Abd-el-kader Sidi-el-aladyi-uled-mahdinn

Emir y bey de Mascara, célebre por su prolongada resistencia a la invasión francesa en Argel. (N. en 1807, cerca de Mascara, hijo de un morabito llamado Mahddín, que había adquirido gran influencia y fama de santidad. l\\1. el 26 de m ay. 1883.) En su niñez Abo-el-Kadera compartó a su padre en su peregrinación a la Meéa; en su adolescencia estudio las letras sagradas y profanas de su raza, y al llegar a la edad viril era tenido por hombre muy instruido en la historia y literatura de Arabia, cuyos estudios corono con una nueva peregrinación a la Meca que le valió el título honorífico de el Hadyi (el peregrino). También, sin olvidar el cultivo de su inteligencia, se distinguió en el manejo del caballo, a los franceses, después de la toma de Argel, empezaron a pensar sériamente en llevar sus armas al interior, Abd-el-Kader viyía en el retiro con su esposa y dos hijos, distinguiéndose por la austeridad de sus costumbres y la estricta observancia del Corán. Las medidas de severidad adoptadas por el general francés duque de Rovigo produjeron un levantamiento general en las tribus indígenas, y entonces Abd-el-Kader tomó las armas y se unió a sus compañeros, los cuales le eligieron por jefe, en vista de que su padre, por lo avanzado de su edad, no podía ponerse al frente de ellos. Predicó, pues, la guerra santa, y en 1832 se hallaba a la cabeza de diez mil guerreros que llevó contra Orán. Tres asaltos dio a esta ciudad que fueron rechazados con gran pérdida de los árabes; pero allí Abd-el-Kader adquirió gran reputación por su talento militar y su valor; y, aunque vencido, obtuvo la ventaja de acostumbrar a sus árabes a hacer frente a la artillería. Habiéndose retirado de Orán, se dedicó a poner bajo su dominio a las tribus que hasta entonces le habían reconocido; y tal era el deseo del gobernador francos de Orán de evitar nuevos ataques, que en 26 de febrero de 1834 firmó con Abd-el-Kader un tratado, en el cual el emir reconoció la supremacía de Francia, y en cambio fue reconocido por los franceses como Emir de Mascara y de la provincia de Orán, a excepción de los puertos de la costa ocupados por las fuerzas de Francia. Además le fue cedido el monopolio del comercio con el interior; y, aunque este tratado fue desaprobado en París, sirvio de mucho a Abd-el-Kacler para aumentar su consideración a los ojos de las tribus arabes. Habiendo reorganizado sus tropas, formado un cuerpo de infantería regular, y un pequeño servicio de artilleria, volvió a entrar en campaña y presentó batalla a los franceses en las orillas del Sig. Sus fuerzas eran más numerosas que las del general enemigo; pero la disciplina superior de los franceses compensó su inferioridad numérica, y Abd-el-Kader, después de una resistencia que excitó la admiración de sus contra1ios, se vio obligado a retirarse del campo de batalla. El general francés se retiró también: Abcl-el-Kader, le siguió, y le atacó en un desfiladero en junio de 1835, del cual no pudieron salir los franceses, sino después de grandes esfuerzos y con pérdida de 500 hombres. Esta derrota de los franceses produjo grande excitación en París, y el gobierno envio al general Clausel, el cual marchó con fuerzas considerables sobre Mascara. El Emir hizo que todos los habitantes salieran de la población, y cuando Clausel entró en ella en diciembre de 1835, la encontró desierta; por lo cual, no pudiendo conservarla, la incendio. Abd-el-Kader se retiró primero a Tremecén cerca de la frontera de Marruecos; y Clausel, después de haber derrotado nn cuerpo auxiliar de caballería marroquí, se volvió a Argel, jactándose en sus Boletines de haber destruido el poder del terrible Emir. Pero Abd-el-Kader siguió a distancia los movimientos de los franceses, y en 24 y 25 de abril atacó y derrotó con grandes pérdidas un convoy que aquellos mandaban a Tremecén. El gobierno francés envio entonces a Argel al general Bugeancl con instrucciones para obtener la sumisión del Emir por la fuerza