Abbot Carlos Baron De Colchester

Estadista inglés. (N. 14 oct. 1757 en Abingdón, donde su padre era predicador. M. en Londres 8 may. 1829.) Recibió su primera educación en Westminster, pasó en 177 5 a Oxford, donde obtuvo el premio de poesía latina por un poema en honor de Pedro el Grande, lo que le valió de Catalina II una medalla de oro. Estudio luego en Ginebra y allí trabó amistad con el célebre historiador Juan Miiller. Elegido para la Cámara de los Comunes en 1795, utilizó sus conocimientos jurídicos en introducir orden y regularidad en la impresión de las leyes y los estatutos del Parlamento. Prohijó calorosamente el famoso bill de Pitt contra las reuniones tumultuosas, y casi siempre estuvo afiliado al partido ministerial. En 1799 apoyó la proposición de la contribución directa (income tax) o impuesto sobre las rentas. Fue primer secretario del lord lugarteniente de Irlanda (1801) y lord comisario del Tesoro. Electo en 1802, presidente de la Cámam de los Comunes (Speaker). En 1805, resultando empatada una votación importante sobre si había o no de procesarse a lord: Melville (Dundas) el voto presidencial decidió que el ministro fuese acusado ante la Cámara de los pares. La cortedad de vista le obligó en 1817 a dimitir el cargo presidencial. Abbot fue nombrado entonces par con el título de barón de Colchester.

Abbot (Ezra)

Biog. Escritor religioso norteamericano. (N. en Jackson en 28de abril de 1819.) En 1872, habiendo seguido con grande aprovechamiento los estudios clásicos, llegó a ser profesor de interpretación y crítica del Nuevo Testamento en la escuela de Teología de la Universidad de Haward, posición que conservaba todavía en 1883. En 1852 fue elegido individuo de la Sociedad oriental americana, y en 1861 de la Academia americana de artes y ciencias. En 1864 publicó un libro titulado Literatura de la doctrina de la vida futura, en el cual cita los títulos de más de 5 300 obras diferentes sobre esta materia. Puso notas a varias traducciones de los Evangelios; coopero a la redacción del Diccionario de la Biblia, publicado de 1867 a 1870; contribuyó también a otras muchas tareas bíblicas en los Estados Unidos, y ha sido colaborador de multitud de periódicos y sociedades de literatura y exégesis bíblicas.

Abbot (Jorge)

Biog. Arzobispo de Cantorbery de 1611 a 1633. (N. en Guildford en 1562, de una familia pobre. M. 4 ag. 1633.) Su padre era tejedor. Por su aplicación al estudio fue elegido en 1597 maestro del colegio universitario de Oxford y después vicecarciller de la Universidad. En 1604 fue uno de los encargados de hacer una nueva traducción de la Biblia, y tradujo todo el Nuevo Testamento a excepción de las Epístolas. En 1609 fue nombrado Deán de Gloucester y en1611 Arzobispo de Cantorbery. Debió su posición a sus esfuerzos por mantener la autoridad y prerrogativas de la corona en materias eclesiásticas. En este cargo trabajó con gran celo para extender sus facultades y se mostró opresor y arbitrario en el tribunal eclesiástico contra los acusados. Antes de llegar a la Sede arzobispal había profesado las doctrinas del derecho divino de los reyes y de la obediencia pasiva; pero después, cuando las circunstancias le pusieron en oposición a la creciente influencia de su antiguo adversario Laud, se hizo más tolerante, así en religión como en política. Mostró suma entereza de carácter, resistiéndose a complacer al rey, que deseaba el divorcio de la condesa de Essex para que ésta pudiera casarse con el favorito Robert Carr, marqués de Somerset. El 24 de julio de1622, en una caza de ciervos, una flecha de su arco, mal disparada, hirió a un guarda de la posesión en que cazaba, y de la herida el guarda murió. De este acontecimiento se valieron los enemigos de Abbot para hacer que se nombrase una comisión que investigara el caso, la cual acordó que el Arzobispo necesitaba el perdón del Rey para continuar en el ejercicio de sus funciones. El Rey le perdono, pero Abbot se condeno a un ayuno de un mes, señaló una pensión vitalicia de 20 libras esterlinas a la viuda del guarda, y se retiró de los negocios públicos durante un año. Al siguiente, habiendo oído que el Rey pensaba dar un decreto de tolerancia a favor de los católicos, le escribió disuadiéndole de esta medida, y después se opuso abiertamente en el Parlamento al proyectado enlace del príncipe de Gales con una infanta de España. Auxilió a Jacobo I en su lecho de muerte, y se halló presente a la coronación de Carlos I en 1627. Fundó un hospital en G1uldford. Era hombre de conciencia, pero sin tacto, y dícese que de muy cortos alcances. Dejó varias producciones literarias y religiosas, entre ellas una exposición del Profeta Jonás y una Breve descripción del Mundo, que se publicó en 1636.

