Abd-ul-medyid

Trigésimo primer soberano de la dinastía de Osmán, primogénito de su antecesor Mahmud II. Nac. 23 abr. 1823. Subió al trono en 1.º jul. 1839, ocho días después de la batalla de Nezib (24 jun.) ganada. por Ibrahim bajá, hijo de Mehemet Alí, virrey de Egipto, y cuando el vencedor marchaba sobre Constantinopla. Gracias a la oportuna intervención de las potencias, se libró de este peligro, firmándose los tratados de 15 jul. 1840 y 13 jul. 1841, que resolvieron las cuestiones de Egipto con la Puerta. El nuevo sultán siguió las huellas de su padre en punto a reformas: reorganizó el ejército (1843-44); creó dos nuevos ministerios; promulgó un Código penal; abolió la capitación que pagaban los súbditos no musulmanes; reformó la instrucción pública; fundó la Academia de ciencias y bellas letras de Constantinopla. Las indicadas reformas se realizaron en medio de las mayores complicaciones, pues a la cuestión egipcia, sucedio la de Serbia (1842-43), la insurrección de la Albania (1845), la guerra del Kurdistán (1848), los desórdenes de Siria, la Bosnia y el Montenegro (1847-52), la revolución válaca (1848-49), la cuestión de los refugiados húngaros, en la cual, por haberse negado a la extradición de los caudillos magiares y polacos refugiados en su país, se expuso a una guerra. con Austria y Rusia; y por fin la cuestión de los Santos Lugares, de la cual había de surgir la guerra de Oriente, que terminó felizmente para Turquía con el tratado de París (30 marzo1856). Abd-ul-Medyid visitó varios países europeos e hizo que el suyo concurriera a la exposición de Londres.

Abastos

s. m. pl. La provisión de los artículos de primera necesidad.