o por medio de un tratado. Bugeaud le hizo algunas proposiciones de paz; pero, habiendo sido rechazadas, emprendio las operaciones con energía, penetrando en el interior del país. Abd-el-Kader le presentó batalla el 6 de julio de 1836; y, aunque al principio logró introducir la confusión en las tropas francesas, éstas se rehicieron prontamente y obligaron a Abd-cl-Kader a retirarse con pérdida de 1 200 hombres entre muertos y heridos. Después de esta batalla, habiéndose sublevado también contra los franceses el Bey de Constantina, Bugeaud, para evitar que se unieran con los sublevados las tropas del Emir, hizo a éste proposiciones de arreglo. Abd-el-Kader aceptó y tuvo una entrevista con el general francés a orillas del Tafna, en la cual se redactó un tratado que se selló y firmó con toda formalidad cl30 de mayo de 1837. En este tratado Abd-el-Kader reconoció la soberanía de Francia y se sometió a pagar un tributo en granos y ganado, y en cambio le fue confirmado el título de Emir y su soberanía recibió un considerable aumento, extendiéndose sobre todos los territorios de Orán, de Titeri y de una parte de Argel, a excepción de las ciudades de la costa. Poco tiempo después Abd-el-Kader envio un agente a Pans con preciosos regalos para Luís Felipe y la reina, a fin de negociar dedico a organizar la administración de sus provincias. Pero la paz no duró sino dos años. Los franceses miraban con recelo la creciente preponderancia de Abd-el-Kader; y, para contrarrestarla, el duque de Orleans, a la cabeza de un poderoso ejército, penetró en el interior, hasta el desfiladero llamado las Puertas de Hierro, Entonces Abd-el-Kader renovó las hostilidades, que duraron todavía un año.
Por fin en 1840 el gobierno francés envio da nuevo al general Bugeaud, el cual hizo a losárabes insurrectos una guerra cruel. Abd-el, Kader no se atrevio ya a desafiar a los franceses en campo abierto, porque habían reunido en el país un ejército de 100 000 hombres, sin contar los auxiliares. En mayo de 1843, el duque de Aumale, a la cabeza de un cuerpo de caballería, sorprendio el campamento del Emir durante la ausencia de su guardia; Abd-el-Kader pudo escaparse, pero perdio su tienda y cuanto en ella tenía. Pronto se vio rodeado de sus tropas, y dio durante aquel verano terribles golpes a los franceses que perdieron gran número de oficiales; pero al fin, en 1844, habiéndoselo cerrado la frontera de Marruecos después de la batalla de Isly, viendo jnutil toda resistencia, envio mensajeros al general Lamoriciere, ofreciendo rendirse con la condición de ser trasladado a Alejandría o a San Juan de Acre. El general francés aceptó esta condición, y el 23 de diciembre de 1847 se rindio Abd-el-Kader.
Sin embargo, el gobierno francés mandó que fuese trasladado a Tolón y fue encerrado en un fuerte de esta ciudad. Después de la revolución de 1848, reclamó que se cumplieran las condiciones bajo las cuales se había rendido; pero no consiguió sino que se aliviase un poco su prisión, siendo trasladado primero a Pan y después a Amboise. Por último, en oct. de 1852, Napalean III le dio libertad con la condición de no volverá Argel. Embarcóse para el Asia Menor y vivio en Brusa hasta 1855, época en que, a consecuencia del temblor de tierra que destruyó aquella ciudad, pasó con permiso del gobierno francés a Constantinopla. En 1855 visito la exposición de París, y al cabo de,Poco tiempo se estableció en Damasco. Allí vivio algunos años; y, cuando la sublevación de los maronitas contra los cristianos, dio a estos últimos una protección eficaz, salvando a muchos. Murió a los 76 años de edad, el 26 mayo 1883, muy venerado de los suyos.

Abastos

s. m. pl. La provisión de los artículos de primera necesidad.

Abastos

Hist. y Leg. Llamábase ABASTOS, en acepción limitada o restringida, la provisión de los articulas de consumo público propios en general para el sustento, cuyo comercio era en los pueblos objeto de estanco y monopolio, y cuyo acopio y venta arrendaban los ayuntamientos.
