Abencerraje Beni-serraj

Nombre dado por los cronistas españoles a una noble familia del reino árabe de Granada, varios de cuyos individuos se distinguieron en el período que precedió a la caída del imperio arábigo en España. En el año 1423 de nuestra era murió Yusnf III, príncipe esforzado e inteligente, y le sucedió su hijo Mohamed VII (VIII, según algunos), llamado Alaisar, o sea el Zmdo, el cual, siguiendo el ejemplo de su padre, mantuvo buenas relaciones con la corte cristiana de Castilla y con los príncipes africanos, pero se enajenó el afecto de sus súbditos por su orgullo y tiranía. Las manifestaciones de descontento contra el joven monarca fueron contenidas durante algún tiempo por su principal ministro Yusufben-Zerraj o Abenzarrax, a quien nuestras crónicas llaman Alguacil mayor de Granada, jefe de la noble familia de que se trata; pero en 1427 estalló nna revuelta promovida por un primo del rey llamado Mohamed-el- Zagnir o As-Saguir, el Pequeño, durante la cual los sublevados penetraron en la Alhambra. Mohamed VII, disfrazado de pescador, huyó y se refugió en Africa, donde el bey de Fez, Muley-ben-Fariz, le recibió con muestras de amistad. Mohamed-el-Zagnir subió entonces al trono de Granada, y Yusuf-ben-Zerraj con la mayor parte de sus parientes, buscó asilo en Castilla. Los individuos de su familia que se habían quedado en Granada fueron inhumanamente sacrificados. Juan II, rey de Castilla, cediendo a las instancias de Yusuf-ben-Zenaj, negoció por su conducto con el bey de Túnez un tratado para restaurar a Mohamed VII en el trono de Granada; y en efecto Mohamed VII, apoyado por sus dos aliados, logró reconquistar los dominios de su castigó con la muerte la traición de el Zaguir. Pero pronto se interrumpieron las relaciones amistosas entre Granada y Castilla, a consecuencia de haberse negado Mohamed a cumplir los compromisos que había contraído con Juan II. Entonces se rompieron las hostilidades y Juan II se declaró en favor de Yusuf-ben-Almaul, el Abenalmas de nuestra3 crónicas, aspirante al trono, que había logrado formar liD fuerte partido en el reino granadino. Yusuf-ben-Zerraj reunió las fuerzas de Mohamed VII y las condujo contra los dos aliados; pero perdió una batalla decisiva y en ella la vida; Yusuf-ben-Almaul ocupó a Granada y Mohamed huyó a Málaga. Pocos meses después mmió Yusuf, y por tercera vez ocupó el trono Mohamed VII, otra vez destronado en 1444 por su sobrino Osmin-al-Ahnaf, o sea el Cojo, gran enemigo de los Abencerrajes, quienes se refugiaron en Montefrío y proclamaron rey a Abu Nazar Saad, o Ismail III. Este, apoyado por Juan II, logró coronarse en 1453. Algunos escritores aseguran que Mohamed el Cojo, antes de abandonar a Granada, hizo venir a varios Abencerrajes para que presenciasen la ceremonia de su abdicación, y traidoramente los mandó degollar, en número de 36, cuando los tuvo dentro de su palacio.
La enemistad entre los Abencerrajes y los Zegríes, otra familia ilustre de Granada que se decía descendiente de los antiguos califas de Córdoba, forma un episodio de las guerras civiles que ensangrentaron el último período de la existencia de aquel reino. Los Abencerrajes favorecieron a Boabdil, y los Zegríes al Zagal. Cuando la toma de Granada por los reyes Católicos, los que sobrevivían pertenecientes a la descendencia de Aben-Zerraj, entraron al servicio de Castilla.

Abdal

Nombre que dan los mahometanos a algunos hombres que se suponen inspirados por Dios, y que solemos traducir por santón. Sacerdote tártaro de órden inferior. 11Entre los persas son lo que los derviches en Turquía.