Abastos

Hist. y Leg. Llamábase ABASTOS, en acepción limitada o restringida, la provisión de los articulas de consumo público propios en general para el sustento, cuyo comercio era en los pueblos objeto de estanco y monopolio, y cuyo acopio y venta arrendaban los ayuntamientos.
Estos abastos comprendían: los comestibles; como el pan, las carnes, el pescado, las aves, los huevos, la leche, las legumbres, las verduras, las frutas y los condimentos; las bebidas; como el vino, el aguardiente, los licores, la cerveza, la sidra; los combustibles; como el aceite, las velas, el carbón… También se comprendía el jabón… Y todos se incluían en la denominación común de articulas de comer, beber y arder. V. Abastecedores y Abacería. Aunque la mayor parte de lo legislado en materia de abastecimientos, abastecedores y abastos sólo tiene hoy carácter meramente histórico, conserva grandísimo interés economico cuanto se relaciona con tan importante materia, porque esa especial legislación contiene el desenvolvimiento de las ideas comerciales en nuestro país. El estudio debe clasificarse en tres grandes grupos: Leyes de la Novísima Recopilación; Disposiciones posteriores; Leyes de Indias.
l. LOS ABASTOS EN LA NOVÍSIMA RECOPILACIÓN. Cada cual compre y venda libremente los mantenimientos que necesitare y nadie ponga estancos ni vedamientos, bajo las penas con que castigan las leyes del reino a los que imponen y llevan nuevas contribuciones. (Ley primera, tít. 21, lib. 6. Pragmática de los Reyes Católicos en 1492: Petición séptima de las Cortes de Segovia, 1532. Don Carlos y doña Juana reproducen la pragmática de 1492 en 1532.) Según esta pragmática era libre en España el tráfico interior, sin intervención ninguna por parte de la administración publica, provincial ni municipal; pero a poco se manifestó en España la tendencia de confiar al Estado toda clase de funciones, hasta las que por su naturaleza corresponden a la actividad individual, y esto origino la ley 6.ª, tít. 5, del lib. IV, de 30 enero 1608 (que después completa un auto del Consejo de 31 oct. 1729), como sigue:Tendrá cuidado el Consejo que no haya falta en estos reinos en la provisión del pan y de otros bastimentas, especialmente en esta corte, y lo mismo se procurará por las otras partes. Indudablemente de hecho, aunque no fuera de derecho, se habían ya estancado en muchos municipios los artículos de comer, beber y arder, cuando apareció la ley 8, tít. 16 del lib. 7, de 13oct. de 1749, que los supone:Debe cuidarse que los abastos públicos se hagan a la mayor comodidad y menor precio que sea posible, sin ligas ni monopolios de dentro o fuera de los ayuntamientos. A este fin nombrarán los pueblos todos los años dos de sus individuos para que, con su procurador, síndico general y teniente asesor, intervengan y asistan, en el lugar público acostumbrado, a hacer los remates de los referidos abastos, después de pregonados por treinta días, etc.(Con esta ley de 1749, se relacionan el auto acordado de 5 de mayo de 1766, ley l.ª, tít. 18 del lib. 7.º, y la instrucción del Consejo, fecha 26 jun. 17 66, ley 2.ª.) El monopolio y estanco de los artículos de comer, beber y así como los abusos de los abastecedores darían lugar a frecuentes motines, y de aquí la ley 13, tít. 17 del lib. 7.
Decláranse nulas e invalidas las bajas que se hicieren en los abastos por los ayuntamientos y magistrados de los pueblos, compelidos por fuerza y violencia; y por ineficaces los indultos o perdones que por ellos se concedieran a los perpetradores, auxiliares o motores de dichas asonadas y violencias.
En 16 de jun. de 1767, bajo el reinado de Carlos III, volvió a intentarse la libertad del tráfico, en virtud de la Cédula de 16 de junio de 1767 (Ley 14, tít. 17, lib. 7.): Cesen en todos los pueblos las licencias y posturas y la exacción de derechos y déjese en total libertad la contratación y comercio; haciéndose saber en todos los lugares por medio de bando público para que a todos conste y no continue el abuso. Como se negaran muchos vendedores a satisfacer toda clase de impuestos, apoyándose en la Cédula transcrita, el Consejo manifestó, en Provisión de 5 de octubre de 1767 (Ley 15, tít. 17, lib. 7):
Que se habían declarado libres los géneros comestibles del pago de licencia y posturas para las ventas; pero no de los arbitrios o impuestos que estuviesen cargados sobre ellos con legítimos títulos a favor de los propios y caudales públicos.Surgieron dudas acerca de la Cédula de junio de 1767, y el Consejo declaró, en Provisión de9 de agosto de 1768 (Ley 16, tít. 17, lib. 7):Que las especies que devengan y adeudan millones, como son: carne, tocino, aceite, vino, vinagre, pescado salado, velas y jabón, deben tener precio fijo vendidas por menor; y en ningún modo por mayor, reduciéndose el cuidado de la policía municipal de todos los pueblos a celar que sean arreglados los pesos y medidas y a fijar la; horas de mercado más cómodas para los trajinantes. Quejáronse algunos pueblos de que habían subido los precios de los géneros libres de posturas y lograron que la Cédula de 16 de junio quedase derogada en 11\’ de mayo de 1772. Se sujetaron de nuevo a posturas todos los géneros que lo estaban antes de publicarse la mencionada ley 14, tít. 17, lib. 7.
(Leyes 18, 19 y 20, tít. 17, lib. 7 de la Novísima Recopilación.) 11. Los ABASTOS EN DISPOSICIONES POSTERIORES. Decreto de las Cortes de 8 de junio de 1813.
ART. 8.º Así en las primeras ventas como en las ulteriores, ningún fruto ni producción de la tierra, ni los ganados ni sus esquilmos, ni los productos de la caza y pesca, ni las obras del trabajo y de la industria estarán sujetas a tasa ni postura, sin embargo de cualesquiera leyes generales o municipales. Todo se podrá vender y revender al precio y en la manera que más acomode a sus dueños, con tal que no perjudiquen a la salud publica; y ninguna persona, corporación o establecimiento tendrá privilegio de preferencia en las compras; pero se continuará observando la prohibición de extraer a países extranjeros aquellas cosas que actualmente no se pueden exportar, y las reglas establecidas en cuanto al modo de exportarse las cosas que pueden serlo.Se ve, pues, que las Cortes de Cádiz restablecieron la libertad de tráfico, instituida más de tres siglos antes, en 1492, por la pragmática de los Reyes Católicos; pero bien poco hubo de durar la franquicia; pues al regreso del rey Fernando VII, se volvió (en 16 abr. 1816) a las exclusivas en el arrendamiento de los ramos de abastos. El _ 80 del cap. 8 del Real Decreto de esta fecha decía: Ningun otro sujeto que el abastecedor ha de vender por menor las especies comprendidas en el abasto, ni las podrá introducir ni comprar por mayor para consumo en el pueblo, etc. Pero los inconvenientes se tocaban ya tanto, y las doctrinas promulgadas por las Cortes gaditanas en 1813 habían penetrado de tal modo en la opinión, que en 26 dic. 1818 quedaron reducidos a cinco solamente los artículos estancables:ART. 3.º Los puestos públicos o abacerías de los pueblos se compondrán solamente de cinco artículos, a saber: vino, vinagre, aguardiente, aceite y carne. ART. 4.º Los pueblos serán árbitros de poner o no puestos públicos, e igualmente de reducir a menor número el estanco por menor de las cinco especies expresadas. Los artículos 8 y 9 son notables:La venta por mayor de las especies de vino vinagre, aguardiente, aceite y carne, cuyo estanco por menor se permite en los puestos públicos o abacerías, se ejecutará con absoluta libertad y sin ninguna restricción. Pero el artículo 12 venía a hacer casi imposible el desestanco, pues ligaba a los fondos generales de la nación los productos de los cinco géneros sujetos a postura: ART. 12. El producto del estanco por menor de las cinco especies referidas….. se aplicará…. al pago de la masa de contribución cargada a cada pueblo, sin que pueda distraerse a otros fines, etc. Las Cortes de 1823 no se atrevieron a llevar a la práctica el decreto de las de Cádiz de 1813, antes bien transigieron con el decreto de 1818.