Estos abastos comprendían: los comestibles; como el pan, las carnes, el pescado, las aves, los huevos, la leche, las legumbres, las verduras, las frutas y los condimentos; las bebidas; como el vino, el aguardiente, los licores, la cerveza, la sidra; los combustibles; como el aceite, las velas, el carbón… También se comprendía el jabón… Y todos se incluían en la denominación común de articulas de comer, beber y arder. V. Abastecedores y Abacería. Aunque la mayor parte de lo legislado en materia de abastecimientos, abastecedores y abastos sólo tiene hoy carácter meramente histórico, conserva grandísimo interés economico cuanto se relaciona con tan importante materia, porque esa especial legislación contiene el desenvolvimiento de las ideas comerciales en nuestro país. El estudio debe clasificarse en tres grandes grupos: Leyes de la Novísima Recopilación; Disposiciones posteriores; Leyes de Indias.
l. LOS ABASTOS EN LA NOVÍSIMA RECOPILACIÓN. Cada cual compre y venda libremente los mantenimientos que necesitare y nadie ponga estancos ni vedamientos, bajo las penas con que castigan las leyes del reino a los que imponen y llevan nuevas contribuciones. (Ley primera, tít. 21, lib. 6. Pragmática de los Reyes Católicos en 1492: Petición séptima de las Cortes de Segovia, 1532. Don Carlos y doña Juana reproducen la pragmática de 1492 en 1532.) Según esta pragmática era libre en España el tráfico interior, sin intervención ninguna por parte de la administración publica, provincial ni municipal; pero a poco se manifestó en España la tendencia de confiar al Estado toda clase de funciones, hasta las que por su naturaleza corresponden a la actividad individual, y esto origino la ley 6.ª, tít. 5, del lib. IV, de 30 enero 1608 (que después completa un auto del Consejo de 31 oct. 1729), como sigue:Tendrá cuidado el Consejo que no haya falta en estos reinos en la provisión del pan y de otros bastimentas, especialmente en esta corte, y lo mismo se procurará por las otras partes. Indudablemente de hecho, aunque no fuera de derecho, se habían ya estancado en muchos municipios los artículos de comer, beber y arder, cuando apareció la ley 8, tít. 16 del lib. 7, de 13oct. de 1749, que los supone:Debe cuidarse que los abastos públicos se hagan a la mayor comodidad y menor precio que sea posible, sin ligas ni monopolios de dentro o fuera de los ayuntamientos. A este fin nombrarán los pueblos todos los años dos de sus individuos para que, con su procurador, síndico general y teniente asesor, intervengan y asistan, en el lugar público acostumbrado, a hacer los remates de los referidos abastos, después de pregonados por treinta días, etc.(Con esta ley de 1749, se relacionan el auto acordado de 5 de mayo de 1766, ley l.ª, tít. 18 del lib. 7.º, y la instrucción del Consejo, fecha 26 jun. 17 66, ley 2.ª.) El monopolio y estanco de los artículos de comer, beber y así como los abusos de los abastecedores darían lugar a frecuentes motines, y de aquí la ley 13, tít. 17 del lib. 7.
Decláranse nulas e invalidas las bajas que se hicieren en los abastos por los ayuntamientos y magistrados de los pueblos, compelidos por fuerza y violencia; y por ineficaces los indultos o perdones que por ellos se concedieran a los perpetradores, auxiliares o motores de dichas asonadas y violencias.