Abbaditas O Abaditas

Ilustre familia árabe que ocupó el trono de Sevilla desde la disolución del califato de Córdoba (1031) hasta la conquista de España por los almoravides. Pretendía descender de los antiguos reyes Lajmitas que, antes de Mahoma, habían reinado en Hira; pero nunca pudieron justificar semejante pretensión. Pertenecían, sí, a la tribu yemenita de Lajm, pero la rama de esta tribu de donde procedían los abbaditas no habitó en Hira, sino en Arix, en las fronteras del Egipto, y en Siria en el distrito de Emesa. Su antecesor Itaf llegó a España con el sirio Balech, mandando una división de las tropas de Emesa, y se estableció en el lugarejo de Yamin, que pertenecía al distrito de l\’ocina, a orillas del Guadalquivir. Después de siete generaciones de gentes honradas y modestas apareció Ismael, primer individuo que dio renombre a la familia de los Beni-Abbad o abbaditas, teólogo, jurisconsulto y militar, que mandó un regimiento de la guardia de Hixem II y fue imán de la gran mezquita de Córdoba y cadí de Sevilla. Murió en 1019. Su hijo Abul Casim Mohamed le igualó en saber, pero no en virtud; esperaba sucederle en el cargo de cadí, y habiendo sido nombrado otro, solicitó la protección del califa o rey de Córdoba Casim-ben-Hammud y obtuvo el empleo que deseaba. Recompensó este favor cerrando las puertas de Sevilla a Casirn, cuando éste, arrojado de Córdoba en 1023, buscó refugio en aquella ciudad, y declarándola independiente; ninguno de los patricios sevillanos se decidió a tomar el mando supremo por temor a los harnmuditas, y brindaron con él al cadí, quien aceptó la oferta, pero a condición de que le ayudaran personas por él designadas, sin consejo de las que nunca tomaría resoluciones. Así lo hizo, eligió por adjuntos a los jefes de las principales familias sevillanas, se procuró tropas del partido berberisco, cobraba fuerzas y se disponía a hacer efectiva su soberanía sobre Sevilla, trató de evitarlo a todo trance, para lo que tuvo el pensamiento de unir contra los berberiscos a todos los árabes y eslavos bajo un solo jefe, que había de ser él. Para conseguirlo con menos dificultades hizo correr la noticia de que el califa Hixem II, cuya suerte se ignoraba, se había presentado en Calatrava y había venido a ponerse bajo su protección. Proclamó de nuevo al califa (1034), y anunció a todos los príncipes y reyes de Taifas que empuñaba las armas para restablecer a Hixem en el trono de sus abuelos. La traza tuvo buen éxito; el falso Hixem II fue reconocido por el príncipe de Carmona y por los de Valencia, Denia y Baleares y por el señor de Tortosa, y el astuto Casim quedó convertido en jefe principal de los árabes, como hajib del califa. En el mismo año de 1035 fue vencido y muerto Yahia, que sitiaba a Sevilla, con lo que el cadí quedó libre de su más temible enemigo y volvió sus armas contra el único príncipe eslavo que no había reconocido a Hixem II, Zohair de Alrnería, quien aliado con el de Granada, le obligó a retirarse. Luego atacó a Mahomed de Ca1mona, y el ejército sevillano, mandado por el hijo del cadí, Ismael, había obtenido ya grandes ventajas cuando acudieron tropas de Granada y Málaga, y fue completamente derrotado, muriendo Ismael en la batalla. Poco después, a fines de enero de 1042, murió Abul Casim Mohamed.
Le sucedió su hijo Abbad, que tenía 26 años de edad, con el título de hajib o primer ministro del supuesto Hixem II. Es conocido en la historia con el nombre de Motadhid, y fue hombre suspicaz, vengativo, pérfido y sanguinario, pero de bastante ilustración, poeta y muy buen político, astuto y fecundo en estratagemas y artificios de todo género. En sus venganzas era implacable e insaciable; había hecho plantar flores en los cráneos de sus enemigos, colocados en el patio de su palacio; y con frecuencia se extasiaba contemplando este jardín, como él lo llamaba. Odiaba de muerte a los berberiscos, y sostuvo contra ellos empeñadas guerras. Derrotó y mató a Mohamed, príncipe de Carmona, venció á Mudhaffar de Badajoz, y atacó a otros reyezuelos, árabes o berberiscos, para quitarles sus territorios, corno hizo con los de Niebla, Huelva, Silves y Santa María. Con estas conquistas el reino de Sevilla se había extendido mucho hacia el O., y Motadhid se propuso también ensanchar sus Estados por el Mediodía, apoderándose de los que poseían los príncipes berberiscos. Hízose dueño, en efecto, de Morón, Arcos, Jerez, Ronda y otras plazas, rechazó al berberisco rey de Granada que para defender a los suyos invadio el territorio sevillano, y, por último, conquistó