Abia

f. Género de insectos himenópteros, familia de los tentretlinos, cuyas antenas, en forma de maza, constan de cinco artejos.

Abia

Geog. Río de la prov. de Orense, se forma con los riachuelos Puente y Bolsa, desagua en el Miño, favoreciendo durante su Cluso la industria y la agricultura.

Abia

Geog ant. Ciudad del golfo de Mesenia, que tomó su nombre de Abia, nodriza de Hilos, hija de Hércules.

Abia De La Obispalía

Geog. Villa de la prov., dióc. y p. j. de Cuenca, a 22 km de la capital; 630 habitantes, 2 escuelas.

Abia De Las Torres

Geog. Pueblo y ayunt. de la prov. y dióc. de Palencia, p. j. de Canión de los Condes, situada en la margen del Valdeabia, a 49 km de la capit.; 563 hab., 2 ese. públicas y parr. con arciprestazgo.

Abia

Biog. Hija de Zacarías y madre de Ezcquías, rey de Judá.

Aberdeen

m. Nombre dado a una raza bovina de los alrededores de Aberdeen. Nombre con el cual se designa en algunos condados de Inglaterra a un reptil perteneciente a la especie de las culebras orvetos, porque se la encuentra con preferencia en el condado de Aberdeen.

Aberdeen

Geog. Condado de Escocia, bañado al N. y al E. por el mar del Norte: al S. tiene el Dee inferior y el ramal meridional de los montes Grampians que lo separan de los condados de Kincardine, Forfar y Perth; y al O. otras montañas lo separan del de Banff. Sumayor longitud (del S. O. al N. O.) es de 85 millas, y su anchura media de 20 millas. Superficie: 5 102 km cuad. Pob.: 645 000 hab. El país es muy quebrado en su parte meridional, siendo sus cumbres más elevadas las de Ben Macdui (1343 m.), Cairn Gorm (1 248 m.), Loch-na-gar (1158 m.) y Ben More (1 094). En la parte baja abundan las tierras de labor y las manufacturas. Coséchase cebada, avena, patatas y nabos. La parte montañosa está totalmente destinada a pastos.

Aberdeen

Geog. Una de las ciudades más comerciales de Escocia, capital del condado de su nombre, distante 1u millas de Edimburgo por la canetera y 129 por el ferrocarril. Tiene un buen puerto en la desembocadura del río Dee y un magnífico arsenal. En 1336 esta ciudad fue incendiada por los ingleses y destrnída completamente, y posteriormente se edificó la nueva Aberdeen a poca distancia de la antigua. Hoy cuenta el distrito municipal 90 000 hab., 43 000 Old Machar y 47 000 en Saint Nicholus, es decir, la antigua y la nueva Aberdeen, distantes 2 km escasos; tiene 12 iglesias anglicanas: 17, libres; 5 de los presbiterianos unidos; 5 de los independientes, y 1de los católicos. En cuanto a medios de educación tiene dos Universidades a una milla de distancia de la ciudad, una de ellas el colegio real de la antigua Aberdeen, fundado en 1494 por Jacobo IV. Tiene también dos escuelas de gramática; tres escuelas gratuitas, dos en la antigua y una en la nueva ciudad, y una Caja de Ahorros. Cuenta además con un Hospicio, donde se educan, visten y mantienen por espacio de 5 años 90 jóvenes, hijos de los ciudadanos que han caído en la pobreza. Otra institución semejante sirve para las niñas huérfanas; otra para enseñar las artes y oficios y dos asilos para enfermos y locos. La cárcel, construida por el sistema celular, está a cierta distancia de la ciudad, así como el Hospital se encuentra en el centro. Hay en Aberdeen manufacturas de algodón, lino y lana; fundiciones de hierro, y astilleros para la construcción de buques.

Aberdeen

Geog. Ciudad situada al N. del Estado del Mississippí (Estados Unidos), en la orilla derecha del Tombigbee. Es capital del condado de Monroe, y dista 140 millas de Jackson y 225 de Mobila con la cual está unida por ferrocarril. fue fundada en 1836. Pob. 8 000 hab. Exporta algodón.

Aberdeen

Geog. Ciudad de 6 000 hab., llamada también Litle Hong Kong, situada en la isla de este nombre. Tiene muchos astilleros y diques para construcción y reparación de buques.∞∞ABERDEEN (JORGE HAMILTON GORDON, CONDE DE)∞∞∞ Biog. Hombre de Estado inglés. (N. en Edimburgo en 28 de en. de 1784. M. en Londres en 14 dic. 1860.) Después de completar su educación, viajó por Grecia e Italia y publicó al poco tiempo un Examen de los principios de la Belleza en la Arquitectura Tomó parte, como embajador extraordinario cerca del emperador Francisco I, en las negociaciones que precedieron y siguieron a la vuelta de Napoleón de la isla de Elba, y como individuo del partido tory, entró en la administración formada por el duque de Wellington en 1828 con la cartera de ministro de Negocios extranjeros. Se le atribuyen las palabras desdichado acontecimiento con que en el discurso de la corona se calificó la destrucción de la escuadra turca en Navarino; es lo cierto que Aberdeen, en nombre del gobierno, manifestó su resolución de sostener la independencia de Turquía. Sin embargo, hubo de ayudar al fin a la independencia de Grecia y reconocer la monarquía constitucional de Francia, resultado de la revolución de 1830. En la breve administración de Sir Roberto Peel, de 1834 a 1835, desempeñó el ministerio de las Colonias; y después bajo la presidencia del mismo Peel, de 1841 a 1846, volvio a ser ministro de Negocios extranjeros.
Su política exterior fue pacífica y prudente. En 1852, encargado de organizar un nuevo ministerio, le formó con los amigos de Peel y algunos whigs; este ministerio de coalición duró más de dos años, en cuyo tiempo continuó la política de paz y sobre todo la alianza con Austria. En 9 de en. de 1885, habiéndose propuesto en las cámaras un voto de desconfianza al ministerio, fue aprobado por gran mayoría y el conde de Aberdeen tuvo que dejar el poder. Desde entonces vivió retirado hasta su muerte. No era eminente como orador, y su influencia en la Cámara de los Lores se debió a su carácter personal, a su habilidad administrativa y a su posición social.

Abejon

s. m. Macho de la abeja maestra.

Abejón (Juego Del)

JUGAR AL ABEJÓN. Juego entre tres sujetos, uno de los cuales puesto en medio con las manos juntas delante de la boca, hace un ruido semejante al del abejón, y, entreteniendo así a los otros dos, procura darles bofetadas y evitar las de ellos.

Jugar Con Alguno Al Abejón

fr. fam. Burlarse de él, tenerle en poco.

Abeja

s. f. Insecto de seis patas y cuatro alas, del orden de los himenópteros, familia de los ápidos.

Abeja Albañila

Dice la Academia: insecto que vive apareado y hace para su morada agujeros horizontales en las tapias y terrenos duros. ∞∞ABEJA MACHIEGA, MALSA, MAESTRA o REINA∞∞∞ madre de las abejas que fabrican la miel y la cera, y de los zánganos de una colmena.

Abeja

Astr. Constelación de cuatro estrellas de quinta magnitud cerca del Polo antártico o de La Cruz.

Abeja (Orden De La)

Orden caballeresca para ambos sexos, fundada en Francia el año 1703 por Luisa Benita de Barbón, esposa del duque del Maine

Abeja (La Flor De La)

Bot. Planta cuyas flores tienen tres pétalos manchados de tal modo que parecen una abeja.∞∞ABEJA Y OVEJA, Y PARTE EN LA IGREJA, DESEA A SU HIJO LA VIEJA∞∞∞ refrán con que se da a entender que la carrera eclesiástica, el ganado lanar y los colmenares proporcionan comodidades y riquezas.

Abeja Y Oveja Y Piedra Que Trebeja

refrán que indica ser fuente de riqueza las ovejas, las colmenas y los molinos.

Abeja

s. f. Entom. Nombre común a todas las especies del género Apis, de la familia de los Apidos, orden de los Hirnenópteros, clase de los Insectos.
Se distinguen muchas especies, a la cabeza de las cuales se encuentra la abeja común esta especie se encuentra muy extendida por toda Europa y presenta muchas variedades entre las cuales son notables la abeja de Carniola, la argelina y la de Madagascar. Además de la abeja común, hay otras especies muy notables, como son: la abeja de los Alpes, en Asia, la abeja árabe (Apis arabica) y la abeja social (Apis socialis) muy abundante en Bengala; e.n Africa, la abeja cafre(Apis cafira), la abejaunicolora (Apis unicolor) muy común en Abisinia, y en las Islas Canarias, la abeja ifel Cabo (Apis Capensis), la abeja escudada, la abeja senegálica, la abeja egipcia (Apis jasciata); en la Oceanía, la abeja rosácea que vive en la Tierra de Van-Diemen.
Se tratará primero y más especialmente de la abeja común:
Este insecto vive formando sociedades compuestas de tres clases de individuos, a saber: un abeja reina o madre, de 600 a 1 000 zánganos machos y de 15 000 a 30 000 obreras o hembras neutras. Cada una de estas sociedades así formadas se denomina enjambre, y los locales o sitios donde habitan, ya buscado directamente mismas abejas, ya proporcionados y dispuestos por el hombre, se llaman colmenas.

