Abd-ul-hamid Ii

trigésimocuarto sultán de los turcos de la dinastía de Osmán, hijo segundo del sultán Abd-ul-Medyid; nac. en 22set. 1842 y sucedio el 31 de agosto 1876a su hermano Amurates V que a los tres meses de reinado se había vuelto loco. La situación del imperio turco era a la sazón por demás crítica; la bancarrota de la hacienda en 187 5 había aniquilado su crédito; la Bulgaria y la Herzegovina estaban sublevadas; la Serbia y el Montenegro habían roto las hostilidades contra el imperio y la Rusia acababa de completar sus armamentos para dar a la Turquía, que no contaba con ningún aliado, el golpe de gracia. Uno de los, Primeros actos de gobierno de Abd-ul-Hamid fue la promulgación, en 23 de diciembre de 1876, de una constitución que aseguraba a todos los súbditos del imperio completa igualdad de derechos; mas este acto no desarmó a los enemigos; en 24 de abril de 1877 Rusia declaró al sultán la guerra que se llevó adelante en Europa y Asia, con fortuna varia al principio que valió a los turcos algunas simpatias, pero las victorias. de los rusos fueron después tan decisivas que llegado el enemigo casi a las puertas de la capital, hubo de firmar el sultán, en 13 de marzo de 1878, el tratado de paz de San Stefano, por el cual reconoció la independencia completa de la Rumania y de la Serbia; accedió a que las provincias búlgaras principado autónomo, e hizo diferentes cesiones territoriales a Rusia, Serbia y Montenegro, además de ofrecerse a pagar una suma muy considerable a la primera de estas potencias en calidad de indemnización de guerra. El desagrado que causó a las demás potencias este abuso de la victoria no aprovechó al sultán, antes al contrario, le impuso nuevos sacrificios, porque en cambio de algunas modificaciones insignificantes que consiguió en el congreso abierto en Berlín el 13 de julio de 1878, hubo de consentir en la ocupación de la Bosnia por el Austria y en la de la isla de Chipre por la Inglaterra, aparte de una cesión territorial a Grecia. en la Tesalia y el Epiro.

