Abasia

Región comprendida entre el mar Negro y el Cáucaso occidental, que forma en la actualidad parte de la provincia del Kuban en el imperio ruso. Su situación es verdaderamente privilegiada. Extiéndese de N. O. a S. O. desde la region volcánica del Kuban inferior hasta el rio Ingur que la separa de la Mingrelia o enotros términos desde los 44° 30\’ hasta 42° 10\’ de latitud N., esto es, en el centro de la zona templada. Limítanla por el N.E. las primeras estribaciones del Cáucaso seguidas paralelamente del lado de Occidente por estribos abruptos, tan cerca del mar que los ríos son certísimos torrentes, los valles, hondísimos barrancos, el país entero, un caos de cerros, desfiladeros, peñascos y hondonadas, la costa acantilada y el paisaje por todas partes pintoresco y magnífico. Las aguas del antiguo Ponto Euxino bañan la base de la montaña, sin que existan playas ni zona alguna intermedia. La costa parece emergida en una época reciente y quizá se halla animada desde los tiempos históricos, de un movimiento de emersión constante, aunque tan lento e irregular como suelen ser toda esta especie de oscilaciones de la superficie del planeta. Hasta la altitud de150 metros vénse escalonadas las antiguas terrazas marinas, playas abandonadas y en todo iguales a las que en la actualidad besan las inquietas aguas del mar Negro. Muchas de las fuentes de agua salobre que brotan del suelo en esta region inferior, contienen crustáceos de la misma especie que los que en la actualidad habitan dicho mar (mysis, gammarus) y se atribuye su existencia en tales parajes la presencia de las aguas marítimas en épocas remotas. El pequeño lago Abran, cerca de Novo Rosiisk, contiene una fauna semi-marina que ha ido adaptándose poco a poco al agua dulce. Es indudable que durante la época actual se han verificado oscilaciones importantes en el suelo de la Abasia. Las ruinas existentes en los aluviones próximos a Sujum-Kalej (Soukhoum-Kaleh de los autores franceses) están situadas a un nivel superior al del mar, unas, y a un nivel inferior llanuras otras, probando que durante los tiempos históricos las olas han perdido terreno, para ganarlo luego y volverlo a perder. Las ruinas de un fuerte están hoy cubiertas de 5 o 6 metros de agua y a b profundidad de 10 metros se encuentran restos de una muralla bastante espesa. Después de una tempestad el mar arroja siempre monedas, anillos y otros objetos antiguos. Los abases, que conocen perfectamente esta circunstancia, no dejan nunca de explorar la costa después de una borrasca y entre otros hallazgos verificados por ellos, merece especial mención una corona de oro descubierta entre la arena.
El clima de Abasia es muy humedo y más templado que el de las provincias vecinas. Las corrientes atmosféricas que pasan el mar Negro, vienen a chocar contra la elevada masa de la cordillera caucásica y depositan su humedad en la estrecha zona comprendida entre la costa y la cordillera. La Mingrelia, región situada al S. E. de la Abasia y en situación análoga, conserva aun su antigua fama de país humedo, pantanoso y malsano. La Abasia no es país pantanoso, porque su suelo excesivamente cortado y de pendientes muy acentuadas, no permite a las aguas estancarse. La cantidad de agua que recibe esta parte occidental de las tierras caucásicas es 10 veces mayor que la que precipitan las nubes en la región oriental o caspiana. La influencia de estos vientos humedos del Ponto se extiende hasta el Elbruz y hasta más allá del Anti-Cáucaso, cadena secundaria y paralela a la principal por la parte N.
Toda la parte del litoral del mar Negro que forma la costa de Abasia (400 km), será uno de los más hermosos países del mundo el día en que el cultivo y la canalización hayan aclarado sus inmensos y profundos bosques y domeñado el turbulento curso de sus torrentes. Entonces será, como Crimea, un sitio de recreo de los grandes sectores rusos, lo que la costa del Mediterráneo entre Marsella y Génova para los favorecidos por la fortuna en Occidente, y lo que podría ser en España la costa malagueña y granadina. Se cubrirá de villas, jardines y palacios, y sus profundas aguas serán surcadas por elegantes yates de recreo y grandes vapores. Tiene sobre la costa de Crimea la ventaja de ser más meridional y más templada, pero en cambio su pa1te septentrional está más desabrigada. La gran masa de aguas marinas a una temperatura media elevada que calienta la atmósfera durante el invierno, manteniendo hasta fines de noviembre una temperatura de 14\’ a 15\’ en toda la región. Los vientos del S. E. soplan con gran violencia en. primavera y en otoño, llevando hasta las vertientes meridionales del Cáucaso la glacial temperatura de las mesetas de Anatolia. Cuando reinan estos vientos no sólo es más desagradable la temperatura, sino que también el mar se alborota y se hace muy peligrosa la navegación a causa de la falta de buenos puertos. La parte más meridional de la Abasia, llamada Abjasia (Abkhasia, según la ortografía francesa), está,Perfectamente protegida por los gigantes del Caucaso contra los vientos del N. E., frías corrientes polares que vienen de las estepas del Caspio y del Kuma. El bora, viento huracanado, baja muchas veces de las colinas que separan a Novo-Rossiisk de la estepa y alborota el mar. El 12 de enero de 1848 todos los buques que se encontraban fondeados en la rada de Novo-Rossiisk fueron lanzados mar adentro o estrellados contra las peñas. Uno de ellos fue echado a pique por el peso de las olas medio congeladas y que se solidificaron sobre él (E. Réclus).
