Abidos Abydos

Ciudad del antiguo Egipto, cuyos restos se encuentran muy cerca de la orilla occidental del Nilo. El edificio principal que todavía se conserva se encuentra casi enteramente cubierto de arena; pero el interior se halla en buen estado. Contra lo que se observa generalmente en los edificios del antiguo Egipto, este está construido de piedra caliza y de piedra arenisca. En el interior dícese que hay arcos semejantes a los de ladrillo que Belzoni encontró en Tebas. Las muchas habitaciones de este edificio y su estilo muestran que Ahidos fue una ciudad importante y quizá residencia real. Cuando Estrabón estuvo en Egipto, al principio de la era cristiana, Abidos era una pobre aldea; pero averiguó que el grande edificio de que acabamos de hablar Memnon, y que la tradición daba a Abidos una antigüedad casi igual a la de Tebas. Según el geógrafo citado, había un canal que conducía a la ciuuacl el agua del río. El otro edificio, cuyas ruinas existen todavía, era el templo de Osiris, construido o acabado por Ramesces el Grande.
En una pared interior de este templo descubrió Bankes en 1818 la llamada generalmente tabla de Abielas, que contiene una lista de los primeros reyes de Egipto y que se halla ahora en el Museo Británico. Esta tabla se compone de tres secciones horizontales, una debajo de otra, y ABIE 121 cada una de ellas está dividida en 26 rectángulos. Ninguna de las secciones está completa; pero queda bastante de la inferior para poder determinar las dimensiones originales de la tabla. Cada uno de los rectángulos mencionados contiene una elipse o cartucho, como a veces se llama, con figuras, qt1e según la opinión admitida, indican los nombres o títulos de los reyes. La sección inferior contiene, en 19 rectángulos que están completos, el título y nombre de Ramesces el Grande, nombre y título que se repiten trece veces probablemente en todos los 26 rectángulos, de los cuales siete están borrados. Además de catos 26 rectángulos hay en las otras dos secciones 52, de los cuales los dos últimos contienen el nombre y título de un Ramesces, que debió de ser anterior al Grande. Los cartuchos que les preceden son probablemente títulos de los reyes; así por ejemplo el que hace el número 47 es igual al que tiene la estatua colosal hallada en Tobas y al de la que se encuentra en el Museo Británico, que es la de Amcnofis II, llamado por los griegos Memnon. Se supone que Abidos era la primitiva This, capital del nomotinita y una de las ciudades más importantes del antiguo Egipto en tiempo de los reyes indígenas. Creíase que en ella había sido enterrado Osiris, y que allí había nacido Menes, el primer hombre que fue rey. Según Plutarco, los egipcios más distinguidos elegían a Abidos para lugar de su sepultura, a fin de que sus restos descansaran cerca de los de Osiris. El!ngar donde estuvo Abidos se llama hoy en árabe Arabat-cl-lJfatjun y en copto Ebot.

Abidos

Geog. Antigua ciudad griega de Nisia, en la costa asiática del Helesponto, hoy los Dardanelos, y casi en frente de Sestos, en la orilla europea. Dice Estrabón que la fundaron los milesios; pero no se sabe la fecha exacta de su fundación. Darío, rey de Persia, la incendió después de su expedición a la Escitia; pero en breve fue reedificada, y en el año 480 antes de J. C. la población presenció el paso del estrecho por el inmenso ejército de Jerjes. Abiuos ha obtenido una celebridad poética por la leyenda de Leandro, que atravesaba a nado el estrecho para ver a su amante Hero, cuyo nombre duró hasta la época cristiana en un edificio llamado torre de Hero. Un poema griego de:Museo, poeta que vivia hacia el siglo iv, describe los amores y el trágico fin de Leandro, y Byron escribió también un poema titulado La novia de Abidos. La población actual se llama Aidos o Avida.

Abidos

Geog. Aldea en el cantón de Lagar, dist. de Orthez, dep. de los Bajos Pirineos (Francia). Talleres de aserrar mármoles. 230 hab.

Abegg Bruno Herard

Jurisconsulto alemán. (N. en Elbing en 1803. M. en Berlin 1848.) fue individuo del Parlamento de Francfort, vicepresidente del Comité de los Cincuenta, y uno de los partidarios más acérrimos de la unidad de Alemania. Ha publicado un buen número de obras de Derecho.

Abegg (Julio Federico Enrique)

Biog. Jurisconsulto alemán. (N. en Erlangen 1796. M. en Breslau 1868.) Estudio Derecho en diferentes Universidades alemanas, y tomó el grado de doctor en 1818. Dos años después entró en la Universidad de Koenigsberg, donde fue nombrado sucesivamente profesor auxiliar (1821) y profesor en propiedad (1824). En 1826 fue nombrado catedratico de Derecho en la Universidad de Breslau, la cual le nombró su diputado para la Dieta de Prusia, y poco después Consejero de justicia. Las más notables de sus obras son las siguientes: Manual de procedimiento criminal; Sistema de la ciencia del derecho penal; Ensayo histórico sobre la legislación penal de Prusia.

Abel

Nombre que en caldeo significa aliento, lo transitorio, lo vano, y que da la Escritura al hijo segundo de Adam y Eva, que fue asesinado por su hermano Caín. La muerte de Abel ha sido poetizada por escritores rabinos, árabes y cristianos, y hoy se señala el sitio donde se dice que fue muerto y sepultado, a 88 km de Damasco.

Abel

Biog. Rey de Dinamarca, hijo póstumo de Waldemaro el Victorioso, el cual al morir dividió el reino entre sus cuatro hijos, dando lugar a largas y empeñadas discordias, que terminaron momentáneamente con un arreglo. Erico, el primogénito, al regresar victorioso de la Estonia y el Holstein, se hospedó en el palacio de su hermano Abel, y éste le entregó traidoramente a uno de sus enemigos llamado Gudmundson, el cual, después de embarcarle, cargado de grillos, le decapitó, arrojando su cadáver en el Slie, en el año 1250. Abel, después de jurar con toda solemnidad que era inocente, fue proclamado rey de Dinamarca y ungido en Roskild por el arzobispo de Lund. Para captarse la benevolencia del pueblo, restableció las corporaciones municipales; pero al penetrar en tierra de los Fusones, que se negaban a pagar un impuesto, fue asesinado por un campesino. La leyenda que ha poetizado la desgraciada muerte de Erico, representa al fratricida Abel, caballero en un corcel negro vagando por la atmósfera, seguido por una jauría de perros.

Abel (Carlos)

Biog, Escritor y arqueólogo francés, contemporáneo. N. en Thionville 1824, se recibió de abogado en Metz, fue presidente de la Academia de aquella ciudad, y después de su anexión a Alemania, fue elegido diputado AB\’EL (1870). Ha publicado muchas obras sobre historia y arqueología.

Abel (Carlos)

Biog. Filólogo alemán, contemporáneo. N. en Berlín en 1839 y estudió en aquella Universidad y en la de Tubinga. A partir de 1854 ha escrito varias obras sobre la lengua copta y otros idiomas antiguos y modernos.

Abel (Carlos De)

Biog. Hombre de Estado bávaro. (N. en Wetzlar en 17 de set. de 17 88. M. en Munich a 3 de set. de 1859.) En 1827 estuvo empleado en el Consejo del Ministerio del Interior y en 1832 fue enviado a Grecia como individuo suplente del Consejo de Gobiemo. Allí prestó en la administración im portantes servicios; pero a consecuencia de las disensiones que se suscitaron en el seno del Consejo, volvió en 1834 a Baviera y entró de nuevo en el Consejo del Interior, cuyo ministerio dirigió primero interinamente, y luego en propiedad en 1837. En 1840, se encargó del ministerio de Hacienda y entonces abandonó sus primeras tendencias liberales y se inclinó decididamente al partido ultramontano. Sus palabras poco comedidas en la segunda Cámara respecto de su antecesor el príncipe de Oettingen-Wallenstein le atrajeron un desafío con este príncipe, duelo que no tuvo consecuencias personales para ninguno de los dos, pero que dañó a su reputación. El 17 de feb. de 1847, no habiendo querido firmar el decreto de naturalización de la bailarina Lola Montes, dejó el Ministerio con sus colegas y fue nombrado Ministro de Baviera en Turín, donde permaneció hasta 1848. Después se retiró completamente de la vida pública. – ABEL (CÁRLOSFEDERICO):Biog. Músico alemán. (N. en Coethen en 1725. M. en Lóndres en 1787.) fue una celebridad en la viola, en cuyo instrumento nadie llegó a igualarle. Al morir era director de la capilla real de Inglaterra.

Abel (Clarke)

Biog. Cirujano y naturalista inglés. (N. en 1780. M. en Calcuta en 1826.) Acompañó a lord Amherst, embajador de Inglaterra en China, y al reseñar su viaje, dio a conocer la flora y la fauna de aquel país, lo propio que las de Batavia, Santa Elena, Ascensión, Java y Borneo. El botánico Brown ha dado el nombre de Abelia a un género de plantas de la familia de las caprifoliáceas, originario de China.

