Abeken Bernardo Rodulfo

Literato alemán (N. en Osnabruck en 1780. M. en la misma ciudad en 1866). fue sucesivamente preceptor de los hijos de Schiller, profesor del colegio de Rudolstadt, y después director del de su ciudad natal. Las más notables de sus obras son: Cicerón y sus cartas, Un episodio de la vida de Goethe y Goethe durante los años 1771-1775.

Abeken (Enrique)

Biog. Sobrino del anterior. N. en Osnabruck en 1809. De 1827 a 1831, estudió teología en Berlín; en 1834 pasó a Roma y en 1841 a Londres, donde estuvo empleado en las negociaciones para la creación del obispado protestante de Jerusalén; hizo una expedición en 1842 a Egipto y Etiopía y a su vuelta en 1848 fue empleado en el Ministerio prusiano de Negocios extranjeros, llegando a ser Consejero de Legación. En la guerra contra Francia, de 1870 a 1871, acompaño al cuartel general del rey y a su vuelta, m. en Berlín en 1872. Dejó escrita una obra titulada: Babilonia y Jerusalén.

Abeken (Guillermo Luis)

Biog. Arqueólogo hijo de Bernardo. N. en30 de abril de 1814. Cursó teología en Berlín; se dedicó después a la arqueología, estudiando en Roma las relaciones de los antiguos pueblos de la Etruria, del Samnio y de la Umbría, tareas que dieron por resultado su obra importante titulada: La Italia central en tiempos anteriores a la dominación romana, según sus momentos, impresa en Stuttgart en 1843. M. en Munich en 29 de enero de 1843.

Abel

Nombre que en caldeo significa aliento, lo transitorio, lo vano, y que da la Escritura al hijo segundo de Adam y Eva, que fue asesinado por su hermano Caín. La muerte de Abel ha sido poetizada por escritores rabinos, árabes y cristianos, y hoy se señala el sitio donde se dice que fue muerto y sepultado, a 88 km de Damasco.

Abel

Biog. Rey de Dinamarca, hijo póstumo de Waldemaro el Victorioso, el cual al morir dividió el reino entre sus cuatro hijos, dando lugar a largas y empeñadas discordias, que terminaron momentáneamente con un arreglo. Erico, el primogénito, al regresar victorioso de la Estonia y el Holstein, se hospedó en el palacio de su hermano Abel, y éste le entregó traidoramente a uno de sus enemigos llamado Gudmundson, el cual, después de embarcarle, cargado de grillos, le decapitó, arrojando su cadáver en el Slie, en el año 1250. Abel, después de jurar con toda solemnidad que era inocente, fue proclamado rey de Dinamarca y ungido en Roskild por el arzobispo de Lund. Para captarse la benevolencia del pueblo, restableció las corporaciones municipales; pero al penetrar en tierra de los Fusones, que se negaban a pagar un impuesto, fue asesinado por un campesino. La leyenda que ha poetizado la desgraciada muerte de Erico, representa al fratricida Abel, caballero en un corcel negro vagando por la atmósfera, seguido por una jauría de perros.

Abel (Carlos)

Biog, Escritor y arqueólogo francés, contemporáneo. N. en Thionville 1824, se recibió de abogado en Metz, fue presidente de la Academia de aquella ciudad, y después de su anexión a Alemania, fue elegido diputado AB\’EL (1870). Ha publicado muchas obras sobre historia y arqueología.

Abel (Carlos)

Biog. Filólogo alemán, contemporáneo. N. en Berlín en 1839 y estudió en aquella Universidad y en la de Tubinga. A partir de 1854 ha escrito varias obras sobre la lengua copta y otros idiomas antiguos y modernos.

Abel (Carlos De)

Biog. Hombre de Estado bávaro. (N. en Wetzlar en 17 de set. de 17 88. M. en Munich a 3 de set. de 1859.) En 1827 estuvo empleado en el Consejo del Ministerio del Interior y en 1832 fue enviado a Grecia como individuo suplente del Consejo de Gobiemo. Allí prestó en la administración im portantes servicios; pero a consecuencia de las disensiones que se suscitaron en el seno del Consejo, volvió en 1834 a Baviera y entró de nuevo en el Consejo del Interior, cuyo ministerio dirigió primero interinamente, y luego en propiedad en 1837. En 1840, se encargó del ministerio de Hacienda y entonces abandonó sus primeras tendencias liberales y se inclinó decididamente al partido ultramontano. Sus palabras poco comedidas en la segunda Cámara respecto de su antecesor el príncipe de Oettingen-Wallenstein le atrajeron un desafío con este príncipe, duelo que no tuvo consecuencias personales para ninguno de los dos, pero que dañó a su reputación. El 17 de feb. de 1847, no habiendo querido firmar el decreto de naturalización de la bailarina Lola Montes, dejó el Ministerio con sus colegas y fue nombrado Ministro de Baviera en Turín, donde permaneció hasta 1848. Después se retiró completamente de la vida pública. – ABEL (CÁRLOSFEDERICO):Biog. Músico alemán. (N. en Coethen en 1725. M. en Lóndres en 1787.) fue una celebridad en la viola, en cuyo instrumento nadie llegó a igualarle. Al morir era director de la capilla real de Inglaterra.

Abel (Clarke)

Biog. Cirujano y naturalista inglés. (N. en 1780. M. en Calcuta en 1826.) Acompañó a lord Amherst, embajador de Inglaterra en China, y al reseñar su viaje, dio a conocer la flora y la fauna de aquel país, lo propio que las de Batavia, Santa Elena, Ascensión, Java y Borneo. El botánico Brown ha dado el nombre de Abelia a un género de plantas de la familia de las caprifoliáceas, originario de China.

Abel (Gaspar)

Biog. Predicador alemán. (N. en Hindenburgo 1676. M. en Nestdorf 1763.) Escribió disertaciones teológicas y notables obras sobre antigüedades. También tradujo en verso alemán un poema de Ovidio y las sátiras de Boileau.

Abel (Jacobo Federico De)

Biog. Filósofo y escritor alemán. N. en 1751 en Vaihingen del Ems, Wurtemberg. A la edad de 21 años fue nombrado profesor de Filosofía de la Academia llamada de Cárlos. En 1790 pasó con el mismo cargo de profesor a la Universidad de Tubinga y en 1793 dirigió los gimnasios y escuelas de Wurtemberg como profesor de Pedagogía. Escribió en el sentido del eclecticismo anterior al de Kant las obras tituladas: Exposición detallada de las pruebas de la existencia de Dios, en 1817; Investigaciones filosóficas sobre los últimos fundamentos de la creencia en Dios, en 1820; y Exposición detallada de los fundamentos de nuestra creencia en la inmortalidad, en 1826. Murió el 7 de jul. de 1829.

Abel (Juan José)

Biog. Pintor alemán de historia. (N. en Aschach (Austria) en 1768; murió en Viena en 1818.) En 180:l pasó a Roma, donde estuvo seis años y ejecutó varias obras notables, entre ellas la Antígona. De regreso a Viena pintó muchos cuadros históricos, principalmente de personajes r-omo Sócrates, y héroes de la antigüedad como Orestes, Prometeo, etc. Es famoso su gran cuadro de San Egidio, que tiene quince figuras de tamaño natural.