Abasia

Región comprendida entre el mar Negro y el Cáucaso occidental, que forma en la actualidad parte de la provincia del Kuban en el imperio ruso. Su situación es verdaderamente privilegiada. Extiéndese de N. O. a S. O. desde la region volcánica del Kuban inferior hasta el rio Ingur que la separa de la Mingrelia o enotros términos desde los 44° 30\’ hasta 42° 10\’ de latitud N., esto es, en el centro de la zona templada. Limítanla por el N.E. las primeras estribaciones del Cáucaso seguidas paralelamente del lado de Occidente por estribos abruptos, tan cerca del mar que los ríos son certísimos torrentes, los valles, hondísimos barrancos, el país entero, un caos de cerros, desfiladeros, peñascos y hondonadas, la costa acantilada y el paisaje por todas partes pintoresco y magnífico. Las aguas del antiguo Ponto Euxino bañan la base de la montaña, sin que existan playas ni zona alguna intermedia. La costa parece emergida en una época reciente y quizá se halla animada desde los tiempos históricos, de un movimiento de emersión constante, aunque tan lento e irregular como suelen ser toda esta especie de oscilaciones de la superficie del planeta. Hasta la altitud de150 metros vénse escalonadas las antiguas terrazas marinas, playas abandonadas y en todo iguales a las que en la actualidad besan las inquietas aguas del mar Negro. Muchas de las fuentes de agua salobre que brotan del suelo en esta region inferior, contienen crustáceos de la misma especie que los que en la actualidad habitan dicho mar (mysis, gammarus) y se atribuye su existencia en tales parajes la presencia de las aguas marítimas en épocas remotas. El pequeño lago Abran, cerca de Novo Rosiisk, contiene una fauna semi-marina que ha ido adaptándose poco a poco al agua dulce. Es indudable que durante la época actual se han verificado oscilaciones importantes en el suelo de la Abasia. Las ruinas existentes en los aluviones próximos a Sujum-Kalej (Soukhoum-Kaleh de los autores franceses) están situadas a un nivel superior al del mar, unas, y a un nivel inferior llanuras otras, probando que durante los tiempos históricos las olas han perdido terreno, para ganarlo luego y volverlo a perder. Las ruinas de un fuerte están hoy cubiertas de 5 o 6 metros de agua y a b profundidad de 10 metros se encuentran restos de una muralla bastante espesa. Después de una tempestad el mar arroja siempre monedas, anillos y otros objetos antiguos. Los abases, que conocen perfectamente esta circunstancia, no dejan nunca de explorar la costa después de una borrasca y entre otros hallazgos verificados por ellos, merece especial mención una corona de oro descubierta entre la arena.
El clima de Abasia es muy humedo y más templado que el de las provincias vecinas. Las corrientes atmosféricas que pasan el mar Negro, vienen a chocar contra la elevada masa de la cordillera caucásica y depositan su humedad en la estrecha zona comprendida entre la costa y la cordillera. La Mingrelia, región situada al S. E. de la Abasia y en situación análoga, conserva aun su antigua fama de país humedo, pantanoso y malsano. La Abasia no es país pantanoso, porque su suelo excesivamente cortado y de pendientes muy acentuadas, no permite a las aguas estancarse. La cantidad de agua que recibe esta parte occidental de las tierras caucásicas es 10 veces mayor que la que precipitan las nubes en la región oriental o caspiana. La influencia de estos vientos humedos del Ponto se extiende hasta el Elbruz y hasta más allá del Anti-Cáucaso, cadena secundaria y paralela a la principal por la parte N.
Toda la parte del litoral del mar Negro que forma la costa de Abasia (400 km), será uno de los más hermosos países del mundo el día en que el cultivo y la canalización hayan aclarado sus inmensos y profundos bosques y domeñado el turbulento curso de sus torrentes. Entonces será, como Crimea, un sitio de recreo de los grandes sectores rusos, lo que la costa del Mediterráneo entre Marsella y Génova para los favorecidos por la fortuna en Occidente, y lo que podría ser en España la costa malagueña y granadina. Se cubrirá de villas, jardines y palacios, y sus profundas aguas serán surcadas por elegantes yates de recreo y grandes vapores. Tiene sobre la costa de Crimea la ventaja de ser más meridional y más templada, pero en cambio su pa1te septentrional está más desabrigada. La gran masa de aguas marinas a una temperatura media elevada que calienta la atmósfera durante el invierno, manteniendo hasta fines de noviembre una temperatura de 14\’ a 15\’ en toda la región. Los vientos del S. E. soplan con gran violencia en. primavera y en otoño, llevando hasta las vertientes meridionales del Cáucaso la glacial temperatura de las mesetas de Anatolia. Cuando reinan estos vientos no sólo es más desagradable la temperatura, sino que también el mar se alborota y se hace muy peligrosa la navegación a causa de la falta de buenos puertos. La parte más meridional de la Abasia, llamada Abjasia (Abkhasia, según la ortografía francesa), está,Perfectamente protegida por los gigantes del Caucaso contra los vientos del N. E., frías corrientes polares que vienen de las estepas del Caspio y del Kuma. El bora, viento huracanado, baja muchas veces de las colinas que separan a Novo-Rossiisk de la estepa y alborota el mar. El 12 de enero de 1848 todos los buques que se encontraban fondeados en la rada de Novo-Rossiisk fueron lanzados mar adentro o estrellados contra las peñas. Uno de ellos fue echado a pique por el peso de las olas medio congeladas y que se solidificaron sobre él (E. Réclus).
La vegetación del país abase recuerda por sus esplendores la de los climas tropicales. Los helechos cubren espacios inmensos en las vertientes de las montañas, formando verdaderas murallas de verdura, casi impenetrables. Alcanzan muchos metros de altura y se enredan unos en otros de mil modos. Después van pudriéndose poco a poco y formando sobre el suelo una espesa capa bajo la cual se acumulan todos los gases procedentes de su propia putrefacción y de la de otros vegetales. Las selvas de helechos son focos de fiebres paludicas que diezman la población de las aldeas construídas en sus proximidades, y los abases tienen buen cuidado de edificar sus habitaciones lejos de ellas siempre que pueden, prefiriendo para ellas las colinas y mesetas desnudas de vegetación. Donde quiera que los rusos han destruido los bosques de helechos, y lo han hecho ya en muchas partes, el clima ha mejorado rápidamente. Los helechos predominan en la zona baja. Después viene la de los grandes bosques, compuestos de hayas, encinas, castaños, avellanos y enormes matas de boj, cuyo penetrante olor invade la atmósfera hasta una gran distancia. Las vertientes de la cordillera están cubiertas en parte por una admirable planta propia de esta región, la azalea pontica, cuyas hojas de color rojo sanguíneo en otoño, contrastan con la gran masa verde de la vegetación. Se ha dicho muchas veces que la miel de la azalea pontica era venenosa, y que los hombres que la comían quedaban como aletargados y eran luego atacados de locura Juriosa. El hecho está lejos de haber sido comprobado por sabios dignos de fe, y aunque Klaproth lo refiere como cosa averiguada, coincidiendo en esto con otros muchos autores, no debe ser negado ni creído en absoluto por ahora. En muchos sitios la azalea es sustituída por los rhododendron.
A pesar de la gran cantidad de agua que la Abasia recibe y de la nieve del Cáucaso, los ríos que la recorren son muy poco importantes. La razón de esto es sencilla: media tan poca distancia entre dicha cordillera y el mar, que las corrientes de agua vienen a morir en él cuando apenas acaban de nacer. Sólo merecen mencionarse las de .la parte meridional, a saber: el Kodor, el Bejib y el Mzimta, que corren entre el Cáucaso y algunos de sus contrafuertes, pudiendo, gracias a su paralelismo con la costa, desarrollar un curso relativamente largo. La mayor parte de los valles altos fueron en otros tiempos lagos que se vaciaron por la ruptura de alguna parte de las paredes de su recipiente o por desagües subterráneos. El Mitchich, que aparece en muchos mapas como un río considerable, no es más que un brazo del Bzib, subterráneo en la parte superior de su curso. Cerca de Gagri existe un riachuelo subterráneo. El Pitsunda, vecino del Bzib, parece haber cambiado de curso durante los tiempos históricos. Del Ingur, río más considerable que ninguno de los anteriores, sólo pertenece a la Abasia la parte inferior de la margen derecha, puesto que la izquierda y la región alta son de Mingrelia.
Ninguno de estos ríos es navegable, pero todos pueden utilizarse para el riego de esta magnífica región, donde las palmeras se ven mezcladas con los árboles de Europa y existen verdaderos bosques de rosas y jazmines.
Ya queda dicho que en Abasia no abundan los buenos puertos. La primera población marítima que se encuentra viniendo de Crimea es Anapa, luego viene Noworossuskaya, o Novo-Rossiisk,después Gelendyik, Beregonaya, Dyu1:ia, Tenginsk, Weliaminouskaya, Psesnape, Dajouskii, Pervinka, Gagri, Pitsunda y Sujum-Kalej.
