Abich Guillermo Hermann

Geólogo y naturalista alemán. Nac. en B0rlin, 1806, y se dedicó especialmente al estudio de la Geología. En 1833 partió para Italia, donde permaneció dos años. Hizo una exploración científica por la Armenia, el N. de la Persia y el Cáucaso, y a su regreso, en 1841, fue nombrado profesor de Mineralogía en Dorpat. Después se trasladó a Rusia, donde se dedicó a varias exploraciones científicas, cuyos resultados publicó en sus obras. En 1853 fue nombrado miembro de la Academia de Ciencias de San Petersburgo. Independientemente de las notas y artículos que publicó en las Memorias y en los, Boletines de la citada Academia. Su última obra, publicada en 1870, trata de la solfatara o azufral que él mismo descubrió en 1861 en las altas mesetas de Armenia.

Abercrombie Enema De

m. Nombre dado al medicamento que se prepara con un gramo de hojas secas de tabaco en infusión con 200 de agua. Se recomienda en el tétanos, ileo, etc.

Abercrombie

Geog. Abra o puerto, ancho y profundo, que comunica con el mar por un canal navegable de 100 m. de largo, en la costa O. de la isla Great Barrier, al N. de la isla del N. del archip. de Nueva Zelanda, Oceanía. Factoría del Bajo Canadá a 60 km N. O. de Montreal. Fábricas de potasa. Río de la Nueva Gales del Sur (Australia), que nace en las montañas Azules y se une con el Narrawa para formar el Lachlán.

Abercrombie (Juan)

Biog. Individuo del colegio de Medicina y Cirugía de Edimburgo. N. en 11 de nov. de 1781; estudió medicina en esta ciudad y tomó el grado de doctor en 1803. Se distinguió sobre todo como médico, y sus escritos contribuyeron a la fama que adquirió como profesor. Además de sus artículos en los diarios y revistas de Medicina, publicó una obra muy estimada con el título de Investigaciones patológicas y prácticas sobre las enfermedad es de las vísceras del abdomen. Después, reuniendo los hechos de su práctica profesional, examinó sus relaciones con la parte moral e intelectual; y el resultado de sus estudios fueron las obras publicadas en 1833. También publicó algunos escritos sobre materias religiosas.

Abenojar

Villa y aynnt. de la prov. y dióc. de Ciudad-Real, a 37 km de la capital, p. j. de .Almodóvar del Campo, situada en una hondonada al fin de la sierra de Caracuel. Esta villa ha sido considerada en la guerra civil de 1833 a 1840 se fortificó débilmente, por lo cual sufrió incalculables pérdidas que le causaron las facciones el día 9 de nov. de 1836, a la aproximación de las tropas carlistas de Cabrera. – 2 650 hab. Iglesia con buenos cuadros de autor desconocido. 2 ese. Prod.: trigo, cebada y centeno. lnd.: minas de galena argentífera y destilación de aguardientes.