Abbot (Mauricio)

Biog. (N. en Guildford. M. en Londres 10 en. 1638). Hermano del anterior. Director de la compañía de las Indias orientales. En 1618 tomó parte muy activa en la conclusión del tratado con los holandeses concerniente al comercio de las islas Molucas. Representante de Londres en 1625. Lord corregidor en 1638.

Abbot (Jacobo)

Biog. Autor de muchas obras religiosas y de educación. (N. en Hallowell (América del Norte) en 14 de nov. de 1803. M. en Farmington el 31 oct. 1879.) En 1824 fue profesor de matemáticas en el colegio de Amherst, y en 1826 obtuvo las licencias para predicar. En 1828 abrió en Boston la escuela de niñas de Mount-Vernon, que dio excelentes resultados, y cuatro años después comenzó la serie de sus escritos publicando con el título de El Joven cristiano las conferencias dadas en la escuela. En 1834 organizó una iglesia congregacional en Roxbury (Massachusetts), a la cual renunció en 1838 en favor de su hermano Juan, para establecerse en Nueva-York. En 1845 estableció otra escuela para niños, y por último en 1855 dejó la enseñanza para dedicarse exclusivamente a escribir, hasta su muerte. Fue autor único de 180 tomos de obras de educación y colaborador de otros 31. Su ultima producción fue La ciencia explicada a los jóvenes, en 4 tomos impresos en Nueva York de 1871 a 1873. Su estilo es claro y sencillo, adaptado a la inteligencia de los niños y sobre todo moral y cristiano. Merecen mención su Historia de la Franconia, en 1O vol.; una serie de 40 libros de biografías de los hombres ilustres de todos los siglos y naciones, en que colaboró su hermano, y los libros de historia de Harper (nombre del editor), en 36 volúmenes.

Abbot (Juan)

Biog. Hermano del anterior, historiador y escritor religioso. (N. en Brunswick (Estados Unidos de la América del Norte) en 18 de set. de 1805.:M:. en 17 junio 1877.) A la edad conveniente se dedicó a la carrera eclesiástica. Su primera obra, publicada en 1833, fue La madre en casa, a la cual siguió pronto El niño en casa, que fueron admirablemente recibidas, y luego traducidas a la mayor parte de las lenguas europeas, así como por los misioneros de Asia y Africa. Escribió después las biografías de varios reyes y reinas; la Historia de Napoleón Bonaparte, al cual elogia extraordinariamente; a esta obra se da poco valor, como inspirada por el espíritu de partido; la vida de Napoleón en Santa Elena; la Correspondencia de Napoleón y Josefina; y la Historia de Napoleón III, tachadas del mismo espíritu; La Historia de la revolución francesa de 1789, la de la Guerra civil de América de 1863 a 1866; las Vidas de los presidentes de los Estados Unidos; las Historias de Austria, Rusia, España e Italia, y por último la de Federico II el Grande, publicada en 1871.

Abbot (Lyman)

Biog. Abogado y escritor religioso norte-americano, hijo tercero de Jacobo Abbot. (N. en Roxbury (Massachusetts) en 18 de diciembre de 1835). Se graduó en la Universidad de Nueva York en 1853, donde estudio derecho y publicó varias obras de jurisprudencia, unido con sus tres hermanos mayores, Benjamín, Vaughan y Austín, también abogados. Se separó luego de éstos; estudio teología; fue pastor de una iglesia durante un año: en 1870 publicó el Semanario Cristiano frustrado, y en 1871 se hizo editor y director del periódico La Unión Cristiana de Nueva York. En colaboración con dos hermanos suyos escribió dos novelas, que aparecieron bajo el pseudónimo de Benauly, nombre que contiene las iniciales de los tres autores. En 1872 entró como redactor literario en la famosa revista mensual titulada Harper\’s Magazine, de Harper, nombre de su distinguido editor.