Los geógrafos dividen la Abasia en Grande yPequeña, y además en Abjazia. La Pequeña Abasía hállase en la extremidad N. ya en la Kabarda. La primera, o Abasia propiamente dicha, comprende casi todo el país descrito, entre la cordillera caucásica y el mar. La Abjazia es la región meridional de la Abasia, colindante con la Mingrelia. Aunque Mr. Vivien de Saint Martin, entre otros, hacen de ella una región aparte, no lo es, sin embargo, sino que por su clima y producciones forma con el resto de la Abasia una sola entidad geográfica, así como también una sola provincia.
Los habitantes de la Abasia llámanse abases, nombre con que los griegos los bautizaron; pero se denominan a sí mismos absua o el pueblo por excelencia. Antes de las grandes emigraciones ocupaban toda la vertiente meridional del Cáucaso entre el Gugur y el Bzib, y penetraban en el territorio de los Cherkeses. Los absua son más morenos que éstos y de cabellos más negros. Tienen las facciones regulares, pero su fisonomía es ruda y salvaje. Los comerciantes de esclavos, cuyo infame tráfico fue durante mucho tiempo, hasta fecha reciente, la gran plaga de esta costa, los estimaban en menos que a los circasianos, dando por ellos la mitad próximamente. Sin tener el caracter caballeresco de los Cherkeses, vivían de la guena y sobre todo de la piratería. Desde la más remota antigüedad eran temidos como piratas por todos los pueblos cuyos buques surcaban el mar Negro. Sus largas y estrechas embarcaciones, impulsadas por remos y tripuladas por 100, 200 y 300 hombres, daban caza a los buques mercantes, cuyo cargamento aprehendían, exterminando casi siempre a los tripulantes. Hasta que el mar Negro no pasó a su actual categoría de lago ruso, el comercio de su parte oriental estaba a merced de los absua. Después el gobierno ruso los persiguió activamente, y en la actualidad la piratería puede considerarse extinguida.
El elemento absua tiende hoy a desaparecer, fundiéndose en el ruso. Este va invadiendo la Abasia por su extremidad N. y por el mar. Toda la costa está ocupada por una línea no interrumpida de fortines. Los recién llegados y sus amigos y auxiliares los cosacos se instalan en el país, no con ánimo de regresar a las provincias de donde proceden, sino con el de establecerse, fundar una familia y dejar aquella tierra a sus hijos y nietos. Los rusos son los primeros colonizadores de nuestros tiempos en competencia con los anglo-sajones. Absuas puros, puede que no lleguen hoy en Abasia a 30 000, tanto a causa de sus guerras con los Cherkeses y cosacos hasta hace pocos años, como por su fusión con las razas vecinas. En 1864 los absuas componían todavía una población de 150.000 individuos; pero en 1877 estaban reducidos a la tercera parte. Mas de 20.000 emigraron por entonces a Turquía. Los valles y las colinas, en otro tiempo poblados por los indígenas, están hoy desiertos. Sólo se ven en ellos las ruinas de las antiguas casas y los cementerios.
Hist. Los abases o absuas fueron conocidos por los fenicios, los griegos y los romanos, y temidos por los navegantes de todas las naciones como intrépidos y feroces piratas que eran, según antes hemos dicho. La famosa Cólquida, donde reinaba el padre de Medea y cuyo vellocino de oro no era otra cosa que las minas del Cáucaso, comprendía la Mingrelia limítrofe de la Abjazia. Los romanos también penetraron en este país con Luculo, Glabrión y Pompeyo, dominando sobre casi todas las razas situadas al S. de las montañas, y por lo tanto sobre los absuas. La dominación persa sustituyó a la dominación romana, pero no parece probable que ni aun en los tiempos de su mayor vigor (en el reinado de Josru, 591 a 628) se hiciera sentir en la parte septentrional de la Abasia. Fueron cristianos durante un breve período, pero no tardaron An convertirse al mahometismo, aunque a decir verdad nunca fueron muy fervientes observadores de aquella ni de esta religión.
Durante esta primera época de su historia los abases no figuran más que c0mo piratas, esclavos y enemigos encarnizados de los cherkeses o circasianos, con los cuales, a pesar de la comunidad de origen, sostenían guerras continuas, en las que estos terribles montañeses llevaban, según parece, la mejor parte casi siempre. Formaban entonces una confederación de tribus guerreras con sus príncipes, sus nobles, sus hombres libres, estando los trabajos agrícolas confiados a los esclavos.
Ya en la Edad media la guerra entre los abases y el imperio griego tomó grandes proporciones. En esta época recibieron las nociones de cristianismo que hasta ellos pudieron llegar (527 -565). El emperador Constantino Porfirogeneto da en su obra acerca de la administración del imperio noticias precisas de los abases (siglo x). Muchos autores árabes y persas, entre ellos El- Istajri, Aben-Jozlan y el-Masudi, también nos dan respecto a los abases y a los pueblos del Cáucaso en general curiosos detalles. La invasión de los bárbaros, cuyos efectos se hicieron sentir en el istmo caucásico más que en ninguna otra parte del mundo, por haber sido este el camino seguido por casi todos los pueblos asiáticos invasores (hunnos, magiares, turcos, kangles, turcomanos, kalmukos, dsungaros, etc.), vinieron a traer nuevos elementos a la población de estos países. La Abasia parece haber sido la parte menos castigada por la invasión, y durante algún tiempo continuó sometida a los soberanos de Constantinopla. Esto no impedía a los abases, sin embargo, venir a piratear hasta el mismo Bósforo.
El comercio de esclavos tomó entonces grande incremento gracias a la demanda que de esta triste mercancía hacían los estados musulmanes. Los abases no sólo vendían a sus prisioneros, sino a los de su mismo pueblo, y eran, por lo general, conducidos al Cairo, donde solían ingresar en el célebre cuerpo de los mamelucos. Más de un pobre montaliés de las márgenes del mar Negro llegó de este modo a ser en Egipto un personaje importante. En el siglo XIII lucharon juntamente con los georgianos que entónces formaban el más poderoso estado de esta región contra la invasión tártara; pero no pudieron evitar la formación del estado de Crimea por estos conquistadores y su establecimiento en las mismas faldas del Cáucaso. Más constantes y de mayor interés histórico fueron las relaciones de los abases con los genoveses establecidos en Crimea (1266-1475), y que desde Jaffa extendieron su influencia por toda la parte oriental del mar Negro.
Durante toda esta época puede considerarse a los abases como pueblo completamente bárbaro o mejor dicho semisalvaje. La moneda les era desconocida y el ganado solía ser el signo de cambio. Se prestaba una vaca y se devolvía luego el animal con sus crías como réditos. A pesar de ser semi-mahometanos conservaban una porción de ceremonias y supersticiones cristianas. Veneraban la cruz y las iglesias, comían carne de cerdo, llevaban al templo ofrendas votivas, tales como corazas, armas y vestidos. Aun hoy en día una capilla situada cerca del monte Maruf y construída, según la leyenda, por el mismo San Pablo, es uno de los sitios venerados y al que los abases acuden en romería. Las espadas y armaduras de los cruzados que durante la Edad media acudieron de Occidente para combatir a los musulmanes, eran consideradas como preciosas reliquias. Pero entonces, como ahora, su templo favorito era la sombría selva y en las ramas de las encinas depositaban sus ofrendas ratificaban sus juramentos. Colocaban los cadavares entre el ramaje de los grandes árboles, pensando que tanto por el caracter sagrado de estos como por la expansión de los gases del cuerpo en putrefacción, los demonios no se atreverían a robarlo para conducirlo a los infiernos.
A fines del siglo XVI aparecieron los moscovitas en el valle del Tereck, y en 1696 se apoderaron de Azof. La marea que debía cubrir a todos los pueblos caucásicos subía. Las primeras tentativas de Pedro el Grande para establecerse al S. de la gran cadena tuvieron por teatro las márgenes del mar Caspio. No por esto tardó en llegar su vez a la Abasia. En tiempo de Catalina II, Heraclio, rey de Georgia, a quien Nadir-Xa, rey de Persia, inspiraba justos temores, entabló negociaciones con los rusos para que vinieran en su apoyo. Pertenecía entonces la Abasia al poderoso reino de Imericia, gobernado por Salomón I, a la sazón en guerra con los turcos. Rusia y Turquía acababan de lanzarse a una nueva lucha (1769), y el general ruso Totleben cruzó el Cáucaso, unió sus tropas a las de Salomón y Heracho y tomó Kutais. Derrotado poco después cerca de Poti, se volvió a Rusia (1772). A pesar de esto, al terminar la guerra los rusos quedaron definitivamente establecidos en el Kuban y en toda la parte N. del Cáucaso occidental. En 1791, después de una nueva guerra con Turquía, la Abasia pasó a ser provincia rusa, quedando en poder de los invasores el feroz Bej-Mansur, defensor de la independencia de los abases. En 1828 esta conquista adquirió el carácter de definitiva por cesión de los turcos, después de la desgraciada guerra que llevó álos rusos hasta las puertas de Constantinopla. Desde entónces la rusificación de la Abasia ha progresado mucho, sobre todo a causa de la extinción de los indígenas. Los últimos abases, reducidos a pocos millares, habitan los valles meridionales del Cáucaso. Nuevos colonos llegan todos los días de esas tierras del N. donde antes residía la barbarie. Los cosacos son el principal elemento de esta avalancha colonizadora, a la que el gobierno ruso ha dado un carácter esencialmente militar organizando los colonos por regimientos, batallones y compañías.