Historia Y Tradiciones

Las abejas han sido constante objeto de consejas y preocupaciones. La fábula atribuye la invención del arte de utilizar la miel y la cera a Aristeo de Arcadia, hijo de Apolo y de Cyrene. Los antiguos celebran a las abejas del monte Ida que alimentaran a Júpiter; y a las del monte Himeto y del Hibla productoras, según ellos, de la mejor miel. Otras tradiciones cuentan que a un rey de España se debe el uso de la miel como medicina además de alimento.
Las costumbres de las abejas fueron asunto poético de la Georgica IV de Virgilio, quien nos enseña que para obtener abejas es preciso matar un toro joven, encerrarlo en una cabaña y dejarlo corromper. A la primavera siguiente, dice, nacen de esta corrupción gusanos que no tardan en convertirse en abejas. Todavía en tiempos más próximos a nosotros la hembra era considerada como un rey sin aguijón. Luis XII, al entrar en Génova, se presentó de vesta blanca sembrada de abejas de oro. El papa Urbano VIII llevaba abejas en sus armas: una vez apareció bajo ellas este verso latino. Napoleón hizo sembrar de ellas su manto imperial. En la mitología védica representan gran papel las abejas. Krishna se halla representado con una abeja azul sobre la frente. En la leyenda de Ibrahim Ibn Edhem se habla de una abeja que venía a recoger las migajas de pan de la mesa del rey para llevarlas a un ciego.
Las ninfas que educaron a Júpiter se llamaban melisas, y melisa se llamaba también la luna. Cuando las almas de los muertos bajaban de la luna a la tierra, lo hacían en forma de abejas. Dionisio, después de haber sido hecho cuartos en la forma de toro, había resucitado en la forma de abeja, según lo iniciado en los misterios Dionisiacos. En la tumba de Childerico, rey de los francos, había esculpidas, como queda indicado, 300 abejas al rededor de una cabeza de toro.
En la mitología finlandesa se pide a la abeja que vuele por encima del sol, la luna y el eje de la Osa mayor hasta llegar a la casa de Dios Creador, y traiga de allí en el pico la miel que cura las heridas causadas por el fuego y por el hierro.
El carácter religioso, o si se quiere mitológico, de las abejas subsiste en las creencias populares. Así, p. ej., en Suiza se cree que las almas de los hombres abandonan el mundo y vuelven a él en forma de abejas, mensajeras de la muerte; agüero origen sin duda de la preocupación extendidísima en España de que los abejorros y los insectos vulgarmente llamados palomitas, anuncian desgracias, o bien noticias buenas o noticias malas; todo según el color de los insectos.
Como en la tradición helénica, latina y alemana la abeja personifica la inmortalidad del alma, de ahí el creer que la abeja misma es inmortal.
En Alemania nadie quiere comprar las abejas pertenecientes a un difunto, porque se cree que han de morirse pronto para irse con su dueño. Pero en Oriente se esparce cera y miel sobre el sepulcro de los grandes hombres como símbolo de inmortalidad.
No sólo la miel, sino también la cera con que iluminan los altares, y a mayor abundamiento las colmenas, participan del carácter inmortal y sagrado la abeja como un halito, cefiro o viento que cambia de lugar, pero que nunca muere; que reúne y esparce la miel y los aromas, pero que desaparece sin morir.
La abeja figura en muchos cuentos populares con carácter benéfico y protector. Auno de estos cuentos pertenece la siguiente coplilla que, si no se ha recogido mal, suena como sigue:
Palomita, palomita,
Tú me sacaste del agua;
Por eso yo le piqué
Al hombre que te apuntaba.
Las abejas se han tenido por aves. Si respecto de las abejas en general, y como seres individuales en particular, profesaban ideas tan extrañas los antiguos, no menos erróneas eran sus creencias respecto de la sociedad formada por estos interesantes insectos.
No sólo creían macho a la reina única, sino que los griegos la llamaban REY, y los latinos juzgaban SOLDADOS suyos a los zánganos, y VASALLOS a las abejas trabajadoras y nodrizas, necesarios e ineludibles auxiliares de la función materna de la hembra única. Pero la colmena no es ni una monarquía ni una república, sino una reunión armónica de tres clases de individuos, todos indispensables para el mantenimiento, reproducción y perpetuidad de la especie.
Pocos insectos han ejercitado más la sagacidad de los grandes pensadores desde los tiempos antiguos hasta la época actual. Entre los primeros que se dedicaron a examinar las costumbres de las abejas, hay que enumerar los nombres de Aristóteles y de Aristomaco de Soli en Cilicia, y el de Filisco, Tasiano. Aristomaco, según refiere Plinio, se consagró exclusivamente a estudiar las abejas durante cincuenta y ocho alias, y Físico pasó toda su vida en los bosques escudriñando las costumbres de tan notables insectos (Plin., XI, 9). Ambos observadores escribieron sobre la abeja. En los tiempos modernos, Rcaumur, Bonnet, Schirach, Tholley, Hunter, Huber y otros han enriquecido considerablemente el caudal de nuestros conocimientos sobre estas interesantes especies. Recientemente han publicado observaciones notabilísimas sobre la inteligencia de tan interesantes himenópteros Hübner y Lubbock.

Constitución De Los Enjambres

Por lo común dos seres de sexo distinto son necesarios y suficientes para la reproducción de sus semejantes; pero en las abejas se necesita de un número extraordinariamente mayor. Así es que la sociedad de las abejas se compone, como queda dicho, de tres clases de individuos: de una hembra única perfecta (reina), cuya función está reducida a poner huevos; de 600 a 1 000 zánganos, de los cuales uno solamente fecunda a la hembra; y de 15 000 a 30 000 hembras no desarrolladas ni perfectas, a las cuales incumbe fabricar con cera y fortificar con propóleos la habitación del falansterio; alimentar a la reina y a los zánganos con miel y polen digeridos hasta cierto punto por ellas propias; criar, como nodrizas cuidadosísimas e inteligentes, la descendencia de la reina; traer las provisiones necesarias para la comunidad y defender la colmena de los ataques de sus muchos enemigos.
Los zánganos son precisos para la fecundidad de la madre; pero necesitan ser mantenidos, porque no pueden trabajar, ni aun ofender ni agredir para tomarse su alimento, por carecer de armas, es decir, del aguijón penetrante y venenoso que tienen todas las demás abejas no pertenecientes al sexo masculino. La hembra es necesaria para poner huevos de ambos sexos, hasta en número de 30 000; pero también es incapaz de procurarse el sustento ni de construir la habitación de su numerosa posteridad, ni menos de alimentarla ni criarla. Y sin las hembras atrofiadas que desempeñan estas importantísimas funciones de la maternidad, la sociedad de las abejas perecería sin remedio.
Lejos de ejercer funciones gubernamentales, la reina única hembra, pasa toda su vida en sólo poner huevos. Es muy tímida, y al menor peligro se oculta en lo interior de la colmena, al paso que las trabajadoras se precipitan a la entrada y se abalanzan furiosas al agresor. Puede cogérsela sin temor de que haga daño, ni de que clave el aguijón en la mano: una abeja forastera que entre en la colmena, le tira impunemente de las alas y de las patas. Pero este insecto tan medroso se convierte en un animal terrible no bien se encuentra con otra abeja hembra; pues nunca dos pueden existir juntas en la misma habitación. Si tal sucede alguna vez, ambas se atacan en el acto, se persiguen furiosamente, se dan de puñaladas mortales con el corvo aguijón de que están armadas, y el combate dura sin tregua ni descanso hasta la muerte de una de las dos hembras. La vencedora no se da por satisfecha aun, sino que se dedica a matar inmediatamente a las otras hembras existentes todavía en sus capullos en las celdas de cera del panal.
Lejos de ser soldados terribles, los zánganos se pasan la vida durmiendo en la colmena, cuando la temperatura o el viento no les son favorables para sus paseos voladores: son sumamente pacíficos, como conviene a seres inermes y mantenidos; y, al fin, se entregan sin combate al furor de las obreras, cuando a los dos o tres meses de nacidos, a principios de agosto, no siendo ya necesarios para nada, las obreras deciden exterminarlos en una matanza general. Así, pues, fuera de las funciones de la reproducción, las hembras atrofiadas lo son todo: arquitectos, nodrizas, provisoras y guerreros.