Abel (Nicolás (Niel) Enrique)

Biog. Célebre matemático noruego. (N. en Findoe 5 de ag. de 1802. M. de consunción el 6 de abr. 1829 en Froland junto a Arendal.) A la edad de 13 años fue enviado a la escuela catedral de Cristiania, donde no dió muestras de gran disposición para los estudios eclesiásticos; pero en 1818 un profesor de matemáticas, que después fue editor de las obras de Abel, descubrió su talento para las ciencias exactas, y le ayudó en sus estudios. En jul. de 1821 pasó a la Universidad de Cristianía; y habiendo muerto su padre dejándole sin medios ABEL para continuar estudiando, se mantuvo primero con los donativos de los profesores y después con una pensión del gobierno. Su primer ensayo en matemáticas fue una tentativa para resolver la antigua cuestión de las ecuaciones de quinto grado, y no habiendo podido llegar a solución ninguna, determinó trabajar hasta encontrarla o hasta ver demostrada la imposibilidad de toda solución. Estos estudios produjeron el célebre escrito de Abel en que se trata de probar la imposibilidad de representar bajo una fórmula las cinco raíces de. una ecuación de quinto grado, escrito que contiene consideraciones bastante oscuras y que no puede decirse que haya sido generalmente admitido ni muy leído. Sin embargo, los matemáticos ingleses han llegado a la misma conclusión que Abel, aunque partiendo de diferente punto. En jul. de 1825 consiguió Abel un aumento de la pensión que le pagaba el gobierno, y marchó a Berlín donde trabó amistad con Crelle, escribiendo como uno de los principales redactores en el Diario de ciencias matemáticas, que comenzó a publicarse en 1826. Después continuó sus viajes por Alemania, Italia y Suiza, y en jul. de 1826 estuvo en Paris, donde trabó conocimiento con los más célebres matemáticos de la época. Volvió a su patria en enero de 1827 y continuó sus estudios (que no había interrumpido durante su viaje) con una actividad tal, que le llevó muy joven al sepulcro. El gobierno sueco publicó las obras de Abel en 1839 en dos tomos en cuarto y en lengua francesa. El primer tomo todo lo publicado en el periódico de Crelle y en otras publicaciones alemanas, traducido al francés. El segundo comprende lo que dejó manuscrito, concluido o por concluir, todo lo cual lleva impreso el sello de su grande originalidad. El objetivo que llamó la atención de Abel fue la teoría de las funciones elípticas. Legendre, que había dedicado una gran parte de su vida a estudiar el desarrollo de estas funciones y a formar tablas para su uso, al acabar su tarea leyó la obra de Abel y se encontró que le había adelantado mucho el joven noruego, de quien hasta entonces no había oído hablar. Legendre reconoció con franqueza laudable esta circunstancia y añadió a su libro los nuevos descubrimientos de Abel.

Abel De Pujol (Alejandro Dionisto)

Biog. Pintor francés. (N. en 1785. M . en 1861.) fue discípulo de David, y ganó el primer premio Abel de Pujol en el concurso de 18u. Entre sus muchos cuadros, el más estimado es: San Esteban predicando el Evangelio.

Abel (La Grande)

Geog. ant. Roca del país de los Betoamitas, en donde fue colocada el arca de la alianza.

Abbas I El Grande O Chah Abbas Bahadur Jan

Quinto chah de Persia de la dinastía de los Sofíes (Sefewies). (N. 1567. M. 28 en. 1628.) Fue tercero y último hijo de Mohamecl-Joda-Bendeh. Sólo contaba diez y ocho años cuando, en 1586, murió su padre; pero obernaba ya la importante provincia de Jorasan. Mientras su hermano Ismail III subía al trono de Persia por el asesinato de su hermano Hamsa, hijo mayor y sucesor de Jocla-Bendeh, Abbas se proclamó soberano independiente del Hcrat (5 dic. 1587). No tardó Ismail en caer a su vez víctima de una conspiración dirigida por el preceptor de Abbas; y Abbas entonces empuñó el cetro de Persia tinto en sangre de sus dos hermanos mayores (1589). Abbas trasladó entonces su residencia de Kazuin a Ispahán. En aquel tiempo el territorio de su gobierno estaba ocupado por los usbekos, y, no pudiendo tomará Herat la capital, tuvo que contentarse con dejar guarnicion en algunas ciudades de las inmediaciones, hasta que al fin, en 1597, los usbekos fueron derrotados por los persas, y por largo tiempo quedó libre el Jorasán de sus incursiones.
En virtud de un tratado con la Puerta Otomana, reconoció y garantizó a Turquía la posesión de las conquistas hechas a Persia en los reinados anteriores. Conquistó (de 1590 a 1600) el Guilán y muchas otras comarcas, con lo cual obtuvo la sumisión de casi todo el Afganistán otomano. Declaró por último guerra a la Puerta, causa constante de perturbaciones en las provincias occidentales de Persia, y no tardó en verse dueño de todo el territorio de la antigua dominación de los Sofíes, a consecuencia de la famosa victoria de Basara que en 1605 gano a los turcos, a quienes en los años siguientes quitó extensos territorios al occidente del Tígris y del Éufrates. En 1611 impuso a Ahmet I las condiciones de un tratado de paz que garantizaba a Persia la posesión del Schirvan y del Kmdistan, y supo sacar provecho poco después de las contiendas que perturbaron el imperio otomano en los breves reinados de Mustafá I y de Osmán II. La Puerta, que había violado las estipulaciones de la ultima paz y fomentado rebeliones en Georgia, se vio obligada a firmar en 1617 un nuevo tratado con el Chah Abbas, cuya fama por tantos triunfos resonaba ya por toda Europa.
En un acceso de desconfianza, Abbas mandó matar al mayor de sus hijos, Sefy-Mirza, y poco después hizo sacar los ojos a otros dos hijos suyos. Por la misma época convidó en Kaswin a varios khanes de cuya lealtad sospechaba, les hizo servir bebidas envenenadas, y se gozó con el espantoso espectáculo de sus horribles agonías. Estos son sólo algunos rasgos del carácter de este famoso Chah de Persia, denominado el Grande, y cuya magnificencia elogiaban viajeros, embajadores y hasta misioneros, cuyas predicaciones toleraba. Manifestó mucha amistad al Papa, por considerarlo como el mayor enemigo de los turcos. A pesar de su ferocidad, cuéntase que Abbas sintió dolor tan profundo después del asesinato de Ssefy-Mirza, que durante diez días no quiso ver la luz, se impuso la penitencia de sufrir los horrores del hambre durante igual espacio de tiempo, y el resto de su vida vistió siempre de luto. Además hizo que el cortesano matador de Ssefy-Mirza cortase la cabeza a un hijo suyo, y al ver el dolor del pobre cortesano le dijo: Consuélate con la seguridad de no ser más infeliz que lo es tu rey.
Abbas sacó también provecho de las disidencias religiosas de sus subditos, divididos en schyitas (u ortodoxos), y en sunnitas (o herejes).
Abbas sólo tuvo sentimientos afectuosos con un hijo de Ssefy, Abul-Nazr-Saam-Mirza, s quien nombró heredero suyo.
Abbas I hizo a Persia potencia de la mayor importancia. Los enviados del Gran Mogol Akbar, los del Dekcbar y de Golconda se encontraron en la corte de Abbas con los representantes de Rusia, de Inglaterra, de España, de Portugal y de los Estados de Holanda. A todos deslumbraba con esplendorosa magnificencia, y ninguno quizás sorprendio nunca un solo secreto de su artera politica: pues mientras los entretenía con fiestas suntuosas, llevaba a término los planes más contrarios a los intereses que los embajadores debían defender. Los portugueses Ormuz, a la entrada del golfo Persico, desde que en 1507 la ocupó Alburquerque. Era Ormuz centro entonces del comercio de la India. Abbas veía con ojos de envidia tal prosperidad, y, comprendiendo mal el orígen de riqueza tanta, fruto del comercio y de la industria de los portugueses, decidió con riquísimos regalos y magníficas promesas a la compañia inglesa de las Indias a convertirse en instrumento de la destrucción de tan rico emporio comercial, y en 1622 cayó Ormuz en poder de las fuerzas anglo-persas; desdichada conquista y de resultados nulos para Persia, porque Ormuz perdio toda su importancia al salir del poder de Portugal, y los ministros del Chah Abbas hicieron abortar todas las tentativas de los ingleses para reemplazar a los portugueses en el comercio del golfo Pérsico.
Murió Abbas I en su palacio favorito en Ferahabad a los 41 años de su reinado. Según el viajero Herbert, Abbas era pequeño de estatura de ojos animados, pero chicos y sin cejas, nariz gruesa y aguileña, barba en punta y afeitada a la usanza pérsica, bigotes largos, espesos y rizados.
Más dichoso o más hábil que muchos emperadores otomanos a quienes costó la vida el intento do suprimir el cuerpo de los jenízaros, Abbas consiguió desde los principios de su reinado, disolver los Kurchis, milicia pretoriana, tan audaz y turbulenta como la de los jenízaros, y que disponía del trono de Persia so pretexto de ser su garantía y apoyo principal. Ispahán, la nueva capital de Persia, debe al Chah Abbas I sus magníficos monumentos, entre otros el Meidán, plaza publica de pórticos y hermosos edificios y la provincia de Mazenderán le debe su calzada que la ha hecho la comarca más floreciente de Persia. Esta calzada, subsistente aun, partía del mar Caspio y tenía 100 leguas de largo por 17 toesas de ancho. Sus puentes, son de tan sólida arquitectura, que no han necesitado reparaciones todavía. El pueblo persa conserva de Abbas un magnífico concepto, y hasta le atribuye milagros; ¡que los crímenes se olvidan ante los esplendores del éxito!