Abastos

s. m. pl. La provisión de los artículos de primera necesidad.

Abastos

Hist. y Leg. Llamábase ABASTOS, en acepción limitada o restringida, la provisión de los articulas de consumo público propios en general para el sustento, cuyo comercio era en los pueblos objeto de estanco y monopolio, y cuyo acopio y venta arrendaban los ayuntamientos.
Estos abastos comprendían: los comestibles; como el pan, las carnes, el pescado, las aves, los huevos, la leche, las legumbres, las verduras, las frutas y los condimentos; las bebidas; como el vino, el aguardiente, los licores, la cerveza, la sidra; los combustibles; como el aceite, las velas, el carbón… También se comprendía el jabón… Y todos se incluían en la denominación común de articulas de comer, beber y arder. V. Abastecedores y Abacería. Aunque la mayor parte de lo legislado en materia de abastecimientos, abastecedores y abastos sólo tiene hoy carácter meramente histórico, conserva grandísimo interés economico cuanto se relaciona con tan importante materia, porque esa especial legislación contiene el desenvolvimiento de las ideas comerciales en nuestro país. El estudio debe clasificarse en tres grandes grupos: Leyes de la Novísima Recopilación; Disposiciones posteriores; Leyes de Indias.
l. LOS ABASTOS EN LA NOVÍSIMA RECOPILACIÓN. Cada cual compre y venda libremente los mantenimientos que necesitare y nadie ponga estancos ni vedamientos, bajo las penas con que castigan las leyes del reino a los que imponen y llevan nuevas contribuciones. (Ley primera, tít. 21, lib. 6. Pragmática de los Reyes Católicos en 1492: Petición séptima de las Cortes de Segovia, 1532. Don Carlos y doña Juana reproducen la pragmática de 1492 en 1532.) Según esta pragmática era libre en España el tráfico interior, sin intervención ninguna por parte de la administración publica, provincial ni municipal; pero a poco se manifestó en España la tendencia de confiar al Estado toda clase de funciones, hasta las que por su naturaleza corresponden a la actividad individual, y esto origino la ley 6.ª, tít. 5, del lib. IV, de 30 enero 1608 (que después completa un auto del Consejo de 31 oct. 1729), como sigue:Tendrá cuidado el Consejo que no haya falta en estos reinos en la provisión del pan y de otros bastimentas, especialmente en esta corte, y lo mismo se procurará por las otras partes. Indudablemente de hecho, aunque no fuera de derecho, se habían ya estancado en muchos municipios los artículos de comer, beber y arder, cuando apareció la ley 8, tít. 16 del lib. 7, de 13oct. de 1749, que los supone:Debe cuidarse que los abastos públicos se hagan a la mayor comodidad y menor precio que sea posible, sin ligas ni monopolios de dentro o fuera de los ayuntamientos. A este fin nombrarán los pueblos todos los años dos de sus individuos para que, con su procurador, síndico general y teniente asesor, intervengan y asistan, en el lugar público acostumbrado, a hacer los remates de los referidos abastos, después de pregonados por treinta días, etc.(Con esta ley de 1749, se relacionan el auto acordado de 5 de mayo de 1766, ley l.ª, tít. 18 del lib. 7.º, y la instrucción del Consejo, fecha 26 jun. 17 66, ley 2.ª.) El monopolio y estanco de los artículos de comer, beber y así como los abusos de los abastecedores darían lugar a frecuentes motines, y de aquí la ley 13, tít. 17 del lib. 7.
Decláranse nulas e invalidas las bajas que se hicieren en los abastos por los ayuntamientos y magistrados de los pueblos, compelidos por fuerza y violencia; y por ineficaces los indultos o perdones que por ellos se concedieran a los perpetradores, auxiliares o motores de dichas asonadas y violencias.
En 16 de jun. de 1767, bajo el reinado de Carlos III, volvió a intentarse la libertad del tráfico, en virtud de la Cédula de 16 de junio de 1767 (Ley 14, tít. 17, lib. 7.): Cesen en todos los pueblos las licencias y posturas y la exacción de derechos y déjese en total libertad la contratación y comercio; haciéndose saber en todos los lugares por medio de bando público para que a todos conste y no continue el abuso. Como se negaran muchos vendedores a satisfacer toda clase de impuestos, apoyándose en la Cédula transcrita, el Consejo manifestó, en Provisión de 5 de octubre de 1767 (Ley 15, tít. 17, lib. 7):
Que se habían declarado libres los géneros comestibles del pago de licencia y posturas para las ventas; pero no de los arbitrios o impuestos que estuviesen cargados sobre ellos con legítimos títulos a favor de los propios y caudales públicos.Surgieron dudas acerca de la Cédula de junio de 1767, y el Consejo declaró, en Provisión de9 de agosto de 1768 (Ley 16, tít. 17, lib. 7):Que las especies que devengan y adeudan millones, como son: carne, tocino, aceite, vino, vinagre, pescado salado, velas y jabón, deben tener precio fijo vendidas por menor; y en ningún modo por mayor, reduciéndose el cuidado de la policía municipal de todos los pueblos a celar que sean arreglados los pesos y medidas y a fijar la; horas de mercado más cómodas para los trajinantes. Quejáronse algunos pueblos de que habían subido los precios de los géneros libres de posturas y lograron que la Cédula de 16 de junio quedase derogada en 11\’ de mayo de 1772. Se sujetaron de nuevo a posturas todos los géneros que lo estaban antes de publicarse la mencionada ley 14, tít. 17, lib. 7.
(Leyes 18, 19 y 20, tít. 17, lib. 7 de la Novísima Recopilación.) 11. Los ABASTOS EN DISPOSICIONES POSTERIORES. Decreto de las Cortes de 8 de junio de 1813.
ART. 8.º Así en las primeras ventas como en las ulteriores, ningún fruto ni producción de la tierra, ni los ganados ni sus esquilmos, ni los productos de la caza y pesca, ni las obras del trabajo y de la industria estarán sujetas a tasa ni postura, sin embargo de cualesquiera leyes generales o municipales. Todo se podrá vender y revender al precio y en la manera que más acomode a sus dueños, con tal que no perjudiquen a la salud publica; y ninguna persona, corporación o establecimiento tendrá privilegio de preferencia en las compras; pero se continuará observando la prohibición de extraer a países extranjeros aquellas cosas que actualmente no se pueden exportar, y las reglas establecidas en cuanto al modo de exportarse las cosas que pueden serlo.Se ve, pues, que las Cortes de Cádiz restablecieron la libertad de tráfico, instituida más de tres siglos antes, en 1492, por la pragmática de los Reyes Católicos; pero bien poco hubo de durar la franquicia; pues al regreso del rey Fernando VII, se volvió (en 16 abr. 1816) a las exclusivas en el arrendamiento de los ramos de abastos. El _ 80 del cap. 8 del Real Decreto de esta fecha decía: Ningun otro sujeto que el abastecedor ha de vender por menor las especies comprendidas en el abasto, ni las podrá introducir ni comprar por mayor para consumo en el pueblo, etc. Pero los inconvenientes se tocaban ya tanto, y las doctrinas promulgadas por las Cortes gaditanas en 1813 habían penetrado de tal modo en la opinión, que en 26 dic. 1818 quedaron reducidos a cinco solamente los artículos estancables:ART. 3.º Los puestos públicos o abacerías de los pueblos se compondrán solamente de cinco artículos, a saber: vino, vinagre, aguardiente, aceite y carne. ART. 4.º Los pueblos serán árbitros de poner o no puestos públicos, e igualmente de reducir a menor número el estanco por menor de las cinco especies expresadas. Los artículos 8 y 9 son notables:La venta por mayor de las especies de vino vinagre, aguardiente, aceite y carne, cuyo estanco por menor se permite en los puestos públicos o abacerías, se ejecutará con absoluta libertad y sin ninguna restricción. Pero el artículo 12 venía a hacer casi imposible el desestanco, pues ligaba a los fondos generales de la nación los productos de los cinco géneros sujetos a postura: ART. 12. El producto del estanco por menor de las cinco especies referidas….. se aplicará…. al pago de la masa de contribución cargada a cada pueblo, sin que pueda distraerse a otros fines, etc. Las Cortes de 1823 no se atrevieron a llevar a la práctica el decreto de las de Cádiz de 1813, antes bien transigieron con el decreto de 1818.