Abel (Gaspar)

Biog. Predicador alemán. (N. en Hindenburgo 1676. M. en Nestdorf 1763.) Escribió disertaciones teológicas y notables obras sobre antigüedades. También tradujo en verso alemán un poema de Ovidio y las sátiras de Boileau.

Abel (Jacobo Federico De)

Biog. Filósofo y escritor alemán. N. en 1751 en Vaihingen del Ems, Wurtemberg. A la edad de 21 años fue nombrado profesor de Filosofía de la Academia llamada de Cárlos. En 1790 pasó con el mismo cargo de profesor a la Universidad de Tubinga y en 1793 dirigió los gimnasios y escuelas de Wurtemberg como profesor de Pedagogía. Escribió en el sentido del eclecticismo anterior al de Kant las obras tituladas: Exposición detallada de las pruebas de la existencia de Dios, en 1817; Investigaciones filosóficas sobre los últimos fundamentos de la creencia en Dios, en 1820; y Exposición detallada de los fundamentos de nuestra creencia en la inmortalidad, en 1826. Murió el 7 de jul. de 1829.

Abel (Juan José)

Biog. Pintor alemán de historia. (N. en Aschach (Austria) en 1768; murió en Viena en 1818.) En 180:l pasó a Roma, donde estuvo seis años y ejecutó varias obras notables, entre ellas la Antígona. De regreso a Viena pintó muchos cuadros históricos, principalmente de personajes r-omo Sócrates, y héroes de la antigüedad como Orestes, Prometeo, etc. Es famoso su gran cuadro de San Egidio, que tiene quince figuras de tamaño natural.

Abel (Nicolás (Niel) Enrique)

Biog. Célebre matemático noruego. (N. en Findoe 5 de ag. de 1802. M. de consunción el 6 de abr. 1829 en Froland junto a Arendal.) A la edad de 13 años fue enviado a la escuela catedral de Cristiania, donde no dió muestras de gran disposición para los estudios eclesiásticos; pero en 1818 un profesor de matemáticas, que después fue editor de las obras de Abel, descubrió su talento para las ciencias exactas, y le ayudó en sus estudios. En jul. de 1821 pasó a la Universidad de Cristianía; y habiendo muerto su padre dejándole sin medios ABEL para continuar estudiando, se mantuvo primero con los donativos de los profesores y después con una pensión del gobierno. Su primer ensayo en matemáticas fue una tentativa para resolver la antigua cuestión de las ecuaciones de quinto grado, y no habiendo podido llegar a solución ninguna, determinó trabajar hasta encontrarla o hasta ver demostrada la imposibilidad de toda solución. Estos estudios produjeron el célebre escrito de Abel en que se trata de probar la imposibilidad de representar bajo una fórmula las cinco raíces de. una ecuación de quinto grado, escrito que contiene consideraciones bastante oscuras y que no puede decirse que haya sido generalmente admitido ni muy leído. Sin embargo, los matemáticos ingleses han llegado a la misma conclusión que Abel, aunque partiendo de diferente punto. En jul. de 1825 consiguió Abel un aumento de la pensión que le pagaba el gobierno, y marchó a Berlín donde trabó amistad con Crelle, escribiendo como uno de los principales redactores en el Diario de ciencias matemáticas, que comenzó a publicarse en 1826. Después continuó sus viajes por Alemania, Italia y Suiza, y en jul. de 1826 estuvo en Paris, donde trabó conocimiento con los más célebres matemáticos de la época. Volvió a su patria en enero de 1827 y continuó sus estudios (que no había interrumpido durante su viaje) con una actividad tal, que le llevó muy joven al sepulcro. El gobierno sueco publicó las obras de Abel en 1839 en dos tomos en cuarto y en lengua francesa. El primer tomo todo lo publicado en el periódico de Crelle y en otras publicaciones alemanas, traducido al francés. El segundo comprende lo que dejó manuscrito, concluido o por concluir, todo lo cual lleva impreso el sello de su grande originalidad. El objetivo que llamó la atención de Abel fue la teoría de las funciones elípticas. Legendre, que había dedicado una gran parte de su vida a estudiar el desarrollo de estas funciones y a formar tablas para su uso, al acabar su tarea leyó la obra de Abel y se encontró que le había adelantado mucho el joven noruego, de quien hasta entonces no había oído hablar. Legendre reconoció con franqueza laudable esta circunstancia y añadió a su libro los nuevos descubrimientos de Abel.

Abel De Pujol (Alejandro Dionisto)

Biog. Pintor francés. (N. en 1785. M . en 1861.) fue discípulo de David, y ganó el primer premio Abel de Pujol en el concurso de 18u. Entre sus muchos cuadros, el más estimado es: San Esteban predicando el Evangelio.

Abel (La Grande)

Geog. ant. Roca del país de los Betoamitas, en donde fue colocada el arca de la alianza.

Abdallah

Llevan este nombre varias tribus establecidas en distintas provincias de la Argelia.

Abdallah

Biog. Nombre propio de muchos mahometanos y que en árabe significa siervo de Dios.

Abdallah

Biog. Padre de Mahoma. (N. en la Meca en el año 545. M. en 570.) Fue conductor de camellos y adquirió grandes riquezas que sirvieron a su hijo para elevarse al poder. Tío de Abul-Abbas, primer califa Abbasida, a cuya elevación contribuyó por la matanza de los príncipes Omiadas. A la muerte de su sobrino, reivindicó para sí el califato y fue muerto el año 7 55. General árabe que invadio la Galia Narbonense en el año 785, y llegó hasta la ciudad de Carcasona. 11Último jefe de los habitas, que fue destronado en el ario 1818 por el bajá de Egipto Mehemet-Alí.

