Abeja Continuacion 2

Preparación De Una Colmena Nueva Y Establecimiento De Una Colonia De Emigrantes

a) Cuando un enjambre abandona la colmena en que ha nacido, las abejas se arraciman en un árbol o maleza próxima; y si no se les tiene preparada otra colmena, abandonarán pronto aquel sitio y se aposentarán en el hueco de algún árbol añoso o en alguna cavidad de cualquier edificio viejo. Dícese que las abejas, antes de abandonar definitivamente su colmena, envían exploradoras en busca de nueva y conveniente habitación, y que se las ve ir y venir al nuevo domicilio como para examinarlo antes de que el enjambre lleve a cabo su inmigración en él. El arracimamiento previo del enjambre en sitio próximo a la colmena abandonada obedece probablemente al instinto de vivir en sociedad, y al ansia de estos insectos por verse en comunidad. De cualquier modo, no bien las abejas toman posesión de su nuevo domicilio principian a construir un panal.
Dicho queda que el primer enjambre va siempre conducido por su vieja reina y que con una reina joven se va cada uno de los siguientes. Estudiemos este caso.
La reina joven, virgen aún, necesita ser fecundada: no así las viejas, a quienes no es preciso trato ulterior con machos. Dícese que esta fecundidad dura dos años, y que, en cuanto las trabajadoras conocen que su reina va haciéndose estéril, crían otra reina y dan de lado a la vieja: lo que se llama cambio de dinastía.
La reina joven, pues, a los dos o tres días de haber salido de su celda, o sea al quinto día de su existencia alada, sale de la colmena, la examina cuidadosamente por el exterior, explora la localidad que ocupa; y en seguida se eleva en el aire ascendiendo en espiral. En esta ascensión va generalmente precedida de una bandada de zánganos, y entonces es cuando en la región del aire se verifica el matrimonio. La reina regresa entonces a su colmena y no vuelve a salir; de donde se deduce que este solo trato con alguno de los zánganos es suficiente para fertilizar todos los huevos que la madre ha de poner en los dos a1ios siguientes. Sea de esto lo que fuere, a las cuarenta y seis horas está ya construida parte del panal en la colmena nueva; y la reina empieza a depositar en los alvéolos huevos de trabajadoras.
Si alguna vez una reina no encuentra zángano con quien celebrar sus nupcias, sus ardores se extinguen; pero no por eso deja de poner huevos; mas todos sin excepción son huevos de macho& perfectos, capaces de fecundar a nuevas reinas, y de continuar normalmente la propagación do la especie. (Véase el artículo Partenogénesis; generación por vírgenes) Igualmente algunas trabajadoras ponen por excepción huevos de machos.
Ni aún por la necesidad del aseo sale la reina después de fecundada, sino que su excremento queda en la colmena, lo que no pasa con las abejas en estado de volar, sino en caso de enfermedad grave.
La reina posee la facultad de poner a voluntad huevos de macho o de hembra: cosa importante, pues sólo de mayo a julio construyen las abejas arquitectos celdas para los machos, mayores que las comunes de las trabajadoras.
Esta maravillosa facultad de poner a voluntad huevos del un sexo o del otro, ha hecho ejecutar grandes trabajos a los anatómicos dedicados al estudio de la abeja; y, gracias a ellos, hoy se sabe en qué consiste el hecho. En el acto nupcial se quedan dentro de la vagina de la hembra los espermatóforos del zángano y el penis en gran parte, lo que produce la muerte del zángano, de quien probablemente se desprende la reina, acabándolo con su aguijón.
\"abeja\"
En la bolsa d se deposita el licor prolífico del zángano: los huevos salen de los ovarios a, bajan por las trompas b, entran en el conducto c, y pasan por delante del canalillo comunicante con la bolsa seminal d. Cuando la reina quiere fecundar un huevo para que sea de trabajadora, comprime la bolsa d: y, al pasar el huevo por delante del canalillo, recibe la influencia del licor prolífico. Pero cuando la reina quiere poner huevos de zángano, entonces no comprime la bolsa d, Aparato genital y el huevo pasa por delante del canalillo sin contacto del licor. Tiénese, pues, por cierto que todos los huevos son por naturaleza masculinos, lo que se comprueba con el hecho de que las hembras vírgenes sólo ponen huevos de zánganos. En la reina es, por tanto, potestativa la producción de hembras; pues de su voluntad depende el comprimir o no la bolsa donde guarda almacenado el líquido de la fecundación.
b) Ahora bien: cómo se inicia la construcción del panal? John Hunter, el primero que descubrió el verdadero origen de la cera, suponía que la forma de las laminillas céreas tenía relación de proporciones con las diferentes partes de los alvéolos en cuya formación se empleaban, y que en esa relación proporcional debía buscarse la clave de la construcción hexagonal. Supúsose luego que la longitud de las antenas, de las mandíbulas y de otras partes del cuerpo de la abeja, servían de módulos 6 varas de medir para arreglar las dimensiones de la obra, y de ahí la gran exactitud de las distancias y de las formas prismáticohexagonales de los alvéolos y de todo el conjunto del panal. Pero todas estas hipótesis hubieron de desvanecerse ante la observación, en cuanto el cómo de la edificación se hizo patente.
Lo primero que incumbe a las abejas constructoras del panal es la elaboración de la cera: muchos admitían que la cera era el polen tomado de las flores; pero ya no queda duda de que la cera es una especial secreción del insecto en la época de fabricarse los panales. Para esto las productoras de cera se cuelgan del techo de la colmena en forma de festones o guirnaldas. Las que llegan primero al techo se agarran y aferran.
La cera es siempre un poco más espesa en los bordes, como para darle con tal refuerzo solidez mayor.