Algeciras. Terminada esta conquista, y considerándose ya bastante poderoso para gobernar sin necesidad de ampararse en el pretendido Hixem II, reunió en 1059 a los principales habitantes de la capital y les participó que el califa había muerto y que en su testamento le había nombrado Emir de toda la España; tales eran las aspiraciones de Motadhid y su objetivo principal apoderarse de Córdoba para restaurar el califato en su familia. Sin embargo, graves disgustos y contratiempos iban a acibarar los últimos años de su reinado y a impedirle realizar su grandioso plan. Se le sublevó su hijo mayor Ismael, quien vencido y prisionero, murió a manos de su propio padre; también perdio un ejército por culpable negligencia de su hijo Motamid, encargado de Holanda. Componía sus obras sin esfuerzo, y no invadio el territorio cristiano por la Lusitania, dirigir la campaña contra los granadinos y ellas escribía sino a medida que se iban imprimiendo. La pereza de sus costumbres y la persuasiva elocuencia de sus sermones le granjearon numerosos amigos. Estaba versado en las lenguas antiguas, en la Escritura Sagrada y en los escritos de los Padres de la Iglesia. Sus principales obras, que obtuvieron extraordinario éxito, son: Tratado de la verdad de la religión cristiana, 2 vol. 8.o, Rotterclam, 1684; De la divinidad de Jesucristo, 4 vol. 12, ibid., 1695;esta obra se ha reimpreso gran número de veces en Francia, Alemania e Inglaterra. Arte de conocerse a sí propio, Lyon, 1693, 12; La verdad de la religión cristiana reformada; el primer volumen, publicado en Rotterdam en 1717, 8. o, contiene un índice de los capítulos del segundo tomo, que no ha visto la luz publica; El triunfo de la Providencia y de la religión o Apertura de los siete sellos por el hijo de Dios, 1723; 4 vol. Pero en 1027 el califa hammudita Yahia sitió a Sevilla, y demasiado débiles los sevillanos para resistir, entraron en negociaciones, reconocieron la soberanía de aquél y como garantía de fidelidad el cadí dio en rehenes a su hijo Abbad, con lo que creció su popularidad, y no teniendo ya nada que temer, ni de los nobles ni del califa, puesto que en apariencia reconocía su soberanía, se decidió a reinar solo, despidio a los únicos dos colegas que entónces tema, Zobaidi y Aben Yarin, y nombró primer ministro a Habib, plebeyo de las cercanías de Sevilla. Decidido a aumentar sn territorio, se apoderó de Beja e hizo incursiones en el reino de Badajoz, regido por Abd\’Allah-al-Aftas, a cuyo hijo Mohamed venció y aprisiono; continuó la guerra entre el de Sevilla y el de Badajoz, hasta que viendo el cadí que Yahia, jefe sitio de Málaga. En 1063 el rey de Castilla, Fernando I, entró en Andalucía por la parte meridional de Portugal, y haciendo la guerra con extremado rigor llegó hasta muy cerca de Sevilla; conociendo Motadhid que no le convenía entrar en guerra con los cristianos y desatender así sus empresas contra los príncipes musulmanes, salió al encuentro de Fernando con ricos presentes, solicitó su amistad humildemente, y le suplicó que se retirase de aquel reino. Accedio el monarca cristiano, a condición de que se le pagase un tributo y se le entregara el cuerpo de Santa Justa; y desde entonces quedó el reino de Sevilla como tributario de los reyes de Castilla, bien que en vez del cuerpo de la Santa, que no se pudo hallar, fue entregado el de San Isidoro. En los últimos años de su vida Motad.hid incorporó a su reino el de Carmona y le asediaron muy negros presentimientos. Le sucedió su hijo Mohamed al-ll fotamicl biláben Abbad, nacido en 1040, nombrado por Mtaclhicl, cuando sólo tenía 12 años de edad, gobernador de Huelva, y poco después jefe del ejército que asedio a Silves. En estos lugares conoció Motamid al poeta Ammar, que había de llegar a ser su amigo íntimo, su favorito y su ministro, y en una ocasión en que ambos pasaron a Sevilla hallaron en las orillas del Guadalquivir a la joven poetisa, esclava de Romaic, llamada Romaiquia, con quien se casó el príncipe. No agradaban a Motaclhicl los entusiasmos poéticos de su hijo y conceptuando que contribuía mucho a ellos Ammar, desterró a éste, que no pudo volver a Sevilla hasta que Motamicl sucedió a su padre. Entonces la corte de Sevilla fue el punto de cita de los mejores poetas de laépoca, y todo el que tenía ingenio y talento, estaba seguro de agradar a Motamid. Sin embargo, no descuidó la obro iniciada por su abuelo y continuada por su padre, y en el segundo año de su reinado incorporó la ciudad de Córdoba a su reino. Al Mamun de Toledo, que había intentado