Artículo 15 de la ley de 3 feb. de 1823: Cuidarán los ayuntamientos…. de que los pueblos estén surtidos abundantemente de comestibles de buena calidad. ART. 99. Las reclamaciones y dudas que ocurran sobre los ramos de abastos se dirigirán a las diputaciones provinciales para que las resuelvan sin ulterior recurso, etc. En 20 de enero de 1834 se dictó un Real decreto que volvía a intentar la libertad del tráfico interior en los dos siguientes artículos: ART. L1.0 Se declaran libres en todos los pueblos del reino el tráfico, comercio y venta de los objetos de comer, beber y arder, pagando los traficantes en ellos los derechos reales y municipales a que respectivamente están sujetos. ART. 2.º En consecuencia, ninguno de dichos artículos de abastos, excepto el pan, estará sujeto a postura, tasa o arancel de ninguna especie, etc.
Pero el artículo 5.º de dicho Real decreto de 20 de enero de 1834 anulaba de hecho a los dos primeros citados, porque en él se ordenaba la continuación de los estancos donde sus productos estaban afectos al pago de contribuciones o a cargas municipales, y ya se ha visto que lo estaban en todas partes por virtud de la Real orden de 1818. Además, el pan estaba sujeto a estanco y a gremios (á postura, tasa o arancel). Sólo hubo de hecho libertad cuando en 30 de agosto de 1836 fue restablecido el decreto de las Cortes de Cádiz de 8 junio 1813. Pero, con escandalosa infracción del decreto, continuaron en muchos pueblos arrendados los puestos públicos, con la consiguiente exclusiva de la venta al por menor, en beneficio y provecho de los abastecedores. Había para ello un pretexto formidablemente especioso; y era que en los pueblos pequeños la nueva libertad de tráfico no provocaba la concurrencia, antes por el contrario, no habiendo monopolio, no existían seductores incentivos de lucros y ganancias para los abastecedores; y por consecuencia desaparecía el surtido, hasta el extremo a veces de rayar en desesperante carestía. .
En 1845 el nuevo sistema tributario estableció contribución sobre el consumo del vino, sidra, chacolí, cerveza, aguardiente, licores, aceite, jabón i carne, y el sistema de recaudación concluyo con el antiguo orden de puestos públicos y de venta exclusiva en ellos al por menor de determinados artículos. Hubo sin embargo todavía muchas reclamaciones en favor de los estancos; y por R. O. de 5 de marzo de 1847 se autorizó el restablecimiento de la exclusiva en los pueblos que no pasaran de 3 000 vecinos y no fueran capitales de provincia ni puertos habilitados.
Las RR. OO. de 24 de feb. de 1853, 19 de abril de 1853 y 19 de abril de 1856 prohibieron en absoluto a los ayuntamientos que establezcan restricciones a la libre fabricación y venta del pan.
Por el R. D. e Instrucción del 5 de dic. de 1856se autorizó a los ayuntamientos para que pudieran establecer puestos públicos para la venta al por menor de vino, aguardiente, aceite y carnes en los pueblos de menos de 500 vecinos, y para la venta de carnes en los pueblos de 1000 vecinos abajo. Por la ley de presupuestos de 25 de junio de 1864 e Instrucción de l. o de julio del mismo año se permitió a los pueblos que, para hacer efectivos sus encabezamientos generales, recurrieran a los medios de administración, encabezamientos parciales o gremiales, arriendo a venta libre de todas o de algunas especies, arriendo con exclusiva y repartimientos.
La revolución de septiembre estableció la más completa libertad en la compra y venta de los artículos de comer, beber y arder.
La ley de 31 de julio de 1876 autorizó el establecimiento de la exclusiva en los pueblos de menos de 5 000 habitantes. Y con arreglo a la ley de 16 de junio de 1885 y al reglamento para la ejecución de la misma, los ayuntamientos de Poblaciones que no tengan más de 1000 habitantes dentro de su término municipal podrán establecer puestos públicos para la venta exclusiva al por menor de vinos, aguardientes, aceites y carnes frescas o saladas. Se entiende por ventas al por menor, para los efectos del reglamento, las que no lleguen a 6 kg o litros. Cierto es que se permite a los cosecheros y fabricantes de la misma población vender al por menor los productos de sus cosechas y fábricas, siempre que cada uno lo verifique en un solo local; pero esto no quita a la anterior disposición administrativa el carácter restrictivo de la libertad de tráfico.
Para establecer la exclusiva en la venta al pormenor de los artículos expresados, es necesario que el ayuntamiento lo acuerde asociado con un número de contribuyentes doble que el de concejales. El acuerdo se elevará a la Administración provincial de Hacienda, acompañado de una solicitud en que se expresen los motivos que hubiese para considerar conveniente la concesión. La administración concederá o negará la exclusiva en el término de un mes, y su decisión causará estado sin ulterior recurso. Si la Administración no resuelve dentro de este término, se entenderá concedida la exclusiva. (Arts. 147 al 153 del reglamento para la ejecución de la ley de Consumos de 16 de junio de 1885.) La ley municipal de 2 de oct. de 1877 declara en su art. 72 de la exclusiva competencia de los ayuntamientos el gobierno y dirección de….. A.RTS. 136 y 137. Los ingresos serán impuestos sobre artículos de comer, beber y arder, etc. 4.0 Se autoriza la creación de arbitrios sobre la venta de bebidas espirituosas o fermentadas, etc.
5.0 Los derechos de mataderos se acumularán a los de consumos (cuando los hubiere) y no podrán en junto exceder de 25 por %, etc. Donde no hubiere sobre carnes derechos de consumo, sólo se impondrá por derechos de matanza una cantidad que jamas excederá del 10 por % del valor de la res.De los alcaldes es la presidencia de las subastas para ventas, arriendos y servicios municipales (num. 10 del art. 114).
A. las autoridades locales corresponde lo relativo a la instalación y limpieza de los mercados, a la vigilancia sobre la calidad y estado de los alimentos, a la verificación de pesos y medidas, al reconocimiento de géneros y todo cuanto constituye la policía urbana. Es un deber de las autoridades municipales velar por la salud publica y cuidar del aseo de las Poblaciones, empezando por los mercados. Pero las medidas de policía urbana que adopten no deben cohibir la libertad de tráfico consignada en las leyes vigentes.