Artículo 15 de la ley de 3 feb. de 1823: Cuidarán los ayuntamientos…. de que los pueblos estén surtidos abundantemente de comestibles de buena calidad. ART. 99. Las reclamaciones y dudas que ocurran sobre los ramos de abastos se dirigirán a las diputaciones provinciales para que las resuelvan sin ulterior recurso, etc. En 20 de enero de 1834 se dictó un Real decreto que volvía a intentar la libertad del tráfico interior en los dos siguientes artículos: ART. L1.0 Se declaran libres en todos los pueblos del reino el tráfico, comercio y venta de los objetos de comer, beber y arder, pagando los traficantes en ellos los derechos reales y municipales a que respectivamente están sujetos. ART. 2.º En consecuencia, ninguno de dichos artículos de abastos, excepto el pan, estará sujeto a postura, tasa o arancel de ninguna especie, etc.
Pero el artículo 5.º de dicho Real decreto de 20 de enero de 1834 anulaba de hecho a los dos primeros citados, porque en él se ordenaba la continuación de los estancos donde sus productos estaban afectos al pago de contribuciones o a cargas municipales, y ya se ha visto que lo estaban en todas partes por virtud de la Real orden de 1818. Además, el pan estaba sujeto a estanco y a gremios (á postura, tasa o arancel). Sólo hubo de hecho libertad cuando en 30 de agosto de 1836 fue restablecido el decreto de las Cortes de Cádiz de 8 junio 1813. Pero, con escandalosa infracción del decreto, continuaron en muchos pueblos arrendados los puestos públicos, con la consiguiente exclusiva de la venta al por menor, en beneficio y provecho de los abastecedores. Había para ello un pretexto formidablemente especioso; y era que en los pueblos pequeños la nueva libertad de tráfico no provocaba la concurrencia, antes por el contrario, no habiendo monopolio, no existían seductores incentivos de lucros y ganancias para los abastecedores; y por consecuencia desaparecía el surtido, hasta el extremo a veces de rayar en desesperante carestía. .
En 1845 el nuevo sistema tributario estableció contribución sobre el consumo del vino, sidra, chacolí, cerveza, aguardiente, licores, aceite, jabón i carne, y el sistema de recaudación concluyo con el antiguo orden de puestos públicos y de venta exclusiva en ellos al por menor de determinados artículos. Hubo sin embargo todavía muchas reclamaciones en favor de los estancos; y por R. O. de 5 de marzo de 1847 se autorizó el restablecimiento de la exclusiva en los pueblos que no pasaran de 3 000 vecinos y no fueran capitales de provincia ni puertos habilitados.
Las RR. OO. de 24 de feb. de 1853, 19 de abril de 1853 y 19 de abril de 1856 prohibieron en absoluto a los ayuntamientos que establezcan restricciones a la libre fabricación y venta del pan.
Por el R. D. e Instrucción del 5 de dic. de 1856se autorizó a los ayuntamientos para que pudieran establecer puestos públicos para la venta al por menor de vino, aguardiente, aceite y carnes en los pueblos de menos de 500 vecinos, y para la venta de carnes en los pueblos de 1000 vecinos abajo. Por la ley de presupuestos de 25 de junio de 1864 e Instrucción de l. o de julio del mismo año se permitió a los pueblos que, para hacer efectivos sus encabezamientos generales, recurrieran a los medios de administración, encabezamientos parciales o gremiales, arriendo a venta libre de todas o de algunas especies, arriendo con exclusiva y repartimientos.
La revolución de septiembre estableció la más completa libertad en la compra y venta de los artículos de comer, beber y arder.
La ley de 31 de julio de 1876 autorizó el establecimiento de la exclusiva en los pueblos de menos de 5 000 habitantes. Y con arreglo a la ley de 16 de junio de 1885 y al reglamento para la ejecución de la misma, los ayuntamientos de Poblaciones que no tengan más de 1000 habitantes dentro de su término municipal podrán establecer puestos públicos para la venta exclusiva al por menor de vinos, aguardientes, aceites y carnes frescas o saladas. Se entiende por ventas al por menor, para los efectos del reglamento, las que no lleguen a 6 kg o litros. Cierto es que se permite a los cosecheros y fabricantes de la misma población vender al por menor los productos de sus cosechas y fábricas, siempre que cada uno lo verifique en un solo local; pero esto no quita a la anterior disposición administrativa el carácter restrictivo de la libertad de tráfico.
Para establecer la exclusiva en la venta al pormenor de los artículos expresados, es necesario que el ayuntamiento lo acuerde asociado con un número de contribuyentes doble que el de concejales. El acuerdo se elevará a la Administración provincial de Hacienda, acompañado de una solicitud en que se expresen los motivos que hubiese para considerar conveniente la concesión. La administración concederá o negará la exclusiva en el término de un mes, y su decisión causará estado sin ulterior recurso. Si la Administración no resuelve dentro de este término, se entenderá concedida la exclusiva. (Arts. 147 al 153 del reglamento para la ejecución de la ley de Consumos de 16 de junio de 1885.) La ley municipal de 2 de oct. de 1877 declara en su art. 72 de la exclusiva competencia de los ayuntamientos el gobierno y dirección de….. A.RTS. 136 y 137. Los ingresos serán impuestos sobre artículos de comer, beber y arder, etc. 4.0 Se autoriza la creación de arbitrios sobre la venta de bebidas espirituosas o fermentadas, etc.
5.0 Los derechos de mataderos se acumularán a los de consumos (cuando los hubiere) y no podrán en junto exceder de 25 por %, etc. Donde no hubiere sobre carnes derechos de consumo, sólo se impondrá por derechos de matanza una cantidad que jamas excederá del 10 por % del valor de la res.De los alcaldes es la presidencia de las subastas para ventas, arriendos y servicios municipales (num. 10 del art. 114).
A. las autoridades locales corresponde lo relativo a la instalación y limpieza de los mercados, a la vigilancia sobre la calidad y estado de los alimentos, a la verificación de pesos y medidas, al reconocimiento de géneros y todo cuanto constituye la policía urbana. Es un deber de las autoridades municipales velar por la salud publica y cuidar del aseo de las Poblaciones, empezando por los mercados. Pero las medidas de policía urbana que adopten no deben cohibir la libertad de tráfico consignada en las leyes vigentes.