Abbas I El Grande O Chah Abbas Bahadur Jan

Quinto chah de Persia de la dinastía de los Sofíes (Sefewies). (N. 1567. M. 28 en. 1628.) Fue tercero y último hijo de Mohamecl-Joda-Bendeh. Sólo contaba diez y ocho años cuando, en 1586, murió su padre; pero obernaba ya la importante provincia de Jorasan. Mientras su hermano Ismail III subía al trono de Persia por el asesinato de su hermano Hamsa, hijo mayor y sucesor de Jocla-Bendeh, Abbas se proclamó soberano independiente del Hcrat (5 dic. 1587). No tardó Ismail en caer a su vez víctima de una conspiración dirigida por el preceptor de Abbas; y Abbas entonces empuñó el cetro de Persia tinto en sangre de sus dos hermanos mayores (1589). Abbas trasladó entonces su residencia de Kazuin a Ispahán. En aquel tiempo el territorio de su gobierno estaba ocupado por los usbekos, y, no pudiendo tomará Herat la capital, tuvo que contentarse con dejar guarnicion en algunas ciudades de las inmediaciones, hasta que al fin, en 1597, los usbekos fueron derrotados por los persas, y por largo tiempo quedó libre el Jorasán de sus incursiones.
En virtud de un tratado con la Puerta Otomana, reconoció y garantizó a Turquía la posesión de las conquistas hechas a Persia en los reinados anteriores. Conquistó (de 1590 a 1600) el Guilán y muchas otras comarcas, con lo cual obtuvo la sumisión de casi todo el Afganistán otomano. Declaró por último guerra a la Puerta, causa constante de perturbaciones en las provincias occidentales de Persia, y no tardó en verse dueño de todo el territorio de la antigua dominación de los Sofíes, a consecuencia de la famosa victoria de Basara que en 1605 gano a los turcos, a quienes en los años siguientes quitó extensos territorios al occidente del Tígris y del Éufrates. En 1611 impuso a Ahmet I las condiciones de un tratado de paz que garantizaba a Persia la posesión del Schirvan y del Kmdistan, y supo sacar provecho poco después de las contiendas que perturbaron el imperio otomano en los breves reinados de Mustafá I y de Osmán II. La Puerta, que había violado las estipulaciones de la ultima paz y fomentado rebeliones en Georgia, se vio obligada a firmar en 1617 un nuevo tratado con el Chah Abbas, cuya fama por tantos triunfos resonaba ya por toda Europa.
En un acceso de desconfianza, Abbas mandó matar al mayor de sus hijos, Sefy-Mirza, y poco después hizo sacar los ojos a otros dos hijos suyos. Por la misma época convidó en Kaswin a varios khanes de cuya lealtad sospechaba, les hizo servir bebidas envenenadas, y se gozó con el espantoso espectáculo de sus horribles agonías. Estos son sólo algunos rasgos del carácter de este famoso Chah de Persia, denominado el Grande, y cuya magnificencia elogiaban viajeros, embajadores y hasta misioneros, cuyas predicaciones toleraba. Manifestó mucha amistad al Papa, por considerarlo como el mayor enemigo de los turcos. A pesar de su ferocidad, cuéntase que Abbas sintió dolor tan profundo después del asesinato de Ssefy-Mirza, que durante diez días no quiso ver la luz, se impuso la penitencia de sufrir los horrores del hambre durante igual espacio de tiempo, y el resto de su vida vistió siempre de luto. Además hizo que el cortesano matador de Ssefy-Mirza cortase la cabeza a un hijo suyo, y al ver el dolor del pobre cortesano le dijo: Consuélate con la seguridad de no ser más infeliz que lo es tu rey.
Abbas sacó también provecho de las disidencias religiosas de sus subditos, divididos en schyitas (u ortodoxos), y en sunnitas (o herejes).
Abbas sólo tuvo sentimientos afectuosos con un hijo de Ssefy, Abul-Nazr-Saam-Mirza, s quien nombró heredero suyo.
Abbas I hizo a Persia potencia de la mayor importancia. Los enviados del Gran Mogol Akbar, los del Dekcbar y de Golconda se encontraron en la corte de Abbas con los representantes de Rusia, de Inglaterra, de España, de Portugal y de los Estados de Holanda. A todos deslumbraba con esplendorosa magnificencia, y ninguno quizás sorprendio nunca un solo secreto de su artera politica: pues mientras los entretenía con fiestas suntuosas, llevaba a término los planes más contrarios a los intereses que los embajadores debían defender. Los portugueses Ormuz, a la entrada del golfo Persico, desde que en 1507 la ocupó Alburquerque. Era Ormuz centro entonces del comercio de la India. Abbas veía con ojos de envidia tal prosperidad, y, comprendiendo mal el orígen de riqueza tanta, fruto del comercio y de la industria de los portugueses, decidió con riquísimos regalos y magníficas promesas a la compañia inglesa de las Indias a convertirse en instrumento de la destrucción de tan rico emporio comercial, y en 1622 cayó Ormuz en poder de las fuerzas anglo-persas; desdichada conquista y de resultados nulos para Persia, porque Ormuz perdio toda su importancia al salir del poder de Portugal, y los ministros del Chah Abbas hicieron abortar todas las tentativas de los ingleses para reemplazar a los portugueses en el comercio del golfo Pérsico.
Murió Abbas I en su palacio favorito en Ferahabad a los 41 años de su reinado. Según el viajero Herbert, Abbas era pequeño de estatura de ojos animados, pero chicos y sin cejas, nariz gruesa y aguileña, barba en punta y afeitada a la usanza pérsica, bigotes largos, espesos y rizados.
Más dichoso o más hábil que muchos emperadores otomanos a quienes costó la vida el intento do suprimir el cuerpo de los jenízaros, Abbas consiguió desde los principios de su reinado, disolver los Kurchis, milicia pretoriana, tan audaz y turbulenta como la de los jenízaros, y que disponía del trono de Persia so pretexto de ser su garantía y apoyo principal. Ispahán, la nueva capital de Persia, debe al Chah Abbas I sus magníficos monumentos, entre otros el Meidán, plaza publica de pórticos y hermosos edificios y la provincia de Mazenderán le debe su calzada que la ha hecho la comarca más floreciente de Persia. Esta calzada, subsistente aun, partía del mar Caspio y tenía 100 leguas de largo por 17 toesas de ancho. Sus puentes, son de tan sólida arquitectura, que no han necesitado reparaciones todavía. El pueblo persa conserva de Abbas un magnífico concepto, y hasta le atribuye milagros; ¡que los crímenes se olvidan ante los esplendores del éxito!

Abbas Ii

Chah de Persia. (N. en 1631. M. en 1666.) A la edad de 13 años sucedió a su padre Sofí. Niño aun, su padre mandó cegarle con un hierro ardiendo; pero el eunuco encargado de cumplir tal orden, tuvo lástima y desobedeció. El jóven Abbas se fingió ciego hasta el instante en que Sofí, sintiendo aproximarse su fin, se arrepintió de su crueldad: entonces el eunuco le aseguró que poseía un remedio eficaz y milagroso para devolver la vista a los ciegos, y fingio hacer la prueba en el hijo del moribundo monarca. El Chah Abbas II reino 25 años en relativa tranquilidad. Era hombre de costumbres relajad1simas y depravadas. En sus horas de templanza aparecía generoso y hospitalario; pero durante sus orgias se entregaba a los actos más atroces. Siempre fue benévolo con los europeos y con los cristianos en general.
A Dios toca, y no a mí, decía, juzgar la conciencia de los hombres.Abbas II recupero a Candahar y supo conservarse en paz con la Puerta. Casi todos los soberanos de Europa, así como los de la India y Tartaria le enviaron embajadores. Murió de un absceso sifilítico con que le contagió una mujer que en vano le manifestó estar enferma. Fue sepultado en Jom en una magnífica tumba.

Abbas Iii

Biog. Último Chah de Persia de la dinastía de los Sofíes. (N. 1731. M. 1736.) Fue soberano meramente nominal de Persia durante los primeros años de la usurpación de Nadir Shah, que destrono a Chá-Tahmasp en agosto de 1732. El hijo de Tahmasp era entonces un niño de ocho meses. Pensando Nadir que no había llegado todavía la hora de ceñirse la corona de Persia, colocó a este niño en el trono y asumió el título de regente del imperio. Pero, a los cuatro años, la muerte de Abbas III puso final este estado de cosas: según al unos dores, la muerte fue natural; según otros, NadirShah quitó de en medio aquel obstáculo a su usurpación.

Abbas-Ben-Abd-El-Motálib

Biog. Tío y discípulo de Mahoma. (N. en la Meca hacia 566, cuatro años antes que el legislador de los árabes. M. 652.) Fue el penúltimo de muchos hijos que Abd-el-Mottalib tuvo en Notayla, hija de Janab. A la muerte del padre, Abbas, de edad de trece o catorce años, fue elegido para sucederle en el importante cargo de Sicaya, o distribuidor a los peregrinos del agua Santa del pozo de Zemzem. Abbas se convirtió tarde a la religión delprofeta su sobrino; pero nunca fue enemigo suyo, antes bien secretamente le favorecía con su influencia, aun militando ostensiblemente en las filas de los adversarios. Cuando el profeta había ya comenzado sus predicaciones y estaba a punto de recibir juramento de fidelidad de los pocos habitantes de Medina que primero se habían convertido, aparece Abbas, a pesar de ser todavía infiel, arengando a los neófitos en una entrevista nocturna en términos nada hostiles a Mahoma. Seguramente Abbas, que había acumulado grandes riquezas en la Meca, no se atrevía a declararse en favor de su sobrino, por no perder sus bienes e influencia, ni incurrir en la venganza de los Koreischitas enemigos de Mahoma, y, en general, de los habitantes de la Meca que obligaban al profeta a expatriarse. En efecto, Abbas tuvo con Mahoma correspondencia secreta, en la cual le informaba de los proyectos de sus enemigos; y, aunque combatió bajo las banderas de estos en Bedr, probablemente sería porque la astucia o el temor le obligaran a ello. Desde principios de la campaña propalaba entre los habitantes de la Meca profecías que anunciaban la derrota de los de la Meca, y esta conducta, que probablemente tenía por objeto sembrar el desaliento entre los Koreischitas, ocasiono violentísimo altercado entre uno de sus jefes, Abu-Jahi, y Abbas. Así, pues, se comprende que, al ver Mahoma acercarse a sus enemigos al pozo de Bedr, en cuyas inmediaciones fue la refriega, dirigiera a sus muslimes (salvadores) esta exhortación: Me consta que entro los Koreischitas hay muchos que contra toda su voluntad vienen en armas contra nosotros; entre ellos los hijos de Haxem. Por tanto, aquellos de vosotros que conozcan a los hijos de Haschem no los maten: sobre todo que no muera mi tío Abbas. La victoria de los salvadores fue completa: setenta Koreischitas quedaron en el campo de batalla y otros setenta prisioneros. Entre estos se hallaba Abbas, a quien por lo pronto amarraron los vencedores como a los demás con fuertes ligaduras. Mahoma aquella noche no podía dormir; y, preguntándole los suyos la causa de su insomnio, respondio: Oigo dentro de m1 los gemidos que arranca a mi tío Abbas el rigor de sus ligaduras. Hízole desatar y ya entonces se durmió. Días después, Abbas alcanzó su libertad mediante el pago de su rescate; y, como él era el más rico de los prisioneros, tocóle pagar más que ningún otro. Abbas volvió a la Meca, donde, aunque afecto de corazón a la causa de su sobrino, continuó todavía desempeñando sus funciones, hasta el día en que los Koreischitas rompieron el tratado de paz que, después de muchos combates, habían pactado con el profeta. Entonces salió Abbas de la ciudad y se fue con todos los suyos a engrosar el ejército del profeta, quien, a la cabeza de diez mil hombres, marchaba contra la Meca. Distaban ya poco de las murallas, cuando Abbas, para evitar todo derramamiento de sangre, resolvio demostrar a los Koreischitas la inutilidad de la resistencia. Salió, pues, del campamento de los musulmanesó salvadores montado en la mula del profeta, y, habiendo oído la voz de Abu-Sofián, jefe de la tribu de Koreisch, que por su parte andaba ejecutando un reconocimiento, lo llamó, subiólo a las aneas de la mula y lo condujo al campamento del profeta, lo convirtió y obtuvo para él el perdón de su incredulidad. La conversión no parece que debió tener mucho de espontánea, pues pasó así, según Abulfeda. Dijo el profeta: iNo sabes, Abu-Sofian, que no hay más Dios que Dios! -Sí que lo sé, respondio Abu-Sofian. -Pues entonces i cómo has tardado tanto en reconocerme como profeta de Dios – Porque en eso tengo duda. -¡Desgraciado, interrumpió Abbas, el tío de Mahoma: da testimonio de que lo reconoces, o caerá tu cabeza de tus hombros!- Y entonces Abu-Sofian rindio testimonio..La Meca vino luego a poder de Mahoma, quien abolió todos los ritos paganos, pero conservó el cargo de Sicaya o distribuidor de las aguas del pozo de Zemzem, en el cual confirmó a su tío. Desde entonces Abbas, que, además de este privilegio, alcanzó otros que ligaron su bienestar y el de su familia a la causa del Profeta, continuó sirviendo a Mahoma abiertamente, ya con su inteligencia en los consejos, ya con su brazo en los campos de batalla. Así, pues, Mahoma le demostraba todo el respeto que un hijo debe a su padre. Cuando el profeta murió, Abbas presidio los funerales: compuso versos en loor de su sobrino y continuó gozando al lado de sus sucesores de la mayor consideración. El territorio de Hedjaz padeció tal sequía el año 18 do la Hégira, que de sed perecían hombres y ganados.