Abbot (Roberto)

Biog. Teólogo inglés, hermano mayor de Jorge, arzobispo de Cantorbery. (N. en1560. M.1617.) Desempeñó elevados cargos eclesiásticos y escribió entre otras obras un tratado sobre la Supremacía de los reyes, contra las doctrinas de Bellarmino y Suarez, la cual le valió el obispado de Salisbury. Escribió de Antichristo; Espejo de las sutilezas papales; La exaltación del reino y sacerdocio del Oristo; de Gratia et perseverantia Sanctorum, etc.

Abbot (Abiel)

Biog. Eclesiástico americano. (N. en 17 ag. 1770 en Andover (Massachusetts). M. 7 jun. 1828.) Son muy interesantes sus cartas sobre Cuba.∞∞ABBOT (CARLOS, LORD TENTERDEN) ∞∞∞ Biog. Jurisconsulto inglés. (N. 1762. M. 1832.) Hizo grandes progresos en la magistratura, desempeñó altos cargos en los tribunales de justicia, gracias a la protección que le dispensó su amigo lord Ellenborough, y en 1827 entró en la Cámara de los Lords. Escribió una obra o tratado sobre las leyes relativas a la marina mercante (Londres, 1802).

Abbot (Carlos)

Biog. Botánico inglés; publicó en Belford en 1798 una obra notable.

Abbott (Samuel)

Biog. Filántropo y fundador del seminario teológico de Andover (Massachusetts). (N. en Andover 1732. M. en el mismo pueblo en 1812.) Para el sostenimiento de dicho seminario dejó 100 000 pesos. Ajustaba su conducta a máximas muy sabias, y especialmente a la siguiente: No elogies a ningún presente, ni denigres a ningún ausente.