Caracteres Anatómicos Y Fisiológicos

La Abeja Reina

De 17 milímetros de longitud, es de color pardo oscuro. La cabeza, de forma de corazón, está completamente cubierta de pelos espesos y amarillos, excepto en la frente, donde el pelo es casi negro. Los ojos de facetas son angostos y dejan entre sí una ancha frente en la que se ven tres ocelli simples. Las antenas son amarillas por debajo y pardas por encima, y presentan trece articulaciones: la articulación de la base tiene más de la tercera parte de toda la longitud; las demás articulaciones se dirigen hacia adelante formando ángulo con la primera. El tórax se halla cubierto de pelos de color pardo-claro. Las patas sonde color amarillento: el fémur y la tibia de las patas delanteras y la base del fémur de las patas traseras son también de color pardo. Todas las garras de los tarsos están divididas. Las alas son de muy pequeñas dimensiones, pues apenas rebasan de la mitad del largo del abdomen, y las traseras tienen dos celdas cerradas y cuatro abiertas. El abdomen tiene la forma de un cono alargado, liso y casi por completo sin pelos: en él se ven por encima seis segmentos distintos: la parte de debajo del cuerpo y la base de cada segmento de encima tienen un color más pálido que las demás partes.
Este sexo está dotado de un aguijón corto y corvo. La abeja reina se parece a la trabajadora en la forma de la cabeza y del tórax, pero la gran longitud del abdomen y el color más pálido de las patas y antenas son sus principales rasgos característicos.
Una reina puede vivir hasta cinco años, pero regularmente su vida es sólo de tres.
En los zánganos el cuerpo es a modo de cilindro de 16 milímetros

La Abeja Neutra O Trabajadora

De 12 milímetros de longitud, es de color pardo oscuro casi negro: la cabeza, triangular, redondeada o en forma de corazón, y el tórax se parecen a los de la hembra; pero la cabeza tiene pelo negro en el vértice. La situación de los ojos no difiere de la de los de la reina, y las antenas tienen 13 articulaciones. Las patas son negras y las plantas de las patas traseras aparecen estriadas transversalmente por el interior. Plegadas las alas llegan casi a la punta del abdomen. Este es cónico y está compuesto de seis segmentos diferentes: el anillo de la base resulta completamente de pelo negro muy espeso, pero los otros segmentos se hallan pobremente vestidos.
Las trabajadoras tienen todas aguijón, que es recto y dentado a modo de sierra. Su vida en verano es de unas seis semanas: las que nacen en otoño llegan hasta la primavera siguiente.
El aparato digestivo de las abejas empieza en la boca y se prolonga hasta el ano. La faringe se ensancha formando una cavidad gástrica, especialmente destinada para el proceso químico que convierte en miel el néctar de las flores.
La abeja respira por un sistema de tráqueas. En los vertebrados se llama tráquea el tubo que conduce el aire a los pulmones; y, por extensión, se llaman también tráqueas los conductos por donde el aire inspirado se reparte en los insectos. Las aberturas exteriores de las tráqueas terminan en unos espiráculos, que se denominan . Los estigmas están especialmente colocados entre los anillos del abdomen a cada la.do del cuerpo. Los canales correspondientes a los estigmas se ramifican luego por las tráqueas en todo el cuerpo del insecto.
Las tráqueas se ensanchan en vesículas relativamente grandes en las abejas y los zánganos, y estas vesículas almacenan mucho oxígeno, comburente para un pujante vuelo, disminución de la densidad media del insecto, y resonancia y amplificación del zumbido. A cansa riel aire que estas vesículas contienen se ve como revivir y salir volando a algunos insectos a quienes se ha tenido tres días bajo agua, previamente hervida, y que parecían haber muerto de asfixia: así que carece de fundamento la creencia de que se mata a los insectos dañinos sumergiéndolos en agua, a menos de que la sumersión exceda de siete días u ocho.
Muchos insectos tienen dos estigmas torácicos y siete abdominales: los himenópteros tienen tres torácicos. El aire entra en los estigmas y sale por las dilataciones y con tracciones de la cavidad abdominal. En general, los insectos hacen de 30 Aparato respiratorio a 50 inspiraciones por minuto: pocas cuando hay frío; muchas cuando hace calor. El insecto cierra sus tráqueas cuando vuela y en los gases que le son nocivos. La obturación es necesaria para asegurar el mecanismo de la respiración.
Los himenópteros son naturalmente insectos sonoros. Su zumbido es generalmente un compuesto de tres tonos: uno, producido por la vibración de las alas: otro, más agudo, por la vibración de los anillos del abdomen; y el tercero, mucho más agudo e intenso que los demás, formado en los orificios estigmáticos; sonido que subsiste aún quitando las alas a los insectos, o que cesa tapándoles los estigmas o engrasándoselos. El sonido de las alas en una abeja es regularmente un la de 440 vibraciones por segundo cuando no está fatigada, y el correspondiente mi de la misma octava cuando se encuentra fatigada, es decir, 330 vibraciones por segundo. Pero esta determinación del tono de las alas no es más que un término medio bastante vago, pues necesariamente varía con el tamaño de las alas; y es distinta, por tanto, en los zánganos y en las reinas. Los tonos estigmáticos son mucho más agudos en la apis mellifica; pues es un sí de 594 vibraciones por segundo; lo que tampoco debe tomarse sino como una estimación general; pues esa nota varía en el mismo insecto según su estado de salud o de fatiga; y, naturalmente, cambia también de unos insectos a otros.
El sistema nervioso de las abejas es ganglionar como el de todos los insectos. El ganglio encefálico se divide en dos hemisferios, uno mayor y otro menor: en el tórax existe otro ganglio y cuatro en el abdomen: todos comunican entre sí por filamentos nerviosos, ramificados después por todos los órganos del insecto.
La abeja indudablemente posee los cinco sentidos de los animales superiores.
En general, los himenópteros deben gozar de una audición perfectísima, a causa de las múltiples tonalidades de sus .aparatos sonoros; pues los variados sonidos que cada cual produce deben permitir a los demás reconocer los insectos de su especie y los de las otras, y también distinguir los sexos por la diferente altura de los tonos. El tacto reside en el cuerpo todo del insecto, pero con especialidad en las antenas.
Estímase, además, que las antenas sienten, distinguen y aprecian las vibraciones del aire; y que, por tanto, son en las abejas el verdadero órgano del oído.
Muchos no creen determinada aún la localidad del órgano olfativo: otros lo suponen en los orificios estigmáticos. Pero lo que es indudable es que las abejas tienen un olfato finísimo que las lleva a buscar sus flores favoritas a grandísima distancia.
El gusto se supone en la lengua, cuyos nervios parten, múltiplemente ramificados, del hemisferio menor del ganglio encefálico.
El sentido de la vista se supone no sólo en los tres ojos simples de la frente (ocelli, ojillos; llamados también estemas por su modo de colocación, sino también en los ojos laterales, cada uno de los que contiene 3 500 facetas: el nervio óptico sale del hemisferio mayor del ganglio encefálico.

Órganos Característicos De Las Obreras

Estos órganos son: a) trompa lamedora: b) patas de canastillo: c) aguijón venenoso y d) órganos de secreción de la cera.
a) Las trabajadoras lamen el néctar de las llores; lo recogen en el estómago de la miel; y, vueltas a la colmena, lo vomitan y depositan en las celdas. La miel de abeja no es pura y sencillamente el néctar de las flores condensado por la evaporación del agua, sino producto especial de las abejas, que, por un proceso químico sui generis en la cavidad gástrica o estómago de la miel, se convierte en miel.
Las abejas, pues, sólo recogen con la trompa el néctar de las flores, no el producto especialísimo que se llama miel de abeja.
En una observación superficial aparece la trompa como un solo tubo, a través del cual puede creerse que la miel pasa al estómago por succión; pero, inspeccionada la trompa con el microscopio, se ve que está compuesta de cinco partes muy distintas: de un tronco central y de cuatro vástagos laterales, dos a cada lado. La parte .central es la destinada principalmente a recoger la miel: esta parte, no perforada, sino de forma achatada y de consistencia y sustancia cartilaginosa, se emplea como lengua para lamer en las flores el néctar: la miel pasa a la faringe donde es conservada y modificada químicamente, y de donde es después expelida (o más bien, vomitada) en las celdas del panal. Dedicase una parte de la miel recolectada a la alimentación de las larvas, y el resto queda almacenado dentro de las celdas para sustento del enjambre durante el invierno.
b) De los órganos masculinos de las flores recoge la abeja el polen, tomándolo de la .parte ABEJ denominada antera en los estambres; y, después de humedecido Con saliva y miel, lo acarrea en dos canastillos naturales admirablemente apropiados para la recolección. Estos canastillos están colocados en el primer artejo de las patas posteriores (tarsus). Esta articulación es eminentemente característica. A veces aparece con cuatro ángulos.
Entre los pelos de los bordes quedan aprisionadas las primeras partículas del polen y adheridas a los pelos y a la parte cóncava del artejo por una sustancia untuosa como aceite, secreción de las glándulas sudoríficas de las patas. Contra las primeras partículas pegadas aprieta el insecto con las patas intermedias las demás partículas que signe recolectando, y, al fin, las últimas; con lo que forma en cada pata una pelota de polen, que los alemanes llaman calzoncillos (Hoschen), tan perfectamente adherida a la articulación que, aunque en el vuelo del insecto queda hacia abajo, nunca se cae y puede ser transportada por el animal a distancia de muchas leguas. A la reina y a los zánganos falta el canastillo y las hileras peludas.
El polen, sustancia ricamente azoada, es absolutamente necesaria para el sustento de las abejas, pues la miel no contiene ázoe ninguno. El polen con miel constituye el principal alimento de las abejas.
c) Las trabajadoras tienen oculto en la extremidad del abdomen un aguijón recto, en forma de siena, acerado y móvil, que introduce en los órganos de los enemigos un veneno segregado por dos vesículas situadas a los lados del canal intestinal. Las trabajadoras so sirven de las mandíbulas como de armas para sujetar a las abejas intrusas o para retorcerles las alas y arrancárselas. Pero su arma especial y favorita es el aguijón, que esgrimen furiosamente contra toda abeja forastera, contra los animales enemigos y contra el hombre mismo. El veneno del aguijón paraliza el miembro herido y mata a las abejas. A hombres y animales atacan valientemente las trabajadoras, cuando creen en peligro a su reina o a su colmena; pero, lejos de su habitación, la abeja es tímida y espantadiza. Sin embargo, cuando hace mucho calor y en los bochornos precursores de tempestad, sienten las abejas furor por aguijonear. La picadura produce un escozor insoportable, que en los sujetos irritables llega a convertirse en una violenta inflamación, acompañada de fiebre urticaria. Este aguijón, que tiene de 5 a 6 milímetros de largo, está compuesto de dardos unidos, movibles en el interior de una especie de vaina, dejando entre sí por la parte inferior una estrecha ranura y terminando cada uno por quince o diez. Como también se ha indicado, estos dardos están encerrados en un estuche o vaina de cerca de 2 a 3 milímetros de ancho, rodeada en su base de nueve escamas cartilaginosas o córneas, provistas de músculos, ocho de los cuales parecen destinados a lanzar hacia fuera la punta del instrumento, siendo la función del noveno operar su retracción.
No es la introducción mecánica del aguijón de la abeja la causa de accidentes tan graves a veces; sino un veneno segregado por dos vesículas colocadas a los lados del tubo intestinal. El principio activo del veneno de la abeja es ácido fórmico muy concentrado.