El decreto de Cortes de 8 de junio de 1813, después de establecer la más completa libertad de tráfico, declaró en el art. 8.º que todo se podrá vender y revender al precio y en la manera que más acomode a sus daños a la sanidad publica. En el num. 9 del R. D. de 20 de enero de 1834 se dispuso que en los pueblos cuyo numeroso vecindario y demás circunstancias locales lo permitiesen, se señalarán uno o más parajes para mercado o plaza publica de dichos surtidos, distinguiendo los sitios donde concurren los trajineros o vecinos vendedores por mayor de los que vendan a la menuda; todo sin ocasionar otra exacción o gastos que la ligera contribución que se creyese necesario señalar por reglamento de policía urbana para el aseo y comodidad del puesto en el mercado mismo. Muchas otras disposiciones encomendaron a los ayuntamientos la instalación de mercados y el que adoptasen medidas acerca de la salubridad de los alimentos. La R. O. de 13 de enero de1876 dice: Que es de las facultades privativas de los ayuntamientos la instalación de los mercados y la fijación de arbitrios sobre puestos públicos; que tanto por razón de higiene, como por ser uno de los medios de coadyuvar a levantar las cargas del municipio, puedan dichas corporaciones impedir la venta de ciertos artículos alimenticios fuera de los sitios públicos de contratación, aunque revistan sus acuerdos las apariencias de monopolio; que en nada se opone semejante restricción a las leyes y disposiciones que han proclamado la libertad del tráfico, cuando a tal medida presida el interés general de la salubridad publica; que dada la necesidad de los mercados, los ayuntamientos deben usar con gran parsimonia de las facultades para la nueva construcción y reglamentación de los mismos y para la imposición de arbitrios, y que mientras rijan las leyes orgánicas vigentes hay que respetar las atribuciones de las corporaciones municipales tal como las autorizaron las Cortes. En la R. O. de 16 de junio de 1875 se establece que el Ayuntamiento de Reus obró dentro de sus atribuciones al prohibir la venta de carnes fuera del local de las carnicerías, teniendo en cuenta la ley municipal, las disposiciones de carácter general y las de policía urbana.
El reconocimiento de alimentos debe hacerse por los profesores de medicina y de farmacia y por los veterinarios. La R. O. de 23 de febrero de 1885 determina los casos en que el reconocimiento de sustancias alimenticias corresponde a los veterinarios y los en que debe ser practicado por los médicos y farmacéuticos. Dice así: 1.0 El reconocimiento de los animales de sangre caliente, así como de sus embutidos y conservas, en vivo y en muerto, debe seguirse practicando unica y exclusivamente por los veterinarios. 2.0 El reconocimiento e inspección de todas las demás sustancias alimenticias que se expenden en los mercados, inclusos los animales de sangre fría, pueden atribuirse y confiarse a los profesores de Medicina y a los de Farmacia indistintamente. El Código Penal de 1870 castiga con las penas de arresto mayor en su grado máximo a prisión correccional en su grado mínimo y multa de 125á 1250 pesetas, al que con cualquiera mezcla nociva a la salud altere las bebidas o comestibles destinados al consumo público, o venda géneros corrompidos, o fabrique o venda objetos cuyo uso sea necesariamente pe1judicial a la salud. Los géneros alterados y los objetos nocivos serán siempre inutilizados. En el art. 595 se castiga con la pena de cinco a quince días de arresto y multa de 25 a 75 pesetas a los dueños o encargados de fondas, confiterías, panaderías u otros establecimientos análogos que expendan o sirvan bebidas o comestibles adulterados o alterados, perjudiciales a la salud; o no observen en el uso y conservación de las vasijas, medidas y titiles destinados al servicio, las reglas establecidas o las precauciones de costumbre. Las bebidas y comestibles adulterados, perjudiciales a la salud, deberán caer siempre en comiso.
Del texto de los dos arts. citados no se deduce cuándo la venta o fabricación de los objetos adulterados constituye delito y en qué casos debe reputarse falta, lo cual puede ser ocasión de arbitrariedad y de injusticia. Ya que el Código no distingue terminantemente la falta del delito y castiga con penas distintas hechos del todo idénticos, debe calificarse la venta, fabricación o expendición de bebidas o comestibles adulterados por su extensión o por sus efectos: será falta si de la expendición no ha resultado perjuicio a la salud del comprador; y por el contrario, será delito si por efecto del alimento o bebida adulterado se ha seguido daño a la salud del consumidor.
También señala el Código pena a los vendedores que defrauden al comprador con medidas 0 pesos escasos. El art. 592 castiga con las penas de uno a diez días de arresto o multa de 5 a 50 pesetas, a los traficantes o vendedores que tengan medidas o pesos dispuestos con artificio para defraudar, o de cualquier modo infrinjan las reglas establecidas sobre contraste para el gremio a que pertenezcan; a los que defrauden al público en la venta de sustancias, ya sea en cantidad, ya en calidad, por cualquier medio no penado directamente; y a los vendedores a quienesse les aprehendan sustancias alimenticias que no tengan el peso o medida que corresponda.
El art. 593 castiga con las penas de 5 a 15 días de arresto y multa de 25 a 75 pesetas, a los que infrinjan las reglas de policía dirigidas a asegurar el abastecimiento de las Poblaciones, yá los propaladores de falsos rumores para alterar el precio natural de las cosas.
No se considera adulterado el aceite de olivo con la mezcla del de algodón. Examinados los informes emitidos por el Real Consejo de Sanidad, Real Academia de Medicina y Consejo Superior de Agricultura, Industria y Comercio, sobre si debe prohibirse la venta al público de aceite de oliva mezclado con aceite de algodón, y en vista de que la ciencia y la experiencia enseñan de consuno que el uso del aceite del algodonero no causa daño a la salud, se ha dictado la R. O. de 15 de junio de 1880, en la que se resuelve; que se permita la venta del aceite de oliva mezclado con el de algodón, con tal que el vendedor lo anuncie así públicamente.
Ill. Los ABASTOS EN LAS LEYES DE INDIAS. Prevalece el principio de la libertad de tráfico. Ley 6.ª, tit. 18, lib. IV. Se prohibe a los virreyes y justicias de las Indias que pongan o permitan poner tasa a los mercaderes españoles que vendan por mayor o menor vinos, harinas y otros mantenimientos y mercaderías. Pero se concede a los gobernadores y justicias facultad para poner tasa a los regatones (revendedores). Ley 8.ª, tít. 18, lib. IV. Es nuestra voluntad que los mantenimientos, bastimentes y viandas se puedan comerciar y traginar libremente por todas las provincias de las Indias, y que las justicias, consejos y personas particulares no lo impidan, ni se hagan sobre esto ningunas ordenanzas, pena de la nuestra merced y perdimiento de bienes en que condenamos a los transgresores.Mas, sin duda, el sistema establecido en la metrópoli de estancar los artículos de comer, beber y arder, se extendio a las Indias con todos sus abusos, como se deduce de la ley 10, tít. 8, lib. 4:En ninguna ciudad, villa o lugar se admita ni reciba postura para abasto de las carnicerías a clérigos, conventos ni religiosos, sino a personas legas y llanas que puedan ser apremiadas a su cumplimiento; y sea por un año, o el tiempo que pareciese conveniente al que gobernare la provincia. Ya en la ley 27 se decía:Porque en algunas ciudades de nuestras Indias conocen los alcaldes ordinarios… de todas las causas que pertenecen al abasto y provisión de mantenimientos, y ponen los precios, de que se siguen muchos inconvenientes, porque los regidores y sus deudos son dueños de muchas chacras y heredades de los contornos, y, proveyendo a las ciudades de mantenimientos, los ponen a excesivos precios, y crece este perjuicio por el mucho número de esclavos y regatones puestos por mano de persona poderosa, de que se siguen muchos fraudes y engaños, etc., etc.

