma de toro, había resucitado en la forma de abeja, según lo iniciado en los misterios Dionisiacos. En la tumba de Childerico, rey de los francos, había esculpidas, como queda indicado, 300 abejas al rededor de una cabeza de toro.
En la mitología finlandesa se pide a la abeja que vuele por encima del sol, la luna y el eje de la Osa mayor hasta llegar a la casa de Dios Creador, y traiga de allí en el pico la miel que cura las heridas causadas por el fuego y por el hierro.
El carácter religioso, o si se quiere mitológico, de las abejas subsiste en las creencias populares. Así, p. ej., en Suiza se cree que las almas de los hombres abandonan el mundo y vuelven a él en forma de abejas, mensajeras de la muerte; agüero origen sin duda de la preocupación extendidísima en España de que los abejorros y los insectos vulgarmente llamados palomitas, anuncian desgracias, o bien noticias buenas o noticias malas; todo según el color de los insectos.
Como en la tradición helénica, latina y alemana la abeja personifica la inmortalidad del alma, de ahí el creer que la abeja misma es inmortal.
En Alemania nadie quiere comprar las abejas pertenecientes a un difunto, porque se cree que han de morirse pronto para irse con su dueño. Pero en Oriente se esparce cera y miel sobre el sepulcro de los grandes hombres como símbolo de inmortalidad.
No sólo la miel, sino también la cera con que iluminan los altares, y a mayor abundamiento las colmenas, participan del carácter inmortal y sagrado la abeja como un halito, cefiro o viento que cambia de lugar, pero que nunca muere; que reúne y esparce la miel y los aromas, pero que desaparece sin morir.
La abeja figura en muchos cuentos populares con carácter benéfico y protector. Auno de estos cuentos pertenece la siguiente coplilla que, si no se ha recogido mal, suena como sigue:
Palomita, palomita,
Tú me sacaste del agua;
Por eso yo le piqué
Al hombre que te apuntaba.
Las abejas se han tenido por aves. Si respecto de las abejas en general, y como seres individuales en particular, profesaban ideas tan extrañas los antiguos, no menos erróneas eran sus creencias respecto de la sociedad formada por estos interesantes insectos.
No sólo creían macho a la reina única, sino que los griegos la llamaban REY, y los latinos juzgaban SOLDADOS suyos a los zánganos, y VASALLOS a las abejas trabajadoras y nodrizas, necesarios e ineludibles auxiliares de la función materna de la hembra única. Pero la colmena no es ni una monarquía ni una república, sino una reunión armónica de tres clases de individuos, todos indispensables para el mantenimiento, reproducción y perpetuidad de la especie.
Pocos insectos han ejercitado más la sagacidad de los grandes pensadores desde los tiempos antiguos hasta la época actual. Entre los primeros que se dedicaron a examinar las costumbres de las abejas, hay que enumerar los nombres de Aristóteles y de Aristomaco de Soli en Cilicia, y el de Filisco, Tasiano. Aristomaco, según refiere Plinio, se consagró exclusivamente a estudiar las abejas durante cincuenta y ocho alias, y Físico pasó toda su vida en los bosques escudriñando las costumbres de tan notables insectos (Plin., XI, 9). Ambos observadores escribieron sobre la abeja. En los tiempos modernos, Rcaumur, Bonnet, Schirach, Tholley, Hunter, Huber y otros han enriquecido considerablemente el caudal de nuestros conocimientos sobre estas interesantes especies. Recientemente han publicado observaciones notabilísimas sobre la inteligencia de tan interesantes himenópteros Hübner y Lubbock.

