Abendroth Amando Augusto

Magistrado alemán. (N. en Hamburgo el 16 octubre 1767. M. el 17 dic. 1842.) Estudió derecho, recibió el grado de doctor y después de haber viajado por Inglaterra, volvio a su ciudad natal donde en 1800 fue nombrado senador. En ABEN 1810 era alcalde de Hamburgo, cuando fue ocupada esta ciudad por los franceses, y mostró gran decisión en tan difíciles circunstancias. En 1814 proyectó importantes reformas para la ciudad. En 1825 fue jefe de la policía, y en 1831 otra vez burgomaestre, en cuyos destinos adquirió gran popularidad.

Abel

Nombre que en caldeo significa aliento, lo transitorio, lo vano, y que da la Escritura al hijo segundo de Adam y Eva, que fue asesinado por su hermano Caín. La muerte de Abel ha sido poetizada por escritores rabinos, árabes y cristianos, y hoy se señala el sitio donde se dice que fue muerto y sepultado, a 88 km de Damasco.

Abel

Biog. Rey de Dinamarca, hijo póstumo de Waldemaro el Victorioso, el cual al morir dividió el reino entre sus cuatro hijos, dando lugar a largas y empeñadas discordias, que terminaron momentáneamente con un arreglo. Erico, el primogénito, al regresar victorioso de la Estonia y el Holstein, se hospedó en el palacio de su hermano Abel, y éste le entregó traidoramente a uno de sus enemigos llamado Gudmundson, el cual, después de embarcarle, cargado de grillos, le decapitó, arrojando su cadáver en el Slie, en el año 1250. Abel, después de jurar con toda solemnidad que era inocente, fue proclamado rey de Dinamarca y ungido en Roskild por el arzobispo de Lund. Para captarse la benevolencia del pueblo, restableció las corporaciones municipales; pero al penetrar en tierra de los Fusones, que se negaban a pagar un impuesto, fue asesinado por un campesino. La leyenda que ha poetizado la desgraciada muerte de Erico, representa al fratricida Abel, caballero en un corcel negro vagando por la atmósfera, seguido por una jauría de perros.

Abel (Carlos)

Biog, Escritor y arqueólogo francés, contemporáneo. N. en Thionville 1824, se recibió de abogado en Metz, fue presidente de la Academia de aquella ciudad, y después de su anexión a Alemania, fue elegido diputado AB\’EL (1870). Ha publicado muchas obras sobre historia y arqueología.

Abel (Carlos)

Biog. Filólogo alemán, contemporáneo. N. en Berlín en 1839 y estudió en aquella Universidad y en la de Tubinga. A partir de 1854 ha escrito varias obras sobre la lengua copta y otros idiomas antiguos y modernos.

Abel (Carlos De)

Biog. Hombre de Estado bávaro. (N. en Wetzlar en 17 de set. de 17 88. M. en Munich a 3 de set. de 1859.) En 1827 estuvo empleado en el Consejo del Ministerio del Interior y en 1832 fue enviado a Grecia como individuo suplente del Consejo de Gobiemo. Allí prestó en la administración im portantes servicios; pero a consecuencia de las disensiones que se suscitaron en el seno del Consejo, volvió en 1834 a Baviera y entró de nuevo en el Consejo del Interior, cuyo ministerio dirigió primero interinamente, y luego en propiedad en 1837. En 1840, se encargó del ministerio de Hacienda y entonces abandonó sus primeras tendencias liberales y se inclinó decididamente al partido ultramontano. Sus palabras poco comedidas en la segunda Cámara respecto de su antecesor el príncipe de Oettingen-Wallenstein le atrajeron un desafío con este príncipe, duelo que no tuvo consecuencias personales para ninguno de los dos, pero que dañó a su reputación. El 17 de feb. de 1847, no habiendo querido firmar el decreto de naturalización de la bailarina Lola Montes, dejó el Ministerio con sus colegas y fue nombrado Ministro de Baviera en Turín, donde permaneció hasta 1848. Después se retiró completamente de la vida pública. – ABEL (CÁRLOSFEDERICO):Biog. Músico alemán. (N. en Coethen en 1725. M. en Lóndres en 1787.) fue una celebridad en la viola, en cuyo instrumento nadie llegó a igualarle. Al morir era director de la capilla real de Inglaterra.