Abbas Ii

Chah de Persia. (N. en 1631. M. en 1666.) A la edad de 13 años sucedió a su padre Sofí. Niño aun, su padre mandó cegarle con un hierro ardiendo; pero el eunuco encargado de cumplir tal orden, tuvo lástima y desobedeció. El jóven Abbas se fingió ciego hasta el instante en que Sofí, sintiendo aproximarse su fin, se arrepintió de su crueldad: entonces el eunuco le aseguró que poseía un remedio eficaz y milagroso para devolver la vista a los ciegos, y fingio hacer la prueba en el hijo del moribundo monarca. El Chah Abbas II reino 25 años en relativa tranquilidad. Era hombre de costumbres relajad1simas y depravadas. En sus horas de templanza aparecía generoso y hospitalario; pero durante sus orgias se entregaba a los actos más atroces. Siempre fue benévolo con los europeos y con los cristianos en general.
A Dios toca, y no a mí, decía, juzgar la conciencia de los hombres.Abbas II recupero a Candahar y supo conservarse en paz con la Puerta. Casi todos los soberanos de Europa, así como los de la India y Tartaria le enviaron embajadores. Murió de un absceso sifilítico con que le contagió una mujer que en vano le manifestó estar enferma. Fue sepultado en Jom en una magnífica tumba.

Abbas Iii

Biog. Último Chah de Persia de la dinastía de los Sofíes. (N. 1731. M. 1736.) Fue soberano meramente nominal de Persia durante los primeros años de la usurpación de Nadir Shah, que destrono a Chá-Tahmasp en agosto de 1732. El hijo de Tahmasp era entonces un niño de ocho meses. Pensando Nadir que no había llegado todavía la hora de ceñirse la corona de Persia, colocó a este niño en el trono y asumió el título de regente del imperio. Pero, a los cuatro años, la muerte de Abbas III puso final este estado de cosas: según al unos dores, la muerte fue natural; según otros, NadirShah quitó de en medio aquel obstáculo a su usurpación.

Abbas-Ben-Abd-El-Motálib

Biog. Tío y discípulo de Mahoma. (N. en la Meca hacia 566, cuatro años antes que el legislador de los árabes. M. 652.) Fue el penúltimo de muchos hijos que Abd-el-Mottalib tuvo en Notayla, hija de Janab. A la muerte del padre, Abbas, de edad de trece o catorce años, fue elegido para sucederle en el importante cargo de Sicaya, o distribuidor a los peregrinos del agua Santa del pozo de Zemzem. Abbas se convirtió tarde a la religión delprofeta su sobrino; pero nunca fue enemigo suyo, antes bien secretamente le favorecía con su influencia, aun militando ostensiblemente en las filas de los adversarios. Cuando el profeta había ya comenzado sus predicaciones y estaba a punto de recibir juramento de fidelidad de los pocos habitantes de Medina que primero se habían convertido, aparece Abbas, a pesar de ser todavía infiel, arengando a los neófitos en una entrevista nocturna en términos nada hostiles a Mahoma. Seguramente Abbas, que había acumulado grandes riquezas en la Meca, no se atrevía a declararse en favor de su sobrino, por no perder sus bienes e influencia, ni incurrir en la venganza de los Koreischitas enemigos de Mahoma, y, en general, de los habitantes de la Meca que obligaban al profeta a expatriarse. En efecto, Abbas tuvo con Mahoma correspondencia secreta, en la cual le informaba de los proyectos de sus enemigos; y, aunque combatió bajo las banderas de estos en Bedr, probablemente sería porque la astucia o el temor le obligaran a ello. Desde principios de la campaña propalaba entre los habitantes de la Meca profecías que anunciaban la derrota de los de la Meca, y esta conducta, que probablemente tenía por objeto sembrar el desaliento entre los Koreischitas, ocasiono violentísimo altercado entre uno de sus jefes, Abu-Jahi, y Abbas. Así, pues, se comprende que, al ver Mahoma acercarse a sus enemigos al pozo de Bedr, en cuyas inmediaciones fue la refriega, dirigiera a sus muslimes (salvadores) esta exhortación: Me consta que entro los Koreischitas hay muchos que contra toda su voluntad vienen en armas contra nosotros; entre ellos los hijos de Haxem. Por tanto, aquellos de vosotros que conozcan a los hijos de Haschem no los maten: sobre todo que no muera mi tío Abbas. La victoria de los salvadores fue completa: setenta Koreischitas quedaron en el campo de batalla y otros setenta prisioneros. Entre estos se hallaba Abbas, a quien por lo pronto amarraron los vencedores como a los demás con fuertes ligaduras. Mahoma aquella noche no podía dormir; y, preguntándole los suyos la causa de su insomnio, respondio: Oigo dentro de m1 los gemidos que arranca a mi tío Abbas el rigor de sus ligaduras. Hízole desatar y ya entonces se durmió. Días después, Abbas alcanzó su libertad mediante el pago de su rescate; y, como él era el más rico de los prisioneros, tocóle pagar más que ningún otro. Abbas volvió a la Meca, donde, aunque afecto de corazón a la causa de su sobrino, continuó todavía desempeñando sus funciones, hasta el día en que los Koreischitas rompieron el tratado de paz que, después de muchos combates, habían pactado con el profeta. Entonces salió Abbas de la ciudad y se fue con todos los suyos a engrosar el ejército del profeta, quien, a la cabeza de diez mil hombres, marchaba contra la Meca. Distaban ya poco de las murallas, cuando Abbas, para evitar todo derramamiento de sangre, resolvio demostrar a los Koreischitas la inutilidad de la resistencia. Salió, pues, del campamento de los musulmanesó salvadores montado en la mula del profeta, y, habiendo oído la voz de Abu-Sofián, jefe de la tribu de Koreisch, que por su parte andaba ejecutando un reconocimiento, lo llamó, subiólo a las aneas de la mula y lo condujo al campamento del profeta, lo convirtió y obtuvo para él el perdón de su incredulidad. La conversión no parece que debió tener mucho de espontánea, pues pasó así, según Abulfeda. Dijo el profeta: iNo sabes, Abu-Sofian, que no hay más Dios que Dios! -Sí que lo sé, respondio Abu-Sofian. -Pues entonces i cómo has tardado tanto en reconocerme como profeta de Dios – Porque en eso tengo duda. -¡Desgraciado, interrumpió Abbas, el tío de Mahoma: da testimonio de que lo reconoces, o caerá tu cabeza de tus hombros!- Y entonces Abu-Sofian rindio testimonio..La Meca vino luego a poder de Mahoma, quien abolió todos los ritos paganos, pero conservó el cargo de Sicaya o distribuidor de las aguas del pozo de Zemzem, en el cual confirmó a su tío. Desde entonces Abbas, que, además de este privilegio, alcanzó otros que ligaron su bienestar y el de su familia a la causa del Profeta, continuó sirviendo a Mahoma abiertamente, ya con su inteligencia en los consejos, ya con su brazo en los campos de batalla. Así, pues, Mahoma le demostraba todo el respeto que un hijo debe a su padre. Cuando el profeta murió, Abbas presidio los funerales: compuso versos en loor de su sobrino y continuó gozando al lado de sus sucesores de la mayor consideración. El territorio de Hedjaz padeció tal sequía el año 18 do la Hégira, que de sed perecían hombres y ganados.