Abbas-Bajá

Biog. Virrey de Egipto. (N. en 1813 en Yedda, Arabia. M. en 1854.) Hijo de Yusuf-Bey, que murió en 1818 y era el hijo mayor del célebre Mehemet-Alí, sucedió Abbas en nov. de 1848 a Ibrahim Bajá, su tío, reconocido como virrey de Egipto por la Puerta Otomana (V. Ibrahim-baja). Abbas era gobernador del Cairo, pero iba en peregrinación a la Meca cuando sucedió la muerte de su tío que no había reinado más que cuatro meses (desde junio hasta 10 nov. 1848). Desembarcó Abbas el 19 de dic. 1848 en Alejandría y fue reconocido como sucesor de Ibrahim Bajá. En enero de 1849 fue á Constantinopla y ahí recibió solemnemente de manos del Sultán la investidura del virreinato de Egipto. Abbas-Bajá se educó en el Cairo; y, a diferencia de los otros individuos de la familia de Mehemet-Alí educados en las escuelas de Europa, era musulmán de corazón y poco dispuesto, por tanto, a reformas europeas.

Abbas-Mirza

Biog. segundo hijo del Cha o Xa de Persia Feth-Alí, que nació en 1785, fue proclamado heredero del trono en vida do su padre, y aunque no llegó a ocuparlo, pues murió en1833, un año antes que Feth-Alí, ejerció gran influencia en su país y durante mucho tiempo llamó la atención de los pueblos europeos. Su hermano mayor Mohamed-Alí-Mirza no pudo menos de ver con recelo y envidia la preferencia obtenida por Abbas, y bien puede afirmarse que la muerte de Mohamed, ocurrida doce años antes que la de éste, evitó a la Persia los desastres de una guerra civil. La diferencia de caracteres de los dos hermanos acentuaba más su rivalidad: el mayor era hombre de mucho valor personal, de caracter firme y enérgico, arrogante con sus iguales y orgulloso con los inferiores; Abbas, sin carecer de valor, era muy afable, guardaba siempre las formas y hacía gala de sentimientos nobles y caballerescos. Vivían en la época en que Persia empezaba a entrar en el círculo de acción de la diplomacia europea, y en las relaciones con las grandes potencias tomaron los dos hermanos actitud distinta. Mohamed, encargado del gobierno de la provincia de Kermanchah, puede decirse que era el jefe del partido nacional, se negaba resueltamente a que sus soldados aceptaran la táctica y la organización militar de los extranjeros, y se oponía a toda clase de reformas políticas y administrativas. Abbas, por el contrario, mostraba gran afición a las costumbres europeas, aspiraba a que su país pudiera rivalizar con los extranjeros así en las artes de la paz como en las de la guerra, y sobre todo procuraba el engrandecimiento militar de Persia. Ya en su tiempo se vislumbraban con toda claridad los intentos de Rusia; por la paz de Gulistan (1814) Rusia reconoció como heredero del trono de Persia al príncipe elegido por el Cha, y al mismo tiempo estableció una especie de embajada perdió por fin la guerra entre Rusia y Feth-Ali, con gran desgracia para Persia que dos años después, el 27 de feb. de 1828, tuvo que firmar la paz de Turkmandschai. Al año siguiente el populacho de Teherán se amotino contra el personal de la legación rusa, y para dar satisfacción al Tsar, Abbas Mirza, por orden de su padre, marchó a San Petersburgo a ofrecer toda clase de excusas, donde fue acogido con grandes distinciones y señaladas muestras de aprecio. Regresó a Persia, murió en 1833 y fue reconocido como príncipe heredero su hijo Mohamed, que al año siguiente, por muerte de Feth-Alí, ocupó el trono.

Abastos

s. m. pl. La provisión de los artículos de primera necesidad.