En 16 de jun. de 1767, bajo el reinado de Carlos III, volvió a intentarse la libertad del tráfico, en virtud de la Cédula de 16 de junio de 1767 (Ley 14, tít. 17, lib. 7.): Cesen en todos los pueblos las licencias y posturas y la exacción de derechos y déjese en total libertad la contratación y comercio; haciéndose saber en todos los lugares por medio de bando público para que a todos conste y no continue el abuso. Como se negaran muchos vendedores a satisfacer toda clase de impuestos, apoyándose en la Cédula transcrita, el Consejo manifestó, en Provisión de 5 de octubre de 1767 (Ley 15, tít. 17, lib. 7):
Que se habían declarado libres los géneros comestibles del pago de licencia y posturas para las ventas; pero no de los arbitrios o impuestos que estuviesen cargados sobre ellos con legítimos títulos a favor de los propios y caudales públicos.Surgieron dudas acerca de la Cédula de junio de 1767, y el Consejo declaró, en Provisión de9 de agosto de 1768 (Ley 16, tít. 17, lib. 7):Que las especies que devengan y adeudan millones, como son: carne, tocino, aceite, vino, vinagre, pescado salado, velas y jabón, deben tener precio fijo vendidas por menor; y en ningún modo por mayor, reduciéndose el cuidado de la policía municipal de todos los pueblos a celar que sean arreglados los pesos y medidas y a fijar la; horas de mercado más cómodas para los trajinantes. Quejáronse algunos pueblos de que habían subido los precios de los géneros libres de posturas y lograron que la Cédula de 16 de junio quedase derogada en 11\’ de mayo de 1772. Se sujetaron de nuevo a posturas todos los géneros que lo estaban antes de publicarse la mencionada ley 14, tít. 17, lib. 7.
(Leyes 18, 19 y 20, tít. 17, lib. 7 de la Novísima Recopilación.) 11. Los ABASTOS EN DISPOSICIONES POSTERIORES. Decreto de las Cortes de 8 de junio de 1813.
ART. 8.º Así en las primeras ventas como en las ulteriores, ningún fruto ni producción de la tierra, ni los ganados ni sus esquilmos, ni los productos de la caza y pesca, ni las obras del trabajo y de la industria estarán sujetas a tasa ni postura, sin embargo de cualesquiera leyes generales o municipales. Todo se podrá vender y revender al precio y en la manera que más acomode a sus dueños, con tal que no perjudiquen a la salud publica; y ninguna persona, corporación o establecimiento tendrá privilegio de preferencia en las compras; pero se continuará observando la prohibición de extraer a países extranjeros aquellas cosas que actualmente no se pueden exportar, y las reglas establecidas en cuanto al modo de exportarse las cosas que pueden serlo.Se ve, pues, que las Cortes de Cádiz restablecieron la libertad de tráfico, instituida más de tres siglos antes, en 1492, por la pragmática de los Reyes Católicos; pero bien poco hubo de durar la franquicia; pues al regreso del rey Fernando VII, se volvió (en 16 abr. 1816) a las exclusivas en el arrendamiento de los ramos de abastos. El _ 80 del cap. 8 del Real Decreto de esta fecha decía: Ningun otro sujeto que el abastecedor ha de vender por menor las especies comprendidas en el abasto, ni las podrá introducir ni comprar por mayor para consumo en el pueblo, etc. Pero los inconvenientes se tocaban ya tanto, y las doctrinas promulgadas por las Cortes gaditanas en 1813 habían penetrado de tal modo en la opinión, que en 26 dic. 1818 quedaron reducidos a cinco solamente los artículos estancables:ART. 3.º Los puestos públicos o abacerías de los pueblos se compondrán solamente de cinco artículos, a saber: vino, vinagre, aguardiente, aceite y carne. ART. 4.º Los pueblos serán árbitros de poner o no puestos públicos, e igualmente de reducir a menor número el estanco por menor de las cinco especies expresadas. Los artículos 8 y 9 son notables:La venta por mayor de las especies de vino vinagre, aguardiente, aceite y carne, cuyo estanco por menor se permite en los puestos públicos o abacerías, se ejecutará con absoluta libertad y sin ninguna restricción. Pero el artículo 12 venía a hacer casi imposible el desestanco, pues ligaba a los fondos generales de la nación los productos de los cinco géneros sujetos a postura: ART. 12. El producto del estanco por menor de las cinco especies referidas….. se aplicará…. al pago de la masa de contribución cargada a cada pueblo, sin que pueda distraerse a otros fines, etc. Las Cortes de 1823 no se atrevieron a llevar a la práctica el decreto de las de Cádiz de 1813, antes bien transigieron con el decreto de 1818.