Abbas-Bajá

Biog. Virrey de Egipto. (N. en 1813 en Yedda, Arabia. M. en 1854.) Hijo de Yusuf-Bey, que murió en 1818 y era el hijo mayor del célebre Mehemet-Alí, sucedió Abbas en nov. de 1848 a Ibrahim Bajá, su tío, reconocido como virrey de Egipto por la Puerta Otomana (V. Ibrahim-baja). Abbas era gobernador del Cairo, pero iba en peregrinación a la Meca cuando sucedió la muerte de su tío que no había reinado más que cuatro meses (desde junio hasta 10 nov. 1848). Desembarcó Abbas el 19 de dic. 1848 en Alejandría y fue reconocido como sucesor de Ibrahim Bajá. En enero de 1849 fue á Constantinopla y ahí recibió solemnemente de manos del Sultán la investidura del virreinato de Egipto. Abbas-Bajá se educó en el Cairo; y, a diferencia de los otros individuos de la familia de Mehemet-Alí educados en las escuelas de Europa, era musulmán de corazón y poco dispuesto, por tanto, a reformas europeas.

Abbas-Mirza

Biog. segundo hijo del Cha o Xa de Persia Feth-Alí, que nació en 1785, fue proclamado heredero del trono en vida do su padre, y aunque no llegó a ocuparlo, pues murió en1833, un año antes que Feth-Alí, ejerció gran influencia en su país y durante mucho tiempo llamó la atención de los pueblos europeos. Su hermano mayor Mohamed-Alí-Mirza no pudo menos de ver con recelo y envidia la preferencia obtenida por Abbas, y bien puede afirmarse que la muerte de Mohamed, ocurrida doce años antes que la de éste, evitó a la Persia los desastres de una guerra civil. La diferencia de caracteres de los dos hermanos acentuaba más su rivalidad: el mayor era hombre de mucho valor personal, de caracter firme y enérgico, arrogante con sus iguales y orgulloso con los inferiores; Abbas, sin carecer de valor, era muy afable, guardaba siempre las formas y hacía gala de sentimientos nobles y caballerescos. Vivían en la época en que Persia empezaba a entrar en el círculo de acción de la diplomacia europea, y en las relaciones con las grandes potencias tomaron los dos hermanos actitud distinta. Mohamed, encargado del gobierno de la provincia de Kermanchah, puede decirse que era el jefe del partido nacional, se negaba resueltamente a que sus soldados aceptaran la táctica y la organización militar de los extranjeros, y se oponía a toda clase de reformas políticas y administrativas. Abbas, por el contrario, mostraba gran afición a las costumbres europeas, aspiraba a que su país pudiera rivalizar con los extranjeros así en las artes de la paz como en las de la guerra, y sobre todo procuraba el engrandecimiento militar de Persia. Ya en su tiempo se vislumbraban con toda claridad los intentos de Rusia; por la paz de Gulistan (1814) Rusia reconoció como heredero del trono de Persia al príncipe elegido por el Cha, y al mismo tiempo estableció una especie de embajada perdió por fin la guerra entre Rusia y Feth-Ali, con gran desgracia para Persia que dos años después, el 27 de feb. de 1828, tuvo que firmar la paz de Turkmandschai. Al año siguiente el populacho de Teherán se amotino contra el personal de la legación rusa, y para dar satisfacción al Tsar, Abbas Mirza, por orden de su padre, marchó a San Petersburgo a ofrecer toda clase de excusas, donde fue acogido con grandes distinciones y señaladas muestras de aprecio. Regresó a Persia, murió en 1833 y fue reconocido como príncipe heredero su hijo Mohamed, que al año siguiente, por muerte de Feth-Alí, ocupó el trono.