Abba Mari Iarhi

Nombre de uno de los rabinos más célebres de cuantos florecieron en Perpiñán, Mompeller y la Provenza a principios del siglo XIV, es a saber, del que tomó parte más importante en la disputa sobre la licencia o prohibición de los libros de filosofía, que agitaba a los rabinos franceses y españoles en aquel tiempo. Su nombre entero era Abba Mari ben Moisés ben Josef; pero ordinariamente se firmaba Abba Mari ben Josef o Abba Mari hay-yarhi, según se designa a sí propio en el prefacio de un libro suyo. En provenzal se le llamaba don Astruc o En Astruc y abreviado por contracción popular Nastruc. Al decir de Fuerst, Steinschneider y Graetz, usó también el nombre de En Duran.
Desde principios del siglo XIII, la traducción de Maimónides, hecha por Jehudah bcn Tibbon deGranada, que vertió las obras principales de Maimónides del arábigo al hebreo, hab1a conmovido profundamente los ánimos de los doctores israelitas de Francia. Entre tanto la teología cristiana se había incorporado desde el siglo xii una parte del peripatismo, corrigiendo sus asperezas, modificándolo y recibiendo sólo en definitiva de toda la filosofía aristotélica, libre de alteración y enmienda, la Lógica, es a saber, aquella parte de su doctrina, que nadie puede razonablemente desechar. Bar Maimón de Córdoba había expuesto y aplicado la doctrina aristotélica en todo su conjunto, con su teodicea mezquina, su teoría del alma llena de vacilaciones, su negación de la Providencia en el sentido vulgar, su racionalismo sin limitaciones y su aparente materialismo. Aparte de las afirmaciones atrevidas y resueltas a que en materia de religión llegaba Averroes, paisano y coetáneo de Maimónides, el Maimonismo es a la filosofía de los judíos lo que el Averroísmo a la de los árabes. Contradicción de gran bulto ofrece ciertamente la personalidad del maestro israelita, adunando sus ocupaciones teológicas en que exponía con sumo celo el Talmud y la Biblia, con las de corifeo de una filosofía que afirmaba la eternidad del mundo, la negación de la accion creadora, de la revelación, de las profecías y de los milagros; y, aunque parece haber germinado ya en su espíritu la distinción entre la verdad filosófica y la teológica (asilo de los averroístas italianos y de muchos filósofos modernos), en rigor tal distinción fue y debía parecer insuficiente, para calmar los espíritus timoratos y las conciencias devotas.
Hacia el año 1230 los rabinos de Mompeller comenzaron a protestar contra las obras de Maimónides. Poco después, reunido Salomón ben Abraham, rabino ilustre de aquella ciudad, con otros rabinos franceses, se acordó por ellos pronunciar excomunión contra el libro del filósofo español intitulado Guía de los perplejos. Alegaban como razón de su conducta la influencia perniciosa de aquel libro, por cuanto alentaba la afición a los estudios filosóficos, pe1judicaba a la autoridad del Talmud, y no parecía favorecer mucho a la de la Biblia, con la interpretación alegórica ideada sobre ciertas especies y relaciones bíblicas, tales como el haberse parado el Sol por orden de Josué, haber hablado la burra de Balaam, etc. Aprobó el dictamen de Salomón R. Meir Abolafia de Toledo; y, si bien es cierto que el acuerdo no tuvo por entonces consecuencias en España, fue secundado maravillosamente por los frailes franciscanos y los domínicos, los cuales, al tiempo en que Salomón entregaba a las llamas en Mompeller muchos ejemplares hebráicos de la expresada obra, hacían quemar públicamente en París (1233) las traducciones latinas.
Salieron a la defensa de Bar Maimón el rabino catalán Moisés ben Najman de Gerona y el francés David Quimhi, sosteniendo el primero, en 1263, ante don Jaime I con el converso francés Pablo Chrestiá, una célebre discusión en defensa de la bondad del Talmud y de las doctrinas maimonistas, certamen, cuyos resultados, adversos para los judíos, suavizaron un tanto la rudeza de los polemistas fanáticos israelitas contra el filósofo español que era su correligionario. Herida, en un mismo dia, la autoridad del Talmud y de Maimónides, prohibidos a la par el texto íntegro (o no expurgado) de aquel y los Sojrim del filósofo cordobés, los rabinos más intransigentes se limitaron a atacar a la escuela, siendo indulgentes con el maestro, según lo significó Abba Mari, que más de una vez se declaró partidario de la doctrina expuesta en la G1tia de los perplejos. Comenzó la guerra por una carta que Abba Mari escribió a Salomón ben Addereth, el rabino más ilustre de Barcelona, quejándose de algunas prácticas idolátricas y del abandono en que llaman los estudios talmudicos, por la preferencia concedida a los estudios filosóficos y a la interpretación alegórica de la Biblia. Aunque Salomón no compartía las ideas de libre interpretación profesadas por su compatriota Moisés ben Najman, antes bien se inclinaba, no poco, a las antipatías de Abba Mari contra el racionalismo, se excusó con todo de entrometerse, como pretendía Abba Mari, en censuras dirigidas a la comunidad de Mompeller, la cual no era la suya, explicando los motivos por qué había tolerado el uso de un talismán con un león grabado en él y algunos caractéres hebreos contra el mal de riñones. Insistió Abba Mari, doliéndose de que varón tan eminente se abstuviera de emplear su autoridad en negocio tan grave y peligroso, en tanto que cundían por todas partes interpretaciones atrevidas, como la que había pretendido convertir a Abraham y a Sara en puro símbolo y emblema de la unión entre la materia y la forma. Sin censurar, en absoluto, la lectura de los autores griegos, los cuales confesaba que contienen cosas dignas de aprenderse y que no pueden extraviar a nadie (como quiera que todos saben que no tenían conocimiento de la religión verdadera), se lamentaba de que los jóvenes pospusiesen la oración y la recitación de los salmos al estudio de Aristóteles y de Platón. Todavía le parecía aun más censurable el que se leyesen, durante los sábados y fiestas religiosas, libros escritos por judíos con interpretaciones falsas a guisa de explicaciones alegóricas, estimando como un deber de conciencia en todos los rabinos el contrarrestar el mal con excomuniones, según se había verificado en el asunto de R. Gersom de Metz, con lo cual encarecía los buenos efectos de que Addereth tomase la iniciativa, para que otros sabios le siguiesen. Rendido Addereth álos ruegos de Abba Mari, le escribió, declarando que los libros de los griegos contienen veneno para los que los lean sin conocimiento prévio del Talmud, y añadiendo que eran verdaderamente contrarias a la ley las interpretaciones alegóricas a que se atrevían algunos, que veían en Abraham y Sara la materia y la forma, en las doce tribus los doce planetas, en Amalee las malas pasiones, en Loth y su mujer el intelecto y la materia. Tales maestros, concluía, nos tienen por personas de pocos alcances y se consideran corno sabios profundos que revelan los misterios de la ley cuando sólo demuestran locura. Por su parte, Abba Mari hizo correr la noticia de que Addereth acompañaba la carta con una nota confidencial en que le advertía que había condenado y quitado de uso, en las comunidades catalanas, el Libro del viejo rey y el intitulado Malmad (Aguijan), atribuido a Samuel Aben Tibbón, ora a Jacobo Antoli.
Al propio tiempo Aben Addereth escribía a don Crescas Vidal de Perpiñán, previniéndole velase por que no se aplicaran a la ley falsas interpretaciones, coadyuvando en igual sentido, para con el expresado don Crescas, por medio de cartas, su hermano don Bonifás Vidal, quien vivía, como Aben Addereth, en Barcelona. Don Crescas, que era un talmudista templado, respondio a Aben Addereth, que el mal no era tan grande como éste se imaginaba, pues Samuel Sulamí y R. Leví, contra quienes parecía dirigirse la prevención, eran varones piadosos; y, en cuanto a un libro de que le hab1a hablado en Todros de Beaucaire, en el cual se explicaba la historia sagrada de una manera alegórica, y se decía que Amrafel y los otros reyes son los cuatro elementos, no existía en manos de nadie. Por el contrario, aseguraba que había asistido do> ó. tres veces a explicaciones de filosofía, y que no había oído pronunciar ni una palabra siquiera contraria a la Ley. Insistió Ben Addereth con Crescas acerca de la mal empleada protección que dispensaba Sulamí a R. Leví de Villafranca, y obligó a éste a escribir a Ben Addereth, significándole que antes de comenzar sus estudios filosóficos se había impuesto oportunamente en la Biblia y en el Talmud. Sin aquietarse, por tanto, Ben Addereth le contestó advirtiéndole la inconveniencia de interpretaciones, como la de Jacob y las doce tribus, por alegorías del sol y de los planetas, y, arrancando la máscara de hipocresía de los que, sin declararse enemigos de la filosofía, sólo aconsejaban que se estudiase después de la ley y en edad madura, concluía Aben Addereth de esta suerte: La lectura de los libros de los griegos sólo conduce a la herejía. i Cómo ha podido ocurrir que un hombre como tu, después de haber estudiado el Talmud con aprovechamiento, emprenda el estudio de la filosofía cual un principiante, imaginando que apoyando la ley en teorias de filósofos! La ley se sostiene sobre sus piés propios; la filosofía es una rival de la ley, y no hay lugar para ambas en el mundo. Al fin, en agosto de 1304, llegó a Mompeller R. Mordecai de Barcelona, llevando para los rabinos de aquella ciudad una carta . Recibida la carta por Abba Mari, la consultó con sus amigos y familiares para oír su parecer sobre si debía publicarse, y, habiendo sido afirmativo, previa adhesion de varios cabezas de la comunidad, resolvio que se leyera en la sinagoga, un sabado de Elul de 5064 (1304). En tanto, la noticia de la carta y la resoluciónde los enemigos de la filosofía llegaron a oídos de los partidarios de la ciencia independiente. Sobresalía entonces entre los individuos de la comunidad israelita de aquella ciudad un sabio ilustre, conocido por los doctos cristianos b jo el nombre de Profiat o Profatius, como quiera que su nombre entre los hebreos era Jacob-benMajir-ben-Tibbón, es a saber, de prosapia calificada en la defensa de opiniones maimonistas. No solamente era versado Profiat en toda la literatura judaica, y en tal concepto en la Biblia y en el Talmud, sino que sus conocimientos en Matemáticas, Astronomía y Medicina le habían dado una reputación europea. Disfrutaba entre sus paisanos franceses tanto crédito y estimación que, con ser conocidamente hebreo, llegó al puesto de Decano en la Facultad de Medicina. Solía considerar tan ilustrado rabino la ignorancia en el judaísmo como unida inseparablemente a sus mayores adversidades, y aspiraba a la rehabilitación de su raza en el concepto de las demás naciones, no menos que por las riquezas, por el influjo de la educación y de la cultura científica.
