Abarques De Sosten Juan Victor

Viajero español a quien la Asociación española para la exploración del Africa confió en 1879 la misión de organizar y dirigir una expedición al mar Rojo, Etiopía y Africa oriental. En los primeros d{as del año 1881 partió de Suez, y después de 18 días de navegación llegó a Massaua, desde donde se interno en la Abisinia, dirigiéndose hacia Adua, cap. de la prov. del Tigré; aquí permaneció 50 días esperando autorización del rey Juan de Abisinia para poder penetrar en su territorio. Entre tanto, reconoció las montañas del Semién, las más elevadas de esta parte del Africa; y habiendo llegado la autorización con orden al viajero de que se reuniese con el rey en Zebul, hacia esta provincia, desconocida de los geógrafos, se dirigió Abargues; el día 12 de julio de 1881 se encontraba en el sitio donde el rey Juan tenía establecido su campamento, y al siguiente le presentaba los regalos que para él le había entregado S. M. D. Alfonso XII, y que eran espadas, cuchillos, puñales, revolveres y el retrato al óleo del rey de España. El monarca abisinio recibió al viajero español con gran pompa y agasajo, y siempre le dio muestras de cariño, a pesar de haber tomado Abargues la defensa de unos desgraciados misioneros lazaristas franceses, a quienes protegió contra la aversión del rey y de sus principales dignatarios. Esto había ocurrido antes de su llegada a Zebul, y ya en este lugar supo que uno de los misioneros había sido conducido al campamento del rey, quien le había intimado que renegara de su fe, so pena de morir; el fraile rehusó y fue atado de pies y manos sobre dos troncos de árbol, y colocado a la intemperie, desnudo, para que muriese de hambre y sed. Abargues pudo salvar a este desdichado. Consiguió estos triunfos gracias al prestigio que le dieron su destreza y buena puntería al blanco, su fuerza muscular. No tardó mucho en hallarse en la provincia de Uéxa, habitada por los Gallas, cruzó y siguió durante cierto tiempo el curso del Mellé, llegó a las orillas del lago Haic, y al día siguiente de su llegada comenzó a explorarle (V. Haic). Terminada esta tarea, siguió aguas arriba las márgenes del río que vierte en el Haic, y al cabo de días de camino halló un hermoso lago rodeado por todas partes de montañas, en cuyas orillas plantó sus tiendas. Este lago era conocido en el país con el nombre de Ardibbo (V.). decidió después descender hacia el E. para cerciorarse de si el Mellé desemboca en el Hauax y torcer después hacia el S., siguiendo el curso de aquel río inexplorado y penetrando así por el pa1s de los Betxo-Oreb en las provincias ecuatoriales, y aunque sus hombres al tener noticia de tal proyecto se negaron a seguirle por temor a las tribus bárbaras cuyo territorio debían cruzar, logró convencerlos y prosiguió su viaje. Muchas penalidades y alarmas sufrió la caravana en el tiempo que duró la travesía; mas al fin, a los 14 días, llegaron a las orillas del río Hauax y plantaron las tiendas cerca de un pequeño lago formado por el choque de las aguas de aquel río con las del Mellé, y allí descansaron durante algunos días hombres y acémilas. Estaban en latitud de11º 2\’. Al siguiente día aparecieron en las inmediaciones los Gallas Dauaris, pueblo feroz cuya presencia causaba gran espanto en los indígenas que formaban la caravana de Abargues, y éste comprendiendo que iba a ser atacado y que estaba irremisiblemente perdido en tal caso, decidió huir atravesando el caudaloso Hauax, cuyas aguas poblaban los cocodrilos. Hizo conducir las caballerías una a una por entre la maleza, dejando armada y en pié una de las mayores tiendas y algunas hogueras que debían continuar ardiendo toda la noche; el guía Uoschó debía permanecer en el campamento para alimentar las hogueras y hacer algunos disparos de fusil como para ahuyentar las fieras, de modo que los salvajes creyeran que aun estaban los viajeros descuidados en sus tiendas. Abargues, que no confiaba en escapar de sus feroces enemigos, dejó a Uoschó una carta para el conde de Morphi, secretario de la Asociación africana, con algunas notas del viaje y los mapas de los lagos Haic y Ardibbo, y dio luego ord.en de avanzar hacia el Hauax con el mayor silencio. A la media hora saltaban a la otra orilla del río, y al pasar lista se vio que faltaban dos hombres y dos mulos cargados con cajas que contenían colecciones científicas e instrumentos. Como la salvación de todos dependía de la rapidez de la marcha, no fue posible buscar a los dos desgraciados; toda la noche caminaron sin detenerse, y a las 6 de la mañana del siguiente día habían recorrido ya unos 25 kilómetros, lo bastan te para considerarse en salvo. Once días después de la noche en que empezó la fuga, y hallándose la caravana cerca del lago Ardibbo, se presentó Uoschó, quien contó que se había quedado en el campamento hasta las tres y media de la mañana, hora en que, calculando que ya estarían lejos los fugitivos, se deslizó entre los zarzales y llegando al Hauax lo siguió corriente arriba, procurando no alejarse de su margen; avanzaba con dificultad, cuando de repente oyó un griterío que le indicó que los Gallas caían sobre el campamento, lo que le estimuló a correr con tal ahinco que no paró hasta perder el aliento. Prosiguió Abargues su marcha dirigiéndose hacia el gran lago DsaAdua, donde pudo sincerarse ante el rey y éste le devolvió su amistad. Regresó por último a Massaua, donde permaneció algún tiempo para restablecerse; partió para Suez y llegó a Egipto en días de rebelión y de aflictiva guerra.
La expedición había durado 17 meses y algunos días, habiendo recogido en ella más de 80 observaciones meteorológicas, otras tantas de altitudes, 14 observaciones de latitud y longitud, una pequeña colección de plantas, algunas nuevas en botánica, una colección entomológica con insectos desconocidos hasta hoy, algunas aves de las cuales hay tres especies nuevas, ejemplares de rocas, semillas de plantas nutritivas y flores raras, colección de armas de varias tribus, pieles de animales felinos, más de 130 fotografías de paisajes, tipos, plantas, etc., y un vocabulario del idioma abisinio-amariñán.
Abargues vino a España a fin de 1882; en los días 20 de febrero y 3 de abril de 1883 dio noticia de sus viajes ante la Sociedad geográfica de Madrid, y ambas conferencias las ha publicado el Boletín de dicha sociedad (tomo xv, pág. 233),con un mapa de los territorios y lagos por aquél explorados. Permaneció en Madrid durante el citado año y tomó parte muy activa en los trabajos preparatorios y en las discusiones del Congreso español de geografía colonial y mercantil celebrado en los días 4 a 12 de noviembre, en el que presentó y leyó un Resumen sobre los intereses comerciales de España en el mar Rojo y la necesidad de consulados y factorías para el desarrollo de nuestro comercio y como apoyo de nuestras comunicaciones con Filipinas, inserto en la pág. 186 del tomo r de Actas de dicho congreso. Terminado éste, regresó a Egipto, donde ya, desde años antes de su expedición, vi vía con su esposa e hijos.

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