Y ahora es ya tiempo de hacer notar una gran particularidad que prueba la previsión de las abejas. Al principio, cuando la hembra pone so lamente huevos de trabajadoras, las celdas son todas iguales y de la misma construcción; pero, cuando empieza la reina a poner huevos de zánganos, entonces las abejas hacen mayores los alvéolos; y, durante el tránsito del tamaño menor al mayor, los fondos de cada piso no son pirámides de tres rombos sino que van teniendo cuatro caras, según indican las figuras siguientes, que se llaman de celdas de transición hasta volver a quedar constituidos por tres rombos iguales.
Así, pues, antes de principiarse el panal nuevo, el interior de la colmena presenta una serie de guirnaldas que se cruzan en todas direcciones, y cuyas abejas permanecen en la más perfecta inmovilidad.
Entonces empieza a segregarse la materia prima de la cera en pequeñas laminillas a modo de escamas por entre los segmentos inferiores del abdomen del insecto: ocho escamillas en cada abeja. Hecha la secreción de la cera, una de las abejas comienza el panal. Despréndese de su feston; ábrese paso hasta el techo; hácese allí lugar apartando a las otras abejas; desprende con las patas traseras una de las escamillas de su abdomen; llévasela a la boca con las patas delanteras; en la boca masca y muele la escarnilla, imprégnala con la lengua en un líquido espumoso, y, en virtud de este laborioso procedimiento, la materia prima segregada del abdomen obtiene la blancura y opacidad que antes no poseía. En seguida aplica miento queda pronto adherida al techo y a la anterior.
Así como es obra de una abeja solamente el comienzo del ladrillito de cera ya descrito, de igual manera el comienzo de los alvéolos es la obra exclusiva de otra sola abeja. Y aquí se manifiesta naturalmente, y desde luego, el sistema de la división del trabajo. Las abejas cereras no poseen (dicen; lo que aún no está probado del todo) la facultad de edificar los alvéolos; la cual reside en otras abejas más pequeñas, llamadas arquitectos y escultoras. No bien, pues, el ladrillito de cera pegado al techo ha adquirido dimensiones suficientes para admitir entre las cereras a una escultora, cuando ésta comienza su tarea.
La escultora excava en una de las caras del ladrillo una cavidad circular o más bien hemisférica y, a medida que va haciendo la excavación, va depositando la cera en los bordes del agujero.
Poco después que esta escultora empieza por la primera cara, otras dos comienzan, por la otra cara del pan de cera, otras dos excavaciones un poco más distantes del techo, y en los bordes de la cavidad depositan la cera extraída de las dos excavaciones.
Conviene advertir que las partículas de cera excavadas, son de nuevo masticadas y amasadas por las mandíbulas de las escultoras antes de quedar adheridas a los bordes de las celdas en vía de construcción.
En estos momentos se ha verificado ya la secreción necesaria de cera en todas las abejas que formaban los festones, y todas sienten prisa por desprenderse de sus escamillas céreas: acreciéntase, por tanto, el pan de cera: nuevas escultoras encuentran ocupación, y el número de excavaciones aumenta, formando un primer piso por la primera cara del pan de cera y otro piso por la otra cara algo más distante .del techo que el primero, la mitad del lado de los que en breve serán hexágonos.
Un afán irresistible de excavar impulsa a las escultoras a arrancar cera de donde quiera que es posible; afán contenido únicamente por un tacto exquisito en las antenas, que les hace conocer cuál es el límite de que no debe pasar la excavación para no comprometer la solidez de la obra.
Créese que al tocar y empujar los tabiquillos de separación de los alvéolos, conocen las escultoras su grueso por las vibraciones elásticas de la cera.
Excavando, pues, incesantemente hasta un límite constante el primer piso de celdas, éste adquiere de necesidad la forma pentagonal. Así, pues, al empezar el ensanche de las celdas para recibir a los zánganos, en vez de estar los fondos de cada una opuestos exactamente a los de otras tres, invaden el espacio de una cuarta.
Cuando el primer panal ha adelantado en tamaño de modo que cuenta ya dos o tres pisos de celdas, principian las abejas paralelamente otros dos panales, uno frente a una cara del primero y otro frente a la otra. Y en cuanto adelanta algo la construcción de estos dos, con lo cual hay tres panes colgados del techo, se inician otros dos al frente de cada uno, con lo cual hay cinco y… así sucesivamente.
En los principios de una colmena todos los panales cuelgan del techo y no están adheridos a ningún otro punto de la habitación; pero, cuando llega la época de almacenar la miel, los cantos de los panes son unidos a las paredes de la colmena para reforzar los pisos de alvéolos y darles la solidez necesaria para resistir al peso adicional. En general la miel se deposita en los pisos más altos o próximos al techo.
Los panales recién construidos son de poca consistencia; pero muy luego los refuerzan con propóleos las abejas.
Las celdas de un panal tienen dos destinos: el almacenamiento de la miel y del polen durante el invierno; y la cría de las larvas.
Muchas larvas pueden criarse en una misma celda; y como cada una hila su capullo, y los hilos de estos capullos nunca se sacan, llega a veces la celda a reducirse tanto que se hace impropia para contener nuevas larvas, por lo que entonces queda definitivamente de almacén.
A la miel almacenada no se toca nunca sino en los casos de la mayor necesidad; y seguramente por esto, no bien una celda resulta llena de miel, cuando las abejas la tabican con una delgada cubierta de cera.
Durante la construcción, un obstáculo cualquiera puede alterar la forma plana de las caras de un panal; y, como el espacio que debe existir entre él y los siguientes ha de ser siempre el la abeja al techo de la sustancia mas

Leave a Reply

Your email address will not be published.