Constitución De Los Enjambres

Por lo común dos seres de sexo distinto son necesarios y suficientes para la reproducción de sus semejantes; pero en las abejas se necesita de un número extraordinariamente mayor. Así es que la sociedad de las abejas se compone, como queda dicho, de tres clases de individuos: de una hembra única perfecta (reina), cuya función está reducida a poner huevos; de 600 a 1 000 zánganos, de los cuales uno solamente fecunda a la hembra; y de 15 000 a 30 000 hembras no desarrolladas ni perfectas, a las cuales incumbe fabricar con cera y fortificar con propóleos la habitación del falansterio; alimentar a la reina y a los zánganos con miel y polen digeridos hasta cierto punto por ellas propias; criar, como nodrizas cuidadosísimas e inteligentes, la descendencia de la reina; traer las provisiones necesarias para la comunidad y defender la colmena de los ataques de sus muchos enemigos.
Los zánganos son precisos para la fecundidad de la madre; pero necesitan ser mantenidos, porque no pueden trabajar, ni aun ofender ni agredir para tomarse su alimento, por carecer de armas, es decir, del aguijón penetrante y venenoso que tienen todas las demás abejas no pertenecientes al sexo masculino. La hembra es necesaria para poner huevos de ambos sexos, hasta en número de 30 000; pero también es incapaz de procurarse el sustento ni de construir la habitación de su numerosa posteridad, ni menos de alimentarla ni criarla. Y sin las hembras atrofiadas que desempeñan estas importantísimas funciones de la maternidad, la sociedad de las abejas perecería sin remedio.
Lejos de ejercer funciones gubernamentales, la reina única hembra, pasa toda su vida en sólo poner huevos. Es muy tímida, y al menor peligro se oculta en lo interior de la colmena, al paso que las trabajadoras se precipitan a la entrada y se abalanzan furiosas al agresor. Puede cogérsela sin temor de que haga daño, ni de que clave el aguijón en la mano: una abeja forastera que entre en la colmena, le tira impunemente de las alas y de las patas. Pero este insecto tan medroso se convierte en un animal terrible no bien se encuentra con otra abeja hembra; pues nunca dos pueden existir juntas en la misma habitación. Si tal sucede alguna vez, ambas se atacan en el acto, se persiguen furiosamente, se dan de puñaladas mortales con el corvo aguijón de que están armadas, y el combate dura sin tregua ni descanso hasta la muerte de una de las dos hembras. La vencedora no se da por satisfecha aun, sino que se dedica a matar inmediatamente a las otras hembras existentes todavía en sus capullos en las celdas de cera del panal.
Lejos de ser soldados terribles, los zánganos se pasan la vida durmiendo en la colmena, cuando la temperatura o el viento no les son favorables para sus paseos voladores: son sumamente pacíficos, como conviene a seres inermes y mantenidos; y, al fin, se entregan sin combate al furor de las obreras, cuando a los dos o tres meses de nacidos, a principios de agosto, no siendo ya necesarios para nada, las obreras deciden exterminarlos en una matanza general. Así, pues, fuera de las funciones de la reproducción, las hembras atrofiadas lo son todo: arquitectos, nodrizas, provisoras y guerreros.

Caracteres Anatómicos Y Fisiológicos

La Abeja Reina

De 17 milímetros de longitud, es de color pardo oscuro. La cabeza, de forma de corazón, está completamente cubierta de pelos espesos y amarillos, excepto en la frente, donde el pelo es casi negro. Los ojos de facetas son angostos y dejan entre sí una ancha frente en la que se ven tres ocelli simples. Las antenas son amarillas por debajo y pardas por encima, y presentan trece articulaciones: la articulación de la base tiene más de la tercera parte de toda la longitud; las demás articulaciones se dirigen hacia adelante formando ángulo con la primera. El tórax se halla cubierto de pelos de color pardo-claro. Las patas sonde color amarillento: el fémur y la tibia de las patas delanteras y la base del fémur de las patas traseras son también de color pardo. Todas las garras de los tarsos están divididas. Las alas son de muy pequeñas dimensiones, pues apenas rebasan de la mitad del largo del abdomen, y las traseras tienen dos celdas cerradas y cuatro abiertas. El abdomen tiene la forma de un cono alargado, liso y casi por completo sin pelos: en él se ven por encima seis segmentos distintos: la parte de debajo del cuerpo y la base de cada segmento de encima tienen un color más pálido que las demás partes.
Este sexo está dotado de un aguijón corto y corvo. La abeja reina se parece a la trabajadora en la forma de la cabeza y del tórax, pero la gran longitud del abdomen y el color más pálido de las patas y antenas son sus principales rasgos característicos.
Una reina puede vivir hasta cinco años, pero regularmente su vida es sólo de tres.
En los zánganos el cuerpo es a modo de cilindro de 16 milímetros