Probablemente mediaron entre Abba Mari y Profacio algunas conferencias acerca del objeto de la carta de Aben Addereth; mas puede colegirse que no llegarían a un acuerdo decisivo, dado que el viernes, víspera del día señalado para la lectura, Jacob-ben-Majir fue a rogar a Abba Mari que no publicara la carta, porque le haría oposición muy viva. Despidiole Hay-yarhi con grandes recriminaciones, y leyó la censura en la sinagoga, no sin dar lugar a que usase de la palabra Profacio, el cual, cumpliendo la amenaza del día anterior, censuró la carta en términos vehementes. Desde entonces, se dividieron en dos partidos los rabinos de Mompeller, amigos y beral a escribir a los rabinos de Barcelona significándoles su asombro por la prohibición de los estudios filosóficos, los cuales habían sido cultivados, decían, por el rey Salomón, por los talmudistas y por el mismo Maimónides, quien se ejercitó en ellos desde su edad primera, por cuya razón era de creer volviesen sobre su acuerdo. Abba Mari, que tenía amigos entre los deudos de los racionalistas, sabedor del momento en que se escribía la carta; había prevenido sus efectos remitiendo otra de antemano con veintisiete firmas de otras tantas personas distinguidas de la sinagoga, al efecto de testificar que la lectura de la carta había sido oída con aplauso. A demás de esto, al saber después el efecto que había comenzado a ejercer entre los doctos rabinos de Cataluña la carta del insigne Profacio, escribió nuevamente a Barcelona, ya aconsejando rigor, para que la censura epistolar se trocase en un decreto de excomunión en regla contra los que cultivasen la filosofía antes de los treinta años o diesen o recibiesen explicaciones alegóricas (decreto que firmarían a su juicio todos los jefes de las comunidades), ya desfigurando los hechos, pintando como unánimes a todos los rabinos de Mompeller acerca del contenido de la carta, incluso Profacio, quien sólo se había levantado (escribía) a discutir entonces, movido por instigación de su pariente Jehuda-ben-Moisés-Aben-Tibbón, creyendo falsamente que él, Abba Mari, era enemigo del autor del .Malmad y de Samuel Aben Tibbón; lo cual rotundamente negaba. Explicaba, en fin, la razon de que figurasen algunas firmas idénticas en las cartas de uno y otro bando, por el buen acuerdo y armonía entre los miembros de la aljama, excepto Jehuda Aben Tibbón. Por lo que toca a R. Addereth, que en el fondo, como los más de los rabinos españoles, se hallaba muy lejos de compartir las exageraciones de Abba Mari contra el estudio de la filosofía y el empleo de la razón (pareciendo plegarse exteriormente a los deseos de aquel por su posición especial respecto de los teólogos cristianos, que comenzaban a inculparle de racionalismo), al leer la protesta enérgica de los rabinos liberales redactó una respuesta mesurada, cuyo tenor era el siguiente: Advertid que ni yo he comenzado la disputa ni os he tr-atado desdeñosamente. Leed mis cartas y averiguaréis la verdad. Cierto es que uno de los sabios más ilustres de vuestra comunidad me indicó la especie de que, en vuestro país hay demasiada afición al estudio de Platón y de Aristóteles, pero sin citarme lugares ni personas. Al rogarme, con insistencia, que me expresase con vigor contra los que se entregaban a tales estudios, me ha impuesto una tarea enojosa. Por último, debéis tener en cuenta que, al dietar mis declaraciones, no lo he verificado contra la generalidad de la aljama, sino contra dos o tres personas que difunden interpretaciones erróneas. Si no quisieseis seguir mi opinion, nada tendría que objetaras. Posible es que yo mismo me haya engañado. Releed por tanto mis cartas y mostradme los errores en que haya incurrido, pues yo acogeré vuestra opinión benévolamente. Al propio tiempo, tres rabinos de Barcelona, a nombre de toda la comunidad, escribieron a losjefes del partido liberal de Mompeller, declarando que no se habían condenado en modo alguno los estudios filosóficos, sino el que los jóvenes los comenzasen en edad temprana.
Mas, fuese disimulo de Aben Addereth, o fuese deseo de parecer bienquisto con la enteello es que continuó escribiendo a Abba Mari, no sin quejarse de la desobediencia del partido contrario y de sus injusticias, invitándole con todo, a que aceptara el arrepentimiento de cuantos se corrigieran, y excitándole en fin, a que se pusiese de acuerdo con Salomón de Lunel, para templar la disputa.
La respuesta de Salomón demostró una vez más la destemplada exageración o la mala fe deAbba Mari. Quejábase aquel a Addereth de que hubiese prestado oídos a las calumnias de éste, sin observar que la mayoría de la comunidad de Mompeller tenía en mucho y honraba los principios de la familia Tibbonida, que desde los tiempos de su antepasado Jehuda Abben Tibbón de Granada era el ornamento de la comunidad de Mompeller y cultivaba tradicionalmente la Ley a la par con la ciencia. También le echaba en rostro que él, natural de un país célebre por el cultivo de los estudios filosóficos, hubiese escrito a las comunidades del Este de Francia, donde se odiaba hasta el nombre de Filosofía, juzgando severamente la conducta de las aljamas de la Provenza, como si se quisiese resucitar la antigua disputa sobre la Guía de los perplejos. Porque ¡cómo -sería posible entender tan docto libro, escribía el entendido Rabí, sin estar iniciado en la filosofía! Rogábale, por último, que desistiese de su empresa de lanzar excomuniones contra los que se dedicasen a la filosofía, dejando a las aljamas en libertad de cultivar o no su estudio. Contestó Aben Addereth, repitiendo, que hacía tres años se le perseguía para que se mezclara en las contiendas de las aljamas provenzales, en las cuales sólo había tomado alguna parte, a ruego de personas de comunidades distintas, cuyo nombre se abstuvo de publicar. En cuanto a las cartas que se decía haber dirigido a las comunidades del Este, le bastaba representar que no había menester exhortaciones para que dejasen de cultivar los estudios filosóficos; porque el país de Rabi, de R. Jacob Tam y de otras celebridades así como las comunidades de Alemania, se había consagrado unicamente, por lo que toca a las escuelas judías, al cultivo de la Ley y del Talmud. Aun las comunidades de Aragón, de Navarra, de Castilla, inclusa la misma de Toledo, a tenor de lo que le escribía R. Axer ben Jehiel, se hallaban purificadas de filosofismo hasta el punto de que se ocupaban sólo en el estudio de la Ley, abandonados los estudios filosóficos y científicos tan florecientes allí en otros tiempos. Añadía que su fin era reducir las aljamas provenzales a la pureza que se gozaba en España, sin que por tanto fuese cierto que hubiera intentado prohibir la Guía de los perplejos; libro que a su juicio no era de filosofía, y que estimaba .en grado eminente, según se deducía de h actitud conciliadora con que había mediado en la disputa, promovida por su introducción en San Juan de Acre, como de la buena amistad que guardaba con la familia de Maimónides establecida en Egipto. Concluía señalando, que no una persona sola, sino muchas pertenecientes a familias muy distinguidas le habían movido a que dictase sus declaraciones, y que, en rigor, él no se presentaba como juez, en tales asuntos, pues sólo juzga Dios, sino cual hombre informado de lo que se le había referido, toda vez que él no había excitado a la lucha, sino a la concordia. Sólo una vez le había escrito como asimismo a los distinguidos rabinos R. Jacob Abén Tibbón y R. Samuel de Beziers, y esto, a fin de que uniera sus esfuerzos para apartar la aljama de una senda de perdición en el concepto público.
A pesar de esta respuesta, convinieron entre sí Abba Mari y Aben Addereth proseguir silenciosamente la tarea de influir contra el cultivo de los estudios filosóficos, esperando para adoptar una medida más decisiva que viniese a Barcelona el rabino de Toledo R. Axer ben Jehiel, llamado abreviadamente Ras o Ros, maestro alemán, que había sido su maestro.
Sabedor Profacio de aquellos trabajos persistentes, escribió a Aben Addereth en estos términos: Me admiro de que te atrevas a prohibir estudios acerca de los cuales los maestros del Talmud escribieron muchas obras. Si tales estudios son tan peligrosos para la Ley, no comprendo que puedan ser permitidos a los setenta años y no antes de los veinticinco. Por lo que toca a la Mercaba (carro de Dios) de Maimónides, que pretendes ha de ser interpretada según el sentido preciso del texto, es mi opinión que puede ser lícitamente objeto de varias interpretaciones; por entender que sus misterios no serán: revelados a nadie en este mundo. Menester era que te hubieras informado mejor antes de condenar a nadie como reo de falsas interpretaciones, sólo por el testimonio de un sujeto, por docto y respetable que (Samuel Abén Tibbon), a quien has intentado quitar del pedestal, gozó de mucha estima entre todos y en particular era apreciado por el Rey de la Ciencia (Maimónides); yo me acuerdo que, en mi niñez, oía leer sus obras en la sinagoga enemigos de la ciencia. Maimónides mismo honró a Samuel con su correspondencia y no cesaba de alabar sus traducciones. Cierto es que las obras de los griegos contienen herejías; mas esto no ha sido obstáculo, para que por mi parte haya sacado de su lectura alguna ventaja y provecho. A. este fin, suelo trazarme un límite entre la Ley y las ideas griegas; límite que, por punto general, no debe traspasarse, y, si alguna vez lo he traspasado, ha sido siguiendo las huellas y con la autoridad de mis predecesores. A demás de esto, soy de parecer que, existiendo en las obras agádicas muchas extravagancias, de que se burlan los cristianos, si un sabio acometiese el interpretarlas razonablemente, sin tormento de la verdad, merecería aplauso. Después de todo, el público podrá aceptar o rechazar libremente su interpretación, por cuyo motivo yo no me opongo a tales lucubraciones, puesto que por otra parte no las promuevo. Ni entiendo qué te has propuesto en tu respuesta sobre esta disputa al significar que no te quieres meter en nada, en tanto que continuas lanzando condenaciones, si es que no pretendes tener el hilo por los dos cabos. Pero si imaginabas aterrar con tu primera carta a losnes con que contaba; y, habiéndole dirigido una demanda formal, firmada por él y por Caloninos de Narbona, para que no se admitiesen jóvenes a los estudios filosóficos antes de cumplir veinticinco años, Aben Addereth fulmino la excomunión demandada. En la sinagoga de Barcelona fue leída la prohibición de estudiar los libros griegos antes de los veinticinco años, y de interpretar alegóricamente la Biblia, un sábado, a principio del mes de Ab de 5365 (agosto de 1305), día en que correspondía leer en el oficio la sección bíblica Elle addebarim.
El partido liberal, por su parte, cuando tuvo noticia del anatema lanzado por Aben Addereth, respondio a él con excomunión igual, lanzada por la comunidad de Mompeller contra los que estorbasen a sus hijos el dedicarse a tales estudios antes de los veinticinco años. Excitado, con esto, el fanatismo de Abba Mari, escribió y envio mensajeros a Provenza y a Marsella para publicar que la contra prohibición no había obtenido su firma, mientras la censura de Aben Addereth contenía muchas adhesiones.
Dirigióse después a Axer ben Jehiel de Toledo, para oír su opinión sobre el anatema fulminado. Contestóle este rabino que había tenido dos razones muy poderosas para no adherirse a ella; el haber sido muy bien recibido por los provenzales, durante su viaje de Alemania a España, como quiera que aconseja el refrán no se arrojen piedras al pozo del cual se ha bebido.En cuanto a las opiniones especiales de Abba Mari, se hallan expuestas, primero, en diez y ocho capítulos que preceden, a guisa de introducción, a la correspondencia que medio sobre el asunto que la condenación mencionada; compilación debida al mismo Abba Mari, quien la intituló Minhat Quenaoth: y segundo; en quince capítulos, que constituyen el folleto intitulado Sejer Yareh, que es la pieza n.o 50 de la correspondencia, en el cual, para justificar la condenación ya pedidaá R. Aben Addereth, le dirige su profesión de fe. El Minhat Quenaoth, o sea la compilación del proceso hecha por Abba Mari, ha sido impreso en Presburgo (Hungría) en 1833. Existen además manuscritos muy importantes de dicha compilación en poder de Mr. Halberstam, en la biblioteca de Parma, en la colección de Mr. Günzburg de París, en la biblioteca de Turín y en la de Oxford. Puede consultarse tarn bién un extracto crítico muy interesante publicado en el tomo XXVII de la Histoire littéraire de la France, págs. 648-695. También poseemos de Abba Mari una elegía de seis estrofas. Xabtai Bass le ha atribuido un comentario sobre la liturgia aramea para la fiesta de Purim, compuesta en el siglo XI por Abén-Gayat de Lucena; pero las palabras árabes de que abunda el comentario autorizan poco la opinión de que se haya compuesto por un rabino del Mediodía de Francia.