Abad Continuacion

VIII. Abad: Origen De Este Cargo En España

Aunque es indudable que había monjes en España en el siglo IV, no consta que hicieran vida cenobítica, ni estuviesen regidos colectivamente por abades:se cree que más bien eran anacoretas y solitarios.
El Concilio nacional de Zaragoza, en el año 380, prohibe a los clérigos disfrazarse de monjes por hipocresía, a fin de ser tenidos por más rígidos y austeros. Ya San Jerónimo lamentaba por aquel tiempo los vicios de algunos monjes holgazanes a quienes calificaba de gyrovagos, porque andaban de monasterio en monasterio sin recogimiento ni disciplina. En España por lo visto no faltaban, pues el canon VI del citado Concilio de Zaragoza castiga duramente a tales hipócritas. V. Monacato en España.
Mas ese canon nada habla de Abades, ni se hallan noticias de ellos hasta el siglo VI de cuyo tiempo las hay abundantes y como de una institución muy conocida. La carta del Papa San Siricio a Rimerio de Tarragona, en 385, en su párrafo vi habla de monjes, y monjas, y monasterios, y personas que violaban sus votos de castidad, a las cuales manda expulsar del monasterio, y encerrar con gran rigor por toda su vida. Mas con respecto a los monjes de buena vida y costumbres, probadas por muchos años, permite y autoriza que se les vayan dando gradualmente los sagrados órdenes, cumplidos los treinta años: mas allí no habla de Abades.
El concilio de Lérida (año de 548) tiene un canon muy importante y que ha dado ocasión a largos debates entre los comentaristas del Decreto de Graciano. (V. Exenciones y Ley Diocesana). No logró aquel canon cortar el abuso, antes al contrario, siguió cundiendo en España y aun fuera de España, y de ahí las noticia a fabulosas de esos centenares de monasterios quiméricos que se suponen todavía en siglos posteriores y hasta el XI inclusive. Cuatrocientos monasterios suponía Jovellanos en Galicia (Ley Agraria) y le hubiera costado trabajo el probar que hubiera cuarenta a la vez y verdaderos monasterios. El concilio l de Braga (año de 561), en su canon xv prohibe que los clérigos ni los monjes tengan mujeres en su compañía no siendo muy próximas parientas, achacando ese abuso a los Priscilianistas, que en su grande hipocresía y mayor lascivia, habían introducido esa corruptela. Empeño grande hubo en hacer a San Millán, no como queria monje, sino Abad. Monje fue durante cuarenta años, haciendo vida enteramente solitaria en el inhabitable cerro de la Cogolla, como habían sido también monjes su maestro y director San Felix (Felices) en Bilibio, San Saturio cabe las ruinas de Numancia, y otros. Pero ordenado de presbítero San Millán por su obispo, que lo era Didimo de Tarazana, le encargó el curato parroquial de Vergegio, su pueblo natal. Calumniado ante su obispo, acusándole de malversador de los bienes de la parroquia, por su mucha caridad con los pobres, le depuso aquél de su curato, por cuyo motivo se retiró a vivir al inmediato vico o pago de Tonelapaja en compañía de otro presbítero llamado Aselo, con quien hacía vída común, con un criado que les servía.
Esto de asociarse los clérigos para vivir juntos, y como en comunidad, era tan usual en la disciplina de aquellos tiempos, sura con acerba frase a los que vivían aislados, pudiendo vivir en comunidad, comparándolos a los mulos, que ni son asnos ni caballos. Por ignorar esto los que examinaron documentos de la Edad media calificaron de monasterios a muchos que no eran más que agrupaciones de clérigos seglares que vivían juntos. En la vida de San Millán habla San Braulio de unos clérigos que vivían de ese modo en Parpalines, a donde hubo de ir aquel Santo. Y bastó esa noticia para que el crédulo Sr. Sandoval y otros escritores inventaran un monasterio en Parpalines en el siglo VI, y no como quiera, sino de monjes benedictinos, que no los había en España, ni por sueños, en aquel tiempo, como se verá más adelante. V. Benedictina.
Pero, si no podemos contar a San Millán entre. los primeros Abades de España (V. el tomo 50de la España Sagrada), aunque como a tal se le venera en Castilla, bien podemos considerar como tal a San Vitorián, fundador del monasterio Asamiense en el Pirineo, y San Juan de Vallclara que fundó y rigió el monasterio de Biclaro, hacia el año 586, habiéndolo dirigido hasta el año 590, por cuyo tiempo pasó a ocnpar la silla episcopal de Gerona. El Biclarense escribió una regla para sus monjes: si hubiera sido benedictino hubiera excusado este trabajo, como también San Isidoro que escribió otra, muy distinta de la de San Benito.
En las vidas de los Padres de Mérida, por el diácono Paulo, se cita al Abad Nuncto, africano, que vino a Mérida por devoción a Santa Eulalia, al cual favoreció Leovigildo a pesar de ser éste arriano.
San Isidoro en sus biografías de ilustres varones, De viris illustribus, cita a varios abades españoles, pero con la circunstancia de no llamarlos abades aunque lo fuesen. Este título da al napolitano Eugipio Abbas y luego los abades españoles o en España
En la continuación de ellos por San Ildefonso notase lo mismo. San Donato vino de Africa con setenta monjes. Le suponen agustiniano, discípulo de un ermitaño:
Añade que fundó el monasterio servitano con recursos que le dio la piadosa Minicea. San Eugenio: discípulo de San Eladio en el monasterio de donde se lo llevó á Toledo y allí le ordeno; fue sucesor suyo, pero no inmediato. No fue Abad (cap. XIII). San Eugenio 111 (para otros 11) el poeta, fue monje en Santa Engracia de Zaragoza, mas no consta fuese allí Abad (cap. XIV). San Julián, continuador de
San Julián, que San Ildefonso huyen casi siempre de la palabra griega Abbas, sustituyéndola por elegancia con las más castizas de Pater, Rector.