ya apoderarse de ella, no cejó en su propósito y la acometió de nuevo, y aunque fue rechazado por su gobernador Abbacl, hijo de Motamid y de Romaiquia, luego, valiéndose de un tal Ocacha, bandido y hombre feroz y sanguinario, que dio muerte al joven Abbad (1075), se hizo dueño de Córdoba. Durante tres años fueron inuti\’ les los esfuerzos que hizo Motamicl para recuperar la antigua capital de los califas; por fin la tomó por asalto el día 4 de setiembre de 1078, y dio muerte al traidor Ocacha, cuyo cadáver hizo clavar en una cruz con un perro al lado. A. la toma de Córdoba siguió la de todo el país toledano situado entre el Guadalquivir y el Guadiana. Por esta época reinaba en Castilla Alfonso VI quien a pesar del tributo anual que le pagaba el de Sevilla, solía invadir de vez en cuando los territorios musulmanes de Andalucía; en una ocasión se presentó con gran ejército más amenazador que nunca, y el reino de Sevilla se salvó gracias a la habilidad del primer ministro Ammar y el pago de doble tributo por aquel año. Después las tropas sevillanas aliadas con las del conde de Barcelona, Ramón Berenguer, atacaron el principado de Murcia; no tuvo buen éxito la primera tentativa, pero al fin la ciudad cayó en poder de Ammar, siendo esta conquista motivo para que el ministro se indispusiera con Motamiel, pues tomó aquél posesión de Murcia en nombre propio, lo que se estimó como una rebelión, Ammar tuvo que huir, vagó errante por algún tiempo en otros territorios de España y cayó al fin en poder de su rey, que le dio muerte. Hacia1082 se renovaron las invasiones de Alfonso VI. Envio éste a Sevilla, para recaudar el tributo anual, a un judío con otros emisarios, y al hacer el pago, advirtió el hebreo alguna moneda de no buena ley, y sobre negarse a recibirla, dijo así: No tomaré tal moneda, ni quiero otra que oro puro; tal vez el año venidero no nos serán bastantes todas las riquezas de esta tie1ra: volved le al Rey esto que me dais. Estas palabras enojaron tanto a Motamid que mandó clavar en una estaca al judío y a los que con él venían. Al tener noticia de ello Alfonso juró vengarse, y después de haber logrado la libertad de los presos mediante la restitución de Almodóvar al rey de Sevilla, invadio los Estados de éste, saqueó y quemó pueblos, mató o redujo a esclavitud a todos los musulmanes que no pudieron ampararse en playa fuerte, sitió a Sevilla durante tres dias, y avanzando hasta las playas de Tarifa entró con su caballo en las aguas del mar y exclamó: ¡Esta tierra es la ultima de España y la he pisado! Terminada esta expedición Alfonso volvió a Toledo, plaza que sitiaba, y que se entregó el25 de mayo de 1085, conquista que señala el apogeo de las armas cristianas y que puso a los demás reyes musulmanes en grave apuro, pues comprendieron que siendo los cristianos dueños de tan importante fortaleza, tenían abierto siempre el camino de Andalucía; además, dado el carácter belicoso y emprendedor de Alfonso VI y las fuerzas de que disponía;era muy de temer que intentase la conquista de los otros reinos musulmanes.
En efecto, bien pronto Alfonso acometió a Zaragoza, y sus ejércitos hicieron audaces excursiones a territorios de Almería y Granada. Alarmados los musulmanes españoles decidieron pedir socorro a los almoravides (V. Almoravides); grave error por parte de los príncipes árabes, pues tal llamamiento equivalía a ponerse en manos de los berberiscos, de los eternos enemigos de la noble raza de la Arabia; así lo comprendía el mismo Motamid, y si acudio a ellos fue, según dijo a su primogénito, porque no quería exponerse a que la posteridad le censunse por no haber puesto todos los medios de libertar a Andalucía de los infieles, porque no quería 9-ue su nombre fuera maldecido en todas las catedras musulmanas, y porque en último término más valía ser camellero en Africa que porquero en Gaotilla. De acuerdo, pues, la mayor parte de los reyes de Taifas enviaron a Yusuf ben Texufin, jefe de los almoravides, una embajada, compuesta de faquíes, a suplicarle que pasara a España con un ejército para combatir al monarca cristiano. Accedio Yusuf, desembarcó en Algeciras, reuniéronse con él en Sevilla todos los reyes andaluces, menos Al-Motacim de Almería, y se prepararon para dar la batalla al castellano. Acudio éste desde Zaragoza, plaza que a la sazón sitiaba, penetró por Extremadura, y el día 23 de octubre de 1086 se dio la batalla de Zalaca o Sacralias,en la que fueron completamente batidos los cristianos. No obtuvieron, sin embargo, los muslimes grandes provechos de esta