Artículo 15 de la ley de 3 feb. de 1823: Cuidarán los ayuntamientos…. de que los pueblos estén surtidos abundantemente de comestibles de buena calidad. ART. 99. Las reclamaciones y dudas que ocurran sobre los ramos de abastos se dirigirán a las diputaciones provinciales para que las resuelvan sin ulterior recurso, etc. En 20 de enero de 1834 se dictó un Real decreto que volvía a intentar la libertad del tráfico interior en los dos siguientes artículos: ART. L1.0 Se declaran libres en todos los pueblos del reino el tráfico, comercio y venta de los objetos de comer, beber y arder, pagando los traficantes en ellos los derechos reales y municipales a que respectivamente están sujetos. ART. 2.º En consecuencia, ninguno de dichos artículos de abastos, excepto el pan, estará sujeto a postura, tasa o arancel de ninguna especie, etc.
Pero el artículo 5.º de dicho Real decreto de 20 de enero de 1834 anulaba de hecho a los dos primeros citados, porque en él se ordenaba la continuación de los estancos donde sus productos estaban afectos al pago de contribuciones o a cargas municipales, y ya se ha visto que lo estaban en todas partes por virtud de la Real orden de 1818. Además, el pan estaba sujeto a estanco y a gremios (á postura, tasa o arancel). Sólo hubo de hecho libertad cuando en 30 de agosto de 1836 fue restablecido el decreto de las Cortes de Cádiz de 8 junio 1813. Pero, con escandalosa infracción del decreto, continuaron en muchos pueblos arrendados los puestos públicos, con la consiguiente exclusiva de la venta al por menor, en beneficio y provecho de los abastecedores. Había para ello un pretexto formidablemente especioso; y era que en los pueblos pequeños la nueva libertad de tráfico no provocaba la concurrencia, antes por el contrario, no habiendo monopolio, no existían seductores incentivos de lucros y ganancias para los abastecedores; y por consecuencia desaparecía el surtido, hasta el extremo a veces de rayar en desesperante carestía. .
En 1845 el nuevo sistema tributario estableció contribución sobre el consumo del vino, sidra, chacolí, cerveza, aguardiente, licores, aceite, jabón i carne, y el sistema de recaudación concluyo con el antiguo orden de puestos públicos y de venta exclusiva en ellos al por menor de determinados artículos. Hubo sin embargo todavía muchas reclamaciones en favor de los estancos; y por R. O. de 5 de marzo de 1847 se autorizó el restablecimiento de la exclusiva en los pueblos que no pasaran de 3 000 vecinos y no fueran capitales de provincia ni puertos habilitados.
Las RR. OO. de 24 de feb. de 1853, 19 de abril de 1853 y 19 de abril de 1856 prohibieron en absoluto a los ayuntamientos que establezcan restricciones a la libre fabricación y venta del pan.
Por el R. D. e Instrucción del 5 de dic. de 1856se autorizó a los ayuntamientos para que pudieran establecer puestos públicos para la venta al por menor de vino, aguardiente, aceite y carnes en los pueblos de menos de 500 vecinos, y para la venta de carnes en los pueblos de 1000 vecinos abajo. Por la ley de presupuestos de 25 de junio de 1864 e Instrucción de l. o de julio del mismo año se permitió a los pueblos que, para hacer efectivos sus encabezamientos generales, recurrieran a los medios de administración, encabezamientos parciales o gremiales, arriendo a venta libre de todas o de algunas especies, arriendo con exclusiva y repartimientos.
La revolución de septiembre estableció la más completa libertad en la compra y venta de los artículos de comer, beber y arder.
La ley de 31 de julio de 1876 autorizó el establecimiento de la exclusiva en los pueblos de menos de 5 000 habitantes. Y con arreglo a la ley de 16 de junio de 1885 y al reglamento para la ejecución de la misma, los ayuntamientos de Poblaciones que no tengan más de 1000 habitantes dentro de su término municipal podrán establecer puestos públicos para la venta exclusiva al por menor de vinos, aguardientes, aceites y carnes frescas o saladas. Se entiende por ventas al por menor, para los efectos del reglamento, las que no lleguen a 6 kg o litros. Cierto es que se permite a los cosecheros y fabricantes de la misma población vender al por menor los productos de sus cosechas y fábricas, siempre que cada uno lo verifique en un solo local; pero esto no quita a la anterior disposición administrativa el carácter restrictivo de la libertad de tráfico.