El decreto de Cortes de 8 de junio de 1813, después de establecer la más completa libertad de tráfico, declaró en el art. 8.º que todo se podrá vender y revender al precio y en la manera que más acomode a sus daños a la sanidad publica. En el num. 9 del R. D. de 20 de enero de 1834 se dispuso que en los pueblos cuyo numeroso vecindario y demás circunstancias locales lo permitiesen, se señalarán uno o más parajes para mercado o plaza publica de dichos surtidos, distinguiendo los sitios donde concurren los trajineros o vecinos vendedores por mayor de los que vendan a la menuda; todo sin ocasionar otra exacción o gastos que la ligera contribución que se creyese necesario señalar por reglamento de policía urbana para el aseo y comodidad del puesto en el mercado mismo. Muchas otras disposiciones encomendaron a los ayuntamientos la instalación de mercados y el que adoptasen medidas acerca de la salubridad de los alimentos. La R. O. de 13 de enero de1876 dice: Que es de las facultades privativas de los ayuntamientos la instalación de los mercados y la fijación de arbitrios sobre puestos públicos; que tanto por razón de higiene, como por ser uno de los medios de coadyuvar a levantar las cargas del municipio, puedan dichas corporaciones impedir la venta de ciertos artículos alimenticios fuera de los sitios públicos de contratación, aunque revistan sus acuerdos las apariencias de monopolio; que en nada se opone semejante restricción a las leyes y disposiciones que han proclamado la libertad del tráfico, cuando a tal medida presida el interés general de la salubridad publica; que dada la necesidad de los mercados, los ayuntamientos deben usar con gran parsimonia de las facultades para la nueva construcción y reglamentación de los mismos y para la imposición de arbitrios, y que mientras rijan las leyes orgánicas vigentes hay que respetar las atribuciones de las corporaciones municipales tal como las autorizaron las Cortes. En la R. O. de 16 de junio de 1875 se establece que el Ayuntamiento de Reus obró dentro de sus atribuciones al prohibir la venta de carnes fuera del local de las carnicerías, teniendo en cuenta la ley municipal, las disposiciones de carácter general y las de policía urbana.
El reconocimiento de alimentos debe hacerse por los profesores de medicina y de farmacia y por los veterinarios. La R. O. de 23 de febrero de 1885 determina los casos en que el reconocimiento de sustancias alimenticias corresponde a los veterinarios y los en que debe ser practicado por los médicos y farmacéuticos. Dice así: 1.0 El reconocimiento de los animales de sangre caliente, así como de sus embutidos y conservas, en vivo y en muerto, debe seguirse practicando unica y exclusivamente por los veterinarios. 2.0 El reconocimiento e inspección de todas las demás sustancias alimenticias que se expenden en los mercados, inclusos los animales de sangre fría, pueden atribuirse y confiarse a los profesores de Medicina y a los de Farmacia indistintamente. El Código Penal de 1870 castiga con las penas de arresto mayor en su grado máximo a prisión correccional en su grado mínimo y multa de 125á 1250 pesetas, al que con cualquiera mezcla nociva a la salud altere las bebidas o comestibles destinados al consumo público, o venda géneros corrompidos, o fabrique o venda objetos cuyo uso sea necesariamente pe1judicial a la salud. Los géneros alterados y los objetos nocivos serán siempre inutilizados. En el art. 595 se castiga con la pena de cinco a quince días de arresto y multa de 25 a 75 pesetas a los dueños o encargados de fondas, confiterías, panaderías u otros establecimientos análogos que expendan o sirvan bebidas o comestibles adulterados o alterados, perjudiciales a la salud; o no observen en el uso y conservación de las vasijas, medidas y titiles destinados al servicio, las reglas establecidas o las precauciones de costumbre. Las bebidas y comestibles adulterados, perjudiciales a la salud, deberán caer siempre en comiso.
Del texto de los dos arts. citados no se deduce cuándo la venta o fabricación de los objetos adulterados constituye delito y en qué casos debe reputarse falta, lo cual puede ser ocasión de arbitrariedad y de injusticia. Ya que el Código no distingue terminantemente la falta del delito y castiga con penas distintas hechos del todo idénticos, debe calificarse la venta, fabricación o expendición de bebidas o comestibles adulterados por su extensión o por sus efectos: será falta si de la expendición no ha resultado perjuicio a la salud del comprador; y por el contrario, será delito si por efecto del alimento o bebida adulterado se ha seguido daño a la salud del consumidor.
También señala el Código pena a los vendedores que defrauden al comprador con medidas 0 pesos escasos. El art. 592 castiga con las penas de uno a diez días de arresto o multa de 5 a 50 pesetas, a los traficantes o vendedores que tengan medidas o pesos dispuestos con artificio para defraudar, o de cualquier modo infrinjan las reglas establecidas sobre contraste para el gremio a que pertenezcan; a los que defrauden al público en la venta de sustancias, ya sea en cantidad, ya en calidad, por cualquier medio no penado directamente; y a los vendedores a quienesse les aprehendan sustancias alimenticias que no tengan el peso o medida que corresponda.
El art. 593 castiga con las penas de 5 a 15 días de arresto y multa de 25 a 75 pesetas, a los que infrinjan las reglas de policía dirigidas a asegurar el abastecimiento de las Poblaciones, yá los propaladores de falsos rumores para alterar el precio natural de las cosas.
No se considera adulterado el aceite de olivo con la mezcla del de algodón. Examinados los informes emitidos por el Real Consejo de Sanidad, Real Academia de Medicina y Consejo Superior de Agricultura, Industria y Comercio, sobre si debe prohibirse la venta al público de aceite de oliva mezclado con aceite de algodón, y en vista de que la ciencia y la experiencia enseñan de consuno que el uso del aceite del algodonero no causa daño a la salud, se ha dictado la R. O. de 15 de junio de 1880, en la que se resuelve; que se permita la venta del aceite de oliva mezclado con el de algodón, con tal que el vendedor lo anuncie así públicamente.
Ill. Los ABASTOS EN LAS LEYES DE INDIAS. Prevalece el principio de la libertad de tráfico. Ley 6.ª, tit. 18, lib. IV. Se prohibe a los virreyes y justicias de las Indias que pongan o permitan poner tasa a los mercaderes españoles que vendan por mayor o menor vinos, harinas y otros mantenimientos y mercaderías. Pero se concede a los gobernadores y justicias facultad para poner tasa a los regatones (revendedores). Ley 8.ª, tít. 18, lib. IV. Es nuestra voluntad que los mantenimientos, bastimentes y viandas se puedan comerciar y traginar libremente por todas las provincias de las Indias, y que las justicias, consejos y personas particulares no lo impidan, ni se hagan sobre esto ningunas ordenanzas, pena de la nuestra merced y perdimiento de bienes en que condenamos a los transgresores.Mas, sin duda, el sistema establecido en la metrópoli de estancar los artículos de comer, beber y arder, se extendio a las Indias con todos sus abusos, como se deduce de la ley 10, tít. 8, lib. 4:En ninguna ciudad, villa o lugar se admita ni reciba postura para abasto de las carnicerías a clérigos, conventos ni religiosos, sino a personas legas y llanas que puedan ser apremiadas a su cumplimiento; y sea por un año, o el tiempo que pareciese conveniente al que gobernare la provincia. Ya en la ley 27 se decía:Porque en algunas ciudades de nuestras Indias conocen los alcaldes ordinarios… de todas las causas que pertenecen al abasto y provisión de mantenimientos, y ponen los precios, de que se siguen muchos inconvenientes, porque los regidores y sus deudos son dueños de muchas chacras y heredades de los contornos, y, proveyendo a las ciudades de mantenimientos, los ponen a excesivos precios, y crece este perjuicio por el mucho número de esclavos y regatones puestos por mano de persona poderosa, de que se siguen muchos fraudes y engaños, etc., etc.