Los Panales

Descripción. La vida de las abejas está tan íntimamente ligada a sus habitaciones celulares, que sin ellas sería imposible.
En el interior de una cavidad natural o preparada por el hombre fabrica sus panales de cera. Qué es un panal?
De la parte superior de la cavidad se ven colgando varios muros o paredes de unos 15 milímetros de espesor, la mayor parte de las veces paralelos entre sí, rara vez oblicuos con relación a los otros, pero siempre dejando entre sí intervalos libres, de cerca de un centímetro, que forman como calles o plazas destinadas a la circulación del pueblo. Arránquese del techo uno de estos ladrillos de cera, a fin de inspeccionarlo con toda comodidad, y nos encontraremos con una verdadera maravilla; maravilla que cautivó la atención de los antiguos geómetras.
El tal ladrillo no es jamás un macizo de cera, especie de tableta sólida o de plancha compacta; antes bien se ve perforado, tanto por la una como por la otra de sus dos caras, de agujeros hexagonales, a modo de prismas rectos o de celdas o alveolos de seis lados, adosados los unos a los otros de tal modo que cada hueco, celda o alveolo hexagonal, se encuentra rodeado de otros seis; por lo cual los seis tabiques de cera que determinan la forma prismática de cada agujero son comunes a otros seis. Y esto lo mismo por la una cara que por la otra del muro o ladrillo arrancado al techo de la colmena.
Dos de estos tabiquillos son siempre verticales en cada hexágono; los demás oblicuos.

Abeja Continuacion 1

Esta verticalidad determina la horizontalidad de los centros de cada hilera de hexágonos; por manera que cada piso de celdas resulta horizontal también. Y como los tabiquillos divisorios de las celdas son comunes a las contiguas, esta comunidad determina a su vez la horizontalidad de los pisos superior e inferior de cada hilera en cada cara.
Estos alvéolos tienen 7 milímetros de largo y 5 de ancho.
Así, pues, si por cada cara del panal se imaginan líneas horizontales que pasen por los centros de los hexágonos, estas líneas horizontales aparecerán como rectas paralelas distantes entre sí una longitud constante.
Esto es lo que pasa en cada una de las dos caras estudiada aisladamente. Pero continuando el examen y relacionando ambas caras entre sí, se observa que los pisos de celdas, antes de arrancar el ladrillo, no distaban del techo de la colmena por la una cara del panal lo mismo que por la otra cara; y, profundizando más el análisis, pronto se descubre que el fondo interior de cada celda de una cualquiera de las dos caras del panal se apoya en los fondos de tres celdas de la otra cara del mismo; por manera que cada piso de celdas está más bajo por la 2.ª cara que el correspondiente piso de la cara opuesta (después se definirá la 1.ª cara.)
Por consecuencia, las horizontales de los centros de los pisos de hexágonos de la primera cara del panal distan del techo de la colmena la mitad del radio del hexágono más que las horizontales correspondientes de la segunda cara del panal. De otro modo, si fueran transparentes los fondos de los prismas hexagonales del panal, la proyección (en un plano vertical) de los tabiquillos hexagonales a cada cara, haría pensar que los fondos de las celdas eran 3 rombos regulares, cuyos ángulos agudos fuesen de 60°, y por consiguiente de 120° los obtusos. Pero este primer pensamiento sería erróneo, porque una investigación final más detenida haría ver que las bases de estos, al parecer prismas hexagonales perfectos, no son planas, sino piramidadas; y que, de consiguiente los seis tabiquillos que clan la apariencia hexagonal a las celdas por cada cara del panal, no son tampoco rectángulos perfectos. En efecto, el fondo decada uno de estos, al parecer prismas hexagonales rectos, termina en un ángulo recto, cuyos ángulos planos son de 109° y 28\’ (claro es que ángulos agudos de estos rombos regulares tendrán que ser, como realmente son, de 70° 32\’).
Dados estos antecedentes, no sería difícil que un artífice primoroso construyese de madera, o estearina, o de jabón, o de otra sustancia fácil de elaborar, unos cuantos de estos casi-prismas hexagonales piramidados: el lector mismo que desee imaginarse bien la maravilla del panal, puede ejercitarse con éxito seguro en esta construcción, por poca habilidad manual de que disponga.
Yuxtapuestos, pues, tres de estos llamados prismas hexagonales piramidados, se verá que sus rombos contiguos forman un ángulo triedro entrante; y en este entrante de cada tres prismas de la una cara entra y se ajusta el triedro saliente de otro prisma correspondiente a la otra cara del panal.
He aquí, pues, cómo resulta la compleja maravilla de que cada celda esté constituida lateralmente con tabiques comunes a otras seis celdas por cada cara del muro colgante, y de que los Tambos de cada fondo sean comunes a otros tres fondos de la cara opuesta: que las hileras o pisos de hexágonos disten entre sí por cada cara la longitud constante "raíz de 3"; y que los pisos de la 2.ª cara estén más bajos que los de la otra cara la mitad de la longitud vertical de los lados del hexágono.
En fin, los ejes de los prismas no son enteramente horizontales: tienen una pendiente de unos 5º desde la boca hasta el fondo, de manera que una gota de miel depositada en la entrada de la celda corre hacia el interior.
Todo esto es para causar asombro. Pero la admiración tiene indudablemente que llegar a su límite, cuando se sepa que la inteligencia de las abejas melíficas ha llegado a resolver un problema que muchos geómetras no pudieron dominar.
Los animales, por lo general, construyen sus habitaciones con materias profusamente esparcidas a su alrededor. Pero las abejas tienen que fabricar las suyas con cera, material que ellas mismas tienen que elaborar con secreciones especiales de los anillos de su propio abdomen. A los animales, pues, en general no les interesa la economía: pero para las abejas es esencial la cuestión del mínimum.
Trabajar en círculos o segmentos de círculo es lo más compatible con el mecanismo animal, y bien se observa que las obras de casi todos los insectos (quizás podría sin exageración decirse de todos los animales) afectan la forma circular o segmentaría de circulo. Semejante construcción tienen los alvéolos de casi todas las otras especies de abejas distintas de la de colmena; y aún los de la apis mellifica, en las circunstancias excepcionales de que luego se hablará, son igualmente redondeados, como acontece con la gran celda de la reina, con algunos de los socavones que en las gruesas paredes de la celda real hacen las obreras cuando de pronto necesitan cera, y como a veces también se observa en otras partes del panal cuando ha sido menester reparar expeditivamente una avería.
Si las abejas excavasen en un ladrillo de cera agujeros cilíndricos en el mayor número posible, perderían la cera contenida en los triángulos que se crean, y he aquí por qué hacen de forma hexagonal sus prismas: el ahorro del precioso material es así muy considerable, y mucho también el espacio ganado para los alvéolos. Lo que no parece tan claro es que también haya considerable economía de cera haciendo piramidados los fondos de los prismas, y no planos; pero el cálculo demuestra que la cera necesaria para edificar 50 celdas de fondo plano basta para construir 51 de fondo piramidado.
Una vez elegido el hexágono y reconocida la ventaja de los fondos piramidados, quedaba aún por resolver esta importantísima cuestión geométrica del mínimum: cuáles deben ser los ángulos de los rombos iguales que terminen simétricamente alrededor del eje un prisma hexaédrico regular, para que la superficie total sea la menor posible? Réaumur propuso este gran problema al geómetra alemán Konig; pero este sabio, aunque se valió del cálculo infinitesimal, no dió con la verdadera solución, pues encontró 109° 26\’ 16" y 70° 31\’ 44". Lord Brougham, insistiendo en el estudio de estas cuestiones, logró demostrar que Buffón estaba equivocado al sostener que la forma hexagonal de las celdas era de biela a la presión (análogamente a lo que pasa con los pretendidos exaeclros de las pompas de jabón cuando se yuxtaponen). También demostró Brougham que el doctor Barclay se engañaba al suponer que todas las celdas tienen paredes dobles; para sostener lo cual, se fundaba en que era una capa de cera interior el tapiz de películas larvarias de ninfosis que suele recubrirlas, sustancia del todo distinta de la cera y enteramente insoluble en la esencia de trementina hirviendo, que disuelve en seguida la sustancia de las celdas (cera). Mas tampoco Brougham determinó la magnitud de los angulos de los rombos. Estaba reservado al insigne Maclaurín demostrar con solos los recursos de la geometría antigua, y dando prueba así de sus grandes recursos matemáticos, que Konig se había equivocado en dos segundos al determinar los valores angulares deducidos del cálculo diferencial, y que las abejas no dan una solución aproximada del problema, sino la solución exacta (según resulta de las mediciones de Maraldi) 70° 32\’ y 109° 28\’. El instinto de los insectos ha sido superior al cálculo de hombres insignes. Pero hay más: respecto de las longitudes de las líneas se demuestra (tanto por el análisis como por la geometría ordinaria), que el mínimum de superficie sólo se puede obtener cuando la perpendicular bajada desde uno de los ángulos obtusos del rombo al lado opuesto (ósea la altura del Tombo) es igual al lado del hexágono. Por otra parte, la longitud de la arista de cada ángulo diedro ha de ser, para la obtención del mínimum, también igual al lado del hexágono. Las celdas de los zánganos (así las llamadas de transición, como las construidas después), si bien algo mayores, son semejantes a las de las obreras. No sucede lo mismo con las celdas reales. Las de las trabajadoras son, como acabamos de verlo, hileras de alvéolos casi horizontales a modo de prismas hexagonales de fondo piramidado, rodeado cada uno de otros seis semejantes. Mas por contraste, las celdas reales no se hallan entre otras, ni en hileras, ni colocadas horizontalmente, sino verticales, y se encuentran siempre solitarias pegadas a los bordes del panal. Su número varía desde dos o tres hasta veinte, si bien es muy raro que lleguen a tanto. Su forma, por otra parte, nunca es hexagonal, sino semejante a una cápsula de bellota: la base más ancha es la que se encuentra unida al borde del panal, por manera que cuelga hacia abajo el otro extremo, en el cual está situada la boca o entrada de esta celda.
El peso de una de estas celdas de excepción es 100 veces mayor que el de una celda común de trabajadora.
El tiempo propio de construcción de las abejas es la primavera, especialmente mayo y junio. Los panales recién hechos son blancos como la nieve; pero las evaporaciones o emanaciones de las abejas los amarillean u oscurecen.
Suspendamos aquí la descripción de los panales y de sus modificaciones, a las cuales volveremos al tratar de las exigencias dependientes del modo de construcción y de los fines a que se destinan los alvéolos. Descritos, pues, los panales, condición de la existencia de cada individuo, estudiemos ahora a las abejas en comunidad.