Aaron O Aharon

(en hebreo, alto, sublime, inspirado : compárese con el árabe Harún que significa lo mismo; en latín Harún; en frances e inglés Haroun) Hijo de Amrám y de Yokabed, tía de éste, nieto de Oaath y biznieto del patriarca Leví. Vino al mundo en Egipto, tres años antes que su hermano Moisés, bajo el reinado de Ramesce II, el famoso Sesostris de los griegos. (N. 157 4, a. J. O.: M. en el desierto, 1452.) Desconocido y oscuro, confundido sin duda entre las masas numerosas de los esclavizados hijos de Israel, y sufriendo, como sus compatriotas, el pesado yugo de los Faraones, pasó Aarón los dos primeros tercios de su vida. Es indudable, sin embargo, que estaba muy lejos de ser hombre común ni de vulgares condiciones. Muy al contrario, todo induce a creer que le eran familiares los arcanos de la ciencia egipcia y que tenía gran facilidad de palabra y notable claridad de exposición. Sin duda la alta influencia de Moisés en la corte de los Faraones contribuiría a la educación y al desarrollo intelectual de su hermano mayor. De la parte, no escasa ciertamente, que cupo a éste en la empresa de librar al pueblo hebreo de su esclavitud, dan idea exactísima los versículos del Exodo que con aquel suceso guardan relación.
El versículo 14 del capítulo IV de dicho libro es el primero en que se habla de Aarón, y ya allí se nos presenta con dotes de orador de que Moisés carece.
Jehovah ordena a Moisés que se presente a Faraón para intimarle que deje en libertad al pueblo judío; y, como Moisés manifestase la dificultad que tenía por ser tardo en el habla y torpe de lengua, le dice Dios: No conozco yo a tu hermano Aarón, Levita, y que él hablará!e Y más adelante (vers. 16) continúa diciendo: él hablará por ti al pueblo; y él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.e Insistiendo todavía en esto, dice Jehovah a Moisés: Mira que te he constituido Dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. Si los hechos de Moisés no nos le presentaran evidentemente como hombre muy superior a la generalidad de los de su tiempo, podría creerse, dada esa torpeza suya en el habla, reconocida y confesada por él y confirmada por Jehovah, que carecía de cultura y de instrucción; y que por eso necesitaba indispensablemente de su hermano Aarón; pero, a juzgar por las noticias más generalizadas, la torpeza de Moisés en el hablar provenía de una dificultad física: Moisés era tartamudo.
Sabido es que Moisés pasó los primeros años de su vida en el palacio de los reyes de Egipto. Cuéntase que en un festín, como el monarca se quitara la corona, para aliviarse de su peso, Moisés, párvulo a la sazón, se colocó en la cabeza la insignia del poder real, visto lo cual por un eunuco, llamado Balaám, mago y confidente del rey, hubo de exclamar dirigiéndose al Faraón: Haz que muera ese infante, si no quieres la ruina de Egipto. Disponíase el Faraón a complacer al cortesano, cuando el ángel Gabriel, adoptando las apariencias de un alto dignatario . de palacio, se interpuso y elijo: Señor, antes de que la sentencia sea ejecutada, averigüemos si el niño ha procedido con discernimiento. Presentémosle una perla y un carbón encendido, a fin de que escoja. La disyuntiva era esta: si el niño elegía la perla, pronunciaba su sentencia de muerte; si escogía el carbón quedaba absuelto.
El primer movimiento de Moisés fue para tomar la perla; pero el ángel Gabriel, que no se apartaba de su lado, varió la dirección de la mano y le hizo tomar el carbón encendido. El niño llevó a la boca el áscua, con la cual se quemó la lengua, y quedando desde entonces tartamudo, salvó su vida, que tan larga había de ser y a tan elevados fines estaba reservada. Por eso Aarón tenía que hablar por él.
Los críticos y, sobre todo, los filósofos alemanes presentan contra la autenticidad de los libros de Moisés objeciones cuyo examen corresponde a otro lugar (Véase Moisés y Pentateuco); pero sin aquilatar ahora el valor lógico y la fuerza de tales observaciones de la filosofía, nadie podrá negar que el Exodo, el Levítico y Los Números son las fuentes en que han recogido sus noticias, confesándolo o no, cuantos escritores tratan con alguna extensión aquellos acontecimientos.
La situación del pueblo de Israel se nos presenta en ellos como verdaderamente desesperada. La suspicacia cruel de los Faraones, los recelos de los Egipcios, recelos fomentados y estimulados por la sórdida avaricia y el afán insaciable de dominación de los reyes, habían extremado tanto los odios, y habían exacerbado en tales términos el rencor, que solamente un pensamiento animaba a los dominadores: destruir, aniquilar a los judíos; y únicamente una esperanza sostenía a los dominados, la de librarse algún día de tan rigurosa esclavitud.