La vegetación del país abase recuerda por sus esplendores la de los climas tropicales. Los helechos cubren espacios inmensos en las vertientes de las montañas, formando verdaderas murallas de verdura, casi impenetrables. Alcanzan muchos metros de altura y se enredan unos en otros de mil modos. Después van pudriéndose poco a poco y formando sobre el suelo una espesa capa bajo la cual se acumulan todos los gases procedentes de su propia putrefacción y de la de otros vegetales. Las selvas de helechos son focos de fiebres paludicas que diezman la población de las aldeas construídas en sus proximidades, y los abases tienen buen cuidado de edificar sus habitaciones lejos de ellas siempre que pueden, prefiriendo para ellas las colinas y mesetas desnudas de vegetación. Donde quiera que los rusos han destruido los bosques de helechos, y lo han hecho ya en muchas partes, el clima ha mejorado rápidamente. Los helechos predominan en la zona baja. Después viene la de los grandes bosques, compuestos de hayas, encinas, castaños, avellanos y enormes matas de boj, cuyo penetrante olor invade la atmósfera hasta una gran distancia. Las vertientes de la cordillera están cubiertas en parte por una admirable planta propia de esta región, la azalea pontica, cuyas hojas de color rojo sanguíneo en otoño, contrastan con la gran masa verde de la vegetación. Se ha dicho muchas veces que la miel de la azalea pontica era venenosa, y que los hombres que la comían quedaban como aletargados y eran luego atacados de locura Juriosa. El hecho está lejos de haber sido comprobado por sabios dignos de fe, y aunque Klaproth lo refiere como cosa averiguada, coincidiendo en esto con otros muchos autores, no debe ser negado ni creído en absoluto por ahora. En muchos sitios la azalea es sustituída por los rhododendron.
A pesar de la gran cantidad de agua que la Abasia recibe y de la nieve del Cáucaso, los ríos que la recorren son muy poco importantes. La razón de esto es sencilla: media tan poca distancia entre dicha cordillera y el mar, que las corrientes de agua vienen a morir en él cuando apenas acaban de nacer. Sólo merecen mencionarse las de .la parte meridional, a saber: el Kodor, el Bejib y el Mzimta, que corren entre el Cáucaso y algunos de sus contrafuertes, pudiendo, gracias a su paralelismo con la costa, desarrollar un curso relativamente largo. La mayor parte de los valles altos fueron en otros tiempos lagos que se vaciaron por la ruptura de alguna parte de las paredes de su recipiente o por desagües subterráneos. El Mitchich, que aparece en muchos mapas como un río considerable, no es más que un brazo del Bzib, subterráneo en la parte superior de su curso. Cerca de Gagri existe un riachuelo subterráneo. El Pitsunda, vecino del Bzib, parece haber cambiado de curso durante los tiempos históricos. Del Ingur, río más considerable que ninguno de los anteriores, sólo pertenece a la Abasia la parte inferior de la margen derecha, puesto que la izquierda y la región alta son de Mingrelia.
Ninguno de estos ríos es navegable, pero todos pueden utilizarse para el riego de esta magnífica región, donde las palmeras se ven mezcladas con los árboles de Europa y existen verdaderos bosques de rosas y jazmines.
Ya queda dicho que en Abasia no abundan los buenos puertos. La primera población marítima que se encuentra viniendo de Crimea es Anapa, luego viene Noworossuskaya, o Novo-Rossiisk,después Gelendyik, Beregonaya, Dyu1:ia, Tenginsk, Weliaminouskaya, Psesnape, Dajouskii, Pervinka, Gagri, Pitsunda y Sujum-Kalej.