Para establecer la exclusiva en la venta al pormenor de los artículos expresados, es necesario que el ayuntamiento lo acuerde asociado con un número de contribuyentes doble que el de concejales. El acuerdo se elevará a la Administración provincial de Hacienda, acompañado de una solicitud en que se expresen los motivos que hubiese para considerar conveniente la concesión. La administración concederá o negará la exclusiva en el término de un mes, y su decisión causará estado sin ulterior recurso. Si la Administración no resuelve dentro de este término, se entenderá concedida la exclusiva. (Arts. 147 al 153 del reglamento para la ejecución de la ley de Consumos de 16 de junio de 1885.) La ley municipal de 2 de oct. de 1877 declara en su art. 72 de la exclusiva competencia de los ayuntamientos el gobierno y dirección de….. A.RTS. 136 y 137. Los ingresos serán impuestos sobre artículos de comer, beber y arder, etc. 4.0 Se autoriza la creación de arbitrios sobre la venta de bebidas espirituosas o fermentadas, etc.
5.0 Los derechos de mataderos se acumularán a los de consumos (cuando los hubiere) y no podrán en junto exceder de 25 por %, etc. Donde no hubiere sobre carnes derechos de consumo, sólo se impondrá por derechos de matanza una cantidad que jamas excederá del 10 por % del valor de la res.De los alcaldes es la presidencia de las subastas para ventas, arriendos y servicios municipales (num. 10 del art. 114).
A. las autoridades locales corresponde lo relativo a la instalación y limpieza de los mercados, a la vigilancia sobre la calidad y estado de los alimentos, a la verificación de pesos y medidas, al reconocimiento de géneros y todo cuanto constituye la policía urbana. Es un deber de las autoridades municipales velar por la salud publica y cuidar del aseo de las Poblaciones, empezando por los mercados. Pero las medidas de policía urbana que adopten no deben cohibir la libertad de tráfico consignada en las leyes vigentes.
El decreto de Cortes de 8 de junio de 1813, después de establecer la más completa libertad de tráfico, declaró en el art. 8.º que todo se podrá vender y revender al precio y en la manera que más acomode a sus daños a la sanidad publica. En el num. 9 del R. D. de 20 de enero de 1834 se dispuso que en los pueblos cuyo numeroso vecindario y demás circunstancias locales lo permitiesen, se señalarán uno o más parajes para mercado o plaza publica de dichos surtidos, distinguiendo los sitios donde concurren los trajineros o vecinos vendedores por mayor de los que vendan a la menuda; todo sin ocasionar otra exacción o gastos que la ligera contribución que se creyese necesario señalar por reglamento de policía urbana para el aseo y comodidad del puesto en el mercado mismo. Muchas otras disposiciones encomendaron a los ayuntamientos la instalación de mercados y el que adoptasen medidas acerca de la salubridad de los alimentos. La R. O. de 13 de enero de1876 dice: Que es de las facultades privativas de los ayuntamientos la instalación de los mercados y la fijación de arbitrios sobre puestos públicos; que tanto por razón de higiene, como por ser uno de los medios de coadyuvar a levantar las cargas del municipio, puedan dichas corporaciones impedir la venta de ciertos artículos alimenticios fuera de los sitios públicos de contratación, aunque revistan sus acuerdos las apariencias de monopolio; que en nada se opone semejante restricción a las leyes y disposiciones que han proclamado la libertad del tráfico, cuando a tal medida presida el interés general de la salubridad publica; que dada la necesidad de los mercados, los ayuntamientos deben usar con gran parsimonia de las facultades para la nueva construcción y reglamentación de los mismos y para la imposición de arbitrios, y que mientras rijan las leyes orgánicas vigentes hay que respetar las atribuciones de las corporaciones municipales tal como las autorizaron las Cortes. En la R. O. de 16 de junio de 1875 se establece que el Ayuntamiento de Reus obró dentro de sus atribuciones al prohibir la venta de carnes fuera del local de las carnicerías, teniendo en cuenta la ley municipal, las disposiciones de carácter general y las de policía urbana.