Aparece entonces por primera vez en la historia del pueblo hebreo la venerable figura de Aarón que sale al encuentro de su hermano Moisés, -enviado por Jehovah; se une a él para realizar numerosos prodigios, cuyo resultado es vencer la tenacidad del Faraón ; le acompaña en aquella difícil peregrinación de cuarenta años por el desierto, y cerca de su hermano camina, a su lado pelea, y constantemente le sigue hasta que la muerte los se,rara.
En este largo penado, período de luchas constantes, ora contra la tiranía de los egipcios, ora contra el desaliento de su mismo pueblo, la historia de Aarón va indisolublemente unida a la de Moisés. éste recibiendo las inspiraciones directas de la Divinidad; aquél transmitiéndolas al pueblo hebreo, aparecen ambos realizando ese dualismo admirable que tantas veces se ha visto después en la historia de la ciencia: el gran pensador completado por el expositor hábil; el sabio que inventa, ayudado por el vulgarizador que propaga y extiende el invento; la mente que crea y el verbo que da forma a la creación.
Cuando Moises, obedeciendo las órdenes de Jehovah, caminaba por el desierto dirigiéndose a Egipto, Aarón salió a su encuentro, hablole en el monte de Dios y le besó. Moisés refirió a su hermano cuanto con Dios había tratado y los milagros que Jehovah había hecho a fin de llevar el convencimiento a su espíritu; y, juntos los dos, reunieron a los ancianos del pueblo judío, ante los cuales Aarón comenzó su tarea, exponiéndoles la misión de que Moisés estaba encargado por la divinidad. Créese que Aarón tendría entonces como 82 u 83 años.
Las palabras de Aarón no podían dejar de ser gratas a su auditorio, anunciando, como anunciaba, mejores tiempos y menos amarga existencia. Creídas por el pueblo, éste quedó convencido de que Jehovah se había declarado en favor de los hijos de Israel, sintiendo así renacer su casi perdida esperanza, y se regocijaron.
Entonces fue cuando Aarón, acompañado siempre de Moisés, se dirigió al palacio de Faraón (Menephtah II, hijo y sucesor de Ramesce), exigiéndole, en nombre del Dios de Israel, que dejase al pueblo ir al desierto para celebrar fiesta.
Declaró Faraón que ni conocía a Jehovah, ni permitiría salir al pueblo judío; y la insistencia de Aarón sirvió solamente para exasperarle y para decidir que era necesario aumentar los trabajos y las penalidades de los hebreos, considerando como efecto de la ociosidad el deseo de los judíos de celebrar fiestas a su Dios.
Ordenó, pues, que sin facilitar, como hasta entonces se había hecho, paja a los judíos dedicados a la fabricación del ladrillo destinado a las obras de Egipto, les fuese exigida igual tarea que antes, y que se castigara cruelmente y se azotase a todos aquellos que, habiendo de consagrarse antes de emprender su tarea a buscar y reunir rastrojo para alimentar los hornos, entregasen menos labor concluida que la que solían entregar.
Volvieron entonces Aarón y Moisés a presentarse a Faraón, y le intimaron nuevamente que dejase partir a los judíos, y, como Faraón se obstinase en sostener su negativa, Aarón realizó los prodigios de convertir su vara en serpiente y en sangre el agua del río, con lo cual murieron los peces y sobrevino la peste, prodigios que no lograron convencer al rey, porque los magos y sabios de Egipto hicieron las mismas transformaciones.
Por tercera y por cuarta y hasta por quinta vez insistieron Aarón y Moisés sin que pudiesen vencer la tenacidad de Faraón: si las plagas de ranas, de moscas y de insectos parásitos lograban hacer vacilar la voluntad del tirano y arrancaban un ofrecimiento de sus labios, pronto, al verse libre de la plaga temida, ponía en olvido su promesa y perseveraba en la negativa.
Fueron necesarias las plagas todas, – pestes, úlceras, granizos, langosta, tinieblas, y, por último, la muerte de todos los primogénitos del pueblo egipcio – para que Faraón se declarase vencido y permitiese a los israelitas abandonar la tierra de Egipto; si bien no tardó en arrepentirse de este consentimiento, ni en salir con su ejército en persecución del pueblo hebreo, al cual no pudo dar alcance; pues, cuando se prometía conseguirlo, los israelitas pasaron a pié enjuto el Mar Rojo, cuyas aguas había separado Moisés con solo extender la mano sobre ellas, y el ejército perseguidor que intentó seguirles por el mismo camino quedó sumergido por las aguas, porque éstas tornaron a juntarse cuando Moisés volvió a extender para esto las manos sobre ellas. Hay quienes aun dicen, citando a Gesenio, que el nombre de Aarón fue dado al taumaturgo hebreo por los magos egipcios, quienes atribuyeron las horrendas plagas que él les predecía a la intervención de la Hécate egipcia, Aahero (la muy tremenda); pero la sugestión de Gesenio no es tenida actualmente en estima.