Incubación Y Cría

Dentro de cada celdilla pone la abeja madre un huevo que se queda adherido al ángulo triedro del fondo piramidado por una sustancia glutinosa que lo acompaña.
Al principio son de trabajadoras todos los huevos: pasados once meses los huevos son de zánganos; y, durante la postura de estos, ocurre la de los huevos reales.

Huevos De Trabajadoras

Unos cuatro días después de puesto el huevo, aparece la larva; y a los cinco o seis días (según el estado de la temperatura), la larva de la trabajadora todo su des arrollo.
Entonces las abejas nodrizas la enclaustran en su celda, cerrando la entrada con un conglutinado de cera y polen.
Tan pronto como la larva queda encerrada, comienza a hilar su capullo con una sustancia sedosa de que forma el interior de su celda, operación que le exige unas treinta y seis horas: luego se convierte en ninfa, y al cabo de unos ocho días, es ya imago o insecto alado y perfecto: en todo lo cual transcurren veintiún días. Las trabajadoras jóvenes, aunque con alas, no salen de la colmena en unos ocho días: a los ocho días salen volando, pero solamente por motivos higiénicos de aseo, para deponer fuera de la colmena las materias fecales; pero para ir en busca de provisiones y traerlas a la colmena, no vuelan hasta los diez y seis días.

Huevos De Zánganos

Hasta los once meses de edad (lo que de ordinario acontece en la primavera) no empieza una reina primeriza a poner huevos de zánganos; pero entonces los pone en abundancia tal que en los meses de marzo y de abril deposita en las celdas de transición y en las después fabricadas de 40 a 50 diariamente. Esta se llama la gran postura. Hay otra también de huevos machos por otoño, pero ésta no es considerable (Véanse luego las formas de transición).
Tres días después de la deposición del huevo macho aparece la larva: a mediados del séptimo día, a contar desde esta fecha, la larva, desarrollada ya completamente, hila su capullo, en lo cual emplea unas 36 horas: conviertese luego en ninfa; y, por último, aparece insecto ya perfecto: resultando empleados unos 24 días entre la postura del huevo y la aparición del insecto alado o imago.

Huevos Reales

Parece existir relación entre la postura de los huevos machos y la construcción de las celdas reales, porque las trabajadoras principian la construcción de estas celdas cuando la hembra está poniendo los huevos de los zánganos.
La reina deposita en cada celda real un huevo de futura reina con intervalos por lo menos de un día, y siempre durante el período de la postura de los huevos machos. Cuando la reina está a punto de poner, introduce la cabeza en la celda para cerciorar8e de su idoneidad; y mete luego en ella el abdomen y, a los pocos segundos, lo saca dejando un huevo en lo alto adherido al fondo de la celda en posición vertical. La adherencia es debida a la sustancia glutinosa.
A los tres días de puesto el huevo, la futura reina es larva, estado en que permanece durante cinco y medio días; y a los ocho y medio es ya ninfa. La reina, pues, su desarrolla en 16 días poco más, mientras que las trabajadoras requieren 20 días, y los zánganos 24. La reina hila medio capullo.
Tamaño de los huevos. -El huevo mide próximamente dos milímetros de longitud, y afecta la forma de un cilindro recto, cuyas bases fueran superficies convexas; recuerda, aunque remotamente, la figura de un pepino.
El huevo se incuba con el solo calor de la colmena.

Alimento De Las Larvas

Cuando la larva sale del huevo la alimentan inmediatamente las abejas encargadas de la crianza, que, por esto, reciben el nombre de nodrizas. Esta larva yace enroscada en el fondo de la celda donde sigue creciendo hasta llenar por completo el recinto de dicha celda; al conseguir todo su desarrollo yace horizontalmente la cabeza vuelta hacia la entrada.
Mientras las larvas de trabajadoras y de zánganos están enroscadas en el fondo de su celda reciben solamente alimento lácteo; pero hacia el sexto día, cuando dirigen el extremo de la cabeza hacia la abertura de la celda, reciben miel y polen, alimento no previamente digerido por sus nodrizas, y que las larvas mismas tienen que digerir.
Pero las larvas reales siempre reciben en gran abundancia el alimento lechoso.
Los zánganos y la reina no comen nunca polen crudo: comen siempre el alimento lechoso previamente digerido por las trabajadoras: por consiguiente sólo en él reciben el ázoe necesario para el sustento.
Las trabajadoras toman miel y polen, no digeridos previamente.
Supónese que el alimento lácteo no se suministra directamente a las larvas, sino que las nodrizas lo lanzan de sí, y lo esparcen al rededor de ellas. Cuando la larva ha alcanzado todo su desarrollo, el alimento es más dulce (probablemente contiene mayor proporción de miel); y la abeja nodriza lo pone directamente en la boca del insecto de un modo parecido al de un pájaro cuando da de comer a sus polluelos.

Costumbres

Las abejas practican la división del trabajo, porque a ello les obligan las aptitudes de las trabajadoras, dependientes de las condiciones de su edad.
Las abejas jóvenes, que no tienen aún fuerzas para alejarse de la colmena volando a grandes distancias, son las encargadas de ejecutar todo el trabajo interior de la colmena; y las abejas adultas, ya capaces de vuelo vigoroso y sostenido, son las encargadas de cosechar las provisiones; miel, polen, agua y propóleos.
Así, pues, incumbe a las abejas jóvenes la preparación de alimento lácteo, la nutrición de las larvas, la producción de cera, la fabricación de los panales, y la reparación de la colmena. Sin embargo de lo cual, en caso de necesidad, desempeñan abejas viejas las funciones de las nuevas; por más que las jóvenes, faltas aun de vigor, no puedan salir en busca de provisiones antes del plazo fijado por la naturaleza.
Parecen así explicadas naturalmente, y sin acudir a la teoría de las predisposiciones especiales, las al parecer vocaciones distintas de las trabajadoras; resultando innecesarias las distinciones que hacen muchos autores al clasificarlas en abejas cereras, abejas escultoras, abejas bruñidoras, nodrizas, guardianas, recolectoras, etc.
Las abejas jóvenes, pues, preparan generalmente el alimento de las larvas. Ingielen en el estómago mayor cantidad de miel y polen que la necesaria para obtener del quimo o pulpa, formado por los alimentos y las secreciones gástricas, el quilo suficiente al mantenimiento de la propia sangre, y, forman así en abundancia el alimento lechoso para la indispensable nutrición de las larvas. Y, según ya se ha dicho, como la miel no contiene ázoe, por esto es necesario una sustancia tan azoada como el polen.
Las abejas jóvenes son también en general las productoras de cera. Cuando las abejas quieren producirla, introducen mucha miel y mucho polen en su estómago de quilificar, y hacen pasar un gran exceso de quilo a la sangre, el cual se convierte en una especie de grasa que por las cuatro últimas articulaciones del abdomen trasuda al exterior en forma de laminillas constituyentes de la materia prima de la cera. La producción de la cera, pues, es potestativa en las abejas. También la formación del panal incumbe a las abejas jóvenes, sin perjuicio de lo cual concurren las demás al trabajo, en caso necesario.
Todas las abejas hacen salidas o excursiones en primavera a los 8º C. por motivos de aseo; pero, para traer provisiones, no vuelan las adultas sino cuando la temperatura llega a los 16° C. La temperatura externa no ejerce gran influjo en la del interior de la colmena, pues la del interior llega o pasa de 25° C., aun no marcando la exterior más que 8º o 10° C. En las celdas regularmente llega la temperatura a 35°. Pero si sube más la temperatura, suspenden las abejas sus trabajos, se declaran en huelga ante la colmena, y abanican con sus alas fuertemente el agujero de entrada para introducir aire fresco en la colmena y ventilarla. Esta ventilación es tan enérgica que el aire saliente por la puerta de la colmena puede poner en movimiento una pequeña voladera de papel.
Las abejas abanicadoras dieron ocasión desde los tiempos de Plinio a la conseja de que a la puerta de la colmena hay siempre un cuerpo de guardia; pues si bien es verdad que las abanicadoras rechazan a los enemigos de la colmena que puedan venir a atacarla, no hacen en esto más que cualesquiera otras abejas que estén en la vecindad.