Abbas I El Grande O Chah Abbas Bahadur Jan

Quinto chah de Persia de la dinastía de los Sofíes (Sefewies). (N. 1567. M. 28 en. 1628.) Fue tercero y último hijo de Mohamecl-Joda-Bendeh. Sólo contaba diez y ocho años cuando, en 1586, murió su padre; pero obernaba ya la importante provincia de Jorasan. Mientras su hermano Ismail III subía al trono de Persia por el asesinato de su hermano Hamsa, hijo mayor y sucesor de Jocla-Bendeh, Abbas se proclamó soberano independiente del Hcrat (5 dic. 1587). No tardó Ismail en caer a su vez víctima de una conspiración dirigida por el preceptor de Abbas; y Abbas entonces empuñó el cetro de Persia tinto en sangre de sus dos hermanos mayores (1589). Abbas trasladó entonces su residencia de Kazuin a Ispahán. En aquel tiempo el territorio de su gobierno estaba ocupado por los usbekos, y, no pudiendo tomará Herat la capital, tuvo que contentarse con dejar guarnicion en algunas ciudades de las inmediaciones, hasta que al fin, en 1597, los usbekos fueron derrotados por los persas, y por largo tiempo quedó libre el Jorasán de sus incursiones.
En virtud de un tratado con la Puerta Otomana, reconoció y garantizó a Turquía la posesión de las conquistas hechas a Persia en los reinados anteriores. Conquistó (de 1590 a 1600) el Guilán y muchas otras comarcas, con lo cual obtuvo la sumisión de casi todo el Afganistán otomano. Declaró por último guerra a la Puerta, causa constante de perturbaciones en las provincias occidentales de Persia, y no tardó en verse dueño de todo el territorio de la antigua dominación de los Sofíes, a consecuencia de la famosa victoria de Basara que en 1605 gano a los turcos, a quienes en los años siguientes quitó extensos territorios al occidente del Tígris y del Éufrates. En 1611 impuso a Ahmet I las condiciones de un tratado de paz que garantizaba a Persia la posesión del Schirvan y del Kmdistan, y supo sacar provecho poco después de las contiendas que perturbaron el imperio otomano en los breves reinados de Mustafá I y de Osmán II. La Puerta, que había violado las estipulaciones de la ultima paz y fomentado rebeliones en Georgia, se vio obligada a firmar en 1617 un nuevo tratado con el Chah Abbas, cuya fama por tantos triunfos resonaba ya por toda Europa.
En un acceso de desconfianza, Abbas mandó matar al mayor de sus hijos, Sefy-Mirza, y poco después hizo sacar los ojos a otros dos hijos suyos. Por la misma época convidó en Kaswin a varios khanes de cuya lealtad sospechaba, les hizo servir bebidas envenenadas, y se gozó con el espantoso espectáculo de sus horribles agonías. Estos son sólo algunos rasgos del carácter de este famoso Chah de Persia, denominado el Grande, y cuya magnificencia elogiaban viajeros, embajadores y hasta misioneros, cuyas predicaciones toleraba. Manifestó mucha amistad al Papa, por considerarlo como el mayor enemigo de los turcos. A pesar de su ferocidad, cuéntase que Abbas sintió dolor tan profundo después del asesinato de Ssefy-Mirza, que durante diez días no quiso ver la luz, se impuso la penitencia de sufrir los horrores del hambre durante igual espacio de tiempo, y el resto de su vida vistió siempre de luto. Además hizo que el cortesano matador de Ssefy-Mirza cortase la cabeza a un hijo suyo, y al ver el dolor del pobre cortesano le dijo: Consuélate con la seguridad de no ser más infeliz que lo es tu rey.
Abbas sacó también provecho de las disidencias religiosas de sus subditos, divididos en schyitas (u ortodoxos), y en sunnitas (o herejes).
Abbas sólo tuvo sentimientos afectuosos con un hijo de Ssefy, Abul-Nazr-Saam-Mirza, s quien nombró heredero suyo.
Abbas I hizo a Persia potencia de la mayor importancia. Los enviados del Gran Mogol Akbar, los del Dekcbar y de Golconda se encontraron en la corte de Abbas con los representantes de Rusia, de Inglaterra, de España, de Portugal y de los Estados de Holanda. A todos deslumbraba con esplendorosa magnificencia, y ninguno quizás sorprendio nunca un solo secreto de su artera politica: pues mientras los entretenía con fiestas suntuosas, llevaba a término los planes más contrarios a los intereses que los embajadores debían defender. Los portugueses Ormuz, a la entrada del golfo Persico, desde que en 1507 la ocupó Alburquerque. Era Ormuz centro entonces del comercio de la India. Abbas veía con ojos de envidia tal prosperidad, y, comprendiendo mal el orígen de riqueza tanta, fruto del comercio y de la industria de los portugueses, decidió con riquísimos regalos y magníficas promesas a la compañia inglesa de las Indias a convertirse en instrumento de la destrucción de tan rico emporio comercial, y en 1622 cayó Ormuz en poder de las fuerzas anglo-persas; desdichada conquista y de resultados nulos para Persia, porque Ormuz perdio toda su importancia al salir del poder de Portugal, y los ministros del Chah Abbas hicieron abortar todas las tentativas de los ingleses para reemplazar a los portugueses en el comercio del golfo Pérsico.
Murió Abbas I en su palacio favorito en Ferahabad a los 41 años de su reinado. Según el viajero Herbert, Abbas era pequeño de estatura de ojos animados, pero chicos y sin cejas, nariz gruesa y aguileña, barba en punta y afeitada a la usanza pérsica, bigotes largos, espesos y rizados.
Más dichoso o más hábil que muchos emperadores otomanos a quienes costó la vida el intento do suprimir el cuerpo de los jenízaros, Abbas consiguió desde los principios de su reinado, disolver los Kurchis, milicia pretoriana, tan audaz y turbulenta como la de los jenízaros, y que disponía del trono de Persia so pretexto de ser su garantía y apoyo principal. Ispahán, la nueva capital de Persia, debe al Chah Abbas I sus magníficos monumentos, entre otros el Meidán, plaza publica de pórticos y hermosos edificios y la provincia de Mazenderán le debe su calzada que la ha hecho la comarca más floreciente de Persia. Esta calzada, subsistente aun, partía del mar Caspio y tenía 100 leguas de largo por 17 toesas de ancho. Sus puentes, son de tan sólida arquitectura, que no han necesitado reparaciones todavía. El pueblo persa conserva de Abbas un magnífico concepto, y hasta le atribuye milagros; ¡que los crímenes se olvidan ante los esplendores del éxito!

Abbas Ii

Chah de Persia. (N. en 1631. M. en 1666.) A la edad de 13 años sucedió a su padre Sofí. Niño aun, su padre mandó cegarle con un hierro ardiendo; pero el eunuco encargado de cumplir tal orden, tuvo lástima y desobedeció. El jóven Abbas se fingió ciego hasta el instante en que Sofí, sintiendo aproximarse su fin, se arrepintió de su crueldad: entonces el eunuco le aseguró que poseía un remedio eficaz y milagroso para devolver la vista a los ciegos, y fingio hacer la prueba en el hijo del moribundo monarca. El Chah Abbas II reino 25 años en relativa tranquilidad. Era hombre de costumbres relajad1simas y depravadas. En sus horas de templanza aparecía generoso y hospitalario; pero durante sus orgias se entregaba a los actos más atroces. Siempre fue benévolo con los europeos y con los cristianos en general.
A Dios toca, y no a mí, decía, juzgar la conciencia de los hombres.Abbas II recupero a Candahar y supo conservarse en paz con la Puerta. Casi todos los soberanos de Europa, así como los de la India y Tartaria le enviaron embajadores. Murió de un absceso sifilítico con que le contagió una mujer que en vano le manifestó estar enferma. Fue sepultado en Jom en una magnífica tumba.

Abbas Iii

Biog. Último Chah de Persia de la dinastía de los Sofíes. (N. 1731. M. 1736.) Fue soberano meramente nominal de Persia durante los primeros años de la usurpación de Nadir Shah, que destrono a Chá-Tahmasp en agosto de 1732. El hijo de Tahmasp era entonces un niño de ocho meses. Pensando Nadir que no había llegado todavía la hora de ceñirse la corona de Persia, colocó a este niño en el trono y asumió el título de regente del imperio. Pero, a los cuatro años, la muerte de Abbas III puso final este estado de cosas: según al unos dores, la muerte fue natural; según otros, NadirShah quitó de en medio aquel obstáculo a su usurpación.

Abbas-Ben-Abd-El-Motálib

Biog. Tío y discípulo de Mahoma. (N. en la Meca hacia 566, cuatro años antes que el legislador de los árabes. M. 652.) Fue el penúltimo de muchos hijos que Abd-el-Mottalib tuvo en Notayla, hija de Janab. A la muerte del padre, Abbas, de edad de trece o catorce años, fue elegido para sucederle en el importante cargo de Sicaya, o distribuidor a los peregrinos del agua Santa del pozo de Zemzem. Abbas se convirtió tarde a la religión delprofeta su sobrino; pero nunca fue enemigo suyo, antes bien secretamente le favorecía con su influencia, aun militando ostensiblemente en las filas de los adversarios. Cuando el profeta había ya comenzado sus predicaciones y estaba a punto de recibir juramento de fidelidad de los pocos habitantes de Medina que primero se habían convertido, aparece Abbas, a pesar de ser todavía infiel, arengando a los neófitos en una entrevista nocturna en términos nada hostiles a Mahoma. Seguramente Abbas, que había acumulado grandes riquezas en la Meca, no se atrevía a declararse en favor de su sobrino, por no perder sus bienes e influencia, ni incurrir en la venganza de los Koreischitas enemigos de Mahoma, y, en general, de los habitantes de la Meca que obligaban al profeta a expatriarse. En efecto, Abbas tuvo con Mahoma correspondencia secreta, en la cual le informaba de los proyectos de sus enemigos; y, aunque combatió bajo las banderas de estos en Bedr, probablemente sería porque la astucia o el temor le obligaran a ello. Desde principios de la campaña propalaba entre los habitantes de la Meca profecías que anunciaban la derrota de los de la Meca, y esta conducta, que probablemente tenía por objeto sembrar el desaliento entre los Koreischitas, ocasiono violentísimo altercado entre uno de sus jefes, Abu-Jahi, y Abbas. Así, pues, se comprende que, al ver Mahoma acercarse a sus enemigos al pozo de Bedr, en cuyas inmediaciones fue la refriega, dirigiera a sus muslimes (salvadores) esta exhortación: Me consta que entro los Koreischitas hay muchos que contra toda su voluntad vienen en armas contra nosotros; entre ellos los hijos de Haxem. Por tanto, aquellos de vosotros que conozcan a los hijos de Haschem no los maten: sobre todo que no muera mi tío Abbas. La victoria de los salvadores fue completa: setenta Koreischitas quedaron en el campo de batalla y otros setenta prisioneros. Entre estos se hallaba Abbas, a quien por lo pronto amarraron los vencedores como a los demás con fuertes ligaduras. Mahoma aquella noche no podía dormir; y, preguntándole los suyos la causa de su insomnio, respondio: Oigo dentro de m1 los gemidos que arranca a mi tío Abbas el rigor de sus ligaduras. Hízole desatar y ya entonces se durmió. Días después, Abbas alcanzó su libertad mediante el pago de su rescate; y, como él era el más rico de los prisioneros, tocóle pagar más que ningún otro. Abbas volvió a la Meca, donde, aunque afecto de corazón a la causa de su sobrino, continuó todavía desempeñando sus funciones, hasta el día en que los Koreischitas rompieron el tratado de paz que, después de muchos combates, habían pactado con el profeta. Entonces salió Abbas de la ciudad y se fue con todos los suyos a engrosar el ejército del profeta, quien, a la cabeza de diez mil hombres, marchaba contra la Meca. Distaban ya poco de las murallas, cuando Abbas, para evitar todo derramamiento de sangre, resolvio demostrar a los Koreischitas la inutilidad de la resistencia. Salió, pues, del campamento de los musulmanesó salvadores montado en la mula del profeta, y, habiendo oído la voz de Abu-Sofián, jefe de la tribu de Koreisch, que por su parte andaba ejecutando un reconocimiento, lo llamó, subiólo a las aneas de la mula y lo condujo al campamento del profeta, lo convirtió y obtuvo para él el perdón de su incredulidad. La conversión no parece que debió tener mucho de espontánea, pues pasó así, según Abulfeda. Dijo el profeta: iNo sabes, Abu-Sofian, que no hay más Dios que Dios! -Sí que lo sé, respondio Abu-Sofian. -Pues entonces i cómo has tardado tanto en reconocerme como profeta de Dios – Porque en eso tengo duda. -¡Desgraciado, interrumpió Abbas, el tío de Mahoma: da testimonio de que lo reconoces, o caerá tu cabeza de tus hombros!- Y entonces Abu-Sofian rindio testimonio..La Meca vino luego a poder de Mahoma, quien abolió todos los ritos paganos, pero conservó el cargo de Sicaya o distribuidor de las aguas del pozo de Zemzem, en el cual confirmó a su tío. Desde entonces Abbas, que, además de este privilegio, alcanzó otros que ligaron su bienestar y el de su familia a la causa del Profeta, continuó sirviendo a Mahoma abiertamente, ya con su inteligencia en los consejos, ya con su brazo en los campos de batalla. Así, pues, Mahoma le demostraba todo el respeto que un hijo debe a su padre. Cuando el profeta murió, Abbas presidio los funerales: compuso versos en loor de su sobrino y continuó gozando al lado de sus sucesores de la mayor consideración. El territorio de Hedjaz padeció tal sequía el año 18 do la Hégira, que de sed perecían hombres y ganados.