Abadejo

(del escocés bodach): s. m. Pez correspondiente al orden de los malacopterigios, familia de los gádidos.

Abadejo

Zool. Distínguense los individuos de esta familia por tener tres aletas dorsales y dos abdominales; la caudal está bien separada de las segundas aletas dorsal y anal, y por un barbillón en el extremo de la mandíbula inferior. El abadejo o bacalao común es un pez de un metro o metro y medio de longitud y de un peso que llega hasta cuarenta kilogramos; su color es gris salpicado de pequeñas manchas amarillentas, con una raya blanca en cada costado; el vientre es claro y sin manchas. El número de los radios es en la primera aleta dorsal de diez a quince; en la segunda de dieciséis a veintidós; en la tercera de dieciocho a veintiuno; en cada pectoral veinte; seis en la abdominal; en la primera anal de veinte a veintitrés; en la segunda de dieciséis a diecinueve, y veintiséis en la caudal.
El bacalao habita todas las partes del Atlántico desde los 40° latitud norte hasta los 70° en el mar Glacial. Deben considerarse como morada propia del bacalao las mayores profundidades de los mares arriba citados, pues sus inmigraciones en las bahías de menor fondo o su reunión en los bajíos como son los bancos de Terranova y de Rockall, no obedecen a otra causa sino a su reproducción, y aun entonces se aleja de los sitios de poco fondo y prefiere profundidades de veinticinco a cuarenta o cincuenta brazas para deshacerse de su freza. Difícilmente le gana pez alguno en fecundidad: Loewenhoek dice haber encontrado en una hembra cerca de nueve millones de huevos, y Bradley evalua su mínimo en cuatro millones. El tiempo del desove cae, en la parte oriental del Atlántico y del mar Glacial, en el mes de febrero, y desde principios de enero se acercan allí los bacalaos a las costas; en la parte occidental desovan más tarde, en mayo y junio, probablemente por la razón de no llevar allí la corriente del golfo (Gulfstream) el calor vivificador de sus aguas. A los seis meses han alcanzado los pequeñuelos una longitud de 0 m. 20, y al tercer año se hallan en estado de reproducirse.
En la época del desove se presentan estos peces en masas incalculables, formando rnontañas, como dicen los noruegos. Nadan tan compactos, unos encima de otros, que las bandadas se presentan en la costa o en los bancos ocupando una anchura de una legua varios metros. Ahi vagan algunos días, otros los reemplazan y poco a poco vuelven a desaparecer. Dos animales motivan en la costa norte-americana la aparición de estas bandadas: el primero es una especie de salmón que habita el mar Glacial en número increíble, llamado en el norte capelán y que acude a dichas costas con idéntico objeto, es decir, para desovar, y el otro es un caracol llamado de tinta. El capelán viene a servir de alimento exclusivo a los bacalaos, y el caracol acude cuando el otro se retira, corno si tuviese la misión de reemplazar a aquel para dejarse comer por los mismos peces.
En la época de la freza es cuando se pesca el abadejo, operación en extremo productiva a causa de la insaciable voracidad de este animal, que traga o por lo menos muerde todo lo que le parece poder coger, hasta cosas completamente indigeribles con tal que exciten su atención, como por ejemplo objetos brillantes o de colores vivos. En el Báltico se presenta la variedad Dorsch en todos los puntos donde hay arenques, pero a falta de éstos llena su estómago hasta reventar de gasterosteos, conchas, moluscos desnudos, cangrejos, fucos y otras algas, y como es natural tampoco respeta su propia prole.
Pesca. – Para ella se usan redes en las costas noruegas, pero en todos los demás puntos sedales de mano y de fondo que se emplean también en las Loffoden junto con aquellas. Los sedales de fondo van atados a veces hasta en número de mil doscientos a una recia cuerda que se echa al fondo, donde se la sujeta con anclas a propósito. Cada seis horas se seca, se quitan los peces cogidos, se ceban los anzuelos de nuevo, y se vuelve a echar al fondo. En los intervalos se ocupan los pescadores en echar sedales de mano, uno en cada mano, los sacan rápidamente cuando sienten la sacudida., y los vuelven a arrojar de nuevo sin perder un momento. Atendido el número incalculable de peces, no es raro que cada uno de los tripulantes de un bote coja diariamente de tres a cuatrocientos. Mientras que adelanta esta pesca se hace Jo propio en otros puntos respecto del capelán y del caracol de tinta, que se emplean a manera de cebo corno en otras partes el arenque, y a falta de unos y otros se emplean los intestinos de los mismos abadejos cogidos.
Luego de pescados, empieza la preparación de los abadejos. Primero se separan las cabezas que se arrojan en tinas o barriles especiales, luego se destripan y se abren de una sola cuchillada en dos mitades longitudinales, a veces también en cuatro pencas. Los hígados se reúnen por separado en un barril y las huevas en otro; el resto de los intestinos se corta en pedazos para emplearlos oportunamente como cebo. Durante la gran pesca de invierno se preparan sólo pezpalos, por Jo menos en las Loffoden. A este fin lleva cada buque un gran número de horquillas y perchas para suplir con ellas los andamios perennes, siempre insuficientes, establecidos en tierra. Allí se cuelgan los abadejos partidos hasta la cola y lavados previamente con agua de mar para hacerlos secar, al aire libre en las islas, y en algunas otras partes debajo de tinglados. Esta operación requiere tiempo, tanto que cuando la temperatura no es muy favorable se ven las perchas cargadas hasta el mes de julio. Sólo cuando el pescado está completamente seco, se forman haces y se le almacena en pilas tan altas corno casas. Cuando la pesca es sumamente productiva, y se pueblan rápidamente todos los andamios, se preparan los ultimas abadejos de un modo semejante al que conocemos nosotros, es decir, sacados y secos. A este fin se los abre a lo largo del espinazo, se los sala durante algunos días en tinas grandes y se extienden sobre las rocas para ponerlos a secar, dándoles otra capa de sal si es menester. Si hay abundancia de barriles, se pone una partida en salmuera, colocando los peces partidos en capas alternadas con otras de sal, y cuando las vasijas están llenas, se cierran. Muchos comerciantes rusos de Arkángel no dejan de visitar las pesquerías noruegas y finlandesas para comprar estos y otros peces, contentándose con colocarlos sin más preparativo en la bodega misma, alternando las capas de ellos con sal y apisonándolas con sus pesadas botas de agua.
En Noruega los hígados se reúnen, concluida ya la pesca, en grandes cubas o tinas, que con gran sentimiento de las personas venidas de países más meridionales, cuyos nervios olfatorios son siempre más delicados, se colocan con frecuencia tranquilamente en las calles y plazas de las Poblaciones, donde despiden un hedor insoportable luego que entran en putrefacción. Ahí los tienen aguardando que suelten y suba a la superficie el aceite grasiento que contienen y que separan a medida que se reúne, para colarlo y guardarlo en barriles distintos, según su calidad.
Se comprende que la mejor clase es aquella que se recoge a los pocos días de haberse declarado la descomposición, y la peor la que se saca al final por la cocción. .
Pasado el tiempo de la pesca principal se sigue pescando en las Loffoden en menor escala, y entonces se preparan los abadejos, ya de un modo, ya de otro, según el estado de la atmósfera. Excusado es añadir detalles relativos a la pesca en el banco de Terranova, ya que tanto ésta como la preparación de los peces se hace allí siguiendo a poca diferencia los mismos métodos que acabamos de describir.
En el año 1861 estuvieron ocupados en las Loffoden más de veinte mil hombres que tripulaban unas cinco mil embarcaciones y cogieron y prepararon más de nueve millones de pez palo (bacalao secado al sol) e igual número entre bacalao salado, seco y en salmuera, consumiendo durante la temporada para su propio alimento un millón de abadejos frescos. En el año 1877 ascendió el total de la cosecha a veinticinco millones. Según Cornak producía la pesca en Terranova a principios de este siglo mas de trescientos millones de peces, sin contar cien millones que se cogían en el golfo de San Lorenzo. Comparada con estos resultados, aparece la pesca en las aguas alemanas del todo insignificante, pues en la costa de Frisia en el mar del Norte apenas excede de seis mil el número de abadejos cogidos anualmente, y en el Báltico no se ha empezado hasta ahora a dar importancia a la variedad Dorsch que se presenta allí en cantidad bastante notable, pero su pesca es aun insignificante.
Difícil es emitir juicio sobre el porvenir de esta pesca, pero puede admitirse que con el tiempo se salarán menos abadejos, pues, como ya se ha dicho antes, deben su principal importancia a los ayunos que prescribe la Iglesia católica. Verdad es que hay también aficionados a este pez, pero son raras aun en los países más católicos. En el tiempo en que florecía la inquisición en España no se atrevía nadie a comer en los días de ayuno carne de mamíferos o de aves, pero cuando se permitió en 1825 a los españoles comer carne en viernes, disminuyó la importación del abadejo, de ochocientos mil quintales a trescientos mil. Por otro lado se aumentará y generalizará la pesca de este pez y de sus congéneres, pues entre otras cosas sucederá que se introducirá también en las costas alemanas la pesca con embarcaciones como las usan hace años los ingleses y holandeses, que permiten conservar los abadejos vivos en la parte media del buque llena de agua y en comunicación con la del mar por muchos agujeros. Así llegan al puerto y pueden expedirse al interior vivos o por lo menos frescos, dando a los habitantes un nuevo alimento tan barato como sabroso, pues tan mala como es la carne del abadejo cuando seca y salada, tan sabrosa es cuando fresca, lo que la hace muy buscada en todas las pescaderías de las Poblaciones marítimas.
Yarrel cuenta que en diferentes puntos de Escocia se han conservado largo tiempo, dando muy buenos resultados, abadejos vivos en estanques de agua salada. A medida que se pescaban se echaban los que estaban menos heridos o estropeados en los depósitos destinados a ellos, donde se los alimentaba con conchas y otros mariscos. Pronto se acostumbraron al espacio reducido, gozaban al parecer de muy buena salud y aprendieron a conocer la hora en que se les daba la ración, de manera que cuando llegaba la persona encargada de ello, la recibían sacando los hambrientos hocicos fuera del agua. Dícese que uno de ellos vivió así doce años. A juzgar por las pruebas hechas con abadejos del Báltico cautivos, no hay dificultad en creer exactos los datos que preceden. No hay pez que más fácilmente se acostumbre a la cautividad en sitio re-elucido, que tome el alimento con más afición, ni que coma y medre más que el bacalao. Procurando tener el agua del depósito suficientemente fresca y dándole abundante ración, no sólo medra visiblemente, sino que aguanta muchos años, aunque el espacio de que dispone sea manifiestamente estrecho para él. El aceite que se extrae del hígado del animal, se usa en medicina como reconstituyente y antiescrofuloso. (V. Bacalao.) COMO UN ABADEJO: seco, acartonado.