IX. Abades Mozárabes

Los monasterios benedictinos de Cardeña y la Cogolla y sus abades se disputaban la antigüedad y primacía. Como hoy día ya no se cree que los benedictinos fundaran en España hasta fines del siglo vii, lo más pronto, los críticos no dan la razón a ninguno de los dos.
San Braulio dice que el Abad Citonato (Cythonatus) le había dado noticias de San Millán,pero si bien consta que era presbítero, no aparece benedictino, ni del monasterio do la Cogolla. En el tomo 50 de la España sagrada se probo que el catálogo de Abades de San Millán en el siglo VII y después de la época mozárabe es fabuloso.
En Córdoba, durante la persecución de Abderrahman (824) aparecen los nombres del Abad Sansón y otros de los monasterios inmediatos, que fueron martirizados.
En la parte septentrional existían numerosos y verdaderos monasterios, y no de herencia, ni abacondado, ni de albergues de nobles sin dinero, como se quiere suponer, sino verdaderos y fervorosos, como el de Liébana donde estaba Santo Toribio. Aparece también Odoario, Abad de Leire, citado por San Eulogio en su carta al Obispo de Pamplona Welesindo. Odoario pasó al monasterio de San Pedro de Siresa, sucediéndole Fortun o Fortuño, a quien saluda San Eulogio, como también a los abades Atilio de Cella, Jimeno (Scemeno) de lgál y Dadila de Urdax (Hurdaspalense).
De Santos abades y monjes de Asturias y León tenemos no pocos. San Rosendo, monje de Celanova, pasa a ser obispo Dumiense; San Ansurio, obispo de Orense (922), se retira al monasterio de Ribas de Sil, fundado por el venerable Abad Franquila. Siete obispos más y santos se entierran allí. San Froilán y San Atilano, mozárabe de Tarazana, salieron de sus retiros anacoréticos y monásticos para ser obispos de León y Zamora, en los duros tiempos de Almanzor, después de haber fundado ambos el monasterio de Morernela, a orillas del Ezla. Nájera y otros monasterios de Rioja presentan Abades santos y sabios y también los de Cataluña. Finalmente en la época en que se supone relajada 11vida monástica en España, tenemos a Santo Domingo de la Calzada, Santo Domingo de Silos, San llñigo abad de Oña, San Juan de Ortega, San García, San Liciniano, San Sisebuto, San Virila y San Veremundo.

X. Abades En Concilios Españoles

Desde el Concilio VIII Toledano entran a firmar en pos de los obispos los Abades, y aun antes que los vicarios de los obispos y condes palatinos. Firman once abades sin decir de dónde y con ellos el arcipreste y el primicerio de Toledo. Entre los vicarios o delegados firma además el abad de Dume, Osdulgo, a nombre de su obispo Ricimiro. Este Concilio VIII tiene ya un gran sabor político.
En el IX, de escasa concurrencia, todavía demás sabor político y de temporalidades de la iglesia, firman ocho abades, y quizá sólo seis, pues los dos últimos son el arcipreste y primicerio de Toledo, según algunos códices. En el XII firman sólo cuatro.
En el XIII, en tiempo de Ervigio suscriben nueve como abades, y además otros doce como vicarios de los obispos de Narbona, Zaragoza, Elna, Carcasona, Ampurias, Gerona, Auca, Elíberis, Calahorra, Huesca, Astorga y Valeria. Este Concilio tiene un gran sabor político y después de los veintitrés abades firman veintiséis palatinos.
En el XIV cinco abades y seis como vicarios de obispos.
En el XV ocho abades mezclados con los oficiales palatinos y dos como vicarios de obispos. Todavía en el XVI firman cinco abades, el año de 693, que ya era de completa decadencia. Solamente en el Concilio XI Toledano expresan cinco abades los títulos de sus monasterios y son los de San Miguel, Santa Leocadia, San Cosme y San Damián, Santa Cruz y Santa Eulalia, que todos parecen toledanos, y luego firma Gudila el arcediano de Toledo.
En los Concilios de la época llamada mozárabe asisten también los Abades a los de León (1020), Coyanza (1050) y Jaca (1060). En el original de éste, que se conserva en la catedral de Ruesca, los obispos usan báculo y mitra, pero los abades sólo un bastón de muleta y sin mitra.