Abbas-Bajá

Biog. Virrey de Egipto. (N. en 1813 en Yedda, Arabia. M. en 1854.) Hijo de Yusuf-Bey, que murió en 1818 y era el hijo mayor del célebre Mehemet-Alí, sucedió Abbas en nov. de 1848 a Ibrahim Bajá, su tío, reconocido como virrey de Egipto por la Puerta Otomana (V. Ibrahim-baja). Abbas era gobernador del Cairo, pero iba en peregrinación a la Meca cuando sucedió la muerte de su tío que no había reinado más que cuatro meses (desde junio hasta 10 nov. 1848). Desembarcó Abbas el 19 de dic. 1848 en Alejandría y fue reconocido como sucesor de Ibrahim Bajá. En enero de 1849 fue á Constantinopla y ahí recibió solemnemente de manos del Sultán la investidura del virreinato de Egipto. Abbas-Bajá se educó en el Cairo; y, a diferencia de los otros individuos de la familia de Mehemet-Alí educados en las escuelas de Europa, era musulmán de corazón y poco dispuesto, por tanto, a reformas europeas.

Abbas-Mirza

Biog. segundo hijo del Cha o Xa de Persia Feth-Alí, que nació en 1785, fue proclamado heredero del trono en vida do su padre, y aunque no llegó a ocuparlo, pues murió en1833, un año antes que Feth-Alí, ejerció gran influencia en su país y durante mucho tiempo llamó la atención de los pueblos europeos. Su hermano mayor Mohamed-Alí-Mirza no pudo menos de ver con recelo y envidia la preferencia obtenida por Abbas, y bien puede afirmarse que la muerte de Mohamed, ocurrida doce años antes que la de éste, evitó a la Persia los desastres de una guerra civil. La diferencia de caracteres de los dos hermanos acentuaba más su rivalidad: el mayor era hombre de mucho valor personal, de caracter firme y enérgico, arrogante con sus iguales y orgulloso con los inferiores; Abbas, sin carecer de valor, era muy afable, guardaba siempre las formas y hacía gala de sentimientos nobles y caballerescos. Vivían en la época en que Persia empezaba a entrar en el círculo de acción de la diplomacia europea, y en las relaciones con las grandes potencias tomaron los dos hermanos actitud distinta. Mohamed, encargado del gobierno de la provincia de Kermanchah, puede decirse que era el jefe del partido nacional, se negaba resueltamente a que sus soldados aceptaran la táctica y la organización militar de los extranjeros, y se oponía a toda clase de reformas políticas y administrativas. Abbas, por el contrario, mostraba gran afición a las costumbres europeas, aspiraba a que su país pudiera rivalizar con los extranjeros así en las artes de la paz como en las de la guerra, y sobre todo procuraba el engrandecimiento militar de Persia. Ya en su tiempo se vislumbraban con toda claridad los intentos de Rusia; por la paz de Gulistan (1814) Rusia reconoció como heredero del trono de Persia al príncipe elegido por el Cha, y al mismo tiempo estableció una especie de embajada perdió por fin la guerra entre Rusia y Feth-Ali, con gran desgracia para Persia que dos años después, el 27 de feb. de 1828, tuvo que firmar la paz de Turkmandschai. Al año siguiente el populacho de Teherán se amotino contra el personal de la legación rusa, y para dar satisfacción al Tsar, Abbas Mirza, por orden de su padre, marchó a San Petersburgo a ofrecer toda clase de excusas, donde fue acogido con grandes distinciones y señaladas muestras de aprecio. Regresó a Persia, murió en 1833 y fue reconocido como príncipe heredero su hijo Mohamed, que al año siguiente, por muerte de Feth-Alí, ocupó el trono.

Abarca

(la Academia deriva esta voz del bajo latín abarca; otros la derivan del vascongado abárquia, que significa lo mismo que en español): s. f. Calzado rustico, que se hace de pellejo de jabalí, cuero de buey, caballo, etc., sin adobar: cubre la planta, los dedos y algunas veces mayor parte del pié, y e ata con unas cuerdas o correas sobre el empeine y el tobillo. A veces se cubre de bayeta el pié y la pierna para que las correas no lastimen. Este calzado es muy cómodo en tiempo seco, pero no cuando llueve ó nieva, por lo mucho que el cuero se reblandece.

Abarca

Término usado por sinécdoque para designar la gente rustica.

Abarca

prov. de Galicia. El hueco o vacío que entre las costillas y el anca tienen los bueyes a cada lado.

Abarca

Geog. Villa y ayunt. en la prov. y a 27 km de Palencia, p. j. y a 9 km de Frechilla: 17 5 hab. El río Valdeginete baña su término, que prod. granos y vino.

Abarca

Hist. Ilustre familia de Aragón, que desciende de Vidal Abarca, caballero montañés, que, ante la Asamblea reunida en Jaca para elegir rey que sucediera a D. Fortunio, retirado en un monasterio, presentó al hermano de éste, hijo legítimo de García Iñiguen II y de D. Urraca, llamado Sancho Garcés.

Abarca (Iñigo) (Marqués De Castorres)

Biog. Literato aragonés del siglo xvii. Escribió la Palestra Austriaca, impresa en Huesca en 1650.

Abarca (Joaquín)

Biog. Obispo de León. (N. en Huesca en 1781. M. en 1844.) Estudio filosofía y se graduó de abogado en Madrid. Desempeñó el cargo de canonigo doctoral de Tarazona, y tuvo que emigrar a Francia por sus opiniones apostólicas. A su regreso, Fernando VII le encomendó el obispado de León y le confirió la dignidad de consejero de Estado. Figuró mucho en la guerra civil de 1833 a 1840 en la corte del Pretendiente. Arrestado cerca de Burdeos en1836J?Or el gobierno francés, logró evadirse y se unió a don Carlos en las Provincias Vascongadas con recursos considerables en metálico allegados entre el partido tory inglés, y fue uno de sus ministros más fieles y resueltos. Murió pobremente en Lanzo (Piamonte).

Abarca (Mariaófrancisca)

Biog. Pintora y escritora aragonesa que floreció a mediados del siglo XVII. Sobresalió en el parecido de los retratos.

Abarca (Pedro)

Biog. Jesuíta español. (N. en Jaca en 1619. M. en Valencia el l.º de octubre de 1693.) Fue profesor de teología en Salamanca y maestro del gremio de aquella Universidad. Dejó varias obras de teología y una historia de Aragun titulada Los reyes de Aragón,)) y Anales históricos distribuidos.)

Abarca (Lorenzo)

Biog. Señor de Serué, n. en Huesca, que en 1592 era alférez de la compañía de Juan de Mompahón y se halló con él en la derrota de muchos franceses luteranos que habían invadido las montañas de Jaca.

Abarca (Silvestre)

Biog. Militar e ing niero. (N. en Medinaceli en 31 dic. 1707. M. en el mismo pueblo en 3 enero 1784.) En 1765 se encargó de reconstruir \’el Morro de la Habana y procedio a la creación de los Fuertes Cabaña y Atares. En 1775 echó los cimientos del castillo del Príncipe. En el mismo año regresó a España con el grado de mariscal de campo; en 1775 formó parte de la expedición de Argel; en 1779estuvo en el sitio de Gibraltar, l en 1783 fue promovido a teniente general e inspector de ingenieros.

Abarca De Bolea Y Portugal (Jerónimo)

Biog. Historiador aragonés del siglo xvi. Escribió en latín una Historia de los melitos reyes de Aragón, y una Genealogía de las casas ilustres del reino de Aragón, de las cuales Zurita tomó muchos datos para la suya.

Abarca De Bolea Y Castro (Martín)

Biog. Literato del siglo XVI que fue vice-canciller de Carlos V y de Felipe II.

Abarca De Bolea (Pedro Pablo)