Abadejo (Diminutivo De Abad)

Zool. s. m. Ave de Europa, llamada también régulo, reyezuelo, de tres a cuatro pulgadas de largo, y muy agradable por la variedad de sus colores. Llamóse así porque en lo vistoso de sus plumas semejaba al traje de los abades primitivos.
Su color en el dorso es de un verde aceitunado muy vivo, en los lados del cuello amarillo anaranjado y pardusco con matiz de orín en el borde de la frente; una lista estrecha trasversal en la parte anterior de la cabeza y otra longitudinal encima de la línea blanca del ojo son negras; el espacio entre las dos, ocupado por la coronilla y el occipucio, es naranja oscuro; la línea al través del ojo como también el círculo estrecho que lo rodea son gris negruzcos; otra línea estrecha limitada por la lista más oscura de la barba debajo del ojo es blanca; la región de la oreja es gris aceitunada; la parte inferior del cuerpo blanca cenicienta, y entre pardusca con viso de orín y leonado en la barba y garganta. Las pennas, todas de color pardo aceitunado, tienen por fuera una orla estrecha verde amarilla aceitunada, y las rémiges además una orla blanca más ancha en la cara interior; las secundarias tienen una faja trasversal ancha y negra inmediata a la raíz que es de color claro; las cobijas del antebrazo así como las mayores superiores tienen un filete final blanco, lo que produce dos líneas trasversales claras, pero mal limitadas, sobre el ala. El ojo es pardo oscuro; el pico negro y la pata pardusca. La hembra difiere del macho por su coronilla amarilla anaranjada.
Además de Alemania se ha encontrado esta ave en Francia, Italia, Grecia y España; en este último país particularmente como huésped de invierno.
En Alemania habita el reyezuelo de invierno todo el año en la misma localidad, o es un ave errante; a menudo está los doce meses en un pequeño distrito de menos de media legua cuadrada; sin embargo, en octubre se ven muchos que llegan del norte para fijarse en los jardines, los bosques de coníferas y de follaje y las comarcas abundantes en matorrales. Unos pasan el invierno en la Europa central; los otros continúan su camino hacia el sur y vuelven a los mismos sitios en marzo y abril.
El abadejo común no pasa nunca el invierno en Alemania, pues necesita un clima más cálido: se presenta en este país a fines de marzo o en los primeros días de abril, y se va a últimos de setiembre o a principios de octubre. Apenas llega, fíjase en los setos y en los matorrales; pero bien pronto los abandona para dirigirse a los bosques de abetos, donde se establece de hecho y en parejas aisladas. Muchos prosiguen su marcha hacia el norte, mientras gran número se queda en el país. Viajan de noche y dedican el día a buscar su alimento.
Durante el verano están casi siempre en altos árboles, y rara vez se posan en las espesuras y los tallares bajos: en el mes de septiembre andan errantes.
Este reyezuelo prefiere los bosques de coníferas a cualesquiera otros; situase en los árboles y en las breñas, no siendo raro tampoco verle en el suelo. La predilección que manifiestan estas aves por las coníferas, dice Naumann, es muy notable: cuando en otoño o invierno llega una familia de reyezuelos a un jardín donde no hay más que un pino o un abeto, se puede tener la seguridad de que lo ocuparán en seguida, permaneciendo allí más tiempo que en otro punto donde no haya ninguno de estos árboles; pero en sus viajes recorren también los bosques de follaje.La residencia de los abadejos en el invierno, y la extensión de sus viajes, varían según la temperatura; si la estación es buena, seca, y no demasiado fría, viven con preferencia en las grandes coníferas; pero, por el contrario, si el tiempo se presenta lluvioso, ventoso o muy frío, bajan a los matorrales, y hasta se quedan en tierra. En el invierno habitan siempre la parte de los bosques más expuesta a los rayos del sol.
Sorprendente es la inquietud extraordinaria de los régulos: nunca están tranquilos. El régulo o abadejo de invierno salta continuamente de rama en rama, sin detenerse más que un instante para coger algún insecto a la manera de los filopneustes; está con el cuerpo horizontal, las patas encogidas y ahuecadas las plumas. A veces se cuelga de la cara inferior de una rama, aunque no con tanta frecuencia como los paros: su vuelo es ligero y silencioso. Domínale un instinto de sociabilidad extraordinariamente desarrollado: fuera de la estación del celo es por demás raro encontrar a un régulo solo; por lo regular está en compañía de sus semejantes o de otras aves, principalmente con paros moñudos o pequeños paros carboneros, y más rara vez con siteles, trepadores, paros azules, o grandes paros carboneros.
El grito de llamada de este régulo es si, si, o txit; los individuos de ambos sexos le producen cuando están posados. Su canto no es desagradable: comienza por si, si; ofrece variaciones en dos notas y tonos diferentes, terminándose con un final armonioso. Los individuos viejos cantan en primavera y en verano; los jóvenes en agosto, septiembre y octubre, aunque se hallen en pleno período de muda. En los hermosos días de invierno produce grata impresión el canto del régulo o abadejo de invierno: en el otoño, desde principios de septiembre a fin de noviembre, suele tomar esta ave una costumbre particular, y es que comienza por emitir el sonido si, si y se revuelve agitando las alas. Al oír este grito llegan otros individuos, ejecutan los mismos movimientos, y se ve a todos entonces perseguirse por vía de diversión, erizando las plumas del moño. Lo mismo sucede al verificarse el apareamiento, cuando el macho excita a su hembra; a menudo pelean dos furiosamente cuando se trata de adquirir una compañera.
El abadejo común es aún más ágil y vivaz que sus congéneres, y también menos sociable que ellos, pues siempre se le ve solo o con su hembra, mientras que el otro forma bandadas más o menos numerosas. En otoño principalmente, no suelen encontrarse sino parejas; si se da muerte a un individuo, los otros lanzan gritos lastimeros, y pasa mucho tiempo sin que se determinen a dejar el sitio donde estaba. En su grito de llamada las sílabas si, si, si, son emitidas con más fuerza y en tono muy diferente, de tal manera que por el grito sólo podría reconocer al ave una persona de oído ejercitado.
En la primavera y en medio del verano canta muchas veces el abadejo común, pero muy pocas en otoño.
Durante el período del celo es sumamente graciosa esta ave; el macho eriza el moño, que forma como una brillante corona de los más vivos colores; grita sin cesar; con las alas un poco separadas del cuerpo, salta al rededor de su hembra, tomando las más singulares posturas, prodigándole mil halagos hasta que al fin se rinde a sus deseos.
Este reyezuelo se alimenta de insectos y de pequeños granos: en verano come principalmente insectos y orugas de escasa talla, en invierno huevos y larvas. Los recoge en las ramas, entre las hojas o en las agujas de los pinos a menudo se le ve revolotear acechando una presa, y a veces atrapa un insecto al vuelo.
La hembra pone dos veces al año, una en el mes de mayo y la otra en el de julio: los nidos son difíciles de hallar; están situados en la extremidad de una larga rama de pino o de abeto, ocultos entre las ramas y el follaje, y sólidamente sujetos a las briznas que construyen la arma. La hembra construye sola su nido necesitando para ello de 12 a 20 días; acompáñala el macho, pero sin ayudarla; a veces entrelaza volando las ramas, con mucha destreza, y rellena los huecos que van quedando entre ellas. La primera capa se compone de musgos y de líquenes, sujetos con telas de araña o de oruga, que el ave enlaza sólidamente con las ramillas que sostienen la construcción. Algunas veces se ven sobresalir a la superficie algunos pelos de corzo; el interior está cubierto de plumas, sobre todo de paloma, que en lo alto del nido se dirigen todas de fuera adentro y obstruyen una parte de la abertura. La primera puesta suele constar de ocho a diez huevos y la segunda solamente de seis a nueve: son muy pequeños, de un gris amarillento o color de carne pálido, cubiertos de puntos grises, agrupados principalmente hacia la punta gruesa. Algunos presentan vetas o manchas; son en extremo frágiles, y se deben coger con muchas precauciones para que no se rompan entre los dedos. Los padres alimentan a su progenie a costa de muchos trabajos, pues sólo le dan insectos muy pequeños o sus huevos. Los hijuelos están en el nido muy oprimidos unos con otros, y a medida que van creciendo, es preciso que los padres ensanchen su albergue para que puedan caber todos. La familia no se conserva reunida largo tiempo; macho y hembra abandonan pronto la primera cría para empollar de nuevo o marcharse con sus semejantes.
Raro es ver régulos cautivos, pues son muy delicados, tanto que mueren muchas veces al cogerlos, y ofrece gran dificultad acostumbrarlos a un nuevo régimen. Una vez acostumbrados, soportan años enteros su existencia en la jaula, dispensándoles por supuesto los cuidados necesarios, y entonces son unos compañeros muy agradables. Si se les deja volar libremente por el cuarto se hacen tan útiles destruyendo las moscas, como fuera en el bosque con la persecución de insectos dañinos.

Abadejo

Zool. Insecto coleóptero heterómero, de la familia de las cantáridas, de olor nauseabundo. Por su cuerpo cilíndrico, de un verde muy brillante, y su cabeza en forma de corazón, que recordaba una mitra, recibió el nombre de abadejo. V. Cantárida.

Abadejo

Geog. Dos casas de mineros en el ayunt. de Linares, p. j. de Baeza, prov. de Jaen.

Aar O Aare

(aar o ar céltico, curso de agua, de donde Aar, río; compárese con Aa)

Aar

Geog. Río del princip. de Waldeck, for mado de varios riachuelos; pasa por Arolsen y desagua en el Tweste, al E. N. E. de dicha c., después de un curso de 10 km
Río del mismo princip. que nace cerca de Usseln y desagua en el Eder, unos 10 km al N. de Frankenberg, después de un curso de 34 km de N. O. a S. E.

Aar

Geog.. El mayor de los ríos de Suiza. después del Rhin y del Ródano. Nace en los glaciares de la vertiente septentrional del Grímsel a 1877 m. de altura: forma la famosa cascada de Hanclek (70 m.) y desde Interlaken es navegable: recibe el tributo de otros varios ríos y arroyos: pasa por Berna, riega a Aarberg, Soleura, Aarwangen, Aarburgo, Olten, Aarau y Brugg, y desagua en el Rhin, después de un curso de 275 km Como río navegable es de gran utilidad, pero sus frecuentes crecidas causan grandes estragos. Su cuenca tiene una extensión de 1.750.000 hectáreas, de las cuales 48.475 están ocupadas por los glaciares.Río del antiguo duc. de Nassau (Alemania), que nace cerca de Vehen y desagua en el Lahn, cerca de Diez, despues de un curso de 16 km
Otro río de Alemania, llamado también Ahr. V. Ahr.

Aar O Aaru

(voz que no procede del Aar o Ar céltico, y que parece de orígen semítico)Mit. Entre los egipcios se designaba así el campo de las mieses divinas, situado en las regiones extraterrenas y parece análogo a los Campos Elíseos de los griegos.