Abastos

Hist. y Leg. Llamábase ABASTOS, en acepción limitada o restringida, la provisión de los articulas de consumo público propios en general para el sustento, cuyo comercio era en los pueblos objeto de estanco y monopolio, y cuyo acopio y venta arrendaban los ayuntamientos.
Estos abastos comprendían: los comestibles; como el pan, las carnes, el pescado, las aves, los huevos, la leche, las legumbres, las verduras, las frutas y los condimentos; las bebidas; como el vino, el aguardiente, los licores, la cerveza, la sidra; los combustibles; como el aceite, las velas, el carbón… También se comprendía el jabón… Y todos se incluían en la denominación común de articulas de comer, beber y arder. V. Abastecedores y Abacería. Aunque la mayor parte de lo legislado en materia de abastecimientos, abastecedores y abastos sólo tiene hoy carácter meramente histórico, conserva grandísimo interés economico cuanto se relaciona con tan importante materia, porque esa especial legislación contiene el desenvolvimiento de las ideas comerciales en nuestro país. El estudio debe clasificarse en tres grandes grupos: Leyes de la Novísima Recopilación; Disposiciones posteriores; Leyes de Indias.
l. LOS ABASTOS EN LA NOVÍSIMA RECOPILACIÓN. Cada cual compre y venda libremente los mantenimientos que necesitare y nadie ponga estancos ni vedamientos, bajo las penas con que castigan las leyes del reino a los que imponen y llevan nuevas contribuciones. (Ley primera, tít. 21, lib. 6. Pragmática de los Reyes Católicos en 1492: Petición séptima de las Cortes de Segovia, 1532. Don Carlos y doña Juana reproducen la pragmática de 1492 en 1532.) Según esta pragmática era libre en España el tráfico interior, sin intervención ninguna por parte de la administración publica, provincial ni municipal; pero a poco se manifestó en España la tendencia de confiar al Estado toda clase de funciones, hasta las que por su naturaleza corresponden a la actividad individual, y esto origino la ley 6.ª, tít. 5, del lib. IV, de 30 enero 1608 (que después completa un auto del Consejo de 31 oct. 1729), como sigue:Tendrá cuidado el Consejo que no haya falta en estos reinos en la provisión del pan y de otros bastimentas, especialmente en esta corte, y lo mismo se procurará por las otras partes. Indudablemente de hecho, aunque no fuera de derecho, se habían ya estancado en muchos municipios los artículos de comer, beber y arder, cuando apareció la ley 8, tít. 16 del lib. 7, de 13oct. de 1749, que los supone:Debe cuidarse que los abastos públicos se hagan a la mayor comodidad y menor precio que sea posible, sin ligas ni monopolios de dentro o fuera de los ayuntamientos. A este fin nombrarán los pueblos todos los años dos de sus individuos para que, con su procurador, síndico general y teniente asesor, intervengan y asistan, en el lugar público acostumbrado, a hacer los remates de los referidos abastos, después de pregonados por treinta días, etc.(Con esta ley de 1749, se relacionan el auto acordado de 5 de mayo de 1766, ley l.ª, tít. 18 del lib. 7.º, y la instrucción del Consejo, fecha 26 jun. 17 66, ley 2.ª.) El monopolio y estanco de los artículos de comer, beber y así como los abusos de los abastecedores darían lugar a frecuentes motines, y de aquí la ley 13, tít. 17 del lib. 7.
Decláranse nulas e invalidas las bajas que se hicieren en los abastos por los ayuntamientos y magistrados de los pueblos, compelidos por fuerza y violencia; y por ineficaces los indultos o perdones que por ellos se concedieran a los perpetradores, auxiliares o motores de dichas asonadas y violencias.
En 16 de jun. de 1767, bajo el reinado de Carlos III, volvió a intentarse la libertad del tráfico, en virtud de la Cédula de 16 de junio de 1767 (Ley 14, tít. 17, lib. 7.): Cesen en todos los pueblos las licencias y posturas y la exacción de derechos y déjese en total libertad la contratación y comercio; haciéndose saber en todos los lugares por medio de bando público para que a todos conste y no continue el abuso. Como se negaran muchos vendedores a satisfacer toda clase de impuestos, apoyándose en la Cédula transcrita, el Consejo manifestó, en Provisión de 5 de octubre de 1767 (Ley 15, tít. 17, lib. 7):
Que se habían declarado libres los géneros comestibles del pago de licencia y posturas para las ventas; pero no de los arbitrios o impuestos que estuviesen cargados sobre ellos con legítimos títulos a favor de los propios y caudales públicos.Surgieron dudas acerca de la Cédula de junio de 1767, y el Consejo declaró, en Provisión de9 de agosto de 1768 (Ley 16, tít. 17, lib. 7):Que las especies que devengan y adeudan millones, como son: carne, tocino, aceite, vino, vinagre, pescado salado, velas y jabón, deben tener precio fijo vendidas por menor; y en ningún modo por mayor, reduciéndose el cuidado de la policía municipal de todos los pueblos a celar que sean arreglados los pesos y medidas y a fijar la; horas de mercado más cómodas para los trajinantes. Quejáronse algunos pueblos de que habían subido los precios de los géneros libres de posturas y lograron que la Cédula de 16 de junio quedase derogada en 11\’ de mayo de 1772. Se sujetaron de nuevo a posturas todos los géneros que lo estaban antes de publicarse la mencionada ley 14, tít. 17, lib. 7.
(Leyes 18, 19 y 20, tít. 17, lib. 7 de la Novísima Recopilación.) 11. Los ABASTOS EN DISPOSICIONES POSTERIORES. Decreto de las Cortes de 8 de junio de 1813.
ART. 8.º Así en las primeras ventas como en las ulteriores, ningún fruto ni producción de la tierra, ni los ganados ni sus esquilmos, ni los productos de la caza y pesca, ni las obras del trabajo y de la industria estarán sujetas a tasa ni postura, sin embargo de cualesquiera leyes generales o municipales. Todo se podrá vender y revender al precio y en la manera que más acomode a sus dueños, con tal que no perjudiquen a la salud publica; y ninguna persona, corporación o establecimiento tendrá privilegio de preferencia en las compras; pero se continuará observando la prohibición de extraer a países extranjeros aquellas cosas que actualmente no se pueden exportar, y las reglas establecidas en cuanto al modo de exportarse las cosas que pueden serlo.Se ve, pues, que las Cortes de Cádiz restablecieron la libertad de tráfico, instituida más de tres siglos antes, en 1492, por la pragmática de los Reyes Católicos; pero bien poco hubo de durar la franquicia; pues al regreso del rey Fernando VII, se volvió (en 16 abr. 1816) a las exclusivas en el arrendamiento de los ramos de abastos. El _ 80 del cap. 8 del Real Decreto de esta fecha decía: Ningun otro sujeto que el abastecedor ha de vender por menor las especies comprendidas en el abasto, ni las podrá introducir ni comprar por mayor para consumo en el pueblo, etc. Pero los inconvenientes se tocaban ya tanto, y las doctrinas promulgadas por las Cortes gaditanas en 1813 habían penetrado de tal modo en la opinión, que en 26 dic. 1818 quedaron reducidos a cinco solamente los artículos estancables:ART. 3.º Los puestos públicos o abacerías de los pueblos se compondrán solamente de cinco artículos, a saber: vino, vinagre, aguardiente, aceite y carne. ART. 4.º Los pueblos serán árbitros de poner o no puestos públicos, e igualmente de reducir a menor número el estanco por menor de las cinco especies expresadas. Los artículos 8 y 9 son notables:La venta por mayor de las especies de vino vinagre, aguardiente, aceite y carne, cuyo estanco por menor se permite en los puestos públicos o abacerías, se ejecutará con absoluta libertad y sin ninguna restricción. Pero el artículo 12 venía a hacer casi imposible el desestanco, pues ligaba a los fondos generales de la nación los productos de los cinco géneros sujetos a postura: ART. 12. El producto del estanco por menor de las cinco especies referidas….. se aplicará…. al pago de la masa de contribución cargada a cada pueblo, sin que pueda distraerse a otros fines, etc. Las Cortes de 1823 no se atrevieron a llevar a la práctica el decreto de las de Cádiz de 1813, antes bien transigieron con el decreto de 1818.
Artículo 15 de la ley de 3 feb. de 1823: Cuidarán los ayuntamientos…. de que los pueblos estén surtidos abundantemente de comestibles de buena calidad. ART. 99. Las reclamaciones y dudas que ocurran sobre los ramos de abastos se dirigirán a las diputaciones provinciales para que las resuelvan sin ulterior recurso, etc. En 20 de enero de 1834 se dictó un Real decreto que volvía a intentar la libertad del tráfico interior en los dos siguientes artículos: ART. L1.0 Se declaran libres en todos los pueblos del reino el tráfico, comercio y venta de los objetos de comer, beber y arder, pagando los traficantes en ellos los derechos reales y municipales a que respectivamente están sujetos. ART. 2.º En consecuencia, ninguno de dichos artículos de abastos, excepto el pan, estará sujeto a postura, tasa o arancel de ninguna especie, etc.
Pero el artículo 5.º de dicho Real decreto de 20 de enero de 1834 anulaba de hecho a los dos primeros citados, porque en él se ordenaba la continuación de los estancos donde sus productos estaban afectos al pago de contribuciones o a cargas municipales, y ya se ha visto que lo estaban en todas partes por virtud de la Real orden de 1818. Además, el pan estaba sujeto a estanco y a gremios (á postura, tasa o arancel). Sólo hubo de hecho libertad cuando en 30 de agosto de 1836 fue restablecido el decreto de las Cortes de Cádiz de 8 junio 1813. Pero, con escandalosa infracción del decreto, continuaron en muchos pueblos arrendados los puestos públicos, con la consiguiente exclusiva de la venta al por menor, en beneficio y provecho de los abastecedores. Había para ello un pretexto formidablemente especioso; y era que en los pueblos pequeños la nueva libertad de tráfico no provocaba la concurrencia, antes por el contrario, no habiendo monopolio, no existían seductores incentivos de lucros y ganancias para los abastecedores; y por consecuencia desaparecía el surtido, hasta el extremo a veces de rayar en desesperante carestía. .
En 1845 el nuevo sistema tributario estableció contribución sobre el consumo del vino, sidra, chacolí, cerveza, aguardiente, licores, aceite, jabón i carne, y el sistema de recaudación concluyo con el antiguo orden de puestos públicos y de venta exclusiva en ellos al por menor de determinados artículos. Hubo sin embargo todavía muchas reclamaciones en favor de los estancos; y por R. O. de 5 de marzo de 1847 se autorizó el restablecimiento de la exclusiva en los pueblos que no pasaran de 3 000 vecinos y no fueran capitales de provincia ni puertos habilitados.
Las RR. OO. de 24 de feb. de 1853, 19 de abril de 1853 y 19 de abril de 1856 prohibieron en absoluto a los ayuntamientos que establezcan restricciones a la libre fabricación y venta del pan.
Por el R. D. e Instrucción del 5 de dic. de 1856se autorizó a los ayuntamientos para que pudieran establecer puestos públicos para la venta al por menor de vino, aguardiente, aceite y carnes en los pueblos de menos de 500 vecinos, y para la venta de carnes en los pueblos de 1000 vecinos abajo. Por la ley de presupuestos de 25 de junio de 1864 e Instrucción de l. o de julio del mismo año se permitió a los pueblos que, para hacer efectivos sus encabezamientos generales, recurrieran a los medios de administración, encabezamientos parciales o gremiales, arriendo a venta libre de todas o de algunas especies, arriendo con exclusiva y repartimientos.