Biog. Conde de Aranda, descendiente de una antigua familia de Aragón. (N. en 1719 en Sietamo, cerca de Huesca. M. en Epila en 1798.) Abrazó la profesión militar, y en 17 43 fue gravemente herido en la batalla de Campo-Santo contra los austriacos cerca de Bolonia. Cayó en desgracia de Fernando VI; pero, cuando subió al trono Carlos III en 1759, fue nombrado embajador cerca de Federico Augusto, elector de Sajonia y rey de Polonia, que era suegro del rey de España. En Polonia permaneció algunos años, y a su vuelta a Espalia fue enviado a Portugal para ponerse al frente del ejército español que invadía aquel territorio, donde en 17 62 se apoderó de Almeida y de otras plazas. Hecha la paz poco después, fue nombrado en1765 capitán general de Valencia, y al año siguiente, con motivo de la agitación contra Esquilache, fue llamado a Madrid y nombrado presidente del Consejo de Castilla. Entonces, no solamente consiguió restablecer la tranquilidad de la capital, sino que, haciendo en ella una nueva división de distritos, estableciendo una guarnición permanente, y adoptando otras medidas de prudencia, evitó que se repitieran los desórdenes. Con valor y perseverancia indomables emprendio la reforma de los abusos en todos los ramos de la Administración. Disminuyó el derecho de asilo, limitándolo a dos iglesias en la capital de cada provincia; reformó la Administración municipal estableciendo los procuradores del comun; fundó nuevas casas de educación; llamó colonos alemanes, suízos y franceses, que estableció en las fragosidades de Sierra Morena; reformó el tribunal de la nunciatura, componiéndolo de seis eclesiásticos españoles propuestos por el Rey y confirmados por el Papa, en vez de los jurisconsultos romanos nombrados por el Papa solamente que lo componían antes; dio la ley prohibiendo publicar bulas del Papa sin recibir primero el pase del Consejo de Castilla; prohibió los rosarios y procesiones a horas desusadas; y estableció una censura política para disminuir los rigores de la eclesiástica. Al conde de Aranda se debieron también las medidas adoptadas por Carlos III para la expulsión de los jesuitas. Su política interior y la publicación imprudente de varias comunicaciones confidenciales que había tenido con Voltaire, D\’Alembert y otros literatos franceses, levantaron tal animosidad contra él, que hubo de retirarse de la administración y fue nombrado en 1773 embajador en Francia. Durante la guerra sepamtista de las colonias inglesas de América, se manifestó opuesto a Inglaterra, diciendo al embajador inglés: El Rey mi señor, por motivos personales y políticos está resuelto a que por su parte no se haga la paz mientras España no recobre a Gibraltar por medio de un tratado o de la fuerza de las armas)). Esta exigencia no fue enteramente rechazada por el gobierno inglés; pero, desyués de muchas negociaciones, el ministro francés de Negocios extranjeros llamó a una conferencia al conde de Aranda, y le dijo que acababa de recibir el ultimatum de Inglaterra, en el cual se le ofrecía o el recobro de Gibraltar o el de las Dos Floridas. Aranda estuvo media hora en profunda meditación y al fin dijo: Hay momentos en que un hombre debe sacrificarse por su país; acepto las Dos Floridas en lugar de Gibraltar, aunque es contrario a mis convicciones, y firmaré la paz. Por lo demás, inmediatamente después escribió una Memoria secreta para el Rey, en la cual le decía que sería imposible para España conservar por largo tiempo sus dominios de América, y le proponía el establecimiento de tres monarquías independientes en Méjico, en el Peru y en Tierra Firme, con reyes elegidos entre la familia real española. El conde de Aranda volvió de París en noviembre de 1787; pero continuó en desgracia, no teniendo más que el título honorario de consejero de Estado. En 1792, después del advenimiento de Carlos IV, sucedió al conde de Floridablanca en el cargo de primer ministro; pero fue despedido muy en breve y sustituido por Godoy.
El conde marchó a la Alhambra de Granada en calidad de confinado el14 c\\e marzo de 1794; indultado en 1795 se retiró a Epila, donde pasó los últimos días de su vida, indiferente a los sucesos políticos y ocupado sólo en administrar sus tierras y velar por las escuelas y establecimientos de beneficencia que había fundado. Murió el7 de enero de 1798, a los 78 años de edad. Fue el primer Gran Maestre de la Francmasonería española, y fundó, en 1780, el Grande Oriente nacional de España.

Abarca De Bolea (Bernardo)

Biog. Noble aragonés que fue visitador del Estado de Milán, y acompañó al príncipe D. Felipe en su jornada a Flandes, en el año 1548. Obtuvo después el cargo de regente del Supremo Consejo de Aragón, y sucesivamente los de virrey de Nápoles, presidente del Supremo Consejo de Italia, Vicecanciller de los reinos de la corona de Aragón y gobernador de Portugal.

Abarca De Bolea (Fernando)

Biog. Mayordomo mayor del príncipe D. Carlos de Viana, muy erudito en poesía e historia. Acompañó al príncipe toda la vida, fue después individuo del Consejo de D. Alonso V de Aragón y embajador en la corte de Castilla en 1447.

Abarca De Bolea (Luís)

Biog. segundo marqués de Torres, conde de las Almunias, que n. en Zaragoza en 1617, y en 1636 pasó a Flandes como capitán de corazas y luego jefe de un tercio. Se distinguió mucho en la guerra y escribió algunas poesías.

Abandono

(V. Abandonar) s. m. Acción y efecto de abandonar o abandonarse. Se usa en todas las acepciones del verbo abandonar y abandonarse. Desamparo. Descuido, negligencia. Dejadez, desaliño, desaseo. Sencillez, naturalidad.