La Abeja Neutra O Trabajadora

De 12 milímetros de longitud, es de color pardo oscuro casi negro: la cabeza, triangular, redondeada o en forma de corazón, y el tórax se parecen a los de la hembra; pero la cabeza tiene pelo negro en el vértice. La situación de los ojos no difiere de la de los de la reina, y las antenas tienen 13 articulaciones. Las patas son negras y las plantas de las patas traseras aparecen estriadas transversalmente por el interior. Plegadas las alas llegan casi a la punta del abdomen. Este es cónico y está compuesto de seis segmentos diferentes: el anillo de la base resulta completamente de pelo negro muy espeso, pero los otros segmentos se hallan pobremente vestidos.
Las trabajadoras tienen todas aguijón, que es recto y dentado a modo de sierra. Su vida en verano es de unas seis semanas: las que nacen en otoño llegan hasta la primavera siguiente.
El aparato digestivo de las abejas empieza en la boca y se prolonga hasta el ano. La faringe se ensancha formando una cavidad gástrica, especialmente destinada para el proceso químico que convierte en miel el néctar de las flores.
La abeja respira por un sistema de tráqueas. En los vertebrados se llama tráquea el tubo que conduce el aire a los pulmones; y, por extensión, se llaman también tráqueas los conductos por donde el aire inspirado se reparte en los insectos. Las aberturas exteriores de las tráqueas terminan en unos espiráculos, que se denominan . Los estigmas están especialmente colocados entre los anillos del abdomen a cada la.do del cuerpo. Los canales correspondientes a los estigmas se ramifican luego por las tráqueas en todo el cuerpo del insecto.
Las tráqueas se ensanchan en vesículas relativamente grandes en las abejas y los zánganos, y estas vesículas almacenan mucho oxígeno, comburente para un pujante vuelo, disminución de la densidad media del insecto, y resonancia y amplificación del zumbido. A cansa riel aire que estas vesículas contienen se ve como revivir y salir volando a algunos insectos a quienes se ha tenido tres días bajo agua, previamente hervida, y que parecían haber muerto de asfixia: así que carece de fundamento la creencia de que se mata a los insectos dañinos sumergiéndolos en agua, a menos de que la sumersión exceda de siete días u ocho.
Muchos insectos tienen dos estigmas torácicos y siete abdominales: los himenópteros tienen tres torácicos. El aire entra en los estigmas y sale por las dilataciones y con tracciones de la cavidad abdominal. En general, los insectos hacen de 30 Aparato respiratorio a 50 inspiraciones por minuto: pocas cuando hay frío; muchas cuando hace calor. El insecto cierra sus tráqueas cuando vuela y en los gases que le son nocivos. La obturación es necesaria para asegurar el mecanismo de la respiración.
Los himenópteros son naturalmente insectos sonoros. Su zumbido es generalmente un compuesto de tres tonos: uno, producido por la vibración de las alas: otro, más agudo, por la vibración de los anillos del abdomen; y el tercero, mucho más agudo e intenso que los demás, formado en los orificios estigmáticos; sonido que subsiste aún quitando las alas a los insectos, o que cesa tapándoles los estigmas o engrasándoselos. El sonido de las alas en una abeja es regularmente un la de 440 vibraciones por segundo cuando no está fatigada, y el correspondiente mi de la misma octava cuando se encuentra fatigada, es decir, 330 vibraciones por segundo. Pero esta determinación del tono de las alas no es más que un término medio bastante vago, pues necesariamente varía con el tamaño de las alas; y es distinta, por tanto, en los zánganos y en las reinas. Los tonos estigmáticos son mucho más agudos en la apis mellifica; pues es un sí de 594 vibraciones por segundo; lo que tampoco debe tomarse sino como una estimación general; pues esa nota varía en el mismo insecto según su estado de salud o de fatiga; y, naturalmente, cambia también de unos insectos a otros.
El sistema nervioso de las abejas es ganglionar como el de todos los insectos. El ganglio encefálico se divide en dos hemisferios, uno mayor y otro menor: en el tórax existe otro ganglio y cuatro en el abdomen: todos comunican entre sí por filamentos nerviosos, ramificados después por todos los órganos del insecto.
La abeja indudablemente posee los cinco sentidos de los animales superiores.
En general, los himenópteros deben gozar de una audición perfectísima, a causa de las múltiples tonalidades de sus .aparatos sonoros; pues los variados sonidos que cada cual produce deben permitir a los demás reconocer los insectos de su especie y los de las otras, y también distinguir los sexos por la diferente altura de los tonos. El tacto reside en el cuerpo todo del insecto, pero con especialidad en las antenas.
Estímase, además, que las antenas sienten, distinguen y aprecian las vibraciones del aire; y que, por tanto, son en las abejas el verdadero órgano del oído.
Muchos no creen determinada aún la localidad del órgano olfativo: otros lo suponen en los orificios estigmáticos. Pero lo que es indudable es que las abejas tienen un olfato finísimo que las lleva a buscar sus flores favoritas a grandísima distancia.
El gusto se supone en la lengua, cuyos nervios parten, múltiplemente ramificados, del hemisferio menor del ganglio encefálico.
El sentido de la vista se supone no sólo en los tres ojos simples de la frente (ocelli, ojillos; llamados también estemas por su modo de colocación, sino también en los ojos laterales, cada uno de los que contiene 3 500 facetas: el nervio óptico sale del hemisferio mayor del ganglio encefálico.