La revolución de septiembre estableció la más completa libertad en la compra y venta de los artículos de comer, beber y arder.
La ley de 31 de julio de 1876 autorizó el establecimiento de la exclusiva en los pueblos de menos de 5 000 habitantes. Y con arreglo a la ley de 16 de junio de 1885 y al reglamento para la ejecución de la misma, los ayuntamientos de Poblaciones que no tengan más de 1000 habitantes dentro de su término municipal podrán establecer puestos públicos para la venta exclusiva al por menor de vinos, aguardientes, aceites y carnes frescas o saladas. Se entiende por ventas al por menor, para los efectos del reglamento, las que no lleguen a 6 kg o litros. Cierto es que se permite a los cosecheros y fabricantes de la misma población vender al por menor los productos de sus cosechas y fábricas, siempre que cada uno lo verifique en un solo local; pero esto no quita a la anterior disposición administrativa el carácter restrictivo de la libertad de tráfico.
Para establecer la exclusiva en la venta al pormenor de los artículos expresados, es necesario que el ayuntamiento lo acuerde asociado con un número de contribuyentes doble que el de concejales. El acuerdo se elevará a la Administración provincial de Hacienda, acompañado de una solicitud en que se expresen los motivos que hubiese para considerar conveniente la concesión. La administración concederá o negará la exclusiva en el término de un mes, y su decisión causará estado sin ulterior recurso. Si la Administración no resuelve dentro de este término, se entenderá concedida la exclusiva. (Arts. 147 al 153 del reglamento para la ejecución de la ley de Consumos de 16 de junio de 1885.) La ley municipal de 2 de oct. de 1877 declara en su art. 72 de la exclusiva competencia de los ayuntamientos el gobierno y dirección de….. A.RTS. 136 y 137. Los ingresos serán impuestos sobre artículos de comer, beber y arder, etc. 4.0 Se autoriza la creación de arbitrios sobre la venta de bebidas espirituosas o fermentadas, etc.
5.0 Los derechos de mataderos se acumularán a los de consumos (cuando los hubiere) y no podrán en junto exceder de 25 por %, etc. Donde no hubiere sobre carnes derechos de consumo, sólo se impondrá por derechos de matanza una cantidad que jamas excederá del 10 por % del valor de la res.De los alcaldes es la presidencia de las subastas para ventas, arriendos y servicios municipales (num. 10 del art. 114).
A. las autoridades locales corresponde lo relativo a la instalación y limpieza de los mercados, a la vigilancia sobre la calidad y estado de los alimentos, a la verificación de pesos y medidas, al reconocimiento de géneros y todo cuanto constituye la policía urbana. Es un deber de las autoridades municipales velar por la salud publica y cuidar del aseo de las Poblaciones, empezando por los mercados. Pero las medidas de policía urbana que adopten no deben cohibir la libertad de tráfico consignada en las leyes vigentes.
El decreto de Cortes de 8 de junio de 1813, después de establecer la más completa libertad de tráfico, declaró en el art. 8.º que todo se podrá vender y revender al precio y en la manera que más acomode a sus daños a la sanidad publica. En el num. 9 del R. D. de 20 de enero de 1834 se dispuso que en los pueblos cuyo numeroso vecindario y demás circunstancias locales lo permitiesen, se señalarán uno o más parajes para mercado o plaza publica de dichos surtidos, distinguiendo los sitios donde concurren los trajineros o vecinos vendedores por mayor de los que vendan a la menuda; todo sin ocasionar otra exacción o gastos que la ligera contribución que se creyese necesario señalar por reglamento de policía urbana para el aseo y comodidad del puesto en el mercado mismo. Muchas otras disposiciones encomendaron a los ayuntamientos la instalación de mercados y el que adoptasen medidas acerca de la salubridad de los alimentos. La R. O. de 13 de enero de1876 dice: Que es de las facultades privativas de los ayuntamientos la instalación de los mercados y la fijación de arbitrios sobre puestos públicos; que tanto por razón de higiene, como por ser uno de los medios de coadyuvar a levantar las cargas del municipio, puedan dichas corporaciones impedir la venta de ciertos artículos alimenticios fuera de los sitios públicos de contratación, aunque revistan sus acuerdos las apariencias de monopolio; que en nada se opone semejante restricción a las leyes y disposiciones que han proclamado la libertad del tráfico, cuando a tal medida presida el interés general de la salubridad publica; que dada la necesidad de los mercados, los ayuntamientos deben usar con gran parsimonia de las facultades para la nueva construcción y reglamentación de los mismos y para la imposición de arbitrios, y que mientras rijan las leyes orgánicas vigentes hay que respetar las atribuciones de las corporaciones municipales tal como las autorizaron las Cortes. En la R. O. de 16 de junio de 1875 se establece que el Ayuntamiento de Reus obró dentro de sus atribuciones al prohibir la venta de carnes fuera del local de las carnicerías, teniendo en cuenta la ley municipal, las disposiciones de carácter general y las de policía urbana.
El reconocimiento de alimentos debe hacerse por los profesores de medicina y de farmacia y por los veterinarios. La R. O. de 23 de febrero de 1885 determina los casos en que el reconocimiento de sustancias alimenticias corresponde a los veterinarios y los en que debe ser practicado por los médicos y farmacéuticos. Dice así: 1.0 El reconocimiento de los animales de sangre caliente, así como de sus embutidos y conservas, en vivo y en muerto, debe seguirse practicando unica y exclusivamente por los veterinarios. 2.0 El reconocimiento e inspección de todas las demás sustancias alimenticias que se expenden en los mercados, inclusos los animales de sangre fría, pueden atribuirse y confiarse a los profesores de Medicina y a los de Farmacia indistintamente. El Código Penal de 1870 castiga con las penas de arresto mayor en su grado máximo a prisión correccional en su grado mínimo y multa de 125á 1250 pesetas, al que con cualquiera mezcla nociva a la salud altere las bebidas o comestibles destinados al consumo público, o venda géneros corrompidos, o fabrique o venda objetos cuyo uso sea necesariamente pe1judicial a la salud. Los géneros alterados y los objetos nocivos serán siempre inutilizados. En el art. 595 se castiga con la pena de cinco a quince días de arresto y multa de 25 a 75 pesetas a los dueños o encargados de fondas, confiterías, panaderías u otros establecimientos análogos que expendan o sirvan bebidas o comestibles adulterados o alterados, perjudiciales a la salud; o no observen en el uso y conservación de las vasijas, medidas y titiles destinados al servicio, las reglas establecidas o las precauciones de costumbre. Las bebidas y comestibles adulterados, perjudiciales a la salud, deberán caer siempre en comiso.
Del texto de los dos arts. citados no se deduce cuándo la venta o fabricación de los objetos adulterados constituye delito y en qué casos debe reputarse falta, lo cual puede ser ocasión de arbitrariedad y de injusticia. Ya que el Código no distingue terminantemente la falta del delito y castiga con penas distintas hechos del todo idénticos, debe calificarse la venta, fabricación o expendición de bebidas o comestibles adulterados por su extensión o por sus efectos: será falta si de la expendición no ha resultado perjuicio a la salud del comprador; y por el contrario, será delito si por efecto del alimento o bebida adulterado se ha seguido daño a la salud del consumidor.
También señala el Código pena a los vendedores que defrauden al comprador con medidas 0 pesos escasos. El art. 592 castiga con las penas de uno a diez días de arresto o multa de 5 a 50 pesetas, a los traficantes o vendedores que tengan medidas o pesos dispuestos con artificio para defraudar, o de cualquier modo infrinjan las reglas establecidas sobre contraste para el gremio a que pertenezcan; a los que defrauden al público en la venta de sustancias, ya sea en cantidad, ya en calidad, por cualquier medio no penado directamente; y a los vendedores a quienesse les aprehendan sustancias alimenticias que no tengan el peso o medida que corresponda.
El art. 593 castiga con las penas de 5 a 15 días de arresto y multa de 25 a 75 pesetas, a los que infrinjan las reglas de policía dirigidas a asegurar el abastecimiento de las Poblaciones, yá los propaladores de falsos rumores para alterar el precio natural de las cosas.
No se considera adulterado el aceite de olivo con la mezcla del de algodón. Examinados los informes emitidos por el Real Consejo de Sanidad, Real Academia de Medicina y Consejo Superior de Agricultura, Industria y Comercio, sobre si debe prohibirse la venta al público de aceite de oliva mezclado con aceite de algodón, y en vista de que la ciencia y la experiencia enseñan de consuno que el uso del aceite del algodonero no causa daño a la salud, se ha dictado la R. O. de 15 de junio de 1880, en la que se resuelve; que se permita la venta del aceite de oliva mezclado con el de algodón, con tal que el vendedor lo anuncie así públicamente.
Ill. Los ABASTOS EN LAS LEYES DE INDIAS. Prevalece el principio de la libertad de tráfico. Ley 6.ª, tit. 18, lib. IV. Se prohibe a los virreyes y justicias de las Indias que pongan o permitan poner tasa a los mercaderes españoles que vendan por mayor o menor vinos, harinas y otros mantenimientos y mercaderías. Pero se concede a los gobernadores y justicias facultad para poner tasa a los regatones (revendedores). Ley 8.ª, tít. 18, lib. IV. Es nuestra voluntad que los mantenimientos, bastimentes y viandas se puedan comerciar y traginar libremente por todas las provincias de las Indias, y que las justicias, consejos y personas particulares no lo impidan, ni se hagan sobre esto ningunas ordenanzas, pena de la nuestra merced y perdimiento de bienes en que condenamos a los transgresores.Mas, sin duda, el sistema establecido en la metrópoli de estancar los artículos de comer, beber y arder, se extendio a las Indias con todos sus abusos, como se deduce de la ley 10, tít. 8, lib. 4:En ninguna ciudad, villa o lugar se admita ni reciba postura para abasto de las carnicerías a clérigos, conventos ni religiosos, sino a personas legas y llanas que puedan ser apremiadas a su cumplimiento; y sea por un año, o el tiempo que pareciese conveniente al que gobernare la provincia. Ya en la ley 27 se decía:Porque en algunas ciudades de nuestras Indias conocen los alcaldes ordinarios… de todas las causas que pertenecen al abasto y provisión de mantenimientos, y ponen los precios, de que se siguen muchos inconvenientes, porque los regidores y sus deudos son dueños de muchas chacras y heredades de los contornos, y, proveyendo a las ciudades de mantenimientos, los ponen a excesivos precios, y crece este perjuicio por el mucho número de esclavos y regatones puestos por mano de persona poderosa, de que se siguen muchos fraudes y engaños, etc., etc.