Abandono

Legisl. Dejación o desamparo ya de personas, ya de cosas, ora de derechos, ora de obligaciones. El abandono se realiza unas veces explícitamente, ó. virtud de acto voluntario, y se supone otras veces por presunción o ficción legal.
l. ABANDONO DE PERSONAS. Es el acto Voluntario por el cual deja de prestar a una persona protección y auxilio otra que natural o civilmente debe prestárselos.
Nuestra legislación patria, así como las legislaciones extranjeras, han señalado sanción penal para este acto, que repugna a todo sentimiento humanitario. El fundamento, de todas las prescripciones legales a él referentes estriba en estos principios: los padres deben amparar a sus hijos: los hijos deben amparar y sostener a los padres: hay circunstancias en que estos deberes son de más necesario cumplimiento.
Por extensión, la obligación de no abandonar trasciende a otras personas.
Los juristas distinguen: Abandono de recién nacidos, que denominan exposición de parto; Abandono de menores de siete años, que llaman abandono de niños;
Abandono de la mujer por el marido que comete adulterio, que se estudia en Divorcio y Bigamia;
Abandono de hombre de la tripulación;
Y abandono de siervos o de esclavos, considerado como Abandono De Cosas.
Il. ABANDONO DE COSAS. Es la dejación de cosas muebles o inmuebles, bien por acto voluntario, bien por presunción de la ley.
En esta sección (y no en la anterior, referente al abandono de peronas) estudian los jurisconsultos el abandono de los esclavos, considerados como cosas; y, además, incluyen en ella la reparación de los daños producidos por animales sueltos, mirados como cosas abandonadas durante el tiempo en que estuvieron sin custodia. Partida 3. (Ley 49, tít. 28.) Si alguno arrojase de sí sus cosas muebles y las tuviese por desamparadas, adquirirá el dominio de ellas el primer ocupante, excepto el caso en que la cosa fuese siervo enfermo, pues entonces el siervo es declarado libre y no propio de quien se apodera de su persona.
Se exceptuan, naturalmente, las cosas que el dueño abandona y desampara, obligado por fuerza mayor, borrasca, ruina o incendio, casos todos en los cuales el dueño no pierde el dominio sobre ellas.
Partida 5. (Ley 26, tít. 12.) Cuando un propietario se ausenta sin encargar expresamente a nadie el cuidado de sus cosas, o bien cuando, sin ausentarse, deja de cuidarlas por negligencia, el primero que las ocupa no las adquiere como propiedad, pero le es lícito administrarlas como mandatario, con la obligación de dar cuentas al dueño. Partida 7." (Ley 22, tít. 15.) Cuando un animal, manso por naturaleza, causare daño sin culpa de su dueño, sea obligado éste a indemnizar el perjuicio causado o a entregar el animal. Exceptuase el caso en que el animal dañase porque alguien lo espantara o azuzara, pues entonces el causante es el obligado a la reparación, noel dueño del animal.
Ley 23, tít. 15, Partida 7. Quien tuviese bestia, naturalmente brava, como león, lobo o pantera, está obligado a tenerla encerrada y sujeta, de suerte que no pueda causar daño, y, de no guardarla, pagará al perjudicado el duplo del daño. Si la bestia, por descuido o negligencia del amo, hiriese a hombre libre, deberá pagar el dueño curación, intereses y principios. Caso de fallecimiento, el dueño de la bestia debía satisfacer cien maravedises de oro a los herederos del muerto, y otros ciento al fisco.
No falleciendo el lesionado, pero quedando inutil de algún miembro, el juez mandará resarcir los perjuicios en proporción a las circunstancias y cuantía del daño.
Ley 24, tít. 15, Partida 7. Si ganado de cualquier especie dañare o destrozare en heredad ajena por culpa del amo o del pastor, deben éstos satisfacer doblado el daño producido; pero, no habiendo culpa, el dueño sólo satisfará el daño o entregará el animal o ganado que lo haya producido. En ningún caso el dueño de la heredad en que esto ocurra está autorizado para maltratar ni lesionar el ganado ajeno.
No son menos explícitas las disposiciones de la Novísima Recopilación. Para el fisco son todos los bienes del que fallece sin testar y no tiene heredero en línea directa o trasversal (Ley l. \’, tít. 22, lib. 10). También se halla esta disposición en el Libro 3 del Fuero Real, ley 13, tit. 5. Toda cosa mostrenca y desamparada debe entregarse a la justicia del lugar, la cual la conservará durante un año, y, transcurrido sin parecer el dueño, la cosa será para el fisco (Ley 2. tít. 22, lib. 10, de la Novísima Recopilación.) Los ganados que se encuentran sin pastor, no han de ser considerados como mostrencos. Quien los hallare debe tenerlos de manifiesto dos meses y hacerlos pregonar en los mercados; y, si parece el dueño, deben serle entregados mediante pago de las costas de la guarda (Ley 5." tít. 22lib. 10.) Cuando alguno encontrare cosa ajena, debe ponerla a disposición y en poder del alcalde elelln17ar; y éste, a su vez, depositarla en persona idonea que la tenga de manifiesto un aiw y dos meses. Durante ese tiempo se pregonará una vez al mes en día de mercado. Si dentro de los 14 meses parece el dueño, se le entregará la cosa inmediatamente, y será de obligación de éste pagar las cuotas ocasionadas por guarda, depósito y pregones. Caso de que el que halló la cosa no hiciese las diligencias prevenidas, perderá el derecho a poseerla como mostrenca y habrá de restituirla como hurto. (Ley 4A, tít. 22, lib. 10). Con posterioridad a estas disposiciones se han dictado otras concernientes a la misma materia, entre las cuales son dignas de estudio la Real Cédula de 28 de febrero de 1768, relativa al abandono de las tierras que se regian con las aguas del Canal Imperial de Aragon y con el Real de Tauste. Conexionada con esa Real Cédula está la Real órden de 26 de junio de 1833. Lo principal de estas disposiciones (prescindiendo de trámites, requisitos y medidas de precaución) es que se consideran como abandonadas las tierras no cultivadas durante dos años. Pero las disposiciones que mantenían juzgados privativos de los Canales de Aragón, de Tauste y de Castilla, han sido derogadas, y hoy al derecho común están sometidas las tierras regadas por estos canales. (Consultese: R. D. de 22 nov. 1836;Ley de 3 ag. 1866, y R. O. de 30 oct. 1869.)
El propietario que no hace diligencias para recobrar la cosa que le pertenece y que otro posee como suya con justo título y buena fe, se presume que la abandona, y pasado cierto número de años pierde el derecho de reclamarla y el poseedor adquiere el dominio por el transcurso del tiempo. El acreedor que deja pasar cierto tiempo sin exigir el pago de una deuda, se supone que la abandona y pierde el derecho de reclamarla.
El poseedor de una finca gravada con una carga real queda libre de la carga, abandonando la finca en favor de aquel que tiene derecho a la carga. El censatario se libra del pago del censo abandonando al censualista la cosa acensuada.
Sobre abandono de bienes embargados debe consultarse la sentencia de 3 dic. de 1870. T. S. El deudor desgraciado y de buena fe que no se halla en la posibilidad de pagar sus deudas, puede abandonar sus bienes en favor de sus acreedores para librarse de las reclamaciones de éstos; lo que si mejora de fortuna, no le exime de pagar lo que los bienes no llegaron a cubrir. Abandono de bienes hipotecados. La ley hipotecaria autoriza al tercer poseedor de bienes hipotecados para desampararlos si vencido el plazo y reclamado el pago por el acreedor no lolas cosas aseguradas; entendiéndose por tal la que disminuya en tres cuartas partes el valor asegurado. Los demás daños se reputan averías.
No procede el abandono si el buque náufrago, varado o inhabilitado pudiera desencallarse, ponerse a flote y repararse para continuar el viaje al puerto de su destino, a no ser que el coste de la reparación exceda de las tres cuartas partes del valor en que estuviere el buque asegurado. Verificada la rehabilitación del buque, sólo responderán los aseguradores de los gastos ocasionados por la encalladura u otro daño que el buque hubiere recibido.
En los casos de naufragio y apresamiento, el asegurado tendrá la obligación de hacer por sí las diligencias que aconsejen las circunstancias, para salvar o recobrar los efectos perdidos y el asegurador habrá de reintegrarle de los gastos legítimos que para el salvamento hiciese.
Si el buque quedare absolutamente inhabilitado para navegar, el asegurado tendrá obligación de dar de ello aviso al asegurador por telegrafo, si es posible, y si no por el primer correo siguiente al recibo de la noticia. Los interesados en la carga o el capitán, en su ausencia, deberán practicar todas las diligencias posibles para conducir el cargamento al puerto de su destino; en este caso correrán por cuenta del asegurado los riesgos y gastos de descarga, almacenaje, reembarque o transbordo, excedente de flete, y todos los demás, hasta que se alijen los efectos asegurados en el punto designado en la póliza. El asegurador gozará del término de seis meses para conducir las mercancías a su destino, si la inhabilitación hubiera ocurrido en los mares que circundan a Europa desde el Estrecho del Suud hasta el Bósfolo, y un año si hubiera ocurrido en otro punto más lejano. El plazo se comenzará a contar desde el día en que el asegurado hubiere dado aviso del siniestro al asegurador. En el caso de que las diligencias practicadas por los interesados en la carga, capitán y aseguradores, para conducir las mercaderías al puerto de su destino fueren infructuosas y no encontraren buque en que verificar el transporte, podrá el asegurado propietario hacer abandono de las mismas.
Si la interrupción del viaje se verificase por embargo o detención forzada del buque, tendrá el asegurado obligación de comunicarla a los aseguradores tan pronto como llegue a su noticia, y no podrá usar de la acción de abandono hasta que hayan transcurrido los plazos de seis meses y un año, antes citados. Estará obligado el asegurado a prestar a los aseguradores cuantos auxilios esten en su mano para conseguir el alzamiento del embargo.
El flete de las mercaderías que se salven se entenderá comprendido en el abandono del buque, aun cuando se hubiere pagado anticipadamente, considerándose pertenencia de los aseguradores, a reserva de los derechos que competan a los demás acreedores.
Se tendrá por recibida la noticia para la prescripción de los plazos de seis meses y un año mencionados, desde que se haga publica, bien por medio de los periódicos, bien por correr como cierta entre los comerciantes de la residencia del asegurado o bien porque pueda probarse a éste que recibió aviso del siniestro porque la pérdida sobrevino después de haber terminado su responsabilidad.
Al tiempo de hacer el abandono deberá declarar el asegurado todos los seguros contratados sobre los efectos que abandona, así como los préstamos tomados a la gruesa sobre los mismos; hasta que haya hecho esta declaración no empezará a correr el plazo en que deberá serle reintegrado del valor de los efectos. Si cometiere fraude en esta declaración, perderá todos los derechos que J e competan por el seguro, sin dejar de responder por el préstamo que hubiere tomado sobre los efectos asegurados, no obstante su pérdida.
En el caso de apresamiento de buque, y no teniendo tiempo el asegurado de proceder de acuerdo con el asegurador, ni de esperar instrucciones suyas, podrá por sí, o el capitán en su defecto, proceder al rescate de las cosas aseguradas, poniéndolo en conocimiento del asegurador en la primera ocasión. Éste podrá aceptar o rechazar el convenio celebrado por el asegurado o el capitán, comunicando su resolución dentro de las 24 horas siguientes a la notificación del convenio. Si lo aceptase, entregará en el acto la cantidad concertada por el rescate, y quedarán de su cuenta los riesgos ulteriores del viaje, conforme a las condiciones de la póliza. Si no lo aceptase, pagará la cantidad asegurada, perdiendo todo derecho a los efectos rescatados; y si dentro del término prefijado no manifestare su resolución, se entenderá que rechaza el convenio.
Si el asegurado se reintegrara en la posesión de sus efectos, por haberse represado el buque, se reputarán avería todos los gastos y perjuicios causados por la pérdida, siendo de cuenta del asegurador el reintegro; y si por consecuencia de la represa pasaren los efectos asegurados a la posesión de un tercero, el asegurado podrá usar del. derecho de abandono.
Admitido el abandono o declarado admisible en juicio, se trasmite al asegurador la propiedad de las cosas abandonadas, con las mejoras o desperfectos que en ellas sobrevengan desde el momento del abandono; no le exonera del pago la reparación del buque legalmente abandonado. Hecho el abandono, el asegurador deberá pagar el importe del seguro en el plazo fijado en la póliza, y no habiendose expresado término en ella, a los sesenta días de admitido el abandono.