Emigraciones

Primera salida de un enjambre. Cuando las larvas de las celdas reales están a punto de metamorfosearse en ninfas, la reina vieja comienza a dar señales de agitación, corriendo desatinadamente sobre las celdas, mete a veces el abdomen en algunas corno si fuera a poner, pero lo retira sin haberlo hecho, o tal vez después de poner en un lado de la celda en lugar de hacerlo en el fondo. No se la ve rodeada de su séquito ordinario; y, comunicándose su agitación a todas las obreras que encuentra a su paso, resulta al cabo gran confusión general hasta que la mayor parte de las abejas adultas se salen de la colmena con su reina a la cabeza. Así es como el primer enjambre abandona la colmena, invariablemente conducido por la reina vieja.
En cualquier otro tiempo esta reina no podría volar, porque el gran número de huevos que lleva en el abdomen la ponen demasiado pesada; pero después de la gran postura de los zánganos, el peso de la hembra disminuye mucho, y entonces puede volar con facilidad.
Un instinto seguro obliga a la reina vieja a dejar la colmena en esta época, porque dos hembras no pueden nunca existir en el mismo enjambre: y, si no la hubiera abandonado, las reinas nuevas (las próximas a dejar sus celdas) hubieran inevitablemente perecido traspasadas por su aguijón.
La emigración se anuncia por un zumbido general, que se deja oír día y noche en la colmena hasta la mañana en que la colonia se expatría. Las abejas se detienen casi siempre en los árboles próximos. Se suspenden en racimos de sus ramas, agarrándose unas a otras por medio de sus patas. Para recoger el enjambre emigrante coloca el apicultor debajo del árbol una colmena invertida cuyo interior ha untado antes con miel o con plantas odoríferas; y por medio de ligeras sacudidas en el árbol, hace caer en ella a las abejas. A veces, cuando éstas se hallan entorpecidas por el fresco de la tarde, se las coge con la mano y se las deposita en la colmena.
Natural parece que la población de la colmena de donde se expatría tan gran número, disminuya considerablemente con la salida del primer enjambre; pero hay que tener presente que nunca la emigración se verifica sino en medio del día, con tiempo hermoso y mucho sol, cuando buena parte de las abejas trabajadoras han salido a recoger miel y polen: y, si la colmena contiene una colonia numerosa, las que vuelven, juntas con las que han permanecido quietas por no estar aún en disposición de volar o por otras causas, engrosadas continuamente con el número considerable de pequeñuelas que siguen, forman pronto población bastante para la continuación del falansterio, y hasta suficiente para la emigración de otro segundo enjambre, que se llama jabardo.
A los dos o tres días de la emigración del primer enjambre renace en la colmena la antigua tranquilidad. Las nodrizas continúan cuidando de las larvas tan solícitamente como antes, inspeccionan cuidadosamente las celdas de las futuras reinas y quitan la cera de la superficie exterior. Dícese que la quitan para facilitar la salida de cada reina joven; pero si bien la remoción de esa cera puede ser de alguna utilidad, no es muy seguro que, en efecto, la practiquen con semejante propósito.
Como los huevos reales son depositados en sus celdas a intervalos lo menos de un día, sucede que la terminación y clausura de las celdas reales se verifica en días sucesivos. Hay que recordar que cuando la reina pone los huevos reales, las celdas destinadas a ellas están sólo a medio hacer, y se parecen a la cáscara de media bellota. A los siete días de cerradas las celdas, la reinecilla corta con sus mandíbulas la cubierta sedosa que tapa la boca de la celda, y, si se lo consintieran, se escaparía; pero las abejas de guardia sueldan la cubierta con cera y tienen presa a la reina unos dos días, para que no tome más alimento que el conveniente al desarrollo de los órganos de la maternidad, y adquiera fuerza bastante para poder volar inmediatamente que la dejen salir de su prisión. Es difícil concebir cómo las guardianas de las celdas reales calculan apta a la hembra presa para ponerla en libertad. Se conjetura que lo conocen por el sonido que en esta época produce la presa, sonido consistente en notas monótonas tan rápidamente repetidas que casi constituyen una sola nota prolongada. El sonido probablemente resulta del frote de las alas y debe de ser más agudo y perceptible a medida que aumenta la fuerza de la joven reina.
Si la colmena estuvo sumamente poblada, podrán salir de ella hasta cuatro o cinco enjambres en la forma y con los incidentes ya descritos. Y aquí ocurre otra rareza que demuestra la inteligencia de estos notables insectos. Caso de resultar una colmena muy pobremente dotada en la época de la gran postura de huevos machos, entonces las trabajadoras no concluyen celdas reales; y, por consiguiente, ningún enjambre deja.
Asegurada la cría, ocurre la matanza general de los zánganos: las abejas neutras les clavan el aguijón; y así perecen aquellos individuos indefensos e inermes; pues el macho no tiene aguijón. Raras veces sucede que una colmena se desprenda de dos o tres enjambres: después de lo cual, a menos de haber sido la colonia primitiva sumamente populosa, quedan tan pocas abejas en la colmena que no hay ya número suficiente para montar la guardia necesaria en las celdas reales. Las nuevas reinas, por tanto, se escapan; encuéntranse a veces dos o tres, traban lucha a muerte, y la más fuerte y triunfante queda de reina en la colmena, después de destruir todas las larvas realcls y las ninfas remanentes aun.

Reinas Anormales

Cuando por accidente fortuito o por disposición intencional del apicultor se queda sin madre una colmena, no tarda la falta en descubrirse; y, descubierta, prodúcese gran tumulto y confusión. Pero el tumulto dura poco; pues en breves horas ya se han adoptado las medidas convenientes para la sustitución de la perdida reina. Al efecto comienzan las obreras por escoger larvas de dos o tres días (hasta entonces destinadas para neutras); y, hecha la elección, las celdas de estas larvas son ensanchadas a costa de otras tres adyacentes en cuyo espacio construyen las trabajadoras un tubo cilíndrico vertical alrededor de las larvas elegidas, a las cuales suministran entonces las nodrizas el alimento propio de las larvas reales, que es más picante que el destinado a las larvas comunes. En tres días, poco más o menos, queda terminado el tubo vertical, el cual comunica con la boca de la celda, por dentro de la cual la larva gradualmente se establece moviéndose en dirección espiral. Las larvas permanecen entonces dos días en posición vertical con la cabeza hacia abajo; pasados los cuales la larva se convierte en ninfa y después en reina. Como las trabajadoras empollan a la vez varias de estas larvas destinadas artificialmente para reinas, sucede que casi simultáneamente aparecen dos o más en estado perfecto, y entonces la más fuerte mata a puñaladas con su aguijón a las otras y queda por madre de la colmena.
Dedúcese de estos hechos, repetidamente comprobados, que las abejas llamadas neutras serían todas hembras fecundas, si las nodrizas no les atrofiasen los órganos de la maternidad criándolas en celdas demasiado estrechas y dándoles un alimento impropio para el desarrollo de esos órganos.
Si de una colmena se saca a la reina, y en ella se introduce inmediatamente a otra extraña, las abejas la rodean y la guardan prisionera hasta que muere de hambre; pues es de saber que las trabajadoras nunca punzan con el aguijón a una reina, así como una reina jamás aguijonea a las trabajadoras. Sin embargo, transcurridas dieciocho horas desde la pérdida de la reina anterior, la extraña es recibida de mejor manera; porque, si bien la cercan al entrar, pronto queda en libertad, y luego tratada con el respeto acostumbrado. Transcurridas veinticuatro horas sin haber reina en la colmena, cualquier reina extraña que entre es inmediatamente bien recibida y aceptada desde luego como hembra del enjambre. Mientras la reina permanece en una colmena, la entrada de otra reina extraña da lugar a las mismas escenas de combate y exterminio que cuando dos o tres reinas salen simultáneamente de sus alvéolos. Tanto la hembra intrusa como la reinante son rodeadas por las trabajadoras; y no pudiendo ninguna de los dos huir, al fin se encuentran, traban combate que termina con la muerte de una de las dos, y la vencedora es en el acto reconocida como soberana del enjambre. En los combates de las reinas no toman nunca parte las trabajadoras que los presencian.