Con la sumersión del ejército de Menephtah II terminaron las persecuciones de los egipcios contra los hebreos y dio principio la peregrinación larga y penosísima por el desierto, en que dificultades de otra clase y frecuentes luchas de muy distinta índole, ofrecieron a Aarón ocasiones innumerables de mostrar la energía de su espíritu, la eficacia de su elocuencia y el respetuoso y profundo cariño que profesó siempre a su hermano Moisés.
Después del paso del Mar Rojo (hacia el año 1320 antes de J. C.), Aarón tuvo la prudencia constante y el buen sentido de no envidiar a su hermano menor el primer puesto de honor y de acción o de absoluta soberanía. Quien solía arengar al pueblo en ocasiones solemnes, no era Moisés, sino Aarón. Salvo un momento de debilidad, en que estando ausente Moisés la obcecación popular le compelió a fabricar al pié del Sinaí un Apis, o becerro de oro, defirió siempre a la voluntad del inspirado legislador. En otra ocasión en el desierto de Gades dudó del poder de Dios y de las promesas hechas a Moisés. Uno de los capítulos del libro de Los Números presenta a Aarón murmurando de Moisés con su hermana María. Esta falta, severamente castigada por Dios, si bien los ruegos del ofendido atenuaron la gravedad del castigo, no alteró para lo sucesivo las buenas y cariñosas relaciones de los hermanos.
De esta María, hermana de Aarón, se habla en varios pasajes de los libros de Moisés. Es de advertir que en el v. 20 del cap. VI del Exodo se lee: Y Amrám tornó por mujer a Iokabed, su tía, la cual le parió a Aarón y a Moisésé, lo que parece significar que Amrám y Iokabed vieron más hijos.
Y sin embargo, en el cap. XV del mismo libro, donde se contiene el bellísimo Cántico de Moisés después del paso del Mar Rojo, entonando las alabanzas del Señor y dándole gracias por el milagro realizado en favor del pueblo, aparece María La Profetisa, hermana de Aaron, la cual tomó un pandero en su mano y todas las mujeres salieron en pos de ella danzando y tocando panderos.
En Aarón (y en su prole por derecho de herencia) se concentró el cargo y la majestad del supremo pontificado. Aarón recibió el título de sumo sacerdote al pié del monte Sinaí, poco después de la salida de Egipto, y fue el primero que vistió el Ephod, túnico corto y sin mangas que simbolizaba el conjunto de las virtudes sacerdotales.
Esta dignidad del sumo sacerdocio que obtuvo Aarón excitó celos en los diversos miembros de la tribu de Leví, como asimismo en las demás tribus, motivo por el cual sobrevino la terrible catástrofe de tragarse la tierra vivos a Coré y a sus secuaces, y de ser castigado todo el pueblo por laira de Jehovah, que aplacó Aarón recorriendo con el incensario en la mano las filas de los llagados y moribundos que cubrían la haz del desierto. Un nuevo prodigio, el de florecer la vara de Aarón entre las de los príncipes de las once tribus que se depositaron con ella en el tabernáculo y se retiraron secas, acabó por sancionar a los ojos del pueblo la institución divina del sumo sacerdocio y de la jerarquía levítica. Murió Aarón el año 40 después de la salida de Egipto, en la cumbre del monte Hor, en el sitio llamado Mosera, el pico más elevado de la Idumea, al O. de la ciudad de Petra, donde se venera su sepulcro.
Próxima su muerte, Aarón fue conducido por Moisés a la cumbre del monte Hor, por mandato de Dios, a la vista de todo su pueblo; y allí Moisés hizo desnudar a su hermano del traje y de las insignias de Gran sacerdote, las cuales vistió a Eleazar, hijo de Aarón.
En los sagrados libros existen minuciosas descripciones de estas insignias y de estas vestiduras sacerdotales, muchas de las que se asemejan bastante a las que han llegado hasta nosotros, conservando su antigua significación. No es este seguramente el lugar a propósito para las descripciones que tendrán natural colocación al tratar de las vestiduras sacerdotales, y aquí solo se mencionarán el pectoral y el manto usados por Aarón y puestos a Eleazar como investidura de la suprema dignidad sacerdotal, y que de Eleazar pasaron a sus sucesores.
Según el Exodo, la túnica de Aarón estaba adornada con dos ónices, en los cuales se hallaban grabados los nombres de las doce tribus de Israel.