El abandono no será admisible: Si las pérdidas hubieren ocurrido antes de empezar el viaje; si se hiciere de una manera parcial o condicional, sin comprender en él todos los objetos asegurados; si no se pusiere en conocimiento de los aseguradores el propósito de hacerlo, dentro de los cuatro meses siguientes al día en que el asegurado haya recibido la noticia de la pérdida acaecida, y si no se formalizara el abandono dentro de diez, contados de igual manera, en cuanto a los siniestros ocurridos de Europa, en los de Asia y Africa en el Mediterráneo, y en los de América desde los ríos de La Plata a San Lorenzo, y dentro de diez y ocho respecto a los demás; y si no se hiciere por el mismo propietario o persona especialmente autorizada por él, o por el comisionado para contratar el seguro. (Código de verifica el deudor. Si el tercer poseedor no paga carta o telegrama del capitán, del consignata Comercio de 22 de agosto de 1885, arts. 789 o no desampara los bienes afectos al gravamen, es responsable con los suyos propios, además de los hipotecados, de los intereses devengados desde el requerimiento judicial o por notario y de las costas que con su morosidad ocasionare. Desamparados los bienes hipotecados por el tercer poseedor, se consideran en poder del deudor a fin de que pueda dirigirse contra ellos el procedimiento ejecutivo (Ley hipotecaria, arts. 128 y 129).
Abandono de cosas aseguradas. Según el Derecho mercantil, en los seguros marítimos es abandono de las cosas aseguradas la cesión de la propiedad de la cosa hecha por el asegurado al asegurador, en los casos marcados por la ley, exigiéndole la cantidad estipulada en el contrato.
Podrá el asegurado abandonar por cuenta del asegurador las cosas aseguradas: En el caso de naufragio; en el de inhabilitación del buque para navegar por varada, rotura o cualquier otro accidente de mar; en el de apresamiento, embargo o detención por orden del gobierno nacional o extranjero, y en el de pérdida total o de algún corresponsal. Tendrá el asegurado el derecho de hacer abandono después de haber transcurrido un año en los viajes ordinarios y dos en los largos, sin recibir noticia del buque. En tal caso podrá reclamar del asegurador la indemnización, sin estar obligado a justificar la pérdida del buque; pero deberá probar la falta de noticias con certificación del cónsul o autoridad marítima del puerto de donde salió, y otra de los cónsules o autoridades marítimas de los del destino del buque y de su matrícula, que acrediten no haber llegado a ellos durante el plazo fijado.
Se reputan viajes cortos los que se hicieren a la costa de Europa y a las de Asia y África por el Mediterráneo; respecto de América, los que se emprendan a puertos situados más acá de los ríos de La Plata y San Lorenzo, y a las islas intermedias entre las costas de España y los puntos designados.
Abandono de buque. Acto en virtud del cual un armador, naviero o co-propietario de buque desampara la nave, a fin de librarse de la responsabilidad que puede pesar sobre ellos por los actos del capitán. Si la nave estuviese asegurada, este acto se ajustará a las reglas establecidas para el abandono de cosas aseguradas.
El naviero, el dueño y los copropietarios de un buque son responsables civilmente de las indemnizaciones en favor de tercero que ocasionare la conducta dAbandono De Nave o DE BUQUE, al acto del capitán de refugiarse en un bote y desamparar la embarcación, cuando perdiere toda esperanza de poder salvarla. En este caso deberá oír a los oficiales de la tripulación. Abandono de fletamento. V. Fletamento.
Abandono de mina. Puede ser expresa o tácita. Es expresa, cuando el propietario renuncia a la pertenencia o pertenencias que le correspondan, en comunicación dirigida al gobernador civil de la provincia. Es obligación del registrador de una mina rellenar las calicatas y cerrar los pozos que haya abierto, y participar al gobernador su determinación de abandonar la mina, bajo la multa de 250 pesetas. (Ley de Minas de 6 de julio de 1859, reformada por decretos de 4 de marzo y 29 de diciembre de 1868. Artículos 61 y 65 de la Ley y 23 del Decreto de29 diciembre de 1868.) Se supone el abandono, cuando el dueño no satisface el canon, o no cumple las condiciones de la concesión consignadas en el título de propiedad, o no ejecuta las obras de desagüe o fortificación de la mina que los ingenieros propongan y el gobernador apruebe, o no sostiene labores lo menos 183 dias al año o no hace la labor mínima que se le señale cada año. (Artículos 65 a 70 de la Ley de Minas reformada.) A las mismas reglas se ajusta el abandono de escoriales y de terreras o depósitos de minerales no fundidos, y el abandono de las oficinas de beneficio. V. Caducidad De Mina.
Abandono de mercancías. Con arreglo al artículo 687 del Código de Comercio de 22 de agosto de 1885, los fletadores y cargadores no podrán hacer, para el pago del flete y demás gastos, abandono de las mercaderías averiadas por vicio propio o caso fortuito. Procederá, sin embargo, el abandono si el cargamento consistiese en líquidos y se hubieren derramado, no quedando en los envases sino una cuarta parte de su contenido.
Para los efectos de la Renta de Aduanas el abandono de mercancías es la renuncia de su propiedad hecha por el consignatario. El abandono es expreso cuando el interesado hace la renuncia en escrito dirigido al Administrador de la Aduana: es de hecho cuando consta o se deduce de actos del interesado que no dejen lugar a duelo. Se consideran abandonadas de hecho las mercancías cuando presentado el manifiesto por el capitán y designado en él el consignatario, no se le encuentre o haya fallecido sin dejar quien le sustituya, o renuncie el designado y no quieran admitir la consignación el Cónsul de la nación del cargador o el Presidente de la Junta de Comercio en el caso de ser español; cuando pasen los plazos concedidos para el almacenaje en la Aduana o para el depósito, y dados los avisos oportunos al consignatario no se presente; cuando habiéndose presentado el consignatario a hacer el despacho, verificado éste y liquidados los derechos, no acuda a satisfacerlos después de tres comunicaciones; cuando los viajeros conduzcan mercancías ocultas y no se sometan a la penalidad que se les hubiese impuesto; cuando verificado el pago de derechos no saca el interesado los géneros del almacen de la Aduana al tercer aviso, transcurrido un mes del uno al otro; y en cualquier otro caso no previsto en que la voluntad del dueño pueda inferirse tan claramente como en los cinco citados. Si el interesado acude dentro de los plazos expresados, no puede hacerse la declaración de abandono; pero pagará los derechos de las mercancías, el de los recargos en que pudiera haber incurrido, el de los gastos de almacenaje y otros cualesquiera ocasionados.
La manifestación explícita de abandono puede hacerse en cualquier tiempo desde el momento de presentarse la declaración hasta inmediatamente antes de verificar el pago de derechos. El abandono del género exime al interesado del pago de los derechos, pero no de las multas y recargos en que haya incurrido.
Pueden abandonarse todas las mercancías, excepto las estancadas y aquellas cuya importación está prohibida, respecto de las cuales debe proceder la Administración en la forma prescrita en las Ordenanzas y en las disposiciones especiales que tratan de contrabando y de la defraudación. Las mercancías no se consideran abandonadas sino después de la declaración de Administrador, prévio el oportuno expediente. Declarada definitivamente la procedencia del abandono, el Administrador se incautará de las mercancías a nombre de la Hacienda y procederá a su venta. Del producto de la venta se deducirá relativamente el importe de los derechos, de las multas y de.\\i:.\\:los gustos de almacenaje o depósito, y después cualesquiera otros a que pudieran estar afectas las mercancías. Se dará a las cantidades restantes el destino que previenen las Ordenanzas, y si no lo tuviesen especial ingresarán en el Tesoro como productos de mercancías abandonadas. Cuando se hayan declarado abandonadas las mercancías por no haberse encontrado al consignatario o por haber éste fallecido o por haber transcurrido los plazos concedidos para el almacenaje o depósito, se conservará el sobrante en la caja de Depósitos, a disposición del interesado durante dos años; pasando este período ingresará esta cantidad en el Tesoro Público. (Ordenanzas de Aduanas de 19 de nov. de 1884, arts. 221, 222, 223, 224 y 225 y Apéndice n.o 6.) El Reglamento para la cobranza del Impuesto de Consumos de 16 de junio de 1885, en el artículo l.º, dispone que las especies que permanezcan abandonadas en los depósitos más de un año se tasarán y venderán en publica subasta. Del valor obtenido se deducirán los derechos y recargos, los gastos de almacenaje y los que se cansen en las subastas; el remanente se consignará en las Cajas del Tesoro hasta que sus dueños o herederos se presenten a reclamarlo. Transcurridos cinco años sin que nadie reclame la entrega, se dará ingreso en Tesorería a la cantidad depositada (arts. 109 y l.°.)
III. ABANDONO DE DERECHOS. El menor no puede abandonar sus derechos: al mayor de edad (sui juris) es lícito abandonar sus derechos en lo civil; pero, estando interesada la sociedad en la averiguación y pena de los crimenes, no es permitido al acusador el abandono de la acción intentada, cuando el delito no es de los que sólo se persignen a instancia de parte, ni al acusado el derecho de defensa. (A esto se refieren las leyes 8, ll y 12, tít. 7, Part. 3, y 17 y 18, tít. 1, Part. 7. Consultense: ley 9, tít. 22, Part. 3; ley 6, tít. 4, lib. II, Nov. Recop.) Los funcionarios del Ministerio fiscal ejercitan todas las acciones penales que estimen procedentes, haya o no acusador privado, o en el caso de que el que las ejercita las abandone; se exceptúan los delitos que sólo pueden perseguirse a instancia de parte interesada.
Abandono de la instancia. Se conceptúan abandonadas las instancias en toda clase de juicios y caducan de derecho, aun respecto de los menores o incapacitados, si no se insta su curso: dentro de cuatro años, cuando el pleito se hallare en primera instancia; de dos, si estuviere en segunda instancia; de dos, si estuviere pendiente de recurso de casación. Los términos se cuentan siempre desde la ultima notificación que se hubiere hecho a las partes. (Ley de Enjuiciamiento civil de 21 de jun. de 1880, art. 411.) V. Caducidad De La Instancia.
Abandono de apelación o recurso. Es la renuncia expresa o tácita hecha por el litigante del derecho que las leyes de procedimiento le declaran para sostener los recursos legales intentados contra las resoluciones judiciales. El desistimiento es expreso cuando se hace por escrito. Para tener por desistido al recurrente es necesario que su procurador presente poder especial o que el mismo interesado se ratifique en el escrito. Tanto en el procedimiento civil como en el criminal puede hacerse el desistimiento en cualquiera estado del recurso, pero se le condena al que lo haya intentado en las costas ocasionadas con la interposición. Si el asunto es criminal y las partes estuvieren citadas ante el Tribunal supremo para la decisión del recurso, pierde el particular que desista la mitad del depósito, si lo hubiese constituido; si es civil y el desistimiento del recurso por infracción de ley o de doctrina legal se hace antes de ser admitido por la Sala, se devuelve todo el depósito; sólo la mitad cuando se haga después de admitido y antes del señalamiento para la vista. En los recursos por quebrantamiento de forma se devuelve la mitad del depósito, cualquiera que sea el tiempo en que tenga efecto la reparación antes del señalamiento de día para la vista: señalado éste no se verifica la devolución. (Arts. 410 y 1791 de la ley de Enjuiciamiento civil de 3 de feb. de 1881, y 907 de la ley de Enjuiciamiento criminal de 14 de setiembre de 1882.)
El desistimiento es tácito cuando se dejan transcurrir los términos señalados para preparar, interponer o mejorar cualquier recurso sin haberlos utilizado, o cuando el apelante no se persona en forma ante el Tribunal Supremo dentro del término del emplazamiento: en el primer caso se da por consentida y pasada en autoridad de cosa juzgada la resolución judicial a que el recurso se refiere, sin necesidad de declaración expresa; y en el segundo se declara desierta la apelación, sin necesidad de que se acuse la rebeldía, y de derecho queda firme la sentencia o auto apelado, sin ulterior recurso. (Arts. 408 y 840 de la ley de Enjuiciamiento civil, y 228, 866,878 y 926 de la ley de Enjuiciamiento criminal.)
Abandono de querella. Es el desistimiento de la acción criminal comenzada a ejercer contra alguno en juicio. Si la querella fuese por delito que no pueda ser perseguido sino a instancia de parte, se entenderá abandonada por el que la hubiere interpuesto cuando dejare de instar el procedimiento dentro de los diez días siguientes a la notificación del auto en que el juez o el tribunal así lo hubiese acordado. También se tendrá por abandonada la querella cuando por muerte o por haberse incapacitado el querellante para continuar la acción, no compareciere ninguno de sus herederos o representantes legales a sostenerla dentro de los treinta días siguientes a la citación que al efecto se les haga dándoles conocimiento de la querella. (Artículos 275 y 276 de la Ley de Enjuiciamiento criminal de 14 de set. de 1882.)
Abandono de pleito contencioso o administrativo. Se tiene por abandonado el litigio cuyo curso se detenga un año por culpa de las partes. (Consultense: R. D. de 20 jun. 1858; Sent. del Consejo de Estado de 29 jun. 1862.)