Abeja Continuacion 2

Preparación De Una Colmena Nueva Y Establecimiento De Una Colonia De Emigrantes

a) Cuando un enjambre abandona la colmena en que ha nacido, las abejas se arraciman en un árbol o maleza próxima; y si no se les tiene preparada otra colmena, abandonarán pronto aquel sitio y se aposentarán en el hueco de algún árbol añoso o en alguna cavidad de cualquier edificio viejo. Dícese que las abejas, antes de abandonar definitivamente su colmena, envían exploradoras en busca de nueva y conveniente habitación, y que se las ve ir y venir al nuevo domicilio como para examinarlo antes de que el enjambre lleve a cabo su inmigración en él. El arracimamiento previo del enjambre en sitio próximo a la colmena abandonada obedece probablemente al instinto de vivir en sociedad, y al ansia de estos insectos por verse en comunidad. De cualquier modo, no bien las abejas toman posesión de su nuevo domicilio principian a construir un panal.
Dicho queda que el primer enjambre va siempre conducido por su vieja reina y que con una reina joven se va cada uno de los siguientes. Estudiemos este caso.
La reina joven, virgen aún, necesita ser fecundada: no así las viejas, a quienes no es preciso trato ulterior con machos. Dícese que esta fecundidad dura dos años, y que, en cuanto las trabajadoras conocen que su reina va haciéndose estéril, crían otra reina y dan de lado a la vieja: lo que se llama cambio de dinastía.
La reina joven, pues, a los dos o tres días de haber salido de su celda, o sea al quinto día de su existencia alada, sale de la colmena, la examina cuidadosamente por el exterior, explora la localidad que ocupa; y en seguida se eleva en el aire ascendiendo en espiral. En esta ascensión va generalmente precedida de una bandada de zánganos, y entonces es cuando en la región del aire se verifica el matrimonio. La reina regresa entonces a su colmena y no vuelve a salir; de donde se deduce que este solo trato con alguno de los zánganos es suficiente para fertilizar todos los huevos que la madre ha de poner en los dos a1ios siguientes. Sea de esto lo que fuere, a las cuarenta y seis horas está ya construida parte del panal en la colmena nueva; y la reina empieza a depositar en los alvéolos huevos de trabajadoras.
Si alguna vez una reina no encuentra zángano con quien celebrar sus nupcias, sus ardores se extinguen; pero no por eso deja de poner huevos; mas todos sin excepción son huevos de macho& perfectos, capaces de fecundar a nuevas reinas, y de continuar normalmente la propagación do la especie. (Véase el artículo Partenogénesis; generación por vírgenes) Igualmente algunas trabajadoras ponen por excepción huevos de machos.
Ni aún por la necesidad del aseo sale la reina después de fecundada, sino que su excremento queda en la colmena, lo que no pasa con las abejas en estado de volar, sino en caso de enfermedad grave.
La reina posee la facultad de poner a voluntad huevos de macho o de hembra: cosa importante, pues sólo de mayo a julio construyen las abejas arquitectos celdas para los machos, mayores que las comunes de las trabajadoras.
Esta maravillosa facultad de poner a voluntad huevos del un sexo o del otro, ha hecho ejecutar grandes trabajos a los anatómicos dedicados al estudio de la abeja; y, gracias a ellos, hoy se sabe en qué consiste el hecho. En el acto nupcial se quedan dentro de la vagina de la hembra los espermatóforos del zángano y el penis en gran parte, lo que produce la muerte del zángano, de quien probablemente se desprende la reina, acabándolo con su aguijón.
\"abeja\"
En la bolsa d se deposita el licor prolífico del zángano: los huevos salen de los ovarios a, bajan por las trompas b, entran en el conducto c, y pasan por delante del canalillo comunicante con la bolsa seminal d. Cuando la reina quiere fecundar un huevo para que sea de trabajadora, comprime la bolsa d: y, al pasar el huevo por delante del canalillo, recibe la influencia del licor prolífico. Pero cuando la reina quiere poner huevos de zángano, entonces no comprime la bolsa d, Aparato genital y el huevo pasa por delante del canalillo sin contacto del licor. Tiénese, pues, por cierto que todos los huevos son por naturaleza masculinos, lo que se comprueba con el hecho de que las hembras vírgenes sólo ponen huevos de zánganos. En la reina es, por tanto, potestativa la producción de hembras; pues de su voluntad depende el comprimir o no la bolsa donde guarda almacenado el líquido de la fecundación.
b) Ahora bien: cómo se inicia la construcción del panal? John Hunter, el primero que descubrió el verdadero origen de la cera, suponía que la forma de las laminillas céreas tenía relación de proporciones con las diferentes partes de los alvéolos en cuya formación se empleaban, y que en esa relación proporcional debía buscarse la clave de la construcción hexagonal. Supúsose luego que la longitud de las antenas, de las mandíbulas y de otras partes del cuerpo de la abeja, servían de módulos 6 varas de medir para arreglar las dimensiones de la obra, y de ahí la gran exactitud de las distancias y de las formas prismáticohexagonales de los alvéolos y de todo el conjunto del panal. Pero todas estas hipótesis hubieron de desvanecerse ante la observación, en cuanto el cómo de la edificación se hizo patente.
Lo primero que incumbe a las abejas constructoras del panal es la elaboración de la cera: muchos admitían que la cera era el polen tomado de las flores; pero ya no queda duda de que la cera es una especial secreción del insecto en la época de fabricarse los panales. Para esto las productoras de cera se cuelgan del techo de la colmena en forma de festones o guirnaldas. Las que llegan primero al techo se agarran y aferran.
La cera es siempre un poco más espesa en los bordes, como para darle con tal refuerzo solidez mayor.
Y ahora es ya tiempo de hacer notar una gran particularidad que prueba la previsión de las abejas. Al principio, cuando la hembra pone so lamente huevos de trabajadoras, las celdas son todas iguales y de la misma construcción; pero, cuando empieza la reina a poner huevos de zánganos, entonces las abejas hacen mayores los alvéolos; y, durante el tránsito del tamaño menor al mayor, los fondos de cada piso no son pirámides de tres rombos sino que van teniendo cuatro caras, según indican las figuras siguientes, que se llaman de celdas de transición hasta volver a quedar constituidos por tres rombos iguales.
Así, pues, antes de principiarse el panal nuevo, el interior de la colmena presenta una serie de guirnaldas que se cruzan en todas direcciones, y cuyas abejas permanecen en la más perfecta inmovilidad.
Entonces empieza a segregarse la materia prima de la cera en pequeñas laminillas a modo de escamas por entre los segmentos inferiores del abdomen del insecto: ocho escamillas en cada abeja. Hecha la secreción de la cera, una de las abejas comienza el panal. Despréndese de su feston; ábrese paso hasta el techo; hácese allí lugar apartando a las otras abejas; desprende con las patas traseras una de las escamillas de su abdomen; llévasela a la boca con las patas delanteras; en la boca masca y muele la escarnilla, imprégnala con la lengua en un líquido espumoso, y, en virtud de este laborioso procedimiento, la materia prima segregada del abdomen obtiene la blancura y opacidad que antes no poseía. En seguida aplica miento queda pronto adherida al techo y a la anterior.
Así como es obra de una abeja solamente el comienzo del ladrillito de cera ya descrito, de igual manera el comienzo de los alvéolos es la obra exclusiva de otra sola abeja. Y aquí se manifiesta naturalmente, y desde luego, el sistema de la división del trabajo. Las abejas cereras no poseen (dicen; lo que aún no está probado del todo) la facultad de edificar los alvéolos; la cual reside en otras abejas más pequeñas, llamadas arquitectos y escultoras. No bien, pues, el ladrillito de cera pegado al techo ha adquirido dimensiones suficientes para admitir entre las cereras a una escultora, cuando ésta comienza su tarea.
La escultora excava en una de las caras del ladrillo una cavidad circular o más bien hemisférica y, a medida que va haciendo la excavación, va depositando la cera en los bordes del agujero.
Poco después que esta escultora empieza por la primera cara, otras dos comienzan, por la otra cara del pan de cera, otras dos excavaciones un poco más distantes del techo, y en los bordes de la cavidad depositan la cera extraída de las dos excavaciones.
Conviene advertir que las partículas de cera excavadas, son de nuevo masticadas y amasadas por las mandíbulas de las escultoras antes de quedar adheridas a los bordes de las celdas en vía de construcción.
En estos momentos se ha verificado ya la secreción necesaria de cera en todas las abejas que formaban los festones, y todas sienten prisa por desprenderse de sus escamillas céreas: acreciéntase, por tanto, el pan de cera: nuevas escultoras encuentran ocupación, y el número de excavaciones aumenta, formando un primer piso por la primera cara del pan de cera y otro piso por la otra cara algo más distante .del techo que el primero, la mitad del lado de los que en breve serán hexágonos.
Un afán irresistible de excavar impulsa a las escultoras a arrancar cera de donde quiera que es posible; afán contenido únicamente por un tacto exquisito en las antenas, que les hace conocer cuál es el límite de que no debe pasar la excavación para no comprometer la solidez de la obra.
Créese que al tocar y empujar los tabiquillos de separación de los alvéolos, conocen las escultoras su grueso por las vibraciones elásticas de la cera.
Excavando, pues, incesantemente hasta un límite constante el primer piso de celdas, éste adquiere de necesidad la forma pentagonal. Así, pues, al empezar el ensanche de las celdas para recibir a los zánganos, en vez de estar los fondos de cada una opuestos exactamente a los de otras tres, invaden el espacio de una cuarta.
Cuando el primer panal ha adelantado en tamaño de modo que cuenta ya dos o tres pisos de celdas, principian las abejas paralelamente otros dos panales, uno frente a una cara del primero y otro frente a la otra. Y en cuanto adelanta algo la construcción de estos dos, con lo cual hay tres panes colgados del techo, se inician otros dos al frente de cada uno, con lo cual hay cinco y… así sucesivamente.
En los principios de una colmena todos los panales cuelgan del techo y no están adheridos a ningún otro punto de la habitación; pero, cuando llega la época de almacenar la miel, los cantos de los panes son unidos a las paredes de la colmena para reforzar los pisos de alvéolos y darles la solidez necesaria para resistir al peso adicional. En general la miel se deposita en los pisos más altos o próximos al techo.
Los panales recién construidos son de poca consistencia; pero muy luego los refuerzan con propóleos las abejas.
Las celdas de un panal tienen dos destinos: el almacenamiento de la miel y del polen durante el invierno; y la cría de las larvas.
Muchas larvas pueden criarse en una misma celda; y como cada una hila su capullo, y los hilos de estos capullos nunca se sacan, llega a veces la celda a reducirse tanto que se hace impropia para contener nuevas larvas, por lo que entonces queda definitivamente de almacén.
A la miel almacenada no se toca nunca sino en los casos de la mayor necesidad; y seguramente por esto, no bien una celda resulta llena de miel, cuando las abejas la tabican con una delgada cubierta de cera.
Durante la construcción, un obstáculo cualquiera puede alterar la forma plana de las caras de un panal; y, como el espacio que debe existir entre él y los siguientes ha de ser siempre el la abeja al techo de la sustancia mas