Abel (Clarke)

Biog. Cirujano y naturalista inglés. (N. en 1780. M. en Calcuta en 1826.) Acompañó a lord Amherst, embajador de Inglaterra en China, y al reseñar su viaje, dio a conocer la flora y la fauna de aquel país, lo propio que las de Batavia, Santa Elena, Ascensión, Java y Borneo. El botánico Brown ha dado el nombre de Abelia a un género de plantas de la familia de las caprifoliáceas, originario de China.

Abel (Gaspar)

Biog. Predicador alemán. (N. en Hindenburgo 1676. M. en Nestdorf 1763.) Escribió disertaciones teológicas y notables obras sobre antigüedades. También tradujo en verso alemán un poema de Ovidio y las sátiras de Boileau.

Abel (Jacobo Federico De)

Biog. Filósofo y escritor alemán. N. en 1751 en Vaihingen del Ems, Wurtemberg. A la edad de 21 años fue nombrado profesor de Filosofía de la Academia llamada de Cárlos. En 1790 pasó con el mismo cargo de profesor a la Universidad de Tubinga y en 1793 dirigió los gimnasios y escuelas de Wurtemberg como profesor de Pedagogía. Escribió en el sentido del eclecticismo anterior al de Kant las obras tituladas: Exposición detallada de las pruebas de la existencia de Dios, en 1817; Investigaciones filosóficas sobre los últimos fundamentos de la creencia en Dios, en 1820; y Exposición detallada de los fundamentos de nuestra creencia en la inmortalidad, en 1826. Murió el 7 de jul. de 1829.

Abel (Juan José)

Biog. Pintor alemán de historia. (N. en Aschach (Austria) en 1768; murió en Viena en 1818.) En 180:l pasó a Roma, donde estuvo seis años y ejecutó varias obras notables, entre ellas la Antígona. De regreso a Viena pintó muchos cuadros históricos, principalmente de personajes r-omo Sócrates, y héroes de la antigüedad como Orestes, Prometeo, etc. Es famoso su gran cuadro de San Egidio, que tiene quince figuras de tamaño natural.

Abel (Nicolás (Niel) Enrique)

Biog. Célebre matemático noruego. (N. en Findoe 5 de ag. de 1802. M. de consunción el 6 de abr. 1829 en Froland junto a Arendal.) A la edad de 13 años fue enviado a la escuela catedral de Cristiania, donde no dió muestras de gran disposición para los estudios eclesiásticos; pero en 1818 un profesor de matemáticas, que después fue editor de las obras de Abel, descubrió su talento para las ciencias exactas, y le ayudó en sus estudios. En jul. de 1821 pasó a la Universidad de Cristianía; y habiendo muerto su padre dejándole sin medios ABEL para continuar estudiando, se mantuvo primero con los donativos de los profesores y después con una pensión del gobierno. Su primer ensayo en matemáticas fue una tentativa para resolver la antigua cuestión de las ecuaciones de quinto grado, y no habiendo podido llegar a solución ninguna, determinó trabajar hasta encontrarla o hasta ver demostrada la imposibilidad de toda solución. Estos estudios produjeron el célebre escrito de Abel en que se trata de probar la imposibilidad de representar bajo una fórmula las cinco raíces de. una ecuación de quinto grado, escrito que contiene consideraciones bastante oscuras y que no puede decirse que haya sido generalmente admitido ni muy leído. Sin embargo, los matemáticos ingleses han llegado a la misma conclusión que Abel, aunque partiendo de diferente punto. En jul. de 1825 consiguió Abel un aumento de la pensión que le pagaba el gobierno, y marchó a Berlín donde trabó amistad con Crelle, escribiendo como uno de los principales redactores en el Diario de ciencias matemáticas, que comenzó a publicarse en 1826. Después continuó sus viajes por Alemania, Italia y Suiza, y en jul. de 1826 estuvo en Paris, donde trabó conocimiento con los más célebres matemáticos de la época. Volvió a su patria en enero de 1827 y continuó sus estudios (que no había interrumpido durante su viaje) con una actividad tal, que le llevó muy joven al sepulcro. El gobierno sueco publicó las obras de Abel en 1839 en dos tomos en cuarto y en lengua francesa. El primer tomo todo lo publicado en el periódico de Crelle y en otras publicaciones alemanas, traducido al francés. El segundo comprende lo que dejó manuscrito, concluido o por concluir, todo lo cual lleva impreso el sello de su grande originalidad. El objetivo que llamó la atención de Abel fue la teoría de las funciones elípticas. Legendre, que había dedicado una gran parte de su vida a estudiar el desarrollo de estas funciones y a formar tablas para su uso, al acabar su tarea leyó la obra de Abel y se encontró que le había adelantado mucho el joven noruego, de quien hasta entonces no había oído hablar. Legendre reconoció con franqueza laudable esta circunstancia y añadió a su libro los nuevos descubrimientos de Abel.