victoria, porque habiendo muerto en Ceuta el primogénito de Yusuf, éste regresó apresuradamente al Africa, dejando sólo en España unos 3 000 hombres a las órdenes de Motamicl. Los cristianos, por otra parte, no se habían dado por vencidos y tomaban de nuevo la ofensiva, acometiendo ciudades del E. de Andalucía, principalmente a Murcia y Lorca; Motamid quiso salvar a esta ultima, y los sevillanos sufrieron una vergonzosa derrota; quiso también reducir a su obediencia al rebelde Rachic que se había hecho señor de Murcia, y tampoco fue afortunado en esta empresa. Los castellanos fortificados en Aledo continuaban en sus acometidas; todos los musulmanes reconocían que necesitaban otra vez el poderoso concurso de los africanos, y Motamid resolvio ir en persona a ver a Yusuf. Este le acogió cordialmente, accedio a sus ruegos, en la primavera de 1090 volvió a desembarcar en Algeciras, y juntadas sus tropas con las de los príncipes andaluces, marcharon todos contra Aledo, de la que se hicieron dueños, pero desJ?Ués que Alfonso incendio la fortaleza y se llevó a Castilla a sus defensores. Entonces fue cuando Yusuf creyó llegado el momento de realizar sus planes de dominación de la España musulmana; depuso a los reyes de Granada y Málaga, se volvió con ellos al Africa, y su general, Sir Aben Abi Becr, que quedó en España, acometió en el año siguiente (1091) a Motalñid, y dos ejércitos pusieron sitio a Sevilla. Desesperado Motamid pidio socorro a Alfonso VI, quien se lo prestó, pero con poca fortuna, pues el ejército que enviaba fue derrotado por los almoravides cerca de Almodóvar. Dentro de Sevilla había muchos descontentos, que se pusieron de acuerdo con los sitiadores y les ayudaron a practicar brecha por la que el 2 de setiembre penetraron algunos almoravides. Fueron éstos rechazados, mas consiguieron luego quemar la flota que defendía la ciudad por la parte del río, y por fin el día 7 de setiembre fue tomada Sevilla por asalto. Motamiel se batió como un león, resuelto a morir, no lo consiguió y tuvo que entregarse a discreción y ordenar a sus dos hijos Radhi y Motad que rindieran las fortalezas de Mértola y Ronda que gobernaban, pues de lo contrario el vencedor le amenazaba con el exterminio de toda su familia. El ilustre príncipe sevillano fue conducido a Tanger, donde permaneció algunos días; luego lo llevaron a Mequinez, y allí estuvo muchos meses, hasta que Yusulf mandó trasladarlo a Agmat, cerca de Marruecos, donde unas veces cargado de cadenas y otras sin ellas, vivio con su familia triste y abatido, en la ultima miseria, hasta tal punto que sus hijas y su mujer, la bella y discreta Romaiquia, tuvieron que hilar, en tanto que él buscaba consuelos en la poesía. Fue Motamid uno de los primeros poetas que ha producido la España musulmana, y las mejores y más sentidas composiciones las escribió en estos días de triste cautiverio. Por las ventanas de su calabozo veía pasar libres y felices las bandadas deaves ligeras, especie de perdices a que los árabes llaman catcí, y con tal motivo compuso la siguiente poesía, que, traducida por Dozy, dice así:Lloraba yo viendo pasar cerca de mí turba de catás; eran libres, no conocían la prisión ni las cadenas. No era por en vida, no, por lo que yo lloraba, sino porque hubiera querido hacer lo que ellos, porque entonces hubiera podido ir a donde quisiera; mi dicha no se hubiera desvanecido, mi corazón no estaría lleno de dolor; no lloraría por la pérdida de mis hijos. ¡Cuán felices son! no están separados uno de otro, ninguno sufre el dolor de estar lejos de su familia, no pasan como yo la noche en horribles angustias, cuando oigo rechinar los cerrojos en la puerta de la prisión. ¡Ay! ¡Dios les conserve a sus hijuelos; los míos carecen de agua y de sombra!
Distraíanle mucho en su triste cautividad las cartas y las visitas de los poetas a quienes en otro tiempo había favorecido, y entre los más asíduos figuraba Aben-Labbana, que le tenía al corriente de las tentativas que en Espa!1a hacían los árabes para sobreponerse a sus dominadores losalmoravicles. En efecto, un hijo de Motamicl, Abcl-al-Jabbar, que se había quedado en Andalucia, había conseguido que Algeciras y Arcos se declarasen en su favor (1095); su partido crecía de día en día e inspiraba gran cuidado a los almoravides, y ya concebía esperanzas el desdichado Motamid cuando murió en 1095 a la edad ele54 años, y su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Agmat. Su muerte fue muy sentida porque su generosidad, su talento habían hecho el más popular de los prmcipes andaluces.