Abeja Continuacion 3

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La cera sirve también para emparedar a los enemigos que entran en la colmena, y evitar los efectos infecciosos de la corrupción. Cuéntase el caso notabilísimo de haberse encontrado dentro de una colmena un ratón muerto, empastado completamente por todos lados en un bloque de cera.

Enemigos De Las Abejas

La abeja melífica tiene muchas clases de enemigos: unos grandes, y otros más pequeños de cuerpo que ella.
Los principales enemigos son el tábano, la avispa y dos o tres especies de polillas. En algunos casos las avispas se apoderan a viva fuerza de una colmena y la destruyen; o bien obligan a las abejas a abandonar la colmena, consumen toda la miel en ella almacenada, y a veces construyen sus propios nidos en la colmena misma. La Acherontia atropas, la polilla halcón, de cabeza de muerto, que alguna vez es casi tan grande como el murciélago común, se abre paso con frecuencia en las colmenas y consume gran parte de las provisiones de las abejas. Este insecto sabe producir un sonido peculiar algo parecido al de la abeja-reina, y se supone que este sonido causa el mismo efecto que el emitido por la reina (el de dejar inmóviles a las trabajadoras).
Otras dos polillas causan grandes estragos en las colmenas: estas polillas son pequeñas: Gallería alvearia y Gallería melonella; la polilla de miel y la polilla de panal de miel, las cuales, a pesar del furor con que las abejas melíficas defienden la entrada de sus colmenas, suelen introducirse en ellas y depositar sus huevos en los alvéolos de los panales. Las larvas proceden tes de estos huevos atraviesan el panal por medio de conductos practicados en todas direcciones; y en su marcha hilan un tubo sedoso, a lo que parece, tan tupido y resistente que no permite a las abejas traspasarlos ni por consiguiente clavar el aguijón en las larvas intrusas. Estas larvas generalmente obligan a las abejas a abandonar la colmena al poco tiempo de su intrusión.
Contra los enemigos de gran tamaño desplegan las abejas recursos propios de una inteligencia superior: cuando temen un ataque levantan barricadas. A veces la entrada de la colmena se hace casi impracticable con cera y propóleos: otras veces se alza un muro de la misma sustancia tras la entrada, especie de reducto, taladrado de agujero tan pequeño que sólo puede dar paso a las abejas. Las fortificaciones son a veces de mayor ingenio y complicación.
Uno de los enemigos más terribles de las abejas es, según hemos dicho, la Acherontia atropas, pero como no aparece más que en otoño, las fortificaciones no existen en verano, época en que serían gran estorbo, por estar la colmena entonces sumamente poblada. Cuenta Huber que los reductos formados en 1804 fueron desmantelados en 1805. La esfinge Acherontia atropas no apareció aquel año; pero, al ver las abejas que volvía en gran número en el otoño de 1807, levantaron con tal presteza sus barricadas que lograron impedir las devastaciones que las amenazaban, y antes de la emigración de los enjambres en 1808 demolieron las fortificaciones, cuyo estrecho paso impedía el libre tránsito a la multitud.

Area De Dispersión

La abeja común vivía desde tiempos antiquísimos en el viejo mundo, Europa, África y Asia, pero no en América ni Australia.
Los españoles la llevaron a Méjico algún tiempo después de la conquista; mas hasta 1763 no entraron las primeras abejas en Pansacola, ni hasta 1764 en Cuba. En 1780 fue importado un enjambre en Kentucky; dos en 1793 en Nueva
Todas las abejas desempeñan un papel muy importante en la fecundación de las flores. Transportan el polen de una flor a otra y lo depositan inconscientemente sobre el estambre de una flor que, sin esta circunstancia acaso, habría quedado sin ser fecundada. Darwin ha hecho muy curiosas observaciones sobre este interesante asunto. Respecto a la cría de las abejas, como industria para obtener la miel y la cera, como a las demás particularidades respecto a las colmenas, V. Apicultura.

Abeja

Leg. Las abejas son animales salvajes. No las hace suyas el dueño del árbol en que hacen enjambre hasta que las encierra en colmena; como no hace suyos los panales en tanto no se apodere de ellos. Las abejas y los panales son del primero que los ocupa, pero el dueño del árbol puede prohibir que entren en su heredad a llevárselos. Si un enjambre volare de las colmenas y el dueño de éstas lo perdiere de vista, pierde la propiedad de las abejas y la adquiere el primer ocupante. (Ley 22, tít. 28, part. 3.ª) El Fuero Juzgo y Fuero Real contienen leyes sobre las abejas. Dispone la ley 2.ª, tít. 6.º, lib. 8 del Fuero Juzgo, que si alguno hiciere colmenar en poblado y perjudicare con él a sus vecinos, debe quitarlo inmediatamente y ponerlo donde no haga daño a hombres ni a animales. La ley 17, tít. 4.\’ del Fuero Real establece que las abejas fugadas de las colmenas por cualquier accidente, son del dueño de éstas en tanto vaya en seguimiento del enjambre, aunque se posare en árbol que no sea de su propiedad.
Por más que el art. 7.º del R. D. de 3 de mayo de 1834 dictara que la caza que cayere del aire en una finca o entrare en ella después de herida pertenece al dueño o arrendatario de la tierra y no al cazador, la ley protege de tal suerte al dueño de las abejas que no pierde el dominio sobre ellas, aunque huyan del colmenar, en tanto vaya en su perseguimiento y no las pierda de vista.
Derecho foral. -Navarra. -En donde hubiese colmena antigua no se puede hacer nuevo abejar a distancia de trescientas varas de medir paño. Nadie puede echar ni poner ningún vaso de ventura a la redonda de ningún abejar antiguo en espacio de doscientas varas, bajo la pena de perder dichos vasos. Si hubiere algún abejar antiguo que estuviera vacante por veinte años, pueden construirse en el mismo sitio o en las inmediaciones nuevos abejares.

Abeja(Picadura De)

Pat. y Terap. La picadura de estos insectos sólo produce, por regla general, una tumefacción local de la piel, acompañada de dolores urentes más o menos intensos. En los niños y en las personas de impresionabilidad muy viva, la picadura de una sola abeja puede producir algunas veces desmayos, escalofríos y una ligera reacción febril. La lesión puede hacerse peligrosa por su asiento, como sucede en las picaduras de la lengua o de la faringe, en que la tumefacción intensa puede producir la asfixia, y también en las de los ojos y la cara, porque, a consecuencia de propagarse la inflamación al cerebro y sus membranas y también en virtud de procesos embólicos, pueden presentarse fenómenos cerebrales graves y hasta sobrevenir la muerte en poco tiempo. Estos casos se observan sobre todo en los niños, en cuya autopsia se encuentra hiperhemia de las meninges y de los senos o derrames sera-sanguinolentos de los ventrículos. El peligro es proporcional al tamaño del aguijón.
Se ha observado repetidas veces la muerte a consecuencia de picaduras numerosas; pero falta por averiguar si la muerte es debida a la acción directa del veneno, o al shock ocasionado por la intensidad del dolor.
Algunos experimentos se han practicado con el veneno del Apis mellifica y del Xilocopa violacea, resultando de ellos una gran insensibilidad en los animales de sangre fría; pues aparte de cierto grado de adinamia y lentitud y dificultad respiratoria, nada importante se ha observado, permaneciendo sin trastornos las funciones del corazón, de la médula, de los nervios y de los músculos.
La tumefacción dolorosa producida por la picadura de las abejas, desaparece ordinariamente en poco tiempo sin necesidad de tratamiento alguno. Se ha recomendado como antídoto el ferrato de sosa, pero puede asegurarse que las aplicaciones húmedas, por ejemplo, el cubrir la parte con tierra mojada obra con más eficacia. El amoniaco líquido diluido, en toques sobre la parte, es un excelente remedio; forma con el veneno de las abejas un precipitado que se disuelve en seguida. Si el aguijón ha quedado en la herida debe extraerse con cuidado, a fin de no comprimir la vesícula para no derramar en la herida todo el contenido. Los gargarismos amoniacales son útiles en las picaduras de la boca y de la garganta que a veces suelen exigir escarificaciones y hasta la traqueotomía. Los accidentes cerebrales reclaman un tratamiento antiflogístico (sanguijuelas, aplicación de hielo, etc.).