Abel De Pujol (Alejandro Dionisto)

Biog. Pintor francés. (N. en 1785. M . en 1861.) fue discípulo de David, y ganó el primer premio Abel de Pujol en el concurso de 18u. Entre sus muchos cuadros, el más estimado es: San Esteban predicando el Evangelio.

Abel (La Grande)

Geog. ant. Roca del país de los Betoamitas, en donde fue colocada el arca de la alianza.

Abadejo

(del escocés bodach): s. m. Pez correspondiente al orden de los malacopterigios, familia de los gádidos.

Abadejo

Zool. Distínguense los individuos de esta familia por tener tres aletas dorsales y dos abdominales; la caudal está bien separada de las segundas aletas dorsal y anal, y por un barbillón en el extremo de la mandíbula inferior. El abadejo o bacalao común es un pez de un metro o metro y medio de longitud y de un peso que llega hasta cuarenta kilogramos; su color es gris salpicado de pequeñas manchas amarillentas, con una raya blanca en cada costado; el vientre es claro y sin manchas. El número de los radios es en la primera aleta dorsal de diez a quince; en la segunda de dieciséis a veintidós; en la tercera de dieciocho a veintiuno; en cada pectoral veinte; seis en la abdominal; en la primera anal de veinte a veintitrés; en la segunda de dieciséis a diecinueve, y veintiséis en la caudal.
El bacalao habita todas las partes del Atlántico desde los 40° latitud norte hasta los 70° en el mar Glacial. Deben considerarse como morada propia del bacalao las mayores profundidades de los mares arriba citados, pues sus inmigraciones en las bahías de menor fondo o su reunión en los bajíos como son los bancos de Terranova y de Rockall, no obedecen a otra causa sino a su reproducción, y aun entonces se aleja de los sitios de poco fondo y prefiere profundidades de veinticinco a cuarenta o cincuenta brazas para deshacerse de su freza. Difícilmente le gana pez alguno en fecundidad: Loewenhoek dice haber encontrado en una hembra cerca de nueve millones de huevos, y Bradley evalua su mínimo en cuatro millones. El tiempo del desove cae, en la parte oriental del Atlántico y del mar Glacial, en el mes de febrero, y desde principios de enero se acercan allí los bacalaos a las costas; en la parte occidental desovan más tarde, en mayo y junio, probablemente por la razón de no llevar allí la corriente del golfo (Gulfstream) el calor vivificador de sus aguas. A los seis meses han alcanzado los pequeñuelos una longitud de 0 m. 20, y al tercer año se hallan en estado de reproducirse.
En la época del desove se presentan estos peces en masas incalculables, formando rnontañas, como dicen los noruegos. Nadan tan compactos, unos encima de otros, que las bandadas se presentan en la costa o en los bancos ocupando una anchura de una legua varios metros. Ahi vagan algunos días, otros los reemplazan y poco a poco vuelven a desaparecer. Dos animales motivan en la costa norte-americana la aparición de estas bandadas: el primero es una especie de salmón que habita el mar Glacial en número increíble, llamado en el norte capelán y que acude a dichas costas con idéntico objeto, es decir, para desovar, y el otro es un caracol llamado de tinta. El capelán viene a servir de alimento exclusivo a los bacalaos, y el caracol acude cuando el otro se retira, corno si tuviese la misión de reemplazar a aquel para dejarse comer por los mismos peces.
En la época de la freza es cuando se pesca el abadejo, operación en extremo productiva a causa de la insaciable voracidad de este animal, que traga o por lo menos muerde todo lo que le parece poder coger, hasta cosas completamente indigeribles con tal que exciten su atención, como por ejemplo objetos brillantes o de colores vivos. En el Báltico se presenta la variedad Dorsch en todos los puntos donde hay arenques, pero a falta de éstos llena su estómago hasta reventar de gasterosteos, conchas, moluscos desnudos, cangrejos, fucos y otras algas, y como es natural tampoco respeta su propia prole.