Los geógrafos dividen la Abasia en Grande yPequeña, y además en Abjazia. La Pequeña Abasía hállase en la extremidad N. ya en la Kabarda. La primera, o Abasia propiamente dicha, comprende casi todo el país descrito, entre la cordillera caucásica y el mar. La Abjazia es la región meridional de la Abasia, colindante con la Mingrelia. Aunque Mr. Vivien de Saint Martin, entre otros, hacen de ella una región aparte, no lo es, sin embargo, sino que por su clima y producciones forma con el resto de la Abasia una sola entidad geográfica, así como también una sola provincia.
Los habitantes de la Abasia llámanse abases, nombre con que los griegos los bautizaron; pero se denominan a sí mismos absua o el pueblo por excelencia. Antes de las grandes emigraciones ocupaban toda la vertiente meridional del Cáucaso entre el Gugur y el Bzib, y penetraban en el territorio de los Cherkeses. Los absua son más morenos que éstos y de cabellos más negros. Tienen las facciones regulares, pero su fisonomía es ruda y salvaje. Los comerciantes de esclavos, cuyo infame tráfico fue durante mucho tiempo, hasta fecha reciente, la gran plaga de esta costa, los estimaban en menos que a los circasianos, dando por ellos la mitad próximamente. Sin tener el caracter caballeresco de los Cherkeses, vivían de la guena y sobre todo de la piratería. Desde la más remota antigüedad eran temidos como piratas por todos los pueblos cuyos buques surcaban el mar Negro. Sus largas y estrechas embarcaciones, impulsadas por remos y tripuladas por 100, 200 y 300 hombres, daban caza a los buques mercantes, cuyo cargamento aprehendían, exterminando casi siempre a los tripulantes. Hasta que el mar Negro no pasó a su actual categoría de lago ruso, el comercio de su parte oriental estaba a merced de los absua. Después el gobierno ruso los persiguió activamente, y en la actualidad la piratería puede considerarse extinguida.
El elemento absua tiende hoy a desaparecer, fundiéndose en el ruso. Este va invadiendo la Abasia por su extremidad N. y por el mar. Toda la costa está ocupada por una línea no interrumpida de fortines. Los recién llegados y sus amigos y auxiliares los cosacos se instalan en el país, no con ánimo de regresar a las provincias de donde proceden, sino con el de establecerse, fundar una familia y dejar aquella tierra a sus hijos y nietos. Los rusos son los primeros colonizadores de nuestros tiempos en competencia con los anglo-sajones. Absuas puros, puede que no lleguen hoy en Abasia a 30 000, tanto a causa de sus guerras con los Cherkeses y cosacos hasta hace pocos años, como por su fusión con las razas vecinas. En 1864 los absuas componían todavía una población de 150.000 individuos; pero en 1877 estaban reducidos a la tercera parte. Mas de 20.000 emigraron por entonces a Turquía. Los valles y las colinas, en otro tiempo poblados por los indígenas, están hoy desiertos. Sólo se ven en ellos las ruinas de las antiguas casas y los cementerios.
Hist. Los abases o absuas fueron conocidos por los fenicios, los griegos y los romanos, y temidos por los navegantes de todas las naciones como intrépidos y feroces piratas que eran, según antes hemos dicho. La famosa Cólquida, donde reinaba el padre de Medea y cuyo vellocino de oro no era otra cosa que las minas del Cáucaso, comprendía la Mingrelia limítrofe de la Abjazia. Los romanos también penetraron en este país con Luculo, Glabrión y Pompeyo, dominando sobre casi todas las razas situadas al S. de las montañas, y por lo tanto sobre los absuas. La dominación persa sustituyó a la dominación romana, pero no parece probable que ni aun en los tiempos de su mayor vigor (en el reinado de Josru, 591 a 628) se hiciera sentir en la parte septentrional de la Abasia. Fueron cristianos durante un breve período, pero no tardaron An convertirse al mahometismo, aunque a decir verdad nunca fueron muy fervientes observadores de aquella ni de esta religión.
Durante esta primera época de su historia los abases no figuran más que c0mo piratas, esclavos y enemigos encarnizados de los cherkeses o circasianos, con los cuales, a pesar de la comunidad de origen, sostenían guerras continuas, en las que estos terribles montañeses llevaban, según parece, la mejor parte casi siempre. Formaban entonces una confederación de tribus guerreras con sus príncipes, sus nobles, sus hombres libres, estando los trabajos agrícolas confiados a los esclavos.