El reconocimiento de alimentos debe hacerse por los profesores de medicina y de farmacia y por los veterinarios. La R. O. de 23 de febrero de 1885 determina los casos en que el reconocimiento de sustancias alimenticias corresponde a los veterinarios y los en que debe ser practicado por los médicos y farmacéuticos. Dice así: 1.0 El reconocimiento de los animales de sangre caliente, así como de sus embutidos y conservas, en vivo y en muerto, debe seguirse practicando unica y exclusivamente por los veterinarios. 2.0 El reconocimiento e inspección de todas las demás sustancias alimenticias que se expenden en los mercados, inclusos los animales de sangre fría, pueden atribuirse y confiarse a los profesores de Medicina y a los de Farmacia indistintamente. El Código Penal de 1870 castiga con las penas de arresto mayor en su grado máximo a prisión correccional en su grado mínimo y multa de 125á 1250 pesetas, al que con cualquiera mezcla nociva a la salud altere las bebidas o comestibles destinados al consumo público, o venda géneros corrompidos, o fabrique o venda objetos cuyo uso sea necesariamente pe1judicial a la salud. Los géneros alterados y los objetos nocivos serán siempre inutilizados. En el art. 595 se castiga con la pena de cinco a quince días de arresto y multa de 25 a 75 pesetas a los dueños o encargados de fondas, confiterías, panaderías u otros establecimientos análogos que expendan o sirvan bebidas o comestibles adulterados o alterados, perjudiciales a la salud; o no observen en el uso y conservación de las vasijas, medidas y titiles destinados al servicio, las reglas establecidas o las precauciones de costumbre. Las bebidas y comestibles adulterados, perjudiciales a la salud, deberán caer siempre en comiso.
Del texto de los dos arts. citados no se deduce cuándo la venta o fabricación de los objetos adulterados constituye delito y en qué casos debe reputarse falta, lo cual puede ser ocasión de arbitrariedad y de injusticia. Ya que el Código no distingue terminantemente la falta del delito y castiga con penas distintas hechos del todo idénticos, debe calificarse la venta, fabricación o expendición de bebidas o comestibles adulterados por su extensión o por sus efectos: será falta si de la expendición no ha resultado perjuicio a la salud del comprador; y por el contrario, será delito si por efecto del alimento o bebida adulterado se ha seguido daño a la salud del consumidor.
También señala el Código pena a los vendedores que defrauden al comprador con medidas 0 pesos escasos. El art. 592 castiga con las penas de uno a diez días de arresto o multa de 5 a 50 pesetas, a los traficantes o vendedores que tengan medidas o pesos dispuestos con artificio para defraudar, o de cualquier modo infrinjan las reglas establecidas sobre contraste para el gremio a que pertenezcan; a los que defrauden al público en la venta de sustancias, ya sea en cantidad, ya en calidad, por cualquier medio no penado directamente; y a los vendedores a quienesse les aprehendan sustancias alimenticias que no tengan el peso o medida que corresponda.
El art. 593 castiga con las penas de 5 a 15 días de arresto y multa de 25 a 75 pesetas, a los que infrinjan las reglas de policía dirigidas a asegurar el abastecimiento de las Poblaciones, yá los propaladores de falsos rumores para alterar el precio natural de las cosas.
No se considera adulterado el aceite de olivo con la mezcla del de algodón. Examinados los informes emitidos por el Real Consejo de Sanidad, Real Academia de Medicina y Consejo Superior de Agricultura, Industria y Comercio, sobre si debe prohibirse la venta al público de aceite de oliva mezclado con aceite de algodón, y en vista de que la ciencia y la experiencia enseñan de consuno que el uso del aceite del algodonero no causa daño a la salud, se ha dictado la R. O. de 15 de junio de 1880, en la que se resuelve; que se permita la venta del aceite de oliva mezclado con el de algodón, con tal que el vendedor lo anuncie así públicamente.