Órganos Característicos De Las Obreras

Estos órganos son: a) trompa lamedora: b) patas de canastillo: c) aguijón venenoso y d) órganos de secreción de la cera.
a) Las trabajadoras lamen el néctar de las llores; lo recogen en el estómago de la miel; y, vueltas a la colmena, lo vomitan y depositan en las celdas. La miel de abeja no es pura y sencillamente el néctar de las flores condensado por la evaporación del agua, sino producto especial de las abejas, que, por un proceso químico sui generis en la cavidad gástrica o estómago de la miel, se convierte en miel.
Las abejas, pues, sólo recogen con la trompa el néctar de las flores, no el producto especialísimo que se llama miel de abeja.
En una observación superficial aparece la trompa como un solo tubo, a través del cual puede creerse que la miel pasa al estómago por succión; pero, inspeccionada la trompa con el microscopio, se ve que está compuesta de cinco partes muy distintas: de un tronco central y de cuatro vástagos laterales, dos a cada lado. La parte .central es la destinada principalmente a recoger la miel: esta parte, no perforada, sino de forma achatada y de consistencia y sustancia cartilaginosa, se emplea como lengua para lamer en las flores el néctar: la miel pasa a la faringe donde es conservada y modificada químicamente, y de donde es después expelida (o más bien, vomitada) en las celdas del panal. Dedicase una parte de la miel recolectada a la alimentación de las larvas, y el resto queda almacenado dentro de las celdas para sustento del enjambre durante el invierno.
b) De los órganos masculinos de las flores recoge la abeja el polen, tomándolo de la .parte ABEJ denominada antera en los estambres; y, después de humedecido Con saliva y miel, lo acarrea en dos canastillos naturales admirablemente apropiados para la recolección. Estos canastillos están colocados en el primer artejo de las patas posteriores (tarsus). Esta articulación es eminentemente característica. A veces aparece con cuatro ángulos.
Entre los pelos de los bordes quedan aprisionadas las primeras partículas del polen y adheridas a los pelos y a la parte cóncava del artejo por una sustancia untuosa como aceite, secreción de las glándulas sudoríficas de las patas. Contra las primeras partículas pegadas aprieta el insecto con las patas intermedias las demás partículas que signe recolectando, y, al fin, las últimas; con lo que forma en cada pata una pelota de polen, que los alemanes llaman calzoncillos (Hoschen), tan perfectamente adherida a la articulación que, aunque en el vuelo del insecto queda hacia abajo, nunca se cae y puede ser transportada por el animal a distancia de muchas leguas. A la reina y a los zánganos falta el canastillo y las hileras peludas.
El polen, sustancia ricamente azoada, es absolutamente necesaria para el sustento de las abejas, pues la miel no contiene ázoe ninguno. El polen con miel constituye el principal alimento de las abejas.