Abanderamiento

s. m. Alistamiento o inscripción de un buque extranjero en la matrícula nacional, aceptando todas las obligaciones y gozando de todos los beneficios de los buques nacionales.
Así, pues, el abanderamiento para los buques viene a ser lo que la naturalización o nacionalidad para las personas; pero ésta no tiene más limitación que la voluntad de los que quieren reclamarla, mientras aquél ha estado limitado por las leyes.

Abanderamiento

Mil. Alistamiento de gente para levantar tropas en defensa de alguna causa.

Abanderamiento

Leg. Dos sistemas han venido luchando en España en materia de abanderamiento: el proteccionista, en favor de la construcción naval española, y el de libre compra, en favor del comercio nacional.
Los buques de propiedad de un extranjero nunca han sido abanderables en España; pero, en cuanto a los comprados por españoles a extranjeros, han regido los dos sistemas: el proteccionista, articulado en 1790 y en la Ordenanza de 1802; y el de la libertad casi completa formulado en el decreto de 22 nov. 1868, después de la revolución de Septiembre.
A poco de autorizarse el abanderamiento por las ordenanzas de matrículas de 1802, se dictaron restricciones que hicieron dificilísima la importación de naves: en 1818 se dispuso que era necesario el real permiso para cada buque construido en el extranjero y la intervención del cónsul español. El 30 de diciembre de 1827 se prohibió en absoluto el abanderamiento.
El Código de comercio de 1829 declaró que era lícita a los españoles la compra de buques construidos en el extranjero, y que podía navegarse en ellos con los mismos derechos y franquicias que si hubieran sido siempre nacionales. El artículo 590 castigaba con la pena de confiscación de la nave la reserva fraudulenta hecha a favor de un extranjero en el contrato de adquisición. La ley de 28 de octubre de 1837 derogó el artículo 590 del Código de comercio, prohibió la compra de buques extranjeros para el servicio del Estado, dispuso que no se admitiese la matrícula de buques mercantes de construcción extranjera y que sólo pudieran abanderarse los construidos en los dominios de España y las presas. Prohibió también que los buques se carenasen en países extranjeros, a no ser en los casos de gruesa avería sufrida en la mar por temporal o abordaje, de varada en costas o puerto extraño y de haber permanecido el barco dentro de un puerto de otra nación cuando menos un año: se necesitaba justificar en todos estos casos, ante el cónsul español, que no era posible regresar a España sin carenar la nave. Se imponían grandes molestias a los propietarios y capitanes para conseguir la carena de buques. Como entonces no había en España fábricas de máquinas de vapor, se permitió que entraran libres de todo derecho las necesarias para los barcos construidos en España.
La Junta de autoridades de Cuba suspendio la ejecución de la ley de 1837, y en la R. O. de 22 de mayo de 1842 se resolvio que, tanto en Cuba como en Puerto Rico, se llevase a efecto la citada ley. Lo mismo se dispuso en la R. O. de 21 de noviembre de 1846.
El cónsul de España abanderó interinamente, habilitándola con pasavante para que se restituyese a su antigua matrícula de la Habana., la fragata Comercio, vendida ilegalmente y llegada a Londres con bandera y patente peruanas; el cónsul consideró el buque como usurpado a la marina española. Con este motivo se dictó la R. O. de 3 de agosto de 1847, en la que se aprobó el abanderamiento y se advirtió a los cónsules que no se hallaban autorizados para habilitar con pasavantes a los buques de construcción extranjera, porque por regla general los buques extranjeros sólo pueden abanderarse con el pabellón español después de haberse matriculado en uno de nuestros puertos, si tienen las circunstancias que previenen las leyes y satisfaciendo los derechos que están establecidos. Por R. O. de 7 de enero de 1848 se permitió el abanderamiento de todo buque de hierro de construcción extranjera, siempre que fuera de vapor; si fuese de vela había de obtenerse permiso especial para cada uno.
A consecuencia de haber consultado el capitán general de Marina del departamento de Cadiz si debería entregarse a su rescatador, libre de todo gasto, una balandra inglesa encontrada sin tripulación en las aguas de Ayamonte, se dictó la R. O. de 4 de mayo de 1848, oída la Sección de Marina del Consejo real, resolviendo que en lo sucesivo se tuvieran presentes las siguientes reglas: l.º Si no pudiese averiguarse la procedencia y nacionalidad del buque se lo debe considerar como español; y 2.º Si se conociese la nación a que pertenece, se entregará al juez conservador de extranjería; pero si el juez conservador no pudiese satisfacer los gastos de que debe responder el buque, porque los verdaderos dueños se desentendiesen o hiciesen abandono, deberá venderse en publica subasta; y si el comprador desea matricularlo y abanderarlo, debe accederse a sus deseos, siempre que pague los derechos de introducción y un tercio más si la nave no excede de 400 toneladas.
La ley de 17 do julio de 1849, reformadora de los aranceles de Aduanas, prohibió la entrada de embarcaciones de madera que midieran menos de 400 toneladas.
La ley de 1837 tuvo muchas excepciones: la ley de Aranceles de 1841 y la ya citada de 1849, prohibían solamente la introducción de embarcaciones de madera que midiesen menos de 400 toneladas, contándose en ellas el local de la maquinaria, según la R. O. de 18 de agosto de 1853, que se hizo extensiva a los vapores de hierro por la de 31 de agosto de 1876. Se concedio por gracia especial el abanderamiento de seis vapores de madera de menos de 400 toneladas; se autorizó el abanderamiento de un bergantín inglés, también de menos de 400 toneladas, y se permitió, como ya queda dicho, la matrícula de todo buque de hierro de construcción extranjera, siendo de vapor.
La R. O. de 30 de marzo de 1848 renovó la prohibición de carenar buques españoles en países extranjeros, y advirtió a los cónsules que si se viesen en la necesidad de permitir la reparación de buques españoles fondeados en puertos extranjeros, que interviniesen en todos los gastos y dieran cuenta para exigir al capitán y dueño del buque mancomunadamente, los derechos que habrían devengado a su introducción en España los artículos empleados en la reparación, y además una multa equivalente al duplo de aquellos derechos y al tercio del coste que hubiese tenido la mano de obra. Esta multa sería repartible entre el cónsul y la Marina, correspondiendo dos partes a ésta y una a aquél. Tan restrictiva disposición se dejó sin efecto por R. O. de 2 de julio de 1849, en la que se dispuso que todo buque español que sin necesidad urgente, declarada por el cónsul, recibiese carena en puerto extranjero p hiciese más obras de reparación o recorrido que las puramente indispensables para regresar sin riesgo a un puerto del Reino, se entendiese que renunciaba al beneficio de bandera.
Con el objeto de facilitar la matrícula y abanderamiento de los buques extranjeros se autorizó a los comandantes de las provincias marítimas para acordar el abanderamiento provincial, en los casos en que no se presentara dificultad, dejando la aprobación definitiva a las Autoridades de los departamentos y apostaderos. En la R. O. de 22 de julio de 1865 en que esto se dispuso, se compendiaron las reglas generales que debían guardarse para el abanderamiento de buques. Podían matricularse las embarcaciones extranjeras de más de 400 toneladas; los vapores de casco de hierro, de cualquiera capacidad; los que a consecuencia de naufragio fuesen comprados en publica subasta por españoles; los que teniendo más de 100 toneladas se hubiesen invertido en carenados mil reales por tonelada; los buques aresados al enemigo o que procedieren de trafico ilícito, adquiridos en remate público; y los encontrados en aguas españolas sin gente y sin que fuera posible averiguar su nacionalidad. Para nacionalizar las embarcaciones extranjeras de madera cuya capacidad excediese de 400 toneladas, y los vapores de casco de hieno, había de hacerse constar: la adquisición por españoles, el pago de derechos de arancel y las dimensiones de arqueo con el detalle de las circunstancias del buque, según certificación del encargado al efecto por la Autoridad de Marina. Si el abanderamiento se verificase en Filipinas, el arqueo había de hacerse precisamente por el constructor del arsenal de Cavite, según R. O. del 27 de marzo de 1848.