XI. Abades En Concilios Generales Y Particulares Según La Disciplina Moderna

Ocho Abades asistieron como tales al Concilio de Trento, firmando después de los obispos y antes de los ocho generales de Institutos religiosos, que también suscribieron. Dos de ellos eran españoles y Abades de Herrera y Villabeltrán.
En España era costumbre el convocar a los Concilios Provinciales a los Abades mitrados benedictinos y cistercienses, pero más bien por cortesía que por deber, pues, como eran exentos y formaban congregación, no estaban en el caso de los Abades y Priores exentos que no dependían de alguna, a los cuales mandaba el Concilio que eligiesen un metropolitano inmediato a cuyo Concilio provincial asistiesen. En este caso se hallaban los Ahades seculares de Alcalá la Real, la Granja y otros vere nullius con territorio vere nullius y jurisdicción Como el Concilio de Trento dice que se cite a los que por costumbre o derecho se deba citar, había que atenerse al derecho consuetudinario, sobre el cual se suscitaban pleitos algunas veces.

XII. Abades En Cortes

La asistencia de los Abades a los Concilios recuerda la de los mismos en las Cortes, puesto que algunos de los toledanos tuvieron mucho carácter político segun queda dicho.
En el de León (1020), tenido al estilo gótico, asisten el rey D. Sancho el Mayor, la reina Geloira (Elvira) En su canon I manda que todos los Abades y monjes obedezcan a su obispo.
Lo mismo manda en su canon II el de Coyanza (1050), añadiendo que todos los monasterios de ambos sexos se rijan por la regla de San Benito. En el preámbulo dice que asiste el rey don Fernando.
Al Concilio de Jaca (1060) asisten, además de los obispos, Velasco, abad de San Juan de la Peña, Banzo del de San Andrés, Garuso del Asaniense o de San Vitorián. Este Concilio tiene que firmar al frente de la colección de Cortes de Aragón, como la Real Academia de la Historia ha puesto los de León y Coyanza al frente de los de León y Castilla.
Los Abades de los grandes monasterios de Aragón y Navarra siguieron formando parte del brazo eclesiástico en las Cortes. Por Navarra los de Leire, Hirache, Fitero, la Oliva y Marcilla, con el Prior de Roncesvalles y Deán de Tudela que tenían uso de Pontificales.
En Aragón asistían a las Cortes los Abades benedictinos de San Juan de la Peña y San Vitorián, los Cistercienses de Veruela, Piedra y Rueda, los Deanes de Calatayud y Daroca y los Priores de Montearagón y Santo Sepulcro de Calatayud. Este tenía uso de báculo sin mitra.

XIII. Abad De Colegiata En España

El art. 22 del Concordato de 1851 dice: El cabildo de las Colegiatas se compondrá de un Abad presidente, que tendrá aneja la cura de almas sin más autoridad o jurisdicción que la directiva y económica de su iglesia y cabildo. Este artículo despojó a los Deanes antiguos y superiores de las Colegiatas de todos sus antiguos derechos y
privilegios.
El 23 decía, a propósito de la provisión de abadías y demás prebendas en las Colegiatas, que se observarían las mismas reglas que respecto a las de las catedrales, y el 32 les asigno una dotación de 15 000 reales.
No anduvieron muy afortunados los redactores españoles del Concordato en dar el nombre de Deanes a los prebendados de primera silla post pontificalem en catedrales. En el concepto técnico-canónico Arcipreste es más que Deán, pues los decanos, llamados también Plebanos y Archirurales sólo tenían autoridad sobre doce clérigos y esos generalmente rurales, mientras que el arcipreste era uno para toda la diócesis. Los señores de la Junta eclesiástica, que tanto alardeaban de querer restablecer la primitiva, pura y antigua disciplina no debieron olvidar que técnicamente es más ser Arcipreste que ser Deán.
En el siglo XIII los Priores de los Cabildos regulares, en muchas partes, al dejar la vida común y la canónica agustiniana, en que el presidente del cabildo llevaba siempre el título de Prior, adoptaron el de Deanes. Suscitóse por este motivo una competencia de jurisdicción, pues el gobierno alegó que era primera silla post Pontificalem, puesto que los artículos 14, 22 y 32 del Concordato equiparaban al Abad con el Deán. Esta razón era harto débil, pues ni la categoría de la iglesia colegiata era igual, ni tampoco el cargo, pues el Deán no ejerce la cura de almas como el Abad, y finalmente el ser el Deanato primera silla post Pontificale en la diócesis, excluía tales dualismos, pues para las dos con-catedrales de Zaragoza sólo hay un Deán, como sólo hay un Obispo.
A pesar de estas razones, que probaban la insubsistencia de las del gobierno, la Iglesia tuvo a bien el ceder de su derecho pro bono pacis y en julio de 1863 se publicó en la Gaceta una Real Orden de 30 de junio, en la cual después de cinco considerandos, no muy aceptables, se decía: "La Reina (q. D. g.), de acuerdo con el muy Reverendo Nuncio de Su Santidad, ha tenido a bien resolver, que la Abadía se proveerá siempre por Su Majestad en todas las iglesias colegiatas, excepto las de Patronato particular, en cualquier tiempo y forma que vaquen."
Hoy día los Abades de Colegiata, para poder ser presentados por la Corona deben acreditar haber desempeñado la cura de almas, o probado su aptitud para ello en concurso.