c) Las trabajadoras tienen oculto en la extremidad del abdomen un aguijón recto, en forma de siena, acerado y móvil, que introduce en los órganos de los enemigos un veneno segregado por dos vesículas situadas a los lados del canal intestinal. Las trabajadoras so sirven de las mandíbulas como de armas para sujetar a las abejas intrusas o para retorcerles las alas y arrancárselas. Pero su arma especial y favorita es el aguijón, que esgrimen furiosamente contra toda abeja forastera, contra los animales enemigos y contra el hombre mismo. El veneno del aguijón paraliza el miembro herido y mata a las abejas. A hombres y animales atacan valientemente las trabajadoras, cuando creen en peligro a su reina o a su colmena; pero, lejos de su habitación, la abeja es tímida y espantadiza. Sin embargo, cuando hace mucho calor y en los bochornos precursores de tempestad, sienten las abejas furor por aguijonear. La picadura produce un escozor insoportable, que en los sujetos irritables llega a convertirse en una violenta inflamación, acompañada de fiebre urticaria. Este aguijón, que tiene de 5 a 6 milímetros de largo, está compuesto de dardos unidos, movibles en el interior de una especie de vaina, dejando entre sí por la parte inferior una estrecha ranura y terminando cada uno por quince o diez. Como también se ha indicado, estos dardos están encerrados en un estuche o vaina de cerca de 2 a 3 milímetros de ancho, rodeada en su base de nueve escamas cartilaginosas o córneas, provistas de músculos, ocho de los cuales parecen destinados a lanzar hacia fuera la punta del instrumento, siendo la función del noveno operar su retracción.
No es la introducción mecánica del aguijón de la abeja la causa de accidentes tan graves a veces; sino un veneno segregado por dos vesículas colocadas a los lados del tubo intestinal. El principio activo del veneno de la abeja es ácido fórmico muy concentrado.

Los Panales

Descripción. La vida de las abejas está tan íntimamente ligada a sus habitaciones celulares, que sin ellas sería imposible.
En el interior de una cavidad natural o preparada por el hombre fabrica sus panales de cera. Qué es un panal?
De la parte superior de la cavidad se ven colgando varios muros o paredes de unos 15 milímetros de espesor, la mayor parte de las veces paralelos entre sí, rara vez oblicuos con relación a los otros, pero siempre dejando entre sí intervalos libres, de cerca de un centímetro, que forman como calles o plazas destinadas a la circulación del pueblo. Arránquese del techo uno de estos ladrillos de cera, a fin de inspeccionarlo con toda comodidad, y nos encontraremos con una verdadera maravilla; maravilla que cautivó la atención de los antiguos geómetras.
El tal ladrillo no es jamás un macizo de cera, especie de tableta sólida o de plancha compacta; antes bien se ve perforado, tanto por la una como por la otra de sus dos caras, de agujeros hexagonales, a modo de prismas rectos o de celdas o alveolos de seis lados, adosados los unos a los otros de tal modo que cada hueco, celda o alveolo hexagonal, se encuentra rodeado de otros seis; por lo cual los seis tabiques de cera que determinan la forma prismática de cada agujero son comunes a otros seis. Y esto lo mismo por la una cara que por la otra del muro o ladrillo arrancado al techo de la colmena.
Dos de estos tabiquillos son siempre verticales en cada hexágono; los demás oblicuos.