En las nacionalizaciones de buques náufragos se había de presentar: testimonio del remate; justificación del motivo o suceso que hubiese producido la pérdida, instruida en el juzgado de marina que conociere del naufragio; acta detallada del justiprecio pericial y certificado del pago de los derechos de introducción.
Para nacionalizar los buques capturados al extranjero y los encontrados sin dueño era suficiente: acreditar la compra en publica subasta y el pago de los derechos de introducción.
En todos los casos se necesitaban justificantes de ciudadanía o de naturalización de los adquirentes, los cuales habían de otorgar, con arreglo a las ordenanzas de matrículas, escritura de fianza con obligación de no volver a enajenar la nave a extranjeros en todo, o en parte con el objeto de evitar la simulación de bandera.
La legislación sobre abanderamiento ha sufrido radical reforma por el Decreto de 22 de noviembre de 1868, elevarlo a Ley poco después. Del antiguo sistema restrictivo para el abanderamiento de buques extranjeros y para la carena de naves españolas en puertos de otras naciones, se pasó al de la más amplia libertad. Dice así la parte dispositiva:
Art. 1.º Se permite la introducción en los dominios españoles de buques de todas clases, tanto de madera como de casco de hierro, mediante el abono de los derechos siguientes: Los de madera hasta la cabida de 100 toneladas de un metro cubico, pagarán por tonelada métrica 130 reales. Los de 101 a 300 toneladas 100 reales por cada una. Los de casco de hierro, de cualquier cabida que sean, 50 rs. por tonelada.
Art. 3.º Todo buque español podrá carenarse y recorrerse libremente en cualquier punto extranjero.
Art. 4.º Los dueños de buques españoles podrán libremente venderlos o hipotecarlos a nacionales o extranjeros.
Art. 13. Los materiales de todas clases que se importen del extranjero para la construcción, carena o reparación de buques de hierro o madera, cualquiera que sea la cabida de éstos, los efectos elaborados necesarios para su armamento y los materiales que se introduzcan para la construcción de las máquinas y calderas de vapor marinas; cualquiera que sea el sistema y fuerza de dichos aparatos, pagarán los derechos, que les señale el Arancel de Aduanas; pero les serán devueltos a los constructores y fabricantes, a petición suya, cuando acrediten la introducción e inversión de dichos materiales y efectos en las referidas construcciones o reparaciones de buques, máquinas o calderas.Tales son las disposiciones relativas de abanderamiento de buques que contiene el Decreto Ley de 22 de noviembre de 1868, el cual se hizo extensivo a Filipinas por disposición del Ministro de Ultramar de 23 de diciembre del mismo alío, y a Cuba y Puerto Rico por decreto de 3 de diciembre de 1869.
El 23 de agosto de 1870 se dictó una disposición sobre el despacho o abanderamiento de buques náufragos. Ha venido a constituir esta disposición el art. 237 de las vigentes Ordenanzas de Aduanas (19 de noviembre de 1884). Después de enumerar los requisitos que ha de cumplir el dueño o adquirente de un buque náufrago, si se propone rehabilitarlo para la navegación, dice: Averiguado el valor del buque, se fijarán los derechos que ha de pagar para ser abanderado por medio de la siguiente proporción: el valor del buque rehabilitado es a los derechos de arancel que le corresponden según su tonelaje, como el valor que tenía antes de rehabilitarse es al cuarto término, que expresará los derechos que deban exigirse. Si la diferencia entre este término y los derechos íntegros de arancel no llega al 10 por 100, se cobrarán íntegros los derechos, y si pasa del 75 por 100 se exigirá el 25 por 100de dicha totalidad. Sobre el modo de practicar los arqueos se dictaron algunas disposiciones que se examinarán al tratar de la palabra ARQUEO.
El arancel vigente de Aduanas de 23 de julio de 1882, señala a la importación de embarcaciones los siguientes derechos por cada tonelada que midan: Embarcaciones de madera hasta la cabida de 50 toneles de arqueo, 40 pesetas. Embarcaciones de la misma clase desde 51 a 300 toneles 26 pesetas. Desde 301 toneles de arqueo en adelante, 14 pesetas. Buques de casco de hierro o acero y de construcción mixta, de cualquier cabida, 12\’50 pesetas (Partidas 227 a 230).
El apéndice 32 de las Ordenanzas de Aduanas vigente contiene la instrucción para justificar la inversión de materiales en construir o reparar buques, calderas y máquinas de vapor marinas, y devolver los derechos de Aduanas satisfechos, como dispone el Decreto-Ley de 22 de noviembre de 1868; y para la exacción de los derechos correspondientes a los materiales invertidos en la reparación de buques en el extranjero, y a las toneladas de cabida que hubieren aumentado. El apéndice 33 dicta en la segunda parte las reglas que han de observarse para el abono a los constructores de buques nacionales de la prima de 40 pesetas por cada tonelada de arqueo, que les corresponde con arreglo a la Ley de 25 de julio de 1880.
El Código de Comercio desenvuelve en el título l.o del libro 3.o la doctrina del Decreto-Ley de 22 de noviembre de 1868. (Consultense los artículos 573 a 585.) Por Decreto de 26 de octubre de 1868, se permitió a los cónsules expedir pasavantes para que los buques adquiridos por españoles en el extranjero pudieran enarbolar provisionalmente bandera española en su viaje a la Península con objeto de abanderarse; pero necesitaban la previa autorización del Ministerio de Marina en cada caso. La R. O. de 5 de febrero de 1870, autorizó a los cónsules de España para expedir pasavantes sin permiso del Ministerio de Marina; pero sólo para un puerto de la Península o de Ultramar, dando cuenta en el acto al Ministerio de Estado, y avisando al mismo tiempo a la autoridad de Marina del punto a donde la nave se dirija.
Es interesantísima la cuestión contencioso administrativa que se debatió ante el Consejo Real, sobre indemnización de buque abanderado y apresado; la resolución del Consejo sienta importantes doctrinas acerca de la materia.. Durante la guerra entre Francia y Rusia se refugió en Cadiz la fragata rusa Luisa: el capitán, por temor de caer en manos de los cruceros franceses, la puso en venta y fue adquirida por el Sr. López Bustamante, a pesar de que el cónsul de Francia había comunicado al comercio de aquella plaza la resolución de su Gobierno de no reconocer la validez de las ventas de buques enemigos realizadas después de comenzar las hostilidades.
El comprador solicitó y obtuvo el abanderamiento de la fragata, la cual se inscribió con el nombre de Valentina. Duró el expediente de matrícula mucho tiempo, a consecuencia de las comunicaciones que mediaron entre los gobiernos de España y Francia, sobre la validez de las ventas de naves rusas efectuadas después del comienzo de la guerra; y, por fin, se resolvio abanderar la fragata. Hizo su primera salida de Cadiz en dirección a Santander, y a las pocas millas de aquella ciudad fue apresada por los cruceros franceses y declarada buena presa por los tribunales de la nación vecina.
El propietario pidió que le indemnizara el Tesoro público español, en vista del fallo del tribunal francés: denegada la reclamación por R. O. de 10 de abril de 1856, recurrió el interesado a la vía contenciosa ante el Consejo Real, el que confirmó la R. O. apoyándose en los siguientes considerandos: Que no hay ley, contrato o disposición administrativa que imponga al Gobierno la obligación de indemnizar.
Que no se ha demostrado que la autorización para la matrícula y abanderamiento de la fragata Valentina lleve, ni a un implícitamente, sobreentendida la obligación en el Gobierno de indemnizar al dueño del buque matriculado, de ningún género de perjuicios que le sobrevengan.
Que la obligación del Gobierno de proteger a todo buque abanderado con su pabellón, como a cualquiera otra propiedad española, obrando o reclamando, según permitan las consideraciones que el mismo ha de apreciar en cada caso para obtener reparación de los agravios que puedan inferírsele, ha sido cumplida y continua cumpliéndose con interés y perseverancia.Se dijo en la R. O. que el interesado podía gestionar ante Francia la indemnización y que el gobierno español apoyaría con eficacia las reclamaciones que hiciera.
Según la resolución del Consejo Real de 24 de julio de 1857, el abanderamiento y matrícula de nave que haya pertenecido a nación que se halle en guerra, no impone al gobierno la obligación de indemnizar al propietario, si la otra nación beligerante no reconoce el cambio de nacionalidad del buque y lo apresa. V. Buque, Arqueo y Cónsul.