Abasia

Región comprendida entre el mar Negro y el Cáucaso occidental, que forma en la actualidad parte de la provincia del Kuban en el imperio ruso. Su situación es verdaderamente privilegiada. Extiéndese de N. O. a S. O. desde la region volcánica del Kuban inferior hasta el rio Ingur que la separa de la Mingrelia o enotros términos desde los 44° 30\’ hasta 42° 10\’ de latitud N., esto es, en el centro de la zona templada. Limítanla por el N.E. las primeras estribaciones del Cáucaso seguidas paralelamente del lado de Occidente por estribos abruptos, tan cerca del mar que los ríos son certísimos torrentes, los valles, hondísimos barrancos, el país entero, un caos de cerros, desfiladeros, peñascos y hondonadas, la costa acantilada y el paisaje por todas partes pintoresco y magnífico. Las aguas del antiguo Ponto Euxino bañan la base de la montaña, sin que existan playas ni zona alguna intermedia. La costa parece emergida en una época reciente y quizá se halla animada desde los tiempos históricos, de un movimiento de emersión constante, aunque tan lento e irregular como suelen ser toda esta especie de oscilaciones de la superficie del planeta. Hasta la altitud de150 metros vénse escalonadas las antiguas terrazas marinas, playas abandonadas y en todo iguales a las que en la actualidad besan las inquietas aguas del mar Negro. Muchas de las fuentes de agua salobre que brotan del suelo en esta region inferior, contienen crustáceos de la misma especie que los que en la actualidad habitan dicho mar (mysis, gammarus) y se atribuye su existencia en tales parajes la presencia de las aguas marítimas en épocas remotas. El pequeño lago Abran, cerca de Novo Rosiisk, contiene una fauna semi-marina que ha ido adaptándose poco a poco al agua dulce. Es indudable que durante la época actual se han verificado oscilaciones importantes en el suelo de la Abasia. Las ruinas existentes en los aluviones próximos a Sujum-Kalej (Soukhoum-Kaleh de los autores franceses) están situadas a un nivel superior al del mar, unas, y a un nivel inferior llanuras otras, probando que durante los tiempos históricos las olas han perdido terreno, para ganarlo luego y volverlo a perder. Las ruinas de un fuerte están hoy cubiertas de 5 o 6 metros de agua y a b profundidad de 10 metros se encuentran restos de una muralla bastante espesa. Después de una tempestad el mar arroja siempre monedas, anillos y otros objetos antiguos. Los abases, que conocen perfectamente esta circunstancia, no dejan nunca de explorar la costa después de una borrasca y entre otros hallazgos verificados por ellos, merece especial mención una corona de oro descubierta entre la arena.
El clima de Abasia es muy humedo y más templado que el de las provincias vecinas. Las corrientes atmosféricas que pasan el mar Negro, vienen a chocar contra la elevada masa de la cordillera caucásica y depositan su humedad en la estrecha zona comprendida entre la costa y la cordillera. La Mingrelia, región situada al S. E. de la Abasia y en situación análoga, conserva aun su antigua fama de país humedo, pantanoso y malsano. La Abasia no es país pantanoso, porque su suelo excesivamente cortado y de pendientes muy acentuadas, no permite a las aguas estancarse. La cantidad de agua que recibe esta parte occidental de las tierras caucásicas es 10 veces mayor que la que precipitan las nubes en la región oriental o caspiana. La influencia de estos vientos humedos del Ponto se extiende hasta el Elbruz y hasta más allá del Anti-Cáucaso, cadena secundaria y paralela a la principal por la parte N.
Toda la parte del litoral del mar Negro que forma la costa de Abasia (400 km), será uno de los más hermosos países del mundo el día en que el cultivo y la canalización hayan aclarado sus inmensos y profundos bosques y domeñado el turbulento curso de sus torrentes. Entonces será, como Crimea, un sitio de recreo de los grandes sectores rusos, lo que la costa del Mediterráneo entre Marsella y Génova para los favorecidos por la fortuna en Occidente, y lo que podría ser en España la costa malagueña y granadina. Se cubrirá de villas, jardines y palacios, y sus profundas aguas serán surcadas por elegantes yates de recreo y grandes vapores. Tiene sobre la costa de Crimea la ventaja de ser más meridional y más templada, pero en cambio su pa1te septentrional está más desabrigada. La gran masa de aguas marinas a una temperatura media elevada que calienta la atmósfera durante el invierno, manteniendo hasta fines de noviembre una temperatura de 14\’ a 15\’ en toda la región. Los vientos del S. E. soplan con gran violencia en. primavera y en otoño, llevando hasta las vertientes meridionales del Cáucaso la glacial temperatura de las mesetas de Anatolia. Cuando reinan estos vientos no sólo es más desagradable la temperatura, sino que también el mar se alborota y se hace muy peligrosa la navegación a causa de la falta de buenos puertos. La parte más meridional de la Abasia, llamada Abjasia (Abkhasia, según la ortografía francesa), está,Perfectamente protegida por los gigantes del Caucaso contra los vientos del N. E., frías corrientes polares que vienen de las estepas del Caspio y del Kuma. El bora, viento huracanado, baja muchas veces de las colinas que separan a Novo-Rossiisk de la estepa y alborota el mar. El 12 de enero de 1848 todos los buques que se encontraban fondeados en la rada de Novo-Rossiisk fueron lanzados mar adentro o estrellados contra las peñas. Uno de ellos fue echado a pique por el peso de las olas medio congeladas y que se solidificaron sobre él (E. Réclus).
La vegetación del país abase recuerda por sus esplendores la de los climas tropicales. Los helechos cubren espacios inmensos en las vertientes de las montañas, formando verdaderas murallas de verdura, casi impenetrables. Alcanzan muchos metros de altura y se enredan unos en otros de mil modos. Después van pudriéndose poco a poco y formando sobre el suelo una espesa capa bajo la cual se acumulan todos los gases procedentes de su propia putrefacción y de la de otros vegetales. Las selvas de helechos son focos de fiebres paludicas que diezman la población de las aldeas construídas en sus proximidades, y los abases tienen buen cuidado de edificar sus habitaciones lejos de ellas siempre que pueden, prefiriendo para ellas las colinas y mesetas desnudas de vegetación. Donde quiera que los rusos han destruido los bosques de helechos, y lo han hecho ya en muchas partes, el clima ha mejorado rápidamente. Los helechos predominan en la zona baja. Después viene la de los grandes bosques, compuestos de hayas, encinas, castaños, avellanos y enormes matas de boj, cuyo penetrante olor invade la atmósfera hasta una gran distancia. Las vertientes de la cordillera están cubiertas en parte por una admirable planta propia de esta región, la azalea pontica, cuyas hojas de color rojo sanguíneo en otoño, contrastan con la gran masa verde de la vegetación. Se ha dicho muchas veces que la miel de la azalea pontica era venenosa, y que los hombres que la comían quedaban como aletargados y eran luego atacados de locura Juriosa. El hecho está lejos de haber sido comprobado por sabios dignos de fe, y aunque Klaproth lo refiere como cosa averiguada, coincidiendo en esto con otros muchos autores, no debe ser negado ni creído en absoluto por ahora. En muchos sitios la azalea es sustituída por los rhododendron.
A pesar de la gran cantidad de agua que la Abasia recibe y de la nieve del Cáucaso, los ríos que la recorren son muy poco importantes. La razón de esto es sencilla: media tan poca distancia entre dicha cordillera y el mar, que las corrientes de agua vienen a morir en él cuando apenas acaban de nacer. Sólo merecen mencionarse las de .la parte meridional, a saber: el Kodor, el Bejib y el Mzimta, que corren entre el Cáucaso y algunos de sus contrafuertes, pudiendo, gracias a su paralelismo con la costa, desarrollar un curso relativamente largo. La mayor parte de los valles altos fueron en otros tiempos lagos que se vaciaron por la ruptura de alguna parte de las paredes de su recipiente o por desagües subterráneos. El Mitchich, que aparece en muchos mapas como un río considerable, no es más que un brazo del Bzib, subterráneo en la parte superior de su curso. Cerca de Gagri existe un riachuelo subterráneo. El Pitsunda, vecino del Bzib, parece haber cambiado de curso durante los tiempos históricos. Del Ingur, río más considerable que ninguno de los anteriores, sólo pertenece a la Abasia la parte inferior de la margen derecha, puesto que la izquierda y la región alta son de Mingrelia.
Ninguno de estos ríos es navegable, pero todos pueden utilizarse para el riego de esta magnífica región, donde las palmeras se ven mezcladas con los árboles de Europa y existen verdaderos bosques de rosas y jazmines.
Ya queda dicho que en Abasia no abundan los buenos puertos. La primera población marítima que se encuentra viniendo de Crimea es Anapa, luego viene Noworossuskaya, o Novo-Rossiisk,después Gelendyik, Beregonaya, Dyu1:ia, Tenginsk, Weliaminouskaya, Psesnape, Dajouskii, Pervinka, Gagri, Pitsunda y Sujum-Kalej.