XIV. Abades Vicarios Parroquiales

Una devoción, más piadosa que discreta, hizo que desde el siglo x afluyeran a los monasterios mandas cuantiosas y donaciones de parroquias y de diezmos. Contribuyeron a esto la mayor piedad y saber de los monjes y la incmia y aun ignorancia del clero secular. Pero las riquezas que afluyeron a los monasterios relajaron en ellos el espíritu de humildad y de pobreza, y los privilegios y exenciones desarrollaron el orgullo y trajeran la decadencia.
Don Pedro I de Aragón dio tantas parroquias al monasterio de San Juan de la Peña, que su hermano D. García, obispo de Jaca, justamente resentido, presentó al Papa su renuncia del obispado. Resultó de ahí que los Abades, metidos a obispos, apenas cuidaban de la disciplina monástica, ni de la vida espiritual de sus monjes, y las parroquias servidas por mercenarios, mal retribuidos, estaban pésimamente servidas. A estos pobres clérigos, ecónomos o representantes de los abades se los llamaba en unas partes vicarios y en otras abades. Todavía en muchos pueblos de Aragón la casa parroquial con sus dependencias y trojes o graneros se llama la Abadía.
El Sr. Pérez en el tomo III de su Historia de los Obispos de Pamplona, describe las gestiones de los obispos de aquella Iglesia para lograr que los abades de aquel país pagasen a estos pobres vicarios sus modestas pensiones. El P. Jaime Villanueva refiere también a propósito de esto la sorpresa de un obispo nuevo en un obispado de Cataluña, el cual avisándole que venía a verle el Abad de N. se puso roquete y mantelete para recibirle, creyendo que se trataba de algún Abad mitrado; pero al hallarse con un pobre clérigo escuálido y raído le dijo: -Y V. es abad? ¡Más trazas tiene V. de abadejo! Esta anecdotilla vulgar en Cataluña, indica la decadencia y malestar de aquellos titulados Abades.
Las obras de derecho canónico que más especialmente tratan acerca de las calidades, derechos y obligaciones de los abades son el P. Reinffestuel y el Abate Bonix, que modernamente ha escrito sobre este asunto, y si bien es poco original, resume compendiosa y hábilmente la doctrina y el casuismo de los anteriores, y las disposiciones ultimas.

Abad O Abat (Fray Antonio)

Biog. Religioso dominico. (N. en Cardona. M. en 1712.) Fue profesor de la universidad de Barcelona, y regente del convento de la Minerva, en Roma. – Dejó manuscritos Theologia honoralis, 6 vol.; Philosophia, 1 vol., y Sermones varios.

Abad O Abat (Fray Buenaventura)

Biog. Religioso de la orden de Menores, naturalista, y allí se dedicó a las matemáticas y especialmente a la óptica. Escribió la siguiente obra: Amusements des sciences et principalement de la physique et des mathématiques.

Abad Y Queipo (Manuel)

Biog. Obispo español. (N. en Asturias por los años de 1775. M. después de 1823.) Ordenado in sacris pasó a Méjico, y, siendo juez de testamentos en Valladolid de Mechoacán, fue enviado a España en 1808, con el difícil encargo de lograr que se derogase o suspendiese el decreto que afectaba las rentas de las capellanías en beneficio del Tesoro público. Logrado su objeto, regresó a Méjico, y fue nombrado obispo de Mechoacán. Al estallar la insurrección separatista, procuró sosegar en lo posible la exaltación de los ánimos con su ejemplo y sus consejos; pero esta noble actitud, tachada de antipatriótica por los realistas, y sus antecedentes, abiertamente opuestos a la Inquisición, le hicieron sospechoso al virrey, el cual le embarcó para España y a su llegada se le formó causa por desafecto. Consiguió, sin embargo, una audiencia de Fernando VII y obtuvo la absolución; pero al día siguiente fue preso de orden del inquisidor general y encerrado en un convento. Los acontecimientos políticos de 1820 le devolvieron la libertad. Formó parte de la Junta provisional de Gobierno que rigió el país hasta la definitiva reunión de las Cortes; y, nombrado después obispo de Tortosa, la reacción de 1823 le sorprendió en su diócesis, la Inquisición le condeno a seis años de cárcel, y murió en su encierro, sin que pueda precisarse la fecha de su fallecimiento.

Abad De Ayala (Jacinto)

Biog. Literato del siglo XVII. Escribió la Novela del más desdichado amante, y pago que dan mujeres. 1641.

Abad (Iñigo)

Biog. Historiador y naturalista del siglo pasado. Escribió la Historia geográfica, civil y política de Puerto Rico. 1788.

Abad (P. Agustin)

Biog. Escritor aragonés. Jesuíta, n. en la Almolda. Ejerció los cargos del magisterio de Humanidades, de Filosl) fía y Teologla, Calificador de la Inquisición de Aragón en 1757 y Rector del seminario de Nobles de Calatayud en 1763.

Abad (Fr. José)

Biog. Orador y poeta aragonés. (N. en Carenas en 1603. M. 29 feb. 1667.) Fue doctor teólogo de la Universidad de Huesca, Vicario general in capite, examinador sinodal de algunas diócesis y sobresaliente orador sagrado.

Abad Y Lasierra (D. Manuel)

Biog. Escritor aragonés. (N. en Estadilla en 24 dic. 1729) Fue individuo de la Academia de la Historia, prior de Meya, dignidad mitrada del Principado de Cataluña y electo Inquisidor general de España.

Abad (Pedro)

Biog. Chantre o cantor, que asistió a la toma de Sevilla, y fue uno de los poetas premiados por San Fernando. Algunos literatos se inclinan a creer que fue el autor del poema del Cid. De todos modos, es el primer copiante que se conoce de este poema, porque en el mismo se lee que lo escribió en el mes de mayo de la era de 1245.

Abad

Geog. Lugar de la prov. de Pontevedra, ayunt. de Puenteareas, feligr. de Guillade de San Miguel.

Abad

Geog. Palabra que se usa como terminación de muchos nombres geográficos de Persia, India y otros lugares de Africa, y que significa casa, como Ghaabad, casa real; Nussemtabad, casa o ciudad de la victoria.

Abad

Geog. Población del Beluchistán, a orillas del Nari y a 35 km E. S. E. de Gundava.

Abad

Geog. Lugar situado en el Sindhi (región occidental de la India) entre Sakkar y Xlkarpur.

Abad (El)

. Geog. Caserío en el ayunt. y p. j. de Alicante; 3 edificios o casas. – Id. en el ayunt. de Hondón de las Nieves, p. j. de Novelda (Alicante); 14 casas. – Caseta para guardas ABAD en el ayunt. de Casarrubios del Monte, p. j. de Illescas, prov. de Toledo.