Abbasidas

adj. s. m. pl. Nombre de una dinastía árabe descendiente de Abbas, tío paterno de Mahoma. Por esta consideración los Abbasidas eran tenidos en grande estimación como parientes del profeta, y, desde el principio, excitaron los celos de los califas Omiadas, los cuales, después de la derrota de Ali-benAbi-Taleb, yerno de Mahoma, en el año 661, ocuparon el trono del imperio arábigo. Los Abbasidas habían reclamado el califato, pretendiendo tener preferencia sobre la familia reinante, y en 746 formaron un gran partido y abrieron las hostilidades contra el gobierno de los Omiadas (descendientes de Ommeyah u Omayah), en la provincia del Jorasán. Tres años después el abbasida Abul-Abas-Abadallá-ben-Mohó.med, llama. do Essafah (el sanguinario), fue reconocido comocalifa en Cufa. Una batalla que se dio en enero de 750 no lejos de Mosul, en las orillas del río Zab, decidió la ruina de los Omiadas. Meruan 11,último califa de este linaje, huyó a Emesa, después a Damasco y ultimamente a Egipto, donde fue hecho prisionero y muerto. Tan grande era el odio del partido vencedor contra la real familia vencida, que no menos de 90 Omiadas fueron condenados a muerte cruel e ignominiosa y hasta los restos de sus ascendientes fueron sacados de sus tumbas e insultados públicamente. De la dinastía caída quedó sin embargo un nieto del califa Hesham o Hixcm, llamado Abderramán o Abd-er-Rahman (servidor del Piadoso), el cual huyó a España, provincia occidental del imperio arábigo, donde su nombre le proporciono favorable acogida, y fue proclamado rey. De este modo continuó en las ocho provincias mahometanas de España la dinastía Omiada, que reino cerca de tres siglos, desde 756 a 1031.
Essafah murió en 753 y le sucedió en el trono su hermano El-Mansur (753-774), o Almanzor (el Victorioso) que trasladó la capital del gobierno de Damasco a Bagdad, acabada entonces de edificar.
Bajo el reinado de Radhi, desde 934 a 940, el desorden del imperio había llegado a tal punto, que el califa se vio obligado a llamar a uno de sus generales y a entregarle el gobierno con autoridad casi ilimitada. Por último, el califato llegó á ser una mera dignidad religiosa, y en 1242 el tártaro Hulaku tomó a Bagdad y puso fin al gobierno de los Abbasidas. Un descendiente de estos huyó a Egipto donde el sultán Bibars le reconoció como califa; pero murió en breve en una tentativa que hizo para recobrar el trono de sus mayores. Entonces Bibars dio el título de califa a otro Abbasida, cuyos descendientes, bajo la protección de los mamelucos, continuaron llevando este título nominal hasta que en 1517los otomanos conquistaron a Egipto. Entonces el último califa abbasida Motawakel fue llevado a Constantinopla prisionero; pero después se le permitió volver a Egipto y murió en el Cairoen 1638.

Abasenas

adj. s. m. pl. Pueblo de Arabia, cuyo jefe atacó la Meca el año del nacimiento de Mahoma, y cuyo ejército fue exterminado por una nube de piedras, cada una de las cuales tenía, según la leyenda, escrito el nombre de aquel a quien debía herir.

Abantes

s. m. pl. Pueblos griegos procedentes de Tracia que concurrieron con 40 naves al sitio de Troya. Se estableció en el Peloponeso; luego en la Fócide, donde fundaron a Aba; después en la isla de Eubea, que les debió el nombre de Abantis; y, en fin, en la Tesprocia.