Los geógrafos dividen la Abasia en Grande yPequeña, y además en Abjazia. La Pequeña Abasía hállase en la extremidad N. ya en la Kabarda. La primera, o Abasia propiamente dicha, comprende casi todo el país descrito, entre la cordillera caucásica y el mar. La Abjazia es la región meridional de la Abasia, colindante con la Mingrelia. Aunque Mr. Vivien de Saint Martin, entre otros, hacen de ella una región aparte, no lo es, sin embargo, sino que por su clima y producciones forma con el resto de la Abasia una sola entidad geográfica, así como también una sola provincia.
Los habitantes de la Abasia llámanse abases, nombre con que los griegos los bautizaron; pero se denominan a sí mismos absua o el pueblo por excelencia. Antes de las grandes emigraciones ocupaban toda la vertiente meridional del Cáucaso entre el Gugur y el Bzib, y penetraban en el territorio de los Cherkeses. Los absua son más morenos que éstos y de cabellos más negros. Tienen las facciones regulares, pero su fisonomía es ruda y salvaje. Los comerciantes de esclavos, cuyo infame tráfico fue durante mucho tiempo, hasta fecha reciente, la gran plaga de esta costa, los estimaban en menos que a los circasianos, dando por ellos la mitad próximamente. Sin tener el caracter caballeresco de los Cherkeses, vivían de la guena y sobre todo de la piratería. Desde la más remota antigüedad eran temidos como piratas por todos los pueblos cuyos buques surcaban el mar Negro. Sus largas y estrechas embarcaciones, impulsadas por remos y tripuladas por 100, 200 y 300 hombres, daban caza a los buques mercantes, cuyo cargamento aprehendían, exterminando casi siempre a los tripulantes. Hasta que el mar Negro no pasó a su actual categoría de lago ruso, el comercio de su parte oriental estaba a merced de los absua. Después el gobierno ruso los persiguió activamente, y en la actualidad la piratería puede considerarse extinguida.
El elemento absua tiende hoy a desaparecer, fundiéndose en el ruso. Este va invadiendo la Abasia por su extremidad N. y por el mar. Toda la costa está ocupada por una línea no interrumpida de fortines. Los recién llegados y sus amigos y auxiliares los cosacos se instalan en el país, no con ánimo de regresar a las provincias de donde proceden, sino con el de establecerse, fundar una familia y dejar aquella tierra a sus hijos y nietos. Los rusos son los primeros colonizadores de nuestros tiempos en competencia con los anglo-sajones. Absuas puros, puede que no lleguen hoy en Abasia a 30 000, tanto a causa de sus guerras con los Cherkeses y cosacos hasta hace pocos años, como por su fusión con las razas vecinas. En 1864 los absuas componían todavía una población de 150.000 individuos; pero en 1877 estaban reducidos a la tercera parte. Mas de 20.000 emigraron por entonces a Turquía. Los valles y las colinas, en otro tiempo poblados por los indígenas, están hoy desiertos. Sólo se ven en ellos las ruinas de las antiguas casas y los cementerios.
Hist. Los abases o absuas fueron conocidos por los fenicios, los griegos y los romanos, y temidos por los navegantes de todas las naciones como intrépidos y feroces piratas que eran, según antes hemos dicho. La famosa Cólquida, donde reinaba el padre de Medea y cuyo vellocino de oro no era otra cosa que las minas del Cáucaso, comprendía la Mingrelia limítrofe de la Abjazia. Los romanos también penetraron en este país con Luculo, Glabrión y Pompeyo, dominando sobre casi todas las razas situadas al S. de las montañas, y por lo tanto sobre los absuas. La dominación persa sustituyó a la dominación romana, pero no parece probable que ni aun en los tiempos de su mayor vigor (en el reinado de Josru, 591 a 628) se hiciera sentir en la parte septentrional de la Abasia. Fueron cristianos durante un breve período, pero no tardaron An convertirse al mahometismo, aunque a decir verdad nunca fueron muy fervientes observadores de aquella ni de esta religión.
Durante esta primera época de su historia los abases no figuran más que c0mo piratas, esclavos y enemigos encarnizados de los cherkeses o circasianos, con los cuales, a pesar de la comunidad de origen, sostenían guerras continuas, en las que estos terribles montañeses llevaban, según parece, la mejor parte casi siempre. Formaban entonces una confederación de tribus guerreras con sus príncipes, sus nobles, sus hombres libres, estando los trabajos agrícolas confiados a los esclavos.
Ya en la Edad media la guerra entre los abases y el imperio griego tomó grandes proporciones. En esta época recibieron las nociones de cristianismo que hasta ellos pudieron llegar (527 -565). El emperador Constantino Porfirogeneto da en su obra acerca de la administración del imperio noticias precisas de los abases (siglo x). Muchos autores árabes y persas, entre ellos El- Istajri, Aben-Jozlan y el-Masudi, también nos dan respecto a los abases y a los pueblos del Cáucaso en general curiosos detalles. La invasión de los bárbaros, cuyos efectos se hicieron sentir en el istmo caucásico más que en ninguna otra parte del mundo, por haber sido este el camino seguido por casi todos los pueblos asiáticos invasores (hunnos, magiares, turcos, kangles, turcomanos, kalmukos, dsungaros, etc.), vinieron a traer nuevos elementos a la población de estos países. La Abasia parece haber sido la parte menos castigada por la invasión, y durante algún tiempo continuó sometida a los soberanos de Constantinopla. Esto no impedía a los abases, sin embargo, venir a piratear hasta el mismo Bósforo.
El comercio de esclavos tomó entonces grande incremento gracias a la demanda que de esta triste mercancía hacían los estados musulmanes. Los abases no sólo vendían a sus prisioneros, sino a los de su mismo pueblo, y eran, por lo general, conducidos al Cairo, donde solían ingresar en el célebre cuerpo de los mamelucos. Más de un pobre montaliés de las márgenes del mar Negro llegó de este modo a ser en Egipto un personaje importante. En el siglo XIII lucharon juntamente con los georgianos que entónces formaban el más poderoso estado de esta región contra la invasión tártara; pero no pudieron evitar la formación del estado de Crimea por estos conquistadores y su establecimiento en las mismas faldas del Cáucaso. Más constantes y de mayor interés histórico fueron las relaciones de los abases con los genoveses establecidos en Crimea (1266-1475), y que desde Jaffa extendieron su influencia por toda la parte oriental del mar Negro.
Durante toda esta época puede considerarse a los abases como pueblo completamente bárbaro o mejor dicho semisalvaje. La moneda les era desconocida y el ganado solía ser el signo de cambio. Se prestaba una vaca y se devolvía luego el animal con sus crías como réditos. A pesar de ser semi-mahometanos conservaban una porción de ceremonias y supersticiones cristianas. Veneraban la cruz y las iglesias, comían carne de cerdo, llevaban al templo ofrendas votivas, tales como corazas, armas y vestidos. Aun hoy en día una capilla situada cerca del monte Maruf y construída, según la leyenda, por el mismo San Pablo, es uno de los sitios venerados y al que los abases acuden en romería. Las espadas y armaduras de los cruzados que durante la Edad media acudieron de Occidente para combatir a los musulmanes, eran consideradas como preciosas reliquias. Pero entonces, como ahora, su templo favorito era la sombría selva y en las ramas de las encinas depositaban sus ofrendas ratificaban sus juramentos. Colocaban los cadavares entre el ramaje de los grandes árboles, pensando que tanto por el caracter sagrado de estos como por la expansión de los gases del cuerpo en putrefacción, los demonios no se atreverían a robarlo para conducirlo a los infiernos.
A fines del siglo XVI aparecieron los moscovitas en el valle del Tereck, y en 1696 se apoderaron de Azof. La marea que debía cubrir a todos los pueblos caucásicos subía. Las primeras tentativas de Pedro el Grande para establecerse al S. de la gran cadena tuvieron por teatro las márgenes del mar Caspio. No por esto tardó en llegar su vez a la Abasia. En tiempo de Catalina II, Heraclio, rey de Georgia, a quien Nadir-Xa, rey de Persia, inspiraba justos temores, entabló negociaciones con los rusos para que vinieran en su apoyo. Pertenecía entonces la Abasia al poderoso reino de Imericia, gobernado por Salomón I, a la sazón en guerra con los turcos. Rusia y Turquía acababan de lanzarse a una nueva lucha (1769), y el general ruso Totleben cruzó el Cáucaso, unió sus tropas a las de Salomón y Heracho y tomó Kutais. Derrotado poco después cerca de Poti, se volvió a Rusia (1772). A pesar de esto, al terminar la guerra los rusos quedaron definitivamente establecidos en el Kuban y en toda la parte N. del Cáucaso occidental. En 1791, después de una nueva guerra con Turquía, la Abasia pasó a ser provincia rusa, quedando en poder de los invasores el feroz Bej-Mansur, defensor de la independencia de los abases. En 1828 esta conquista adquirió el carácter de definitiva por cesión de los turcos, después de la desgraciada guerra que llevó álos rusos hasta las puertas de Constantinopla. Desde entónces la rusificación de la Abasia ha progresado mucho, sobre todo a causa de la extinción de los indígenas. Los últimos abases, reducidos a pocos millares, habitan los valles meridionales del Cáucaso. Nuevos colonos llegan todos los días de esas tierras del N. donde antes residía la barbarie. Los cosacos son el principal elemento de esta avalancha colonizadora, a la que el gobierno ruso ha dado un carácter esencialmente militar organizando los colonos por regimientos, batallones y compañías.