En cuanto al pectoral, lo formaban doce piedras preciosas colocadas en cuatro filas.
De todos modos, aún para aquellos filósofos que no conceden una remotísima antigüedad al Pentateuco, es evidente cuán antigua era la escritura aplicada al tallado y grabado de las piedras preciosas, pues los nombres de las doce tribus se hallaban esculpidos, según unos, en los ónices de la túnica, y, según otros, en las piedras que constituían el pectoral del sumo sacerdote Aarón.
Muerto éste en el monte Hor, Moisés y Eleazar descendieron al pueblo de Israel, y todas las familias hicieron duelo por esta lamentable pérdida durante treinta días.
Aarón casó con Elisabeth, hija de Aminadab, y en ella tuvo cuatro hijos: Nadab, el primogénito, Abiú, Eleazar e Ithamar. Los dos primeros murieron cuando el pueblo de Israel ofreció fuego extraño a Jehovah en el monte Sinaí, y así Eleazar fue el que sucedió a su padre en la dignidad sacerdotal.
Aarón, según los sagrados libros, alcanzó una vez sola durante su vida la merced de ver cara a cara a Dios: Y había, dice, debajo de sus pies un embaldosado de zafiros, semejante al cielo cuando está sereno. Aarón falleció a los 122 años de su edad, y, a pesar de sus grandes servicios y de su abnegación para libertar al pueblo judío, le fue negada la gracia de entrar en la tierra de promisión, en castigo de su debilidad al erigir el becerro de oro que el pueblo le obligó a hacer, y de su falta de fe en el desierto de Gades: además recibió el castigo de perder a sus dos primeros hijos.
Moisés y Aarón han sido objeto de la crítica filosófica por haber hecho recaer las funciones sacerdotales en su familia y en su tribu de Leví; pero los exégetas, para defender a los hermanos del cargo de ambiciosos, se esfuerzan en probar que los levitas no tuvieron parte en la distribución de las tierras, y que su subsistencia era muy precaria, diseminados cual estaban entre las otras tribus. Y, como prueba de que el sacerdocio reservado a Aarón y a los suyos no era fuente de prosperidades, se aduce el hecho de haber sido siempre la menos numerosa la tribu de Leví. Y, efectivamente, en la Historia Sagrada no se ve que los pontífices hebreos gozaran de gran autoridad ni de considerable hacienda. Insístese en que solo por ambición familiar y por coacciones personales pudo imponerse el sumo sacerdocio en Aarón; y, para ello, los filósofos de la incredulidad citan la rebelión de Coré, Dathán y Abirón. Coré, jefe de una familia de levitas, envidioso por la elección que Dios había hecho de Aarón para el Pontificado, se unió a los dichos Dathán y Abirón, y, además, a otros doscientos cincuenta jefes de familia, y todos vituperaron a Moisés y a su hermano por la autoridad que ejercían. Pero el castigo de los rebeldes confirmó milagrosamente el nombramiento de Aarón. Abriose la tierra y se tragó a Coré, a sus otros dos cómplices y a las familias de los tres; y, además, el fuego del cielo consumió a los otros doscientos cincuenta rebeldes (Núm., cap. XVI).
La erección del becerro de oro ha dado ocasión para acusar a Aarón de que en él, lo mismo que en una gran masa del pueblo judío, estaba arraigado el sentimiento politeísta e idolátrico que se manifestó constantemente en el pueblo judío desde su salida de Egipto, y que, a la muerte de Salomón, fue causa del espantoso cisma de Samaria. Pero, como es muy de suponer, nada más fácil que vindicar a Aarón de semejante cargo, aun sin negar, antes bien, concediendo, la constante inclinación de los judíos a los cultos idolátricos hasta la cautividad de Babilonia.
Los judíos modernos creen en la existencia actual de los descendientes de Aarón, y los llaman en hebreo kohanim, esto es, sacerdotes.

Aarón (San)

Biog. Mártir que sufrió el martirio en la época de las persecuciones de Domiciano: su cuerpo está enterrado en Caer-León, metrópoli del País de Gales.

Aarón (San)

Biog. (N. en Bretaña a principios del siglo VI. M. en 580.) Se convirtió con su familia a la fe católica y fundó el primer monasterio que se instituyó en Bretaña, origen de la población de Saint Maló. La fiesta de este santo es el 1. de julio.

Aarón O Harún

Biog. Quinto califa de la tribu de los Abasidas. V. Harun-el Raschid.

Aarón (De Alejandría)

Biog. Médico y filósofo (floreció a principios del siglo VII, en el reinado del emperador heraclio). Escribió en lengua siriaca, con el título de Pandectas, una obra de medicina dividida en treinta tratados, compilación de trabajos de los médicos griegos que este Aarón fue el primero en dar a conocer a los árabes. Tradújola al árabe Mazerdjouí