Ill. Los ABASTOS EN LAS LEYES DE INDIAS. Prevalece el principio de la libertad de tráfico. Ley 6.ª, tit. 18, lib. IV. Se prohibe a los virreyes y justicias de las Indias que pongan o permitan poner tasa a los mercaderes españoles que vendan por mayor o menor vinos, harinas y otros mantenimientos y mercaderías. Pero se concede a los gobernadores y justicias facultad para poner tasa a los regatones (revendedores). Ley 8.ª, tít. 18, lib. IV. Es nuestra voluntad que los mantenimientos, bastimentes y viandas se puedan comerciar y traginar libremente por todas las provincias de las Indias, y que las justicias, consejos y personas particulares no lo impidan, ni se hagan sobre esto ningunas ordenanzas, pena de la nuestra merced y perdimiento de bienes en que condenamos a los transgresores.Mas, sin duda, el sistema establecido en la metrópoli de estancar los artículos de comer, beber y arder, se extendio a las Indias con todos sus abusos, como se deduce de la ley 10, tít. 8, lib. 4:En ninguna ciudad, villa o lugar se admita ni reciba postura para abasto de las carnicerías a clérigos, conventos ni religiosos, sino a personas legas y llanas que puedan ser apremiadas a su cumplimiento; y sea por un año, o el tiempo que pareciese conveniente al que gobernare la provincia. Ya en la ley 27 se decía:Porque en algunas ciudades de nuestras Indias conocen los alcaldes ordinarios… de todas las causas que pertenecen al abasto y provisión de mantenimientos, y ponen los precios, de que se siguen muchos inconvenientes, porque los regidores y sus deudos son dueños de muchas chacras y heredades de los contornos, y, proveyendo a las ciudades de mantenimientos, los ponen a excesivos precios, y crece este perjuicio por el mucho número de esclavos y regatones puestos por mano de persona poderosa, de que se siguen muchos fraudes y engaños, etc., etc.

Aasen Ivan Andres

Botánico, filólogo y poeta noruego. N. en Oersten (Soendmoere ), en 5 de agosto de 1813, de una familia de aldeanos y recibió su educación en casa del párroco de su pueblo. Primero dedicó su atención a la botánica y trató de aplicar nombres latinos a las plantas noruegas desconocidas de los romanos; después, queriendo sustituirlos por voces noruegas, se encontró con la dificultad que le ofrecían los dialectos de las diferentes provincias, y esto le condujo por último al estudio de tales dialectos, con cuyo objeto viajó algunos años por las provincias de Noruega y reunió datos para un Diccionario del lenguaje popular. En 1847 se trasladó a Cristianía para poner en orden sus escritos y publicó una gramática en1848 y el diccionario en 1850. En 1853 publicó un Ensayo sobre los dialectos de Noruega y una Colección de refranes noruegos. Ya en 1850 había sido electo individuo de la Academia de Ciencias de Cristianía. En estas obras demostró la unidad que existía en medio de la variedad de los diversos dialectos, en su relación con las antiguas sagas noruegas y de Islandia y procuró reducir la variedad de sus formas a una forma normal. En 1878 publicó un volumen de nombres noruegos: tradujo al noruego la antigua saga romántica de Fridthiof. Merecen mención especial la Gramática del dialecto de la provincia de Soendmoere (1851); Diccionario de los nombres vulgares de las plantas de Noruega (1866); Memoria sobre el Diccionario y la Gramática de la lengua vulgar de Noruega)) (en las actas de la Sociedad de Ciencias de Drontheim, 4. volumen) ; Ervingen, comedia con cantos (1855, Cristianía), y Symra (canciones, 1863, Cristianía). Su idea era la reconstitución de una lengua nacional noruega, que pudiera ser empleada en la literatura y en la educación y competir con la dinamarquesa. Pero, aunque hizo algunas tentativas y publicó los citados poemas en la nueva lengua noruego-danesa, sus esfuerzos se estrellaron ante el espíritu conservador de las clases oficiales, y también ante la idea de otros escritores más moderados que pretenden introducir poco a poco y no de una vez la reforma. Los poemas de AASEN son generalmente idilios, pinturas de la vida rústica de Noruega y traducciones del inglés, alemán y francés.