Abanderamiento

s. m. Alistamiento o inscripción de un buque extranjero en la matrícula nacional, aceptando todas las obligaciones y gozando de todos los beneficios de los buques nacionales.
Así, pues, el abanderamiento para los buques viene a ser lo que la naturalización o nacionalidad para las personas; pero ésta no tiene más limitación que la voluntad de los que quieren reclamarla, mientras aquél ha estado limitado por las leyes.

Abanderamiento

Mil. Alistamiento de gente para levantar tropas en defensa de alguna causa.

Abanderamiento

Leg. Dos sistemas han venido luchando en España en materia de abanderamiento: el proteccionista, en favor de la construcción naval española, y el de libre compra, en favor del comercio nacional.
Los buques de propiedad de un extranjero nunca han sido abanderables en España; pero, en cuanto a los comprados por españoles a extranjeros, han regido los dos sistemas: el proteccionista, articulado en 1790 y en la Ordenanza de 1802; y el de la libertad casi completa formulado en el decreto de 22 nov. 1868, después de la revolución de Septiembre.
A poco de autorizarse el abanderamiento por las ordenanzas de matrículas de 1802, se dictaron restricciones que hicieron dificilísima la importación de naves: en 1818 se dispuso que era necesario el real permiso para cada buque construido en el extranjero y la intervención del cónsul español. El 30 de diciembre de 1827 se prohibió en absoluto el abanderamiento.
El Código de comercio de 1829 declaró que era lícita a los españoles la compra de buques construidos en el extranjero, y que podía navegarse en ellos con los mismos derechos y franquicias que si hubieran sido siempre nacionales. El artículo 590 castigaba con la pena de confiscación de la nave la reserva fraudulenta hecha a favor de un extranjero en el contrato de adquisición. La ley de 28 de octubre de 1837 derogó el artículo 590 del Código de comercio, prohibió la compra de buques extranjeros para el servicio del Estado, dispuso que no se admitiese la matrícula de buques mercantes de construcción extranjera y que sólo pudieran abanderarse los construidos en los dominios de España y las presas. Prohibió también que los buques se carenasen en países extranjeros, a no ser en los casos de gruesa avería sufrida en la mar por temporal o abordaje, de varada en costas o puerto extraño y de haber permanecido el barco dentro de un puerto de otra nación cuando menos un año: se necesitaba justificar en todos estos casos, ante el cónsul español, que no era posible regresar a España sin carenar la nave. Se imponían grandes molestias a los propietarios y capitanes para conseguir la carena de buques. Como entonces no había en España fábricas de máquinas de vapor, se permitió que entraran libres de todo derecho las necesarias para los barcos construidos en España.
La Junta de autoridades de Cuba suspendio la ejecución de la ley de 1837, y en la R. O. de 22 de mayo de 1842 se resolvio que, tanto en Cuba como en Puerto Rico, se llevase a efecto la citada ley. Lo mismo se dispuso en la R. O. de 21 de noviembre de 1846.
El cónsul de España abanderó interinamente, habilitándola con pasavante para que se restituyese a su antigua matrícula de la Habana., la fragata Comercio, vendida ilegalmente y llegada a Londres con bandera y patente peruanas; el cónsul consideró el buque como usurpado a la marina española. Con este motivo se dictó la R. O. de 3 de agosto de 1847, en la que se aprobó el abanderamiento y se advirtió a los cónsules que no se hallaban autorizados para habilitar con pasavantes a los buques de construcción extranjera, porque por regla general los buques extranjeros sólo pueden abanderarse con el pabellón español después de haberse matriculado en uno de nuestros puertos, si tienen las circunstancias que previenen las leyes y satisfaciendo los derechos que están establecidos. Por R. O. de 7 de enero de 1848 se permitió el abanderamiento de todo buque de hierro de construcción extranjera, siempre que fuera de vapor; si fuese de vela había de obtenerse permiso especial para cada uno.
A consecuencia de haber consultado el capitán general de Marina del departamento de Cadiz si debería entregarse a su rescatador, libre de todo gasto, una balandra inglesa encontrada sin tripulación en las aguas de Ayamonte, se dictó la R. O. de 4 de mayo de 1848, oída la Sección de Marina del Consejo real, resolviendo que en lo sucesivo se tuvieran presentes las siguientes reglas: l.º Si no pudiese averiguarse la procedencia y nacionalidad del buque se lo debe considerar como español; y 2.º Si se conociese la nación a que pertenece, se entregará al juez conservador de extranjería; pero si el juez conservador no pudiese satisfacer los gastos de que debe responder el buque, porque los verdaderos dueños se desentendiesen o hiciesen abandono, deberá venderse en publica subasta; y si el comprador desea matricularlo y abanderarlo, debe accederse a sus deseos, siempre que pague los derechos de introducción y un tercio más si la nave no excede de 400 toneladas.
La ley de 17 do julio de 1849, reformadora de los aranceles de Aduanas, prohibió la entrada de embarcaciones de madera que midieran menos de 400 toneladas.
La ley de 1837 tuvo muchas excepciones: la ley de Aranceles de 1841 y la ya citada de 1849, prohibían solamente la introducción de embarcaciones de madera que midiesen menos de 400 toneladas, contándose en ellas el local de la maquinaria, según la R. O. de 18 de agosto de 1853, que se hizo extensiva a los vapores de hierro por la de 31 de agosto de 1876. Se concedio por gracia especial el abanderamiento de seis vapores de madera de menos de 400 toneladas; se autorizó el abanderamiento de un bergantín inglés, también de menos de 400 toneladas, y se permitió, como ya queda dicho, la matrícula de todo buque de hierro de construcción extranjera, siendo de vapor.
La R. O. de 30 de marzo de 1848 renovó la prohibición de carenar buques españoles en países extranjeros, y advirtió a los cónsules que si se viesen en la necesidad de permitir la reparación de buques españoles fondeados en puertos extranjeros, que interviniesen en todos los gastos y dieran cuenta para exigir al capitán y dueño del buque mancomunadamente, los derechos que habrían devengado a su introducción en España los artículos empleados en la reparación, y además una multa equivalente al duplo de aquellos derechos y al tercio del coste que hubiese tenido la mano de obra. Esta multa sería repartible entre el cónsul y la Marina, correspondiendo dos partes a ésta y una a aquél. Tan restrictiva disposición se dejó sin efecto por R. O. de 2 de julio de 1849, en la que se dispuso que todo buque español que sin necesidad urgente, declarada por el cónsul, recibiese carena en puerto extranjero p hiciese más obras de reparación o recorrido que las puramente indispensables para regresar sin riesgo a un puerto del Reino, se entendiese que renunciaba al beneficio de bandera.
Con el objeto de facilitar la matrícula y abanderamiento de los buques extranjeros se autorizó a los comandantes de las provincias marítimas para acordar el abanderamiento provincial, en los casos en que no se presentara dificultad, dejando la aprobación definitiva a las Autoridades de los departamentos y apostaderos. En la R. O. de 22 de julio de 1865 en que esto se dispuso, se compendiaron las reglas generales que debían guardarse para el abanderamiento de buques. Podían matricularse las embarcaciones extranjeras de más de 400 toneladas; los vapores de casco de hierro, de cualquiera capacidad; los que a consecuencia de naufragio fuesen comprados en publica subasta por españoles; los que teniendo más de 100 toneladas se hubiesen invertido en carenados mil reales por tonelada; los buques aresados al enemigo o que procedieren de trafico ilícito, adquiridos en remate público; y los encontrados en aguas españolas sin gente y sin que fuera posible averiguar su nacionalidad. Para nacionalizar las embarcaciones extranjeras de madera cuya capacidad excediese de 400 toneladas, y los vapores de casco de hieno, había de hacerse constar: la adquisición por españoles, el pago de derechos de arancel y las dimensiones de arqueo con el detalle de las circunstancias del buque, según certificación del encargado al efecto por la Autoridad de Marina. Si el abanderamiento se verificase en Filipinas, el arqueo había de hacerse precisamente por el constructor del arsenal de Cavite, según R. O. del 27 de marzo de 1848.
En las nacionalizaciones de buques náufragos se había de presentar: testimonio del remate; justificación del motivo o suceso que hubiese producido la pérdida, instruida en el juzgado de marina que conociere del naufragio; acta detallada del justiprecio pericial y certificado del pago de los derechos de introducción.