Ya en la Edad media la guerra entre los abases y el imperio griego tomó grandes proporciones. En esta época recibieron las nociones de cristianismo que hasta ellos pudieron llegar (527 -565). El emperador Constantino Porfirogeneto da en su obra acerca de la administración del imperio noticias precisas de los abases (siglo x). Muchos autores árabes y persas, entre ellos El- Istajri, Aben-Jozlan y el-Masudi, también nos dan respecto a los abases y a los pueblos del Cáucaso en general curiosos detalles. La invasión de los bárbaros, cuyos efectos se hicieron sentir en el istmo caucásico más que en ninguna otra parte del mundo, por haber sido este el camino seguido por casi todos los pueblos asiáticos invasores (hunnos, magiares, turcos, kangles, turcomanos, kalmukos, dsungaros, etc.), vinieron a traer nuevos elementos a la población de estos países. La Abasia parece haber sido la parte menos castigada por la invasión, y durante algún tiempo continuó sometida a los soberanos de Constantinopla. Esto no impedía a los abases, sin embargo, venir a piratear hasta el mismo Bósforo.
El comercio de esclavos tomó entonces grande incremento gracias a la demanda que de esta triste mercancía hacían los estados musulmanes. Los abases no sólo vendían a sus prisioneros, sino a los de su mismo pueblo, y eran, por lo general, conducidos al Cairo, donde solían ingresar en el célebre cuerpo de los mamelucos. Más de un pobre montaliés de las márgenes del mar Negro llegó de este modo a ser en Egipto un personaje importante. En el siglo XIII lucharon juntamente con los georgianos que entónces formaban el más poderoso estado de esta región contra la invasión tártara; pero no pudieron evitar la formación del estado de Crimea por estos conquistadores y su establecimiento en las mismas faldas del Cáucaso. Más constantes y de mayor interés histórico fueron las relaciones de los abases con los genoveses establecidos en Crimea (1266-1475), y que desde Jaffa extendieron su influencia por toda la parte oriental del mar Negro.
Durante toda esta época puede considerarse a los abases como pueblo completamente bárbaro o mejor dicho semisalvaje. La moneda les era desconocida y el ganado solía ser el signo de cambio. Se prestaba una vaca y se devolvía luego el animal con sus crías como réditos. A pesar de ser semi-mahometanos conservaban una porción de ceremonias y supersticiones cristianas. Veneraban la cruz y las iglesias, comían carne de cerdo, llevaban al templo ofrendas votivas, tales como corazas, armas y vestidos. Aun hoy en día una capilla situada cerca del monte Maruf y construída, según la leyenda, por el mismo San Pablo, es uno de los sitios venerados y al que los abases acuden en romería. Las espadas y armaduras de los cruzados que durante la Edad media acudieron de Occidente para combatir a los musulmanes, eran consideradas como preciosas reliquias. Pero entonces, como ahora, su templo favorito era la sombría selva y en las ramas de las encinas depositaban sus ofrendas ratificaban sus juramentos. Colocaban los cadavares entre el ramaje de los grandes árboles, pensando que tanto por el caracter sagrado de estos como por la expansión de los gases del cuerpo en putrefacción, los demonios no se atreverían a robarlo para conducirlo a los infiernos.
A fines del siglo XVI aparecieron los moscovitas en el valle del Tereck, y en 1696 se apoderaron de Azof. La marea que debía cubrir a todos los pueblos caucásicos subía. Las primeras tentativas de Pedro el Grande para establecerse al S. de la gran cadena tuvieron por teatro las márgenes del mar Caspio. No por esto tardó en llegar su vez a la Abasia. En tiempo de Catalina II, Heraclio, rey de Georgia, a quien Nadir-Xa, rey de Persia, inspiraba justos temores, entabló negociaciones con los rusos para que vinieran en su apoyo. Pertenecía entonces la Abasia al poderoso reino de Imericia, gobernado por Salomón I, a la sazón en guerra con los turcos. Rusia y Turquía acababan de lanzarse a una nueva lucha (1769), y el general ruso Totleben cruzó el Cáucaso, unió sus tropas a las de Salomón y Heracho y tomó Kutais. Derrotado poco después cerca de Poti, se volvió a Rusia (1772). A pesar de esto, al terminar la guerra los rusos quedaron definitivamente establecidos en el Kuban y en toda la parte N. del Cáucaso occidental. En 1791, después de una nueva guerra con Turquía, la Abasia pasó a ser provincia rusa, quedando en poder de los invasores el feroz Bej-Mansur, defensor de la independencia de los abases. En 1828 esta conquista adquirió el carácter de definitiva por cesión de los turcos, después de la desgraciada guerra que llevó álos rusos hasta las puertas de Constantinopla. Desde entónces la rusificación de la Abasia ha progresado mucho, sobre todo a causa de la extinción de los indígenas. Los últimos abases, reducidos a pocos millares, habitan los valles meridionales del Cáucaso. Nuevos colonos llegan todos los días de esas tierras del N. donde antes residía la barbarie. Los cosacos son el principal elemento de esta avalancha colonizadora, a la que el gobierno ruso ha dado un carácter esencialmente militar organizando los colonos por regimientos, batallones y compañías.