Pesca. – Para ella se usan redes en las costas noruegas, pero en todos los demás puntos sedales de mano y de fondo que se emplean también en las Loffoden junto con aquellas. Los sedales de fondo van atados a veces hasta en número de mil doscientos a una recia cuerda que se echa al fondo, donde se la sujeta con anclas a propósito. Cada seis horas se seca, se quitan los peces cogidos, se ceban los anzuelos de nuevo, y se vuelve a echar al fondo. En los intervalos se ocupan los pescadores en echar sedales de mano, uno en cada mano, los sacan rápidamente cuando sienten la sacudida., y los vuelven a arrojar de nuevo sin perder un momento. Atendido el número incalculable de peces, no es raro que cada uno de los tripulantes de un bote coja diariamente de tres a cuatrocientos. Mientras que adelanta esta pesca se hace Jo propio en otros puntos respecto del capelán y del caracol de tinta, que se emplean a manera de cebo corno en otras partes el arenque, y a falta de unos y otros se emplean los intestinos de los mismos abadejos cogidos.
Luego de pescados, empieza la preparación de los abadejos. Primero se separan las cabezas que se arrojan en tinas o barriles especiales, luego se destripan y se abren de una sola cuchillada en dos mitades longitudinales, a veces también en cuatro pencas. Los hígados se reúnen por separado en un barril y las huevas en otro; el resto de los intestinos se corta en pedazos para emplearlos oportunamente como cebo. Durante la gran pesca de invierno se preparan sólo pezpalos, por Jo menos en las Loffoden. A este fin lleva cada buque un gran número de horquillas y perchas para suplir con ellas los andamios perennes, siempre insuficientes, establecidos en tierra. Allí se cuelgan los abadejos partidos hasta la cola y lavados previamente con agua de mar para hacerlos secar, al aire libre en las islas, y en algunas otras partes debajo de tinglados. Esta operación requiere tiempo, tanto que cuando la temperatura no es muy favorable se ven las perchas cargadas hasta el mes de julio. Sólo cuando el pescado está completamente seco, se forman haces y se le almacena en pilas tan altas corno casas. Cuando la pesca es sumamente productiva, y se pueblan rápidamente todos los andamios, se preparan los ultimas abadejos de un modo semejante al que conocemos nosotros, es decir, sacados y secos. A este fin se los abre a lo largo del espinazo, se los sala durante algunos días en tinas grandes y se extienden sobre las rocas para ponerlos a secar, dándoles otra capa de sal si es menester. Si hay abundancia de barriles, se pone una partida en salmuera, colocando los peces partidos en capas alternadas con otras de sal, y cuando las vasijas están llenas, se cierran. Muchos comerciantes rusos de Arkángel no dejan de visitar las pesquerías noruegas y finlandesas para comprar estos y otros peces, contentándose con colocarlos sin más preparativo en la bodega misma, alternando las capas de ellos con sal y apisonándolas con sus pesadas botas de agua.
En Noruega los hígados se reúnen, concluida ya la pesca, en grandes cubas o tinas, que con gran sentimiento de las personas venidas de países más meridionales, cuyos nervios olfatorios son siempre más delicados, se colocan con frecuencia tranquilamente en las calles y plazas de las Poblaciones, donde despiden un hedor insoportable luego que entran en putrefacción. Ahí los tienen aguardando que suelten y suba a la superficie el aceite grasiento que contienen y que separan a medida que se reúne, para colarlo y guardarlo en barriles distintos, según su calidad.
Se comprende que la mejor clase es aquella que se recoge a los pocos días de haberse declarado la descomposición, y la peor la que se saca al final por la cocción. .
Pasado el tiempo de la pesca principal se sigue pescando en las Loffoden en menor escala, y entonces se preparan los abadejos, ya de un modo, ya de otro, según el estado de la atmósfera. Excusado es añadir detalles relativos a la pesca en el banco de Terranova, ya que tanto ésta como la preparación de los peces se hace allí siguiendo a poca diferencia los mismos métodos que acabamos de describir.
En el año 1861 estuvieron ocupados en las Loffoden más de veinte mil hombres que tripulaban unas cinco mil embarcaciones y cogieron y prepararon más de nueve millones de pez palo (bacalao secado al sol) e igual número entre bacalao salado, seco y en salmuera, consumiendo durante la temporada para su propio alimento un millón de abadejos frescos. En el año 1877 ascendió el total de la cosecha a veinticinco millones. Según Cornak producía la pesca en Terranova a principios de este siglo mas de trescientos millones de peces, sin contar cien millones que se cogían en el golfo de San Lorenzo. Comparada con estos resultados, aparece la pesca en las aguas alemanas del todo insignificante, pues en la costa de Frisia en el mar del Norte apenas excede de seis mil el número de abadejos cogidos anualmente, y en el Báltico no se ha empezado hasta ahora a dar importancia a la variedad Dorsch que se presenta allí en cantidad bastante notable, pero su pesca es aun insignificante.
Difícil es emitir juicio sobre el porvenir de esta pesca, pero puede admitirse que con el tiempo se salarán menos abadejos, pues, como ya se ha dicho antes, deben su principal importancia a los ayunos que prescribe la Iglesia católica. Verdad es que hay también aficionados a este pez, pero son raras aun en los países más católicos. En el tiempo en que florecía la inquisición en España no se atrevía nadie a comer en los días de ayuno carne de mamíferos o de aves, pero cuando se permitió en 1825 a los españoles comer carne en viernes, disminuyó la importación del abadejo, de ochocientos mil quintales a trescientos mil. Por otro lado se aumentará y generalizará la pesca de este pez y de sus congéneres, pues entre otras cosas sucederá que se introducirá también en las costas alemanas la pesca con embarcaciones como las usan hace años los ingleses y holandeses, que permiten conservar los abadejos vivos en la parte media del buque llena de agua y en comunicación con la del mar por muchos agujeros. Así llegan al puerto y pueden expedirse al interior vivos o por lo menos frescos, dando a los habitantes un nuevo alimento tan barato como sabroso, pues tan mala como es la carne del abadejo cuando seca y salada, tan sabrosa es cuando fresca, lo que la hace muy buscada en todas las pescaderías de las Poblaciones marítimas.
Yarrel cuenta que en diferentes puntos de Escocia se han conservado largo tiempo, dando muy buenos resultados, abadejos vivos en estanques de agua salada. A medida que se pescaban se echaban los que estaban menos heridos o estropeados en los depósitos destinados a ellos, donde se los alimentaba con conchas y otros mariscos. Pronto se acostumbraron al espacio reducido, gozaban al parecer de muy buena salud y aprendieron a conocer la hora en que se les daba la ración, de manera que cuando llegaba la persona encargada de ello, la recibían sacando los hambrientos hocicos fuera del agua. Dícese que uno de ellos vivió así doce años. A juzgar por las pruebas hechas con abadejos del Báltico cautivos, no hay dificultad en creer exactos los datos que preceden. No hay pez que más fácilmente se acostumbre a la cautividad en sitio re-elucido, que tome el alimento con más afición, ni que coma y medre más que el bacalao. Procurando tener el agua del depósito suficientemente fresca y dándole abundante ración, no sólo medra visiblemente, sino que aguanta muchos años, aunque el espacio de que dispone sea manifiestamente estrecho para él. El aceite que se extrae del hígado del animal, se usa en medicina como reconstituyente y antiescrofuloso. (V. Bacalao.) COMO UN ABADEJO: seco, acartonado.

Abadejo (Diminutivo De Abad)

Zool. s. m. Ave de Europa, llamada también régulo, reyezuelo, de tres a cuatro pulgadas de largo, y muy agradable por la variedad de sus colores. Llamóse así porque en lo vistoso de sus plumas semejaba al traje de los abades primitivos.
Su color en el dorso es de un verde aceitunado muy vivo, en los lados del cuello amarillo anaranjado y pardusco con matiz de orín en el borde de la frente; una lista estrecha trasversal en la parte anterior de la cabeza y otra longitudinal encima de la línea blanca del ojo son negras; el espacio entre las dos, ocupado por la coronilla y el occipucio, es naranja oscuro; la línea al través del ojo como también el círculo estrecho que lo rodea son gris negruzcos; otra línea estrecha limitada por la lista más oscura de la barba debajo del ojo es blanca; la región de la oreja es gris aceitunada; la parte inferior del cuerpo blanca cenicienta, y entre pardusca con viso de orín y leonado en la barba y garganta. Las pennas, todas de color pardo aceitunado, tienen por fuera una orla estrecha verde amarilla aceitunada, y las rémiges además una orla blanca más ancha en la cara interior; las secundarias tienen una faja trasversal ancha y negra inmediata a la raíz que es de color claro; las cobijas del antebrazo así como las mayores superiores tienen un filete final blanco, lo que produce dos líneas trasversales claras, pero mal limitadas, sobre el ala. El ojo es pardo oscuro; el pico negro y la pata pardusca. La hembra difiere del macho por su coronilla amarilla anaranjada.
Además de Alemania se ha encontrado esta ave en Francia, Italia, Grecia y España; en este último país particularmente como huésped de invierno.
En Alemania habita el reyezuelo de invierno todo el año en la misma localidad, o es un ave errante; a menudo está los doce meses en un pequeño distrito de menos de media legua cuadrada; sin embargo, en octubre se ven muchos que llegan del norte para fijarse en los jardines, los bosques de coníferas y de follaje y las comarcas abundantes en matorrales. Unos pasan el invierno en la Europa central; los otros continúan su camino hacia el sur y vuelven a los mismos sitios en marzo y abril.
El abadejo común no pasa nunca el invierno en Alemania, pues necesita un clima más cálido: se presenta en este país a fines de marzo o en los primeros días de abril, y se va a últimos de setiembre o a principios de octubre. Apenas llega, fíjase en los setos y en los matorrales; pero bien pronto los abandona para dirigirse a los bosques de abetos, donde se establece de hecho y en parejas aisladas. Muchos prosiguen su marcha hacia el norte, mientras gran número se queda en el país. Viajan de noche y dedican el día a buscar su alimento.
Durante el verano están casi siempre en altos árboles, y rara vez se posan en las espesuras y los tallares bajos: en el mes de septiembre andan errantes.
Este reyezuelo prefiere los bosques de coníferas a cualesquiera otros; situase en los árboles y en las breñas, no siendo raro tampoco verle en el suelo. La predilección que manifiestan estas aves por las coníferas, dice Naumann, es muy notable: cuando en otoño o invierno llega una familia de reyezuelos a un jardín donde no hay más que un pino o un abeto, se puede tener la seguridad de que lo ocuparán en seguida, permaneciendo allí más tiempo que en otro punto donde no haya ninguno de estos árboles; pero en sus viajes recorren también los bosques de follaje.La residencia de los abadejos en el invierno, y la extensión de sus viajes, varían según la temperatura; si la estación es buena, seca, y no demasiado fría, viven con preferencia en las grandes coníferas; pero, por el contrario, si el tiempo se presenta lluvioso, ventoso o muy frío, bajan a los matorrales, y hasta se quedan en tierra. En el invierno habitan siempre la parte de los bosques más expuesta a los rayos del sol.
Sorprendente es la inquietud extraordinaria de los régulos: nunca están tranquilos. El régulo o abadejo de invierno salta continuamente de rama en rama, sin detenerse más que un instante para coger algún insecto a la manera de los filopneustes; está con el cuerpo horizontal, las patas encogidas y ahuecadas las plumas. A veces se cuelga de la cara inferior de una rama, aunque no con tanta frecuencia como los paros: su vuelo es ligero y silencioso. Domínale un instinto de sociabilidad extraordinariamente desarrollado: fuera de la estación del celo es por demás raro encontrar a un régulo solo; por lo regular está en compañía de sus semejantes o de otras aves, principalmente con paros moñudos o pequeños paros carboneros, y más rara vez con siteles, trepadores, paros azules, o grandes paros carboneros.
El grito de llamada de este régulo es si, si, o txit; los individuos de ambos sexos le producen cuando están posados. Su canto no es desagradable: comienza por si, si; ofrece variaciones en dos notas y tonos diferentes, terminándose con un final armonioso. Los individuos viejos cantan en primavera y en verano; los jóvenes en agosto, septiembre y octubre, aunque se hallen en pleno período de muda. En los hermosos días de invierno produce grata impresión el canto del régulo o abadejo de invierno: en el otoño, desde principios de septiembre a fin de noviembre, suele tomar esta ave una costumbre particular, y es que comienza por emitir el sonido si, si y se revuelve agitando las alas. Al oír este grito llegan otros individuos, ejecutan los mismos movimientos, y se ve a todos entonces perseguirse por vía de diversión, erizando las plumas del moño. Lo mismo sucede al verificarse el apareamiento, cuando el macho excita a su hembra; a menudo pelean dos furiosamente cuando se trata de adquirir una compañera.
El abadejo común es aún más ágil y vivaz que sus congéneres, y también menos sociable que ellos, pues siempre se le ve solo o con su hembra, mientras que el otro forma bandadas más o menos numerosas. En otoño principalmente, no suelen encontrarse sino parejas; si se da muerte a un individuo, los otros lanzan gritos lastimeros, y pasa mucho tiempo sin que se determinen a dejar el sitio donde estaba. En su grito de llamada las sílabas si, si, si, son emitidas con más fuerza y en tono muy diferente, de tal manera que por el grito sólo podría reconocer al ave una persona de oído ejercitado.
En la primavera y en medio del verano canta muchas veces el abadejo común, pero muy pocas en otoño.
Durante el período del celo es sumamente graciosa esta ave; el macho eriza el moño, que forma como una brillante corona de los más vivos colores; grita sin cesar; con las alas un poco separadas del cuerpo, salta al rededor de su hembra, tomando las más singulares posturas, prodigándole mil halagos hasta que al fin se rinde a sus deseos.
Este reyezuelo se alimenta de insectos y de pequeños granos: en verano come principalmente insectos y orugas de escasa talla, en invierno huevos y larvas. Los recoge en las ramas, entre las hojas o en las agujas de los pinos a menudo se le ve revolotear acechando una presa, y a veces atrapa un insecto al vuelo.
La hembra pone dos veces al año, una en el mes de mayo y la otra en el de julio: los nidos son difíciles de hallar; están situados en la extremidad de una larga rama de pino o de abeto, ocultos entre las ramas y el follaje, y sólidamente sujetos a las briznas que construyen la arma. La hembra construye sola su nido necesitando para ello de 12 a 20 días; acompáñala el macho, pero sin ayudarla; a veces entrelaza volando las ramas, con mucha destreza, y rellena los huecos que van quedando entre ellas. La primera capa se compone de musgos y de líquenes, sujetos con telas de araña o de oruga, que el ave enlaza sólidamente con las ramillas que sostienen la construcción. Algunas veces se ven sobresalir a la superficie algunos pelos de corzo; el interior está cubierto de plumas, sobre todo de paloma, que en lo alto del nido se dirigen todas de fuera adentro y obstruyen una parte de la abertura. La primera puesta suele constar de ocho a diez huevos y la segunda solamente de seis a nueve: son muy pequeños, de un gris amarillento o color de carne pálido, cubiertos de puntos grises, agrupados principalmente hacia la punta gruesa. Algunos presentan vetas o manchas; son en extremo frágiles, y se deben coger con muchas precauciones para que no se rompan entre los dedos. Los padres alimentan a su progenie a costa de muchos trabajos, pues sólo le dan insectos muy pequeños o sus huevos. Los hijuelos están en el nido muy oprimidos unos con otros, y a medida que van creciendo, es preciso que los padres ensanchen su albergue para que puedan caber todos. La familia no se conserva reunida largo tiempo; macho y hembra abandonan pronto la primera cría para empollar de nuevo o marcharse con sus semejantes.
Raro es ver régulos cautivos, pues son muy delicados, tanto que mueren muchas veces al cogerlos, y ofrece gran dificultad acostumbrarlos a un nuevo régimen. Una vez acostumbrados, soportan años enteros su existencia en la jaula, dispensándoles por supuesto los cuidados necesarios, y entonces son unos compañeros muy agradables. Si se les deja volar libremente por el cuarto se hacen tan útiles destruyendo las moscas, como fuera en el bosque con la persecución de insectos dañinos.

Abadejo

Zool. Insecto coleóptero heterómero, de la familia de las cantáridas, de olor nauseabundo. Por su cuerpo cilíndrico, de un verde muy brillante, y su cabeza en forma de corazón, que recordaba una mitra, recibió el nombre de abadejo. V. Cantárida.

Abadejo

Geog. Dos casas de mineros en el ayunt. de Linares, p. j. de Baeza, prov. de Jaen.