Para nacionalizar los buques capturados al extranjero y los encontrados sin dueño era suficiente: acreditar la compra en publica subasta y el pago de los derechos de introducción.
En todos los casos se necesitaban justificantes de ciudadanía o de naturalización de los adquirentes, los cuales habían de otorgar, con arreglo a las ordenanzas de matrículas, escritura de fianza con obligación de no volver a enajenar la nave a extranjeros en todo, o en parte con el objeto de evitar la simulación de bandera.
La legislación sobre abanderamiento ha sufrido radical reforma por el Decreto de 22 de noviembre de 1868, elevarlo a Ley poco después. Del antiguo sistema restrictivo para el abanderamiento de buques extranjeros y para la carena de naves españolas en puertos de otras naciones, se pasó al de la más amplia libertad. Dice así la parte dispositiva:
Art. 1.º Se permite la introducción en los dominios españoles de buques de todas clases, tanto de madera como de casco de hierro, mediante el abono de los derechos siguientes: Los de madera hasta la cabida de 100 toneladas de un metro cubico, pagarán por tonelada métrica 130 reales. Los de 101 a 300 toneladas 100 reales por cada una. Los de casco de hierro, de cualquier cabida que sean, 50 rs. por tonelada.
Art. 3.º Todo buque español podrá carenarse y recorrerse libremente en cualquier punto extranjero.
Art. 4.º Los dueños de buques españoles podrán libremente venderlos o hipotecarlos a nacionales o extranjeros.
Art. 13. Los materiales de todas clases que se importen del extranjero para la construcción, carena o reparación de buques de hierro o madera, cualquiera que sea la cabida de éstos, los efectos elaborados necesarios para su armamento y los materiales que se introduzcan para la construcción de las máquinas y calderas de vapor marinas; cualquiera que sea el sistema y fuerza de dichos aparatos, pagarán los derechos, que les señale el Arancel de Aduanas; pero les serán devueltos a los constructores y fabricantes, a petición suya, cuando acrediten la introducción e inversión de dichos materiales y efectos en las referidas construcciones o reparaciones de buques, máquinas o calderas.Tales son las disposiciones relativas de abanderamiento de buques que contiene el Decreto Ley de 22 de noviembre de 1868, el cual se hizo extensivo a Filipinas por disposición del Ministro de Ultramar de 23 de diciembre del mismo alío, y a Cuba y Puerto Rico por decreto de 3 de diciembre de 1869.
El 23 de agosto de 1870 se dictó una disposición sobre el despacho o abanderamiento de buques náufragos. Ha venido a constituir esta disposición el art. 237 de las vigentes Ordenanzas de Aduanas (19 de noviembre de 1884). Después de enumerar los requisitos que ha de cumplir el dueño o adquirente de un buque náufrago, si se propone rehabilitarlo para la navegación, dice: Averiguado el valor del buque, se fijarán los derechos que ha de pagar para ser abanderado por medio de la siguiente proporción: el valor del buque rehabilitado es a los derechos de arancel que le corresponden según su tonelaje, como el valor que tenía antes de rehabilitarse es al cuarto término, que expresará los derechos que deban exigirse. Si la diferencia entre este término y los derechos íntegros de arancel no llega al 10 por 100, se cobrarán íntegros los derechos, y si pasa del 75 por 100 se exigirá el 25 por 100de dicha totalidad. Sobre el modo de practicar los arqueos se dictaron algunas disposiciones que se examinarán al tratar de la palabra ARQUEO.
El arancel vigente de Aduanas de 23 de julio de 1882, señala a la importación de embarcaciones los siguientes derechos por cada tonelada que midan: Embarcaciones de madera hasta la cabida de 50 toneles de arqueo, 40 pesetas. Embarcaciones de la misma clase desde 51 a 300 toneles 26 pesetas. Desde 301 toneles de arqueo en adelante, 14 pesetas. Buques de casco de hierro o acero y de construcción mixta, de cualquier cabida, 12\’50 pesetas (Partidas 227 a 230).
El apéndice 32 de las Ordenanzas de Aduanas vigente contiene la instrucción para justificar la inversión de materiales en construir o reparar buques, calderas y máquinas de vapor marinas, y devolver los derechos de Aduanas satisfechos, como dispone el Decreto-Ley de 22 de noviembre de 1868; y para la exacción de los derechos correspondientes a los materiales invertidos en la reparación de buques en el extranjero, y a las toneladas de cabida que hubieren aumentado. El apéndice 33 dicta en la segunda parte las reglas que han de observarse para el abono a los constructores de buques nacionales de la prima de 40 pesetas por cada tonelada de arqueo, que les corresponde con arreglo a la Ley de 25 de julio de 1880.
El Código de Comercio desenvuelve en el título l.o del libro 3.o la doctrina del Decreto-Ley de 22 de noviembre de 1868. (Consultense los artículos 573 a 585.) Por Decreto de 26 de octubre de 1868, se permitió a los cónsules expedir pasavantes para que los buques adquiridos por españoles en el extranjero pudieran enarbolar provisionalmente bandera española en su viaje a la Península con objeto de abanderarse; pero necesitaban la previa autorización del Ministerio de Marina en cada caso. La R. O. de 5 de febrero de 1870, autorizó a los cónsules de España para expedir pasavantes sin permiso del Ministerio de Marina; pero sólo para un puerto de la Península o de Ultramar, dando cuenta en el acto al Ministerio de Estado, y avisando al mismo tiempo a la autoridad de Marina del punto a donde la nave se dirija.
Es interesantísima la cuestión contencioso administrativa que se debatió ante el Consejo Real, sobre indemnización de buque abanderado y apresado; la resolución del Consejo sienta importantes doctrinas acerca de la materia.. Durante la guerra entre Francia y Rusia se refugió en Cadiz la fragata rusa Luisa: el capitán, por temor de caer en manos de los cruceros franceses, la puso en venta y fue adquirida por el Sr. López Bustamante, a pesar de que el cónsul de Francia había comunicado al comercio de aquella plaza la resolución de su Gobierno de no reconocer la validez de las ventas de buques enemigos realizadas después de comenzar las hostilidades.
El comprador solicitó y obtuvo el abanderamiento de la fragata, la cual se inscribió con el nombre de Valentina. Duró el expediente de matrícula mucho tiempo, a consecuencia de las comunicaciones que mediaron entre los gobiernos de España y Francia, sobre la validez de las ventas de naves rusas efectuadas después del comienzo de la guerra; y, por fin, se resolvio abanderar la fragata. Hizo su primera salida de Cadiz en dirección a Santander, y a las pocas millas de aquella ciudad fue apresada por los cruceros franceses y declarada buena presa por los tribunales de la nación vecina.
El propietario pidió que le indemnizara el Tesoro público español, en vista del fallo del tribunal francés: denegada la reclamación por R. O. de 10 de abril de 1856, recurrió el interesado a la vía contenciosa ante el Consejo Real, el que confirmó la R. O. apoyándose en los siguientes considerandos: Que no hay ley, contrato o disposición administrativa que imponga al Gobierno la obligación de indemnizar.
Que no se ha demostrado que la autorización para la matrícula y abanderamiento de la fragata Valentina lleve, ni a un implícitamente, sobreentendida la obligación en el Gobierno de indemnizar al dueño del buque matriculado, de ningún género de perjuicios que le sobrevengan.
Que la obligación del Gobierno de proteger a todo buque abanderado con su pabellón, como a cualquiera otra propiedad española, obrando o reclamando, según permitan las consideraciones que el mismo ha de apreciar en cada caso para obtener reparación de los agravios que puedan inferírsele, ha sido cumplida y continua cumpliéndose con interés y perseverancia.Se dijo en la R. O. que el interesado podía gestionar ante Francia la indemnización y que el gobierno español apoyaría con eficacia las reclamaciones que hiciera.
Según la resolución del Consejo Real de 24 de julio de 1857, el abanderamiento y matrícula de nave que haya pertenecido a nación que se halle en guerra, no impone al gobierno la obligación de indemnizar al propietario, si la otra nación beligerante no reconoce el cambio de nacionalidad del buque y lo apresa. V. Buque, Arqueo y Cónsul.

Aarosund

Estrecho, y población de Dinamarca enfrente de Aarö. En la primavera de 1848 se dio una batalla en este brazo de mar entre los buques dinamarqueses y los cuerpos francos alemanes en la guerra de Prusia y Austria contra Dinamarca por la posesión de los